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Indubio Pro Natura
Los esquemas jurídicos se construyen para que sirvan de instrumento en la realización de un orden justo. De otro modo, el Derecho estaría deshumanizado y a la merced de una interpretación rutinaria y miope por parte de los administradores de justicia. En una sociedad cada vez más materialista y moderna, se hacen más complejas las relaciones sociales que deben proponerse siempre para la realización del bien común. Las leyes no deben servir a los intereses de ningún sujeto ni grupo en particular. Afirmación compartida por todas las escuelas modernas en materia de interpretación jurídica.
Existen diferentes principios en el Derecho como el Indubio Pro Reo, que señala que en las actuaciones penales, toda duda favorece al sindicado y a la hora de condenarlo, el juez debe estar plenamente convencido, con base a las pruebas, que la conducta atribuida fue efectivamente cometida por el reo. Si hay dudas, el juez debe resolver a favor del acusado.
En el Derecho Laboral, el Indubio Pro Operario establece que en caso de duda sobre el alcance de las disposiciones legales, reglamentarias o contractuales, se aplicarán en sentido más favorable a los trabajadores, por ser la parte más débil de la relación laboral.
En el Derecho Ambiental, el Indubio Pro Natura sostiene que la duda favorece al que defiende la vida, la salud y el ambiente. Constituye una responsabilidad ineludible del Estado en materia de seguridad ambiental y su aplicación constituiría un avance importante, en el contexto nacional que vivimos, de agudos conflictos sociales y de gran incertidumbre por parte de la población frente al desarrollo desordenado, contaminante e irrespetuoso del entorno que venimos observando. La materia ambiental es eminentemente precautoria y se impone para prevenir daños de imposible o de difícil reparación.
Pero, en un país de profundas contradicciones como el nuestro, se aprueban leyes a favor de la riqueza natural, y por otro lado, se dictan normas o reglamentos que la contrarrestan o afectan, generando una peligrosa incoherencia legal. Para muestra un botón: La resolución ADM/ARAP No. 02 de 29 de enero de 2007, por la cual se pretende normar la recolección (captura) de mamíferos marinos en las aguas jurisdiccionales de Panamá para cautiverio, que entra en abierto conflicto con el espíritu y objetivos de la Ley No. l3 de 2005, que establece el Corredor Marino de Panamá para la protección y conservación de los mamíferos marinos y otras actividades a campo abierto.
Panamá tiene un reconocimiento importante en el mundo gracias a su rica biodiversidad, pero la corrupción, la vanidad, el egoísmo, el utilitarismo desmedido, la falta de visión, el rejuego de intereses económicos y políticos, están generando graves daños ambientales a presente y a futuro. La citada reglamentación, representa una manipulación de las normas administrativas, tanto en la forma como en el fondo, para que en Panamá se legitimen las actividades de una empresa llamada Ocean Embassy, quienes tienen proyectado construir tres delfinarios, para capturar delfines nariz de botella silvestres de Bocas del Toro y del Golfo de Panamá, para mantenerlos en cautiverio y esclavizarlos en pequeños estanques para que realicen piruetas y actos de circo con fines lucrativos. ¿Por qué nuestras autoridades favorecen apresurada, confusa y sospechosamente un dañino Indubio Pro Empresario, a pesar de la advertencia de expertos que sostienen, con rigor científico, que la captura, el cautiverio, entrenamiento y esclavitud de los delfines no educa y promueve un negocio inmoral y antitético, que ha sido superado en muchas latitudes que promueven el avistamiento de éstos y otros cetáceos a campo abierto, libres y felices en su hábitat? ¿En que país vivimos?
Susana A. Serracín Lezcano
Abogada ambientalista
susana_serracin50@yahoo.com
Entre delfines, mojarras y tintoreras
Discrepo con quienes impulsan el propósito nada oculto de convertir al país en una especie de mercado persa, del “pro mundi beneficio”, donde cualquiera que esgrima un fajo de billetes pueda hacer y deshacer, adueñándose ya sea de un río, una plaza, como el clamoroso auge inmobiliario que ahora parece apuntar hacia el mar, con islas, playas y desde luego, la riqueza marina. Prefiero celebrar el boom informativo de mis colegas periodistas y medios de comunicación en torno a las alternativas ambientales y las crecientes angustias planetarias.
Esto viene al caso con el llevado y traído asunto de los delfines y el delfinario propuesto. Confieso que sobre este tema conozco algo y nada. Tampoco sobre los tiburones, chovecas, ni de pulpos. Algo sobre las cojinúas y corvinas cuando las veo en el plato. De camarones, langostinos y langostas, ni hablar. Lo que me llama la atención, muy positivamente, por cierto, es la movilización alrededor del tema de los delfines. Me atrevería a decir que se trata de una expresión de la conciencia ambiental de ciertas áreas de la opinión pública, a diferencia de hace algunos años, cuando hablar de la naturaleza provocaba risitas y expresiones de demencia.
De eso conversé con Alexandra Costeau, la nieta del venerable Jacques, defensor por excelencia de los mares y sus habitantes: “Si seguimos en la carrera del egoísmo, devorando los recursos, la energía y los alimentos, sólo nos quedará el mar; y si también lo dañamos como ultima reserva alimenticia de la humanidad, se desatará una guerra impredecible. Ustedes, en este país maravilloso, han hecho bien comenzar a ordenar los recursos del mar, les felicito”, me dijo esta hermosa dama en su visita a la sede de la Autoridad de los Recursos Acuícolas (ARAP). Y esto me recordó el atentado contra los tiburones, a los que en nuestros mares, le cortan las aletas para los mercados asiáticos, dejándolos indefensos, tal como nos los demostró una denuncia de la organización “Albatros”.
En el caso de los delfines, de un lado escucho que estos dulces animalitos serán capturados y confinados en sitios de exhibición en Chame, virtualmente condenados al exterminio. Del otro, que no hay tal, que con buen manejo aquellos que alcancen el Oscar, pueden mantenerse, procrearse y recrear multitudes. Vuelvo a aceptar que no conozco a Fleeper. Ni don Adán, ni doña Nena estuvieron en condiciones de mandarme a Disney, así que tuve que conformarme con ver los maravillosos cuacos desde la Avenida Balboa de nuestra infancia y al tal “Fleeper” (no sé cuántos años tenga ya) en el Teatro-Cine Ancón o en los anuncios de turismo.
En medio de todo esto se respira, para quienes sabemos leer entre líneas, una especie de “serruchadera” de baja intensidad, en algunos casos con los deseos tampoco ocultos, de matar o debilitar en su cuna la reciente entidad llamada a poner orden en la actividad pesquera, fundamentalmente. Igual ocurrió con ANAM en sus primeras etapas y, muy específicamente, con el proyecto original de la ley que tipifica el delito ambiental. “¿Por qué no una campaña de alta intensidad contra las naves rastreadores del suelo marino, que arruina nuestros mares y nos condena a la pobreza?”, escuché de los pescadores artesanales de Puerto Armuelles, asistidos hoy por el Programa Multifase que adelanta el Consejo Nacional para el Desarrollo Sostenible -CONADES- en Chiriquí – Bocas del Toro. ¿Cuáles son las razones verdaderamente científicas que se exponen para justificar una y otra posición y no de un solo lado? Lo ignoro. Pero ojo, que las tintoreras de siempre están al acecho para desviar las positivas regulaciones de la Ley de la ARAP, burlar sus objetivos y asegurarse al final la parte del león, sin importar barrer, como en otras áreas, con los bosques, playas, islas y cuanto recurso natural se considere comerciable, incluyendo al humano. Y esto, en nombre de un ambientalismo tan falso, como acomodaticio. Hoy, hasta los grandes monstruos industriales campeones de la contaminación y el caos ecológico planetario, asesinan segundo a segundo a la humanidad empleando recursos infinitos para enmascarar, torcer y desvirtuar el verdadero sentido de los principios ecoambientales. Nada nuevo, por cierto, ni casual.
Me mantengo alerta y cauteloso. En casos tan delicados como éste, preferiría administrar mejor mi militancia y activismo de toda una vida promoviendo, por ejemplo, consultas con la comunidad científica local, responsable, conocedora y consciente que el humano puede y deberá en futuro, convivir con otros seres, plantas y animales, comprenderlos y descifrar sus misterios, si quiere sobrevivir, puesto que la naturaleza está reñida con la politiquería, la devastación, demagógica hipocresía y la salvaje e insaciable voracidad de algunos.
Adán Castillo Galástica
Comunicador, consultor y promotor agroambiental
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