La quijotesca tarea ambiental en Chiriquí

CHIRIQUÍ. BALANCE Y LUCHAS.

La quijotesca tarea ambiental

Cada sábado los ambientalistas chiricanos se reúnen para discutir los problemas del ambiente.

Abundan problemas como la basura, la destrucción de los manglares y la contaminación por agroquímicos.

Especial para La Prensa/Boris Gómez
El vertedero de David es escenario de constantes fuegos. El humo se extiende por toda la ciudad.

Boris Gómez
panorama@prensa.com

Para enfrentar a gigantes malvados no es necesario ser un Quijote. Basta con ser ambientalista.

Cada sábado estos cruzados chiricanos se reúnen en la ciudad de David para analizar los problemas de la naturaleza en la provincia. La reunión sirve, además, como terapia de desahogo, porque lo que sienten es impotencia al ver que pasan los gobiernos y no hay una política definida para proteger los recursos naturales.

Demetrio Miranda es un veterano de guerras ambientalistas. Estuvo en las calles para rechazar la explotación de minas de cobre en los años 70. Fue activista en los movimientos civiles de 1992 y del 2003 contra la carretera Cerro Punta-Boquete. En las dos ocasiones se frenó el proyecto.

Uno de los problemas ambientales, dice, es el desastroso manejo de las cuencas hidrográficas. Por ejemplo, en los ríos Caldera, Chiriquí Viejo, Piedra, Macho de Monte, Fonseca, Tabasará y Chiriquí, no hay la cantidad suficiente de bosques de galería que se recomienda para la conservación del ecosistema. Estos bosques desempeñan un papel clave en la protección de los recursos hídricos, el suelo y la fauna.

En las cuencas altas, donde nace el río, se deben dejar 200 metros de bosques por cada ribera. Y en la cuenca media, por lo menos 10 metros. Muchos ganaderos incumplen esa disposición porque quieren sacar el máximo provecho a las tierras en la siembra de pastos.

Los manglares también están en la mira. Pescadores de San Lorenzo se quejan de que las constantes compras de islas y fincas para desarrollo de playas turísticas están acabando con este ecosistema.

Pero no solo se trata de las batallas de bosques de galería contra el desarrollo ganadero ni de manglares contra playas turísticas. En Boquete, las concesiones de agua otorgadas en los últimos años tienen molestos a vecinos y ambientalistas. Humberto Urriola es uno de ellos. Por eso ha convocado el próximo jueves a los boqueteños a una manifestación para exigir a las autoridades que sean más estrictas al otorgar este tipo de permisos, que se han incrementado con la creciente inmigración extranjera en el área.

Según Demetrio Miranda, las concesiones de agua y las aprobaciones de Estudios de Impacto Ambiental se dan en la ciudad de Panamá, y no en la dirección regional de la ANAM, lo que impide a las comunidades afectadas ver los expedientes. Recordó que esa fue una decisión del gobierno de Mireya Moscoso a raíz de la pugna por la carretera Cerro Punta-Boquete.

Los agroquímicos siguen provocando estragos. El año pasado en la región agrícola de Bugaba se registraron oficialmente 40 casos de intoxicaciones. Al menos siete personas murieron. Amén del daño a los suelos, a la vegetación, y a los ríos y quebradas.

La desesperación de los productores de arroz por la plaga del ácaro spinky llevó a algunos a lanzar químicos mezclados, cuyos daños aún se investigan.

Entretanto, la basura no deja de ser otro problema ambiental serio. En la estación seca los vertederos de Volcán y de David se encienden y dejan a la comunidad respirando humo.

Diariamente se producen más de 250 toneladas de basura en toda la provincia y aún no hay un programa de capacitación para reciclar los desechos, señaló Edgar Del Cid, activista ambiental de Divalá.

Los ambientalistas no le perdonan a la Alcaldía de David haber permitido talar tres árboles centenarios del parque de David y piden que las autoridades nacionales intervengan en un proyecto de venta de lotes en Playa Barqueta que, según dicen, aleja a las tortugas que año tras año ponen sus huevos en ese sector.

No hay que estar loco como El Quijote para enfrentar los problemas ambientales, pero ayudaría un poco, admite el profesor Edidio Bonilla.

Lo que se necesita, dice Bonilla, es más transparencia en temas ambientales y que se permita una mayor participación ciudadana en los temas importantes.

La causa verde no es light. Necesita –según Miranda– enfrentar grandes intereses y autoridades poco comprometidas. Lo más importante es la determinación de lucha. El mundo, explica el ambientalista, no hay que verlo en blanco y negro; requiere de una visión multicolor, más de la tonalidad de la coposa y rica selva tropical que de aquel tono de los billetes mustios y enloquecedores que se dibuja en los dólares de Washington.

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