¿Existe Turismo Residencial?

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¿Turismo Residencial?

Ing. Scott Agustín Muller

Con el «turismo» como la mayor fuente de ingresos en la República ($678 millones en 2002, sobrepasando tanto al Canal como a la Zona Libre de Colón), llega a ser supremamente importante dejar el diálogo promocional detrás y utilizar el léxico que posibilita un discurso crítico y un futuro bien diseñado.

Con el tremendo excedente potencial de «residencias secundarias» en nuestro hemisferio, la confusión que sale de las formas flexibles de migración, oscurece la distinción entre el turismo y migración, y llega a ser algo destructivo para el país anfitrión. Este error en el léxico es bastante común en las economías de desarrollo y es comprensible, especialmente en la República con nuestros fuertes
lazos con la economía del dólar. Pero, ya no somos practicantes y no podemos construir el futuro con opiniones y esperanzas.

Es cierto que inmigrantes jubilados e inmigrantes empresariales están vinculados con la historia y el sistema de turismo, pero estos inmigrantes no son considerados turistas. Una sólida infraestructura de turismo es una maravillosa forma de reclutamiento para los inmigrantes jubilados, pero las disciplinas técnicas del
desarrollo económico y social no cuentan con inmigrantes jubilados y empresarios como parte del turismo. Igual, hasta estos inmigrantes no se consideran turistas ellos mismos, según muchos estudios demostrados.

Jubilados inmigrantes no pueden ser incluídos en las estadísticas del turismo ni tampoco sus necesidades y sus demandas atendidos con políticas del desarrollo del turismo. La integración de estas personas requieren políticas de migración.

Algunos de los proponentes de la Ley 132 (de enajenación de costas e islas) están propagando una concepción errónea total porque les conviene para sus proyectos. Como consecuencia, el uso del léxico inventado genera aquiescencia y atrofia el discurso crítico, imposibilitando debates técnicos.

Destinaciones turísticos y su desarrollo pasan por ciclos de madurez. Cuando cuentan los jubilados inmigrantes bajo los auspicios del «Turismo Residencial», las metas de desarrollo se estancan en la etapa inicial del «ciclo de vida» de la destinación.
Esto es porque estas atracciones y facilidades no pueden accionar los cambios sociales y económicos deseados y necessarios.

La efectividad de los jubilados inmigrantes en la estructura social y económica del lugar del destino, depende de la apertura de la economía local y de la cantidad de ingreso y empleo permanente que salga a través de los ya existentes acoplamientos intersectoriales y espaciales. No solo durante la construcción, si no para siempre.

Cuando las olas de jubilados inmigrantes estén clasificados y monitoreados como turistas, las capacidades de cargas sociales serán excedidas peligrosamente. Esto es grave y requiere atención especial porque se pasa por alto fácilmente la violación de los límites y no produce costos inmediatos visibles, pero frustra la economía urbana en el largo plazo.

La sociedad local llega a competir con los visitantes para facilidades y recursos, porque el flujo de inmigrantes no entrega crecimiento. Este amenaza directamente la continuidad de la sociedad y su habilidad critico para adaptarse a los cambios.

Por lo tanto, esta idea equivocada del «turismo residencial» permanece como un termendo costo neto al lugar.

«Turismo Residencial» es una concepción errada y es puramente
promocional.

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Ing. Scott Agustín Muller
s.muller@codesta.org
El Ing. Muller es uno de los autores principales de la «Evaluación
de los Ecosistemas del Milenio» de la ONU.
http://www.millenniumassessment.org