Más allá de la ampliación del Canal de Panamá

MÁS ALLÁ DE LA AMPLIACIÓN DEL CANAL

Antonio Aledo Tur
Sociólogo Español

En estos días en los que se supone que, por fin, van a ver la luz pública los esperados informes y estudios de la ACP sobre el proyecto de Ampliación del Canal mediante la construcción del tercer juego de esclusas, me voy a permitir expresar algunas ideas que he ido elaborando del trabajo de investigación sobre los efectos sociales de la Ampliación del Canal de Panamá, que estoy desarrollando en Panamá desde inicios del año pasado. No obstante, no voy a referirme tanto al tema de la Ampliación sino al marco más amplio en el que, en mi modesta opinión, debería inscribirse este debate. Este, no es otro que el principal problema que padece Panamá, la profunda y creciente desigualdad que separa a una rica minoría de panameños de una creciente mayoría de pobres y desfavorecidos.

Pocos visitantes extranjeros conocen que, a muy pocos minutos de la entrada del Canal, se extiende el barrio de Curundú. Allí, la extrema pobreza y la degradación, en su más amplio y terrible sentido, adquieren tales proporciones que podría haber servido de inspiración a Dante en la descripción que hace del infierno en su obra La Divina Comedia. El escritor renacentista sitúa a la entrada del averno un texto que dice “Dejad atrás toda esperanza”. Y, esta misma frase podría, perfectamente, plantarse donde comienza esta barriada para describir lo que allí ocurre.

Los niños y niñas de Curundú no tienen esperanza alguna de un futuro mejor, diferente al de sus padres. Sufren un estado de profunda marginación que les perseguirá a lo largo de su vida. Su presente está hecho de hambre, enfermedades y penuria. Si consiguen sobrevivir a las penalidades de una niñez desprovista de los mínimos requisitos que requiere la infancia, su adolescencia estará marcada por la droga, la prostitución, la violencia entre bandas, los robos o las enfermedades como el SIDA y, si tienen mucha suerte, alcanzarán una madurez adherida al desempleo o a la economía informal más marginal; aunque no hay que olvidar que su tiempo será corto, dado que la esperanza de vida en estas barriadas apenas supera los cuarenta años. Así que no parece haber ninguna esperanza para la gente de Curundú.

Solamente una situación de extrema marginalidad de la que, en las condiciones actuales, parece imposible salir.

En cambio, a los turistas que visitan Ciudad de Panamá con certeza que su tour les ha llevado a conocer la riqueza de Punta Paitilla. Panamá, país de contrastes donde los haya -por algo ocupa uno de los puestos más altos en el lamentable ranking de las naciones más desiguales de América Latina- nos muestra, a menos de quince minutos de ese espacio de marginalidad extrema que representa Curundú, esta isla de primer mundo, cuyos enormes rascacielos nos hablan de las grandes fortunas que se concentran en esta lujosa área.

“… la pregunta fundamental que los panameños -y los no panameños que apreciamos este país- deberían formularse es si el proyecto de construcción del tercer juego de esclusas que se propone, va a ayudar a disminuir la desigualdad en Panamá”

Este paisaje urbano, tan contradictorio, refleja el principal problema de Panamá, la pobreza y marginación en la que viven 4 de cada 10 panameños, causadas por la profunda desigualdad que los separa del grupo de los ricos.

Los datos del PNUD son bien definitivos. Mientras que el 30% de los panameños más pobres apenas poseen el 3% de los ingresos, el 10% de los más ricos acaparan 43.3% de los mismos. A mi entender, es en el marco de estas estructuras de desigualdad y pobreza, que originan la marginación en las áreas urbanas y el subdesarrollo en las zonas campesinas, donde debieran dirigirse todas las políticas públicas y sociales de Panamá. Este problema es tan acusado que debiera ser el centro de gravedad de todo debate en Panamá, incluyendo el asunto de la Ampliación.

En otras palabras, no creo que el actual debate deba formularse en torno a si se está a favor o en contra de la Ampliación. De entrada, si el debate se plantea de esta forma tan simplista, podríamos considerar que ya está viciado de antemano, pues así enunciado se elimina toda la complejidad que tiene el asunto de la construcción del tercer juego de esclusas. Una complejidad que, en otro sitio hemos descrito, incluye un cuestionamiento sobre la fórmula de ingeniería a emplear, sobre sus costes y beneficios económicos, sobre cómo van a distribuirse en el conjunto de la población, sobre sus efectos sociales y ambientales y sobre cómo y quién va sufragar el coste de la obra. A pesar de la importancia de estas preguntas y de sus esperadas respuestas, debemos entender que son cuestiones secundarias. Me explico, en mi opinión, la pregunta fundamental que los panameños -y los no panameños que apreciamos este país- deberían formularse es si el proyecto de construcción del tercer juego de esclusas que se propone, va a ayudar a disminuir la desigualdad en Panamá; si va a reducir las enormes bolsas de marginación urbana; si va a resolver el déficit enorme de infraestructuras y servicios que padece el mundo rural panameño.

Mucho me temo que la respuesta a esas preguntas no pueda ser afirmativa. No creo que la Ampliación, tal y como se está proponiendo, disminuya la pobreza y la desigualdad que padece Panamá. Todo lo contrario. A continuación expondré las razones que justifican esta visión pesimista.

En la actualidad están proponiéndose dos modelos de desarrollo socioeconómico para Panamá. Uno, por ahora hegemónico, al que algunos economistas panameños han denominado economía de tránsito, aunque yo prefiero llamarlo de concentración. Y otro alternativo, que podríamos calificar de integral y que propone desarrollar de forma equilibrada el país, solventando los déficits en infraestructuras y servicios, con una especial atención a los sectores sociales urbanos más desfavorecidos y al campesinado y que generaría bases más estables para un crecimiento sostenible. No obstante, esta segunda propuesta parece verse anulada por los intereses de un grupo reducido de las elites nacionales ligadas a los capitales internacionales.

Centrémonos en describir la primera propuesta. El modelo socioeconómico que propone la economía de concentración -y del que, entiéndase bien, el proyecto de Ampliación es sólo una pieza más, como otra puede ser el TLC- consiste en la focalización de los esfuerzos, planes y capitales económicos en una serie de actividades muy concretas ligadas a la economía de la globalización y que se localizan, en su gran mayoría, en una estrecha línea geográfica que se inicia en Punta Paitilla y finaliza en la Zona Libre de Colón, unidos ambos extremos por la vía canalera. Estas actividades -alrededor de 26- se asientan principalmente en los sectores ligados al tráfico y servicios navieros, a unas pocas actividades productivas dirigidas a la exportación, y al comercio y finanzas internacionales. Al entender de sus proponentes, éstas son las únicas actividades que proporcionan beneficios a la nación y que tienen posibilidades de éxito en un mundo de competitividad global. Cualquier inversión en otros sectores significaría un despilfarro de capitales y energías. Así pues, todo lo que queda fuera de ese estrecho margen geográfico-económico está destinado al fracaso y, por lo tanto, no debiera recibir ningún especial esfuerzo. Esta estrategia implica, entre otras cosas, estancar en el subdesarrollo endémico al campesinado panameño y abandonar por completo a esas clases urbanas marginadas de la economía global. Asimismo, conlleva la decisión de no impulsar el desarrollo de los sectores económicos tradicionales y reducir al mínimo las inversiones e infraestructuras que se necesitan en el interior del país.

Y es muy probable que, si se continúa con estas políticas de concentración económica que potencian la desigualdad social, aumentarán la inestabilidad, la violencia y los delitos urbanos.

Ahora bien, esta propuesta no es sólo ética y moralmente reprobable, sino totalmente desacertada si pretende construir bases duraderas para conseguir un crecimiento económico sostenido. La historia reciente ha demostrado que estas políticas -de una simpleza neoliberal trasnochada- producen sociedades inestables porque potencian los desequilibrios. No deberían olvidar sus proponentes que la inestabilidad social genera a medio plazo inestabilidad económica. Así, una consecuencia directa de la aplicación de estas políticas será un aumento de la, de por sí, fuerte emigración campo-ciudad que padece Panamá. El destino que les espera a estas familias campesinas en la ciudad es el subempleo, la ruptura de sus redes sociales de apoyo, la desestructuración cultural, la infravivienda, y en el peor de los casos el delito y el crimen; en resumen, la marginación más irresoluble, con la carga de inestabilidad social que conlleva.

En esta misma línea de interpretación de la realidad social, recientemente la Universidad de Panamá ha denunciado que el deterioro de las clases medias y populares está adquiriendo proporciones insostenibles. Desde los círculos universitarios se predice, como respuesta a esta situación, la aparición de movimientos populares y fuertes convulsiones sociales siguiendo los ejemplos recientes de otros países latinoamericanos. Y es muy probable que, si se continúa con estas políticas de concentración económica que potencian la desigualdad social, aumentarán la inestabilidad, la violencia y los delitos urbanos. En definitiva, Panamá dejará de ser un país estable y fiable para la inversión extranjera y los propios negocios que esta elite desea promover se verán seriamente perjudicados. No es inteligente creer que las personas van a aceptar resignadamente por mucho más tiempo una situación socialmente tan injusta. Ni es inteligente ni es éticamente aceptable.

Dirijamos ahora nuestra reflexión a la cuestión de la construcción del tercer juego de esclusas. ¿Qué papel desempeñará el proyecto de construcción de un tercer juego de esclusas en el futuro desarrollo socioeconómico del país? Para responder a esta pregunta hay que examinar el asunto de la financiación del proyecto en el marco de esos dos modelos económicos que estamos comparando. Por un lado, a juicio de prestigiosos políticos y economistas panameños, las importantes aportaciones anuales que el Canal está realizando a las arcas estatales debieran destinarse a financiar esas infraestructuras y servicios básicos que el país ineludiblemente requiere y que facilitarían un desarrollo equilibrado, sostenible y justo. Sin embargo, por otro lado, numerosos estudios han demostrado que el coste de la construcción del tercer juego de esclusas será tan elevado que la ACP tendrá que reducir estas aportaciones; incluso es muy probable que el Estado panameño se vea obligado a endeudarse para pagar los intereses de los préstamos que tengan que hacerse para financiar la obra, con lo que se agrandará la, ya de por si enorme, Deuda Externa panameña. En otras palabras, el proyecto de Ampliación del Canal obligará al Estado a concentrar gran parte de sus esfuerzos económicos en sostener una obra cuyos primeros beneficiarios no son los panameños sino las grandes navieras transnacionales. Por contra, se frenará el desarrollo de las infraestructuras y servicios en el Panamá no canalero, se abandonará el mundo rural a su suerte, se desatenderá a las clases populares urbanas; en definitiva, se profundizará en la terrible desigualdad social que padece Panamá.

Creo que es tiempo de que los panameños y panameñas dejen de preguntarse qué debe hacer el Canal para el beneficio del mundo para empezar a preguntarse qué puede hacer el Canal para ellos y para sus hijos.

AUTOR:
Dr. Antonio Aledo Tur (sociólogo español)
Email: antonio.aledo@ua.es

Profesor Titular de Sociología Ambiental de la Universidad de Alicante

Fuente: http://www.Tragaluzpanama.com

Una respuesta

  1. Pienso que es el retrato de nuestra américa morena, las desigualdades marca la cotideanidad en Latinoamerica y es el reflejo de las politicas publicas sin un contenido social autentico.

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