Bocas del Toro se vende al mejor postor

A continuación reproducimos un excelente reportaje de La Prensa sobre la especulación y la venta del país en Bocas del Toro. El gobierno nacional está pintado en la pared y se muestra incapaz de defender los recursos y valores culturales de esta privilegiada región.
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POLÉMICA. EL LLAMADO ‘TURISMO RESIDENCIAL’ COMIENZA A GENERAR OPOSICIÓN.

UN PARAÍSO CON PROBLEMAS

Bocas se vende al mejor postor
Bocas del Toro quizás sea la provincia panameña más conocida fuera de las fronteras. Pero su mayor atractivo –su belleza virgen, su paisaje exuberante y sus cristalinas aguas– parece correr peligro. Los residentes comienzan a protestar.

Texto: Rolando Rodríguez B.
Fotos: David Mesa
panorama@prensa.com –28 de agosto de 2006


En la isla de San Cristóbal rompieron el borde del manglar de la isla y crearon una «playa» artificial. Un letrero avisa de ventas… ¡en Estados Unidos!


El «dueño» de esta parcela, para crear un canal artificial, destruyó mangle y dejó este totalmente «desnudo». El dueño dice tener permiso de la Anam para hacerlo.


El canal artificial del proyecto Sunset Point. Obsérvese los restos de coral, a la izquierda, y la maquinaria al fondo.


Son vecinos. El primero desarrolla su proyecto pasando por encima del manglar. El otro inútilmente trata de preservarlo.


La fiebre por las islas ha llegado a los extremos. Islotes de mangle, como este, tienen letreros que advierten que ya tienen dueños.
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Transitar por Isla Colón, en la provincia de Bocas del Toro, causa una sensación extraña. No se puede dar un paso sin tropezar con un grupo de extranjeros que, quemados por el sol, parece estar muy atento a todo lo que ve y escucha, como si no quisiera perderse de nada. Siempre sonrientes y ataviados con ropa y calzado ligero, deambulan de día y de noche, sin prisa: unos a pie, otros en bicicleta. Y es que no hay necesidad de afanarse en el paraíso. El archipiélago de Bocas del Toro es considerado eso, un paraíso que muchos quieren visitar y otro muchos quieren para vivir allí.

La palabra estrés está virtualmente reservada a los bocatoreños, que parecen abrumados por el trabajo de atender a tanta gente. Pero ni eso les roba el sueño. Los extranjeros que se han quedado a vivir en Bocas simplemente se han ajustado a su estilo de vida, incluso a su comida y cultura.

Fiebre de tierras y playas

Pero el paraíso comienza a tener problemas. Bocas del Toro ha estado aislada del país desde siempre y quizás a ello se deba la falta de regulaciones, especialmente urbanas, por un lado, y vigilancia gubernamental, por el otro.

El archipiélago, literalmente, está siendo vendido al mejor postor; los desarrollos hoteleros y residenciales de alto valor adquisitivo empiezan a multiplicarse; la especulación con tierras e islas no tiene parangón. Curiosamente, los que compran pagan con monedas de cobre, pero en la reventa, el precio se mide en oro.

Actualmente, varios proyectos se desarrollan, entre ellos, dos de alto perfil: Red Frog y Sunset Point. El primero ya enfrenta serios problemas debido a la pretensión de sus promotores de construir unas 750 residencias a lo largo de una cancha de golf en la isla de Bastimentos. Este proyecto, además de tener que echar abajo bosques, tiene consecuencias para la zona de amortiguamiento del Parque Marino Bastimentos. Y a ello se suma la construcción de dos marinas en una zona donde abunda el arrecife coralino y manglares que ya comienzan a ser afectados.

Algunos residentes del archipiélago, especialmente estadounidenses, han puesto a la venta o regalan camisetas en las que se burlan del proyecto: en vez de red frog (rana roja), se le llama dead frog (rana muerta), pues aunque el llamativo batracio antes era abundante, ahora es escaso, narran los residentes de la zona.

Fort Lauderdale en Bocas

El otro proyecto, conocido como Sunset Point, no es menos ambicioso. Su promotor tiene la intención de convertir parte de la isla en un desarrollo residencial en el que los propietarios de las costosas casas proyectadas podrán amarrar sus botes en el patio de la casa.

Para ello, ha llevado equipo pesado para construir canales artificiales, inspirado, tal vez, en la ciudad de Fort Lauderdale, en el estado de la Florida. Su proyecto está justo al lado de una estación del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés).

Este diario presenció un encuentro entre su promotor Felipe Hagen, como dijo que se llamaba –aunque otros lo conocen como Ross Hagen–, y un viejo residente de la isla Colón, quien le reclamó el hecho de haber roto el contorno de manglares que rodea la isla para darle paso al canal artificial.

‘Smithsonian is bullshit’

El residente, cuyo nombre es Ángel González, es representante de la Oficina Regional para Mesoamérica de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés) –un organismo de carácter internacional compuesto por más de mil organizaciones en más de 140 países, entre ellas, estados, agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales.

González le reclamó a Hagen el daño que había causado al coral y al manglar, cosa que negaba el inversionista. Alegaba que para reponer el manglar dañado, él había sembrado nuevo. Lo cierto es que a un costado del canal yacían restos de coral milenario, como el propio Hagen reconoció, quizá de unos 20 años atrás, señalaba, pero insistía en que contaba con todos los permisos de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).

El representante de la UICN insistió en la gravedad del daño, y recordó que el Instituto Smithsonian cuenta con abundantes estudios que revelan los perjuicios que causa acabar con las zonas de manglar. Hangen entonces perdió el control y comenzó a gritar reiteradamente «Smithsonian is bullshit» (Smithsonian es cuentero).

No lejos de allí, en la Isla de San Cristóbal, también ocurrió algo similar con el cinto de manglar que la rodea. Fue roto para crear lo que parece ser una playa artificial. De hecho, dijeron algunos entrevistados, durante varios días se bombeó arena donde antes estaba el manglar, el cual fue cortado. Esta «propiedad» está a la venta y los interesados deben llamar a un número telefónico en Estados Unidos.

Una de las cosas más curiosas que se pueden observar en el archipiélago de Bocas del Toro son pequeños islotes de mangle, cuya superficie no pasa de unos cuantos metros cuadrados. Pese a que no hay tierra habitable allí, algunas personas no identificadas han colocado letreros que dicen «propiedad privada».

La arquitectura

Este tipo de incidentes, al parecer, se están haciendo cada vez más comunes. Las protestas de los residentes y grupos ecologistas han comenzado a repetirse con frecuencia, y los encuentros entre locales y los nuevos dueños de tierras podrían también ser más comunes de lo que se quiere.

Y es que en varios casos, algunos comerciantes parecen olvidar dónde se encuentran. Las islas tienen una arquitectura particular, propia del Caribe. Sus casas y negocios son, en su mayoría, de madera sostenida sobre pilotes, con balcones de madera tallada y sus paredes están coloreadas de tonalidades brillantes. No obstante, han comenzado a construirse hoteles cuya arquitectura riñe con la tradicional caribeña.

Esta situación ha comenzado a preocupar también a los isleños que han empezado a reunirse a fin de someter a consideración la idea de solicitar una moratoria de seis meses en todos los proyectos urbanísticos que se desarrollan en las distintas islas.

Un plan de reordenamiento

Esta tarea la lidera el alcalde del distrito de Bocas del Toro, Eligio Binns, junto con representantes de organizaciones no gubernamentales, entre ellas la UICN. Su representante, Ángel González, indicó que hace falta un plan de reordenamiento urbano. «Lo que se quiere es preservar la cultura y la ecología», dijo.

Se denomina «Plan de ordenamiento ecológico y turístico para el archipiélago de Bocas del Toro» y lo pretenden hacer pronto, porque recién se aprobó la Ley 2 de 2006, en la que se establece que la falta de un plan de ordenamiento territorial, «no será un impedimento para que los proyectos puedan presentarse con su propio plan de ordenamiento territorial».

En otras palabras, los proyectistas pueden establecer sus propias reglas de urbanismo.

Una respuesta

  1. algunos norteamericanos son pateticos, tratan de escaparse de las estupideces de su pais y despues tratan de recrearlas en los nuestros…

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