Un gobernante maravilloso, un gobierno desastroso

¿Qué opina del paso por el Canal de Panamá de Barcos con Material Radioactivo?

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¿Cómo se puede defender la caza de delfines?

A continuación podrán leer tres interesantes posiciones acerca de la cacería de Delfines.  La tercera posición no queda clara.  Lo que si podemos decir es que la ética no es igual para todas las especies por razones obvias.  Este sitio en su sección https://burica.wordpress.com/tag/delfines/ intenta dar luces de esta razón.  Quizás el video de la BBC de Londres, localizado al final de esta ventana en este mismo sitio, les puede aclarar esas dudas.

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¿Cómo se puede defender la caza de delfines?

26 DE FEBRERO. Leí con horror el comentario “Defienden caza de delfines” del abogado [de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá] Gabriel D’Annunzio Rosanía Villaverde [publicado el 26 de febrero en la página del lector].En este artículo, mediante un mar de términos legales intenta justificar una actividad cruel y puramente comercial como lo es la captura de delfines en aguas panameñas.Peor aún, demuestra un desconocimiento total sobre lo que implica la captura y cautiverio de cetáceos. Me refiero específicamente a donde escribe: “Cuando echamos un vistazo a las circunstancias en que se ven sometidos los mamíferos marinos a nivel mundial, contemplamos que además de causas naturales, estos seres son víctimas de actos atroces que les causa la muerte en cantidades desproporcionadas.

Frente a este escenario espeluznante, ¿qué es lo más conveniente: dejarlos en su medio natural para que sigan siendo exterminados o tomar las medidas que sean necesarias para garantizar su continuidad como especies naturales? ¿No habremos logrado muchísimo si salvamos al menos a un mamífero marino? Esto es así sin menoscabo de los valiosos aportes que puede generar el cautiverio de estas especies para el desarrollo del país y de las investigaciones científicas“.La captura de delfines para su supuesto estudio científico no tiene validez alguna; un delfín cautivo no tiene el comportamiento natural de los salvajes; de hecho, toda su conducta es totalmente impuesta por sus captores. Bien dijo Jacques Cousteau, uno de los más respetados oceanógrafos, gran conocedor y defensor del ambiente que estudiaba el mundo salvaje en su estado natural: “hay tanto beneficio educativo en estudiar delfines en cautiverio como lo habría de estudiar prisioneros humanos en celdas de confinamiento solitario”.

Su nieta, Alexandra Cousteau, estuvo recientemente en Panamá precisamente promoviendo la defensa de los mares.Aparte, durante el proceso de captura es normal que mueran uno o varios más delfines, ya sea ahogados, por golpes por la violencia y miedo durante la captura, o incluso por el shock mismo. El delfín capturado usualmente muere en menos de cinco años por las condiciones antinaturales que se le imponen, como lo son el espacio reducido, soledad, agua clorada, alimentación inadecuada de peces muertos, entre otras.Por otro lado, el delfín salvaje es un apex-predator, es decir, está en la cima de una cadena alimenticia; alterar de forma irresponsable su número afecta al ecosistema completo. Los grupos de delfines del área del Caribe son pequeños, de unos tres a ocho animales; la captura de varias docenas de ellos —como ya han afirmado los que pretenden capturarlos— puede conllevar consecuencias desastrosas.Como bien comentaron en otro artículo hace pocas semanas, es riesgoso cuando especialistas en un tema opinan de forma errada sobre otros de su total desconocimiento.

Si las palabras de científicos de nivel internacional como Cousteau u otros tantos de los cientos o miles que publican en todos los medios del mundo en contra de la captura de delfines no convencen al Sr. D’Annunzio, la simple matemática puede que sí: atrapar un delfín y que mueran dos o más durante el proceso, no beneficia ni al capturado ni a la supervivencia de su especie.Tal como el Sr,. DAnnunzio menciona, muchos de los delfines salvajes mueren víctimas de actos humanos atroces. Pero esto se combate prohibiendo su captura y matanza con fines comerciales, regulando los tipos de redes que se utilizan en la pesca ya que muchos caen víctimas de ellas, y siendo nosotros mismos consumidores conscientes que al comprar una tuna optemos por una con el logo dolphin safe en lugar de la que no lo tienen, no ensuciando los mares, entre otras tantas cosas.

Es decir, luchando contra el problema y buscando soluciones convenientes a todos: humanos y delfines; respetando su derecho a la vida en su medio natural, y no buscando trabalenguas legales para favorecer a un par de “juegavivos” que bajo el disfraz de científicos y engatusando a la población incauta pretenden hacernos pasar nuevas vergüenzas internacionales y abrir las puertas para que nuestros mares sean el blanco del comercio de una de las especies mas inteligentes —¿y por qué no decirlo?— simpáticas del planeta.

Gabriel C. Henríquez

27 DE FEBRERO. Es cierto que hasta ahora no he encontrado evidencia alguna de que los delfines nacidos en cautiverio puedan ser usados con fines de conservación (por ejemplo, repoblando zonas donde estén en peligro), y también es cierto que la mayoría de la investigación científica con delfines en cautiverio arroja resultados que no tienen aplicación alguna a las comunidades de delfines en libertad, que viven bajo condiciones completamente diferentes.Pero aún así, su argumento central me ha convencido. Dice el abogado que dados los peligros de la vida de los delfines en el mar, sale mejor capturarlos y así, dice el autor “salvamos al menos un mamífero marino“. Tiene Ud. toda la razón. Y le tengo una oferta.

Dados los peligros de la vida en la ciudad de Panamá, tales como la posibilidad de morir atropellado por un bus, en tiroteo o envenenado por medicinas, y en particular para ustedes los abogados, que a veces se asocian con elementos cuestionables y peligrosos de la sociedad, creo que puedo ayudarles.

Tengo un cuarto de empleada vacío en mi apartamento, un poco pequeño pero con suficiente espacio para dos y con su propio baño. Me comprometo a mantenerlo ahí, seguro de los peligros del mundo exterior. Me encargaré de proporcionarle comida vegetariana y de cultivos orgánicos, para evitar cualquier intoxicación, y de verificar la calidad de los medicamentos que necesite.La única condición es que cuando mis amigos se asomen por la ventana usted deberá sonreír y mostrar que está contento y seguro ahí, en mi cuarto de empleada. También deberán cooperar con los sociólogos que aparezcan para verificar su conducta bajo esas peculiares condiciones.

En caso contrario, estimado, tendría que reducirle la porción de comida que le doy diariamente. Pero seguro que Ud. entenderá. Esto es por su bien.

Mir Ornel Rodríguez Lombardo
Biólogo

26 DE FEBRERO. La discusión sobre el delfinario ha estado circunscrita a un ideario supremamente provincial. En el mundo de las ideas, al menos dos son las posiciones sobre nuestra relación con esa parte de la creación que son los animales, o ética animal: la posición abolicionista y la bienestarista. La primera liderada por el profesor de derecho de la Universidad de Rutgers, Gary L. Francione, y la segunda, por el profesor de Bioética de la Universidad de Princeton Peter Singer.Singer, que se considera el abanderado del Derecho y la Ética de los Animales desde una posición utilitarista, propone que los humanos tenemos derecho sobre los animales pero que estos derechos están limitados al tratar de disminuir su sufrimiento a un mínimo en toda acción y relación con ellos.

Es decir, ya sea respecto a su criadero, delfinario o matadero. El autor entonces aceptaría el delfinario mientras el sufrimiento sea el mínimo, y que el mayor cuidado sea proporcional al grado de sensibilidad y sentimiento (sentient, es la palabra que usa) del animal en cuestión. Un delfín, por tener un grado muy alto de sentimiento, por ser mamífero y, desde ese punto de vista, por ser “más cercano a nosotros”, posición antropocentrista, requeriría del máximo cuidado para disminuir su sufrimiento.

Francione, desde su posición más radical y abolicionista, en sus numerosos libros, comenzando con Animales, La Propiedad y La Ley (1995) argumenta que los animales en cuanto propiedad de los humanos solo son tenidos en cuenta como mercancías y las leyes solo exigen de un tratamiento “humano” e innecesariamente cruel, pero no provee ninguna real protección a los intereses de los animales. Basado en el principio legal de la igual consideración, propone abolir el tratamiento de propiedad que los humanos ejercemos sobre los no humanos como única manera para garantizar que los derechos de los animales reciban una consideración igual. Se trata no de que los animales estén en una jaula más grande sino de abolir la propiedad sobre ellos.

Así su posición implicaría terminar la esclavitud de los animales en todas sus formas: circos, delfinarios, pero también criaderos de pollos, vacas, y además la utilización de estos en experimentos científicos y otros comportamientos que el autor caracteriza como torturas. Sin ninguna consideración antropomórfica, todos los animales tendrían el derecho a ser libres y no nuestros esclavos, nuestra propiedad, sin importar la escala cognitiva ni de sentimiento en que se encuentren.

Las dos posiciones de ética animal quedan así mejor delimitadas, y el lector puede decidir mejor: o nos consideramos los reyes de la creación con derechos de propiedad sobre los no humanos, y entonces un delfinario solo es un problema de disminuir su sufrimiento lo más posible, o consideramos que no tenemos derechos a esclavizar a los animales y tal respeto se hace extensivo a no comérnoslos, y mucho menos criarlos para ello, y menos aún hacer un circo de delfines.

Alberto Muñoz
Economista

Fuente: Página del Lector, La Prensa, 28 de febrero de 2007.

Historia de Indira Marrón y Tito Kayak

Panamá, miércoles 28 de febrero de 2007
 

PERFILES. LA HISTORIA de los caribeños que PROTESTAron EN EL PUENTE DE LAS AMÉRICAS.

Dos cruzados de causas modernas

Ella, Indira Marrón, es cubana, chef y ecologista. Él, Tito Kayak, boricua, electricista y soñador.‘Panamá es la llave para que los barcos con plutonio pasen por el Caribe’, asegura Tito Kayak.

LA PRENSA/Maydée Romero

BATALLA. Los dos conservacionistas dicen encarnar la creatividad de las luchas modernas.813409

Eliana Morales Gil
emorales@prensa.com

Llegaron al país, se treparon al Puente de las Américas y allí estuvieron 12 horas rechazando el paso del barco Sandpiper que atravesó el Canal en la madrugada de ayer con una carga radioactiva.

Causaron un descomunal tranque del cual miles de ciudadanos se quejaron.

Estaban dispuestos a encadenarse a las estructuras del puente hasta que la nave pasara, pero después de negociar con las autoridades, a las 6:30 p.m. volvieron a tierra.

Fueron retenidos desde las 7:00 p.m del lunes hasta las 7:00 a.m. de ayer, martes. Durmieron en la estación de policía de Diablo, en Ancón, en el piso y con frío.

—¿Quiénes son?, ¿Qué pretenden?, ¿Qué les preocupa?

INDIRA MARRÓN

Ella, Indira Marrón (I.M.), estudió actuación y producción en su natal Cuba. Tiene 29 años y también es ecologista con una maestría en pro-tección de recursos ambientales. Es activista de Greenpeace y del movimiento Selva Negra que fundó el grupo Maná en 1995. Vive en Puerto Rico, donde trabaja como chef en un restaurante. Tiene pasaporte cubano y residencia estadounidense.

Hace tres años vino también a Panamá en una acción de Greenpeace. En aquel momento estaban en contra del paso del Pacific Swan. Se subieron a su plataforma y pusieron un cementerio flotante en la entrada del Canal. En esa misión también se vio cara a cara con las autoridades panameñas, pero eso a ella no le importa, asegura que su misión es “temeraria” y está dispuesta a correr riesgos.

TITO KAYAK

Él es Tito Kayak, pero en el mundo real se llama Alberto de Jesús Mercado. Tiene 49 años y es electricista de profesión.

Es ampliamente conocido en su país, Puerto Rico, por su activismo en pro de la libertad de Vieques. En 1999, levantó un campamento de desobediencia civil en el polígono de tiro de Vieques en protesta por la muerte del puertorriqueño David Sanes en un accidente en ejercicios militares del Ejército de Estados Unidos. Vive en un campamento frente al mar, al lado de sus compañeros de luchas ambientales.

Estuvo preso en Estados Unidos porque un día se subió a la estatua de libertad en Nueva York pidiendo justicia y libertad para Vieques. Ante todo es un soñador, de esos que aún creen en la unidad de los pueblos y en un mundo donde se respeten los mares, las selvas y el aire. Ambos son miembros del Movimiento Revolucionario Amigos del Mar, creado en 1998.

‘NO AL PLUTONIO’

Ayer mientras esperaban su avión en el Aeropuerto de Tocumen para que los llevara a Puerto Rico, le contaron a La Prensa las interioridades de su viaje y estadía en Panamá.

Llegaron al país el pasado sábado 24 de febrero persiguiendo sus ideales. Rechazar el paso por el Mar Caribe la carga de plutonio que lleva el Sandpiper hasta Japón. “Panamá es la llave, si este país no permitiera el paso de estas embarcaciones no se pondría en riesgo el Mar Caribe”, dijo Tito Kayak (T. K).

—¿Fue difícil subirse al puente?

T. K.: “Yo estoy acostumbrado a este tipo de acciones, se me hizo muy fácil, pero perdimos una cuerda que nos hizo falta al bajar, por eso Indira tuvo que bajar con una grúa”.

—¿Subieron bebidas y alimentos?

I.M.: “Una botella con agua y algunos sándwiches”.

—¿Y qué pasó con sus necesidades fisiológicas?

I.M.: “Tenía ganas de orinar, pero me aguanté”.

T.K.: “He estado cuatro días sin ir al baño por algunas causas ambientales, así que no me hizo falta”.

—¿Y qué pasó cuando bajaron?

T.K.: “Nos llevaron a la estación de policía y allí nos tuvieron retenidos hasta hoy”.

—¿Comieron?

I.M.: “La comida que nos dieron en la policía estuvo buenísima: arroz, pollo, lentejas y plátano en tentación, pero dormimos en el piso y con mucho frío”.

—¿Fue costoso viajar a Panamá a rechazar el paso de un barco?

T.K.: “Mucho, tuvimos que recoger fondos con los demás miembros, quedamos desangrados”.

—¿Ahora qué sigue?

Tito Kayak dijo que junto a otros miembros de los Amigos del Mar pretenden atravesar el Caribe en kayak. Partirán desde Venezuela y tienen planeado llegar a Cuba.

“Esto es para emular a nuestros ancestros aruacos que bajaron del Amazonas y fueron poblando las islas hasta llegar a las antillas mayores; llevaremos un mensaje de unidad caribeña porque todas esas islitas pertenecen a grandes naciones que hacen con nosotros lo que quieren”, dijo.

Indira, mientras tanto, asegura que seguirá persiguiendo sus sueños de aire limpio, mares seguros y tierra fértil y eso implica seguir con sus protestas por el paso de barcos con cargas de plutonio.

Sus aventuras en el istmo no terminaron en el aeropuerto a las 2:00 p.m. cuando debían montarse al avión. A Indira le retuvieron el pasaporte y tuvo que volver a un hotel de la capital con su compañero de luchas.

DEL PACIFIC SANDPIPER

COSTOS: El 2 de septiembre de 2006, el barco pagó 15 mil dólares en peajes y se estima que en seguridad pagó cinco veces esa cantidad.

SEGURIDAD: En el operativo especial de seguridad para el paso del polémico barco que se dirige a Japón participaron el Servicio Aéreo Nacional y el Servicio Marítimo Nacional.

Fuente: La Prensa

Delfinarios una actividad prehistórica

Panamá, miércoles 28 de febrero de 2007
 

ENTREVISTA. ALEXANDRA COUSTEAU, CONTRA LA CAZA DE DELFINES.

‘En el primer mundo los delfinarios son prehistoria’

La nieta de Jacques Cousteau cree que Panamá va a perder mucha de su buena imagen internacional.

El Gobierno rechazó la oferta de un informe independiente gratuito de científicos internacionales.

CORTESÍA/Alexandra Cousteau

RESCATE. Cousteau y Steve McCulloch del Harbor Branch Oceanographic Institute ayudan a un delfín.813551

Paco Gómez Nadal
fgomez@prensa.com

Alexandra Cousteau está confundida. Panamá comenzaba a perfilarse como un ejemplo para Latinoamérica en la conservación de los recursos naturales, con una serie de iniciativas que ambientalistas locales y extranjeros habían aplaudido: el corredor marino, la ley contra el “aleteo” de tiburones, el blindaje legal del Parque Nacional Coiba…

Para esta promotora del uso sostenible de los recursos marinos -y, cómo no mencionarlo, nieta del oceanógrafo Jacques Cousteau-, la posibilidad de que el Gobierno autorice la captura de delfines salvajes y la apertura de un delfinario en San Carlos, tal y como pretende la empresa Ocean Embassy, sería decepcionante.

“El pueblo panameño no tiene por qué esperar nada de Ocean Embassy, es una empresa y busca el beneficio, pero sí espera mucho de su gobierno. Y el 82% de los panameños no está de acuerdo con este proyecto”, advierte Alexandra Cousteau refiriéndose a la encuesta que este diario encargó a Dichter & Neira y que mostró que el 81.9% de los encuestados no apoya la caza de estos mamíferos marinos.

¿Y LOS ESTUDIOS?

“Éticamente” en contra de esas capturas, Cousteau no se explica cómo, al menos, no se han encargado estudios sobre la población local de delfines, las zonas en donde se localizan o sobre el impacto real de lo que pretende hacer Ocean Embassy Panamá.

Por eso, la asesora de la Fundación Mar Viva ofreció al Gobierno, en octubre de 2006, la colaboración de científicos internacionales para que las autoridades pudieran tener un informe independiente con el que evaluar el proyecto.

“¿A quién le presentó esa propuesta…?”. La sonrisa de Cousteau denota que no va a contestar a la pregunta comprometedora, pero sí explica que no es razonable que la decisión que se adopte no se tome en función de la mayor cantidad de información posible.

“Este proceso debe ser más transparente, más honesto con todos los panameños y para eso hace falta escuchar la opinión experta de lado y lado. Esto no está ocurriendo”.

En la mano, Alexandra Cousteau sostiene un archivo con los diagnósticos de diferentes entidades y científicos. Explica que la caza de delfines salvajes es algo que se dejó de hacer en el primer mundo hace mucho tiempo. “El Gobierno de Estados Unidos no ha permitido capturas de delfines desde 1989. En Francia, me miraron como loca cuando les dije que en Panamá existía este proyecto. me dijeron: ‘eso es la prehistoria”. La sensación de Cousteau es que las empresas con este tipo de proyectos llegan a países en vías de desarrollo creyendo que pueden “engañar a la gente”.

LAS CONSECUENCIAS

Esta mujer, que se ha convertido en la imagen mundial de la defensa de los recursos acuáticos, quiere dejar claro que los delfines sufrirán -“tienen una estructura social muy compleja y no se trata de cuántos hay sino de las repercusiones de romper esa estructura”; que la cadena del mar sufrirá- “es una especie clave, como los tiburones. Cuando se cazan, se está dañando todo un ecosistema”; que los pescadores panameños sufrirán -“he estado en pueblos donde los pescadores están de brazos cruzados”-, y que, al final, Panamá estará dilapidando su futuro.

ARGUMENTOS EN CONTRA

Los argumentos a favor que han utilizado los defensores del proyecto de Ocean Embassy tienen respuesta en Alexandra Cousteau.

¿Por qué no hacerlos si en el primer mundo los tienen? “Porque en el primer mundo se hacían este tipo de acuarios hace 20 años, pero ahora los que restan se alimentan de bebés de delfín nacidos en cautividad, no de delfines salvajes”.

¿No es de utilidad para los niños con problemas de salud o discapacitados? “Está probado que es buena cualquier interacción con animales, sean perros, caballos o delfines. Así que pueden hacer terapia con animales domésticos”.

¿No es un gancho para el desarrollo turístico del país? “Hay otras maneras de explotar el medioambiente sin comprometer el futuro y hay ejemplos en muchas partes del mundo, incluida Costa Rica”.

MALA IMAGEN

Los daños que presume Cousteau en los delfines no serán nada comparado con “la mala imagen internacional que va a proyectar Panamá”. “Si se les da el permiso, será como darle la razón a todos aquellos extranjeros que piensan que en Panamá se puede hacer cualquier cosa gracias a la corrupción y a la falta de instituciones fuertes”, vaticina.

No debe pensar lo mismo el presidente de la República, Martín Torrijos, que no le ha concedido audiencia a Alexandra Cousteau, a pesar de que lo intentó durante la última visita del mandatario a Washington y ahora en Panamá.

A cambio, la recibió el alcalde capitalino, Juan Carlos Navarro, que fue virulento en sus declaraciones en contra de Ocean Embassy y del proyecto de delfinario. También se reunió con Richard Pretto y George Novey de la Autoridad de los Recursos Acuáticos .

“¿Qué se puede hacer si se conceden los permisos?”

Un largo silencio tensa la sala donde está Alexandra. Responde en inglés -“para ser precisa”- y es dura: “No se podrá hacer nada, pero, al final, el Gobierno tendrá que responder al pueblo. Puede que no sea ahora, pero en 4 ó 5 años se conocerán las verdaderas razones del porqué se autorizó el delfinario y… uno siempre paga en la vida por lo que hace”.

Fuente: La Prensa

PERFIL

ALEXANDRA COUSTEAU: A sus 30 años es depositaria de un legado inmenso: el de su abuelo, Jacques, y el de su padre, Philippe, ambos muertos pero en la memoria de todos aquellos que aprendieron del mar y de sus recursos con sus documentales. Hoy, Alexandra dice que nadie puede permitirse el lujo de no ser ambientalista: “Es un asunto de supervivencia”.