Panamá, una víctima de sus gobernantes

Panamá, viernes 23 de febrero de 2007
 
 

DESARROLLO URBANO.

¿Consultar, para qué?

Raisa Banfield

Definitivamente, la presión económica, que produce rápidas ganancias a corto plazo, está ganando terreno vertiginosamente sobre el desarrollo humano y sostenible en nuestro país.

Prueba de ello: la venta de nuestras islas y frentes marinos, con el agravante de que, bajo el título de «proyecto turístico», se avalan destrucciones de nuestros recursos naturales, tal como sucede en Amador, en Islas del Archipiélago de Las Perlas, Bocas del Toro… la lista es larga.

Nuestro modelo de desarrollo fundamentado en la destrucción del patrimonio trasciende de lo natural a lo cultural. «El nuevo perfil de la ciudad», que emerge basado en la destrucción de Bella Vista por ejemplo, ocurre ante nuestros ojos con la declaración de impotencia de nuestras autoridades: Municipio, Mivi y hasta el mismo Inac –nadie puede hacer nada-, a pesar de que existe un proyecto de Ley en la Asamblea con el respaldo ciudadano, para rescatar este patrimonio que sucumbe ante las demoledoras de «la inversión económica».

¡Ah!, pero sí es posible aprobar leyes de madrugada el último día del año, sancionarlas días antes de que arranquen los carnavales y entre murgas y culecos, abrir las puertas al desarrollo inmobiliario en la Cuenca del Canal, bajo la pobre excusa de frenar asentamientos humanos ilegales. Cumple así el Presidente con una promesa de campaña: ¡Sí se puede!

Pero todo este jolgorio desarrollista se enmarca en un país sin una planificación integral: infraestructuras, servicios públicos, suministro eléctrico, cada día más costoso, con un crecimiento en la demanda del 6% anual. Hablar de crecimiento sin sostenibilidad no es desarrollo; simplemente estamos viviendo un buen momento y cuando pase, ¡qué pena! mala suerte para el gobierno que le toque.

Ponderar el crecimiento económico apoyado en el alto porcentaje de crecimiento del renglón construcción, sin relacionarlo con la sostenibilidad del rubro, es un espejismo que se desvanecerá apenas descubramos que agotados los recursos, acabamos con lo que nos hace «Panamá atractiva» ante los ojos del mundo.

Hace algunos días en KW Continente, el Presidente de la República, ante una pregunta que le hiciera el periodista Hugo Famanía, dijo: «Imagínate que ante cada proyecto importante para el país tuviéramos que consultar, no haríamos nada». Con esta afirmación el señor Presidente desconoce y viola el derecho que por Ley tenemos todos los ciudadanos de participar en la gestión pública de obras que nos afectan, tal como lo indica el artículo 24, del Capítulo VIII de la Ley 2 de 2002 : «Las Instituciones del Estado en el ámbito nacional y local tendrán la obligación de permitir la participación de los ciudadanos en todos los actos de administración pública que puedan afectar los intereses y derechos de grupos ciudadanos, mediante las modalidades de participación ciudadana que al efecto establece la presente Ley»

Temas como el transporte público, obras de infraestructura como la cinta costera o extensión del corredor sur, no pueden ser impuestos como hasta ahora ha sido la norma sin previa consulta y participación ciudadana. Sí, es deber de nuestros gobernantes consultar, señor Presidente, y mientras más pública y transparente sea su gestión, más será garantía de que las obras que se hagan redunden en un verdadero beneficio de la colectividad y no de un pequeño grupo de intereses, tal como lo vemos hoy.

la autora es arquitecta y ambientalista

El Depredador de Islas en Bocas del Toro

Panamá, viernes 23 de febrero de 2007

DAÑOS A LA ECOLOGÍA.

El depredador de islas

Óscar Sogandares Guerra

Estuvimos en días pasados por la Isla Colón, Bocas del Toro, transportando mercancía. Se hallaban en huelga los trabajadores de «Red Frog» proyecto urbanístico de alto impacto ecológico en la Isla Bastimentos y quien un viejo residente extranjero denominó «Dead Frog» por la devastación nunca vista. Por eso el ferry a Bastimentos (con material de relleno) se cancelaba y nuestro regreso se retrasaba hasta el día siguiente. Aquello nos daría tiempo para un tour por la isla en nuestro vehículo. Pasamos los predios de la Feria del Mar, la Playa, La Pista de Lazo y el Smithsonian y avanzamos por los serpenteantes 18 km. de la única carretera isleña.

Por doquier se veían los anuncios inmobiliarios «Se vende» y For sale y otros de «Propiedad privada» y «No entrar». Casi siempre en manos de extranjeros y algunos proyectos de reforestación de teca (lástima que no fueran especies nativas) auspiciadas por la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam). Nos llamó la atención un lugar llamado «La Gruta» y nos encontramos una iglesia al aire libre. Al fondo una quebrada que manaba aguas cristalinas desde una caverna subterránea digna de un espeleólogo. Su entrada quedaba resguardada con la figura de la Virgen. Ciertamente un lugar de sublime comunión con Nuestro Creador. Sin embargo, esta tranquilidad fue perturbada por ruidos incesantes de excavadores y volquetes que extraían material desde una cantera cercana. Un signo inequívoco del denominado «progreso». Finalmente hallamos la comunidad nativa de Boca del Drago. No sabemos si eran gnöbes o teribes cuya tradición de Rey proviene del temible Rey Miskito, quien tuvo su sede en la isla el siglo XIX y fuera desalojado a Nicaragua por una fragata norteamericana. A pedido de sus pobladores. También nos recuerda que el año pasado, a la comunidad nativa de Bluff Centro se la quiso desalojar para acomodar a rentistas extranjeros. Situación que se repite en las demás islas como Isla Tigre, Cayo de Agua, Isla Popa. San Cristóbal.

Arribamos al otro extremo de la isla hasta Boca del Drago con sus playas de aguas esmeraldas. Visitamos el Instituto de Ecología Tropical el cual imparte clases para estudiantes extranjeros. Luego nos dispusimos para un refrescante chapuzón. Desde allí se divisaba la Isla de los Pájaros. En el horizonte sobrevolaban bandadas de aves migratorias que seguían el contorno isleño. Ahora veía con claridad la brutalidad que una vez se quiso hacer conectando esta bellísima playa con tierra firme, bloqueando las vitales corrientes marinas y asfixiando los arrecifes de coral mediante un grotesco relleno; acabando con el encanto natural del sitio, «matando la gallina de los huevos de oro». Algo similar se proyectó con un relleno marino para acomodar a aeronaves del exterior, sepultando hectáreas de formaciones coralíferas, aquello que el viajero hubiera querido disfrutar en primer lugar, en un claro afán mercantilista. O la idea descabellada de traer basura industrial de Estados Unidos para depositarla en la idílica isla de Escudo de Veraguas, que a propósito se vende por $2 millones en la Internet – y por ley pertenece a la comarca Gnöbe Buglé. En las aguas se divisaba una pequeña embarcación de vela en una tarde soleada llevando los surfistas, navegando por este incomparable estrecho marino que una vez navegó Colón

En nuestro recorrido nos encontramos con numerosas parcelas privadas. Sin embargo, todos respetando el medioambiente. No todo puede ser parque nacional. En lo que sí no estamos de acuerdo es con la depredación salvaje del que se ha hecho presa la una vez prístina Isla de Bastimentos. Lugar donde se ha descumbrado la mitad de la isla, destruyendo hectáreas de manglares y arrecifes coralinos en un equivocado afán desarrollista, propiciado por la inconsulta Ley de Islas y como mudo testigo el silencio cómplice de la Anam. Por último les deseo suerte a los trabajadores en sus justas aspiraciones. Ciertamente necesitamos más grutas y santuarios para exorcizar al demonio depredador que se ha hecho presa de estas encantadoras islas.

El autor es comerciante y ambientalista

La Prensa, 23 de febrero de 2007