Es un crimen capturar delfines

Crimen capturar delfines
Hilda Estrada Baso
hestrada@elsiglo.com

Con una marcha en horas de la tarde de ayer y encuentros con los medios de comunicación, el alcalde capitalino, Juan Carlos Navarro y los miembros de la fundación MarViva repudian la actitud de los empresarios que pretenden dar caza a los delfines silvestres y mantenerlos en cautiverio.

“Cómo es posible que un país que invierte millones en el museo Gehry, que ha sido reconocido mundialmente por el Corredor Marino para defensa de las ballenas y que quiere traer turismo hacia nuestro país y que ha establecido parques como el de Coiba para defender nuestro recurso marino, ahora cometa este error, este crimen, como lo es permitir la captura y asesinato salvaje de los delfines en nuestros mares”, sostuvo Navarro.

Ésta es una práctica que ha sido prohibida en Estados Unidos, Europa y en todos los países civilizados del mundo, por eso considero, señaló Navarro, que es una vergüenza nacional y un acto de inmoralidad suprema permitir la captura de los delfines en los mares panameños.

Este tipo de actividades, dijo el Alcalde capitalino, le hace mucho daño a la imagen del país, a su reputación y desarrollo económico y a todas las cosas que deseamos hacer para promover a Panamá como un país serio y decente.
Navarro señaló que siempre ha protegido a la naturaleza y a la herencia natural de Panamá que son la base de nuestro desarrollo y fundamental para el futuro del país.

Esta situación viola lo más elemental en principios de moral, es una completa inmoralidad pretender capturar delfines vivos de nuestros mares para ponerlos en una especie de prisión y torturarlos en la esclavitud el resto de sus vidas, indicó Navarro.
Los delfines son los animales más sensibles y pueden nadar hasta 150 kilómetros al día en el mar libremente, no es posible que alguien pueda pensar que capturando estos delfines, esclavizándolos, torturándolos, poniéndolos en una especie de jaulas y prisiones hagamos más vistoso a nuestro país, acotó.

Navarro explicó que la tendencia moderna es que sólo se tienen en los acuarios a los delfines nacidos y criados en cautiverio, en todos los países decentes del mundo se ha prohibido capturar delfines vivos en el mar para posteriormente llevarlos a un acuario, por esa razón no podemos permitir que este tipo de acciones se den en nuestro país.

“No me importa qué empresa sea la que está cometiendo este crimen, simplemente por principio me opongo a que cualquier empresa multinacional, cualquier grupo mercenario venga hacer en Panamá lo que no pudo hacer en su país”, apuntó.

Cuestionó el hecho de porqué los dueños de la empresa responsable no montan estos asuntos en su propio país, además porque en Estados Unidos y Europa no se permite la captura de estos animales vivos en el mar, allí hay alguna razón importante, por la cual se ha dejado de realizar este tipo de prácticas.

En tanto, fuentes oficiales de la empresa Ocean Embassy señalaron que por ningún motivo ellos realizarán caza indiscriminada de delfines en aguas panameñas y, por el contrario, toda su labor la llevarán a cabo de manera científica.

Fuente: El Siglo Digital, 2 de marzo de 2007

Editorial sobre arboricidio

Arboricidas en Cañazas

¿Quién autorizó el derribo de una hilera de ocho ficus frente al edificio municipal de Cañazas, en Veraguas? Seguramente nadie lo dirá, aunque todos los vecinos del lugar lo sepan. Parece exagerado dedicar esta columna a los otrora verdes, robustos y frondosos árboles. Para comprenderlo, habría que conocer el desastre de lugar que es Cañazas. Es un inmenso peladero montañoso, famoso por su empinada y estrecha carretera, a orilla de precipicio, donde se juegan la vida a diario los conductores de vehículos y sus pasajeros. Pero más que eso, se destacan sus imponentes y tenebrosas tinas de cianuro, donde hace algunos años se separaba el oro de la piedra extraída de unas minas cercanas.

Una noche terrible de invierno, un aguacero diluviano rebasó las paredes de las tinas de lixiviación -que así se llama el proceso- y el agua venenosa fue a parar a las quebradas y el río vecinos. No quedó un solo pez, ni camarón, ni ser acuático vivo hasta la costa. Y aunque algunos ecologistas se aventuraron a evaluar los daños causados, nadie se aventuró a estimar el sufrido por los animales y aves silvestres, para no hablar de los campesinos e indígenas que usan las aguas del río a lo largo y ancho de su cuenca, puesto que el tóxico se acumula en el organismo debilitándolo y matándolo. Recordemos que durante dos siglos, se especuló que el emperador Napoleón Bonaparte fue envenado con unas pocas gotas de cianuro diarias administradas en su comida, mientras yacía preso por los ingleses en la isla de Santa Elena. Ya se les había escapado una vez y, en ésa, casi se toma al mundo.

La mina cerró, pero más producto de problemas laborales y económicos que por el desastre ecológico que nadie recuerda.

Cañazas no es tierra de árboles. La hambruna es el costo del golpe devuelto por la Naturaleza a la gente por los abusos en su contra. Dicen los del Municipio que los ficus levantaban con sus raíces una acera. ¿Cuánto vale un pedazo de acera enfrentada a la sombra bienhechora y el agua que salvaguardan las raíces de unos árboles? Seguramente con cien balboas se habría reparado la acera y podado las raíces con la sencilla y harto conocida técnica de hacer un fino corte perpendicular de un metro de profundidad, dentro de la tierra a lo largo de un radio de 25 centímetros alrededor de cada tronco, rellenar el corte y ya. Así las raíces no habrían molestado a nadie. Pero no, en lugar de asesorarse, para los del municipio fue más fácil talarlos; y cortar, junto con ellos, la esperanza de mejores días para la gente de Cañazas.

Fuente: Panamá América, Editorial, 2 de marzo de 2007

Delfinarios una actividad incivilizada

Delfinario sería una “vergüenza”, Navarro

Protesta de ambientalistas.

Annette Hinestroza V.

PANAMA AMERICA2 de marzo de 2007

De desarrollarse el plan de Ocean Embassy, de crear un “delfinario” en Panamá, eso sería “una vergüenza nacional”, dijo el alcalde capitalino Juan Carlos Navarro.

Llamó “mercenarios internacionales” a sus promotores y expresó no entender cómo un país que promueve la conservación, permite el “asesinato de delfines”.

Las palabras de Navarro se dieron junto a la activista Alexandra Cousteau, durante una rueda de prensa en la que participaron representantes de ANCON y MarViva.

Cousteau visitó Bocas del Toro, donde asegura que habitantes, guías de turismo y visitantes se sienten “horrorizados” por el proyecto.

Gabriela Etchelecu, de MarViva, pidió dejar sin efecto la resolución que permite la captura de mamíferos marinos. “Si queremos ser un país de primer mundo, actuemos como tal”, instó.

Sociedad civil conforma frente para defender mamíferos marinos de Panamá

AMBIENTE.PIDEN A TORRIJOS EVITAR CAPTURA DE CETÁCEOS.

Movimiento en pro de los delfines

Alexandra Cousteau no pudo entrevistarse con el presidente, Martín Torrijos, como era su deseo.

Urania Cecilia Molina
umolina@prensa.com

Un movimiento para evitar la captura de delfines en aguas panameñas comenzó ayer la Sociedad Civil Ambiental (Ver Tabla).

Lucha que, según el alcalde Juan Carlos Navarro, quien participa como activo colaborador, “será sin cuartel”, porque más allá de la captura de cetáceos está en juego “la reputación del país y sus habitantes, la cual no puede ser producto de ningún negociado, resolución, ley o arreglo tras bastidores”, dijo.

Los ambientalistas pidieron, públicamente, al presidente, Martín Torrijos, que solicite a la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá dejar sin efecto la norma que regula la “recolección de mamíferos marinos para el cautiverio” en aguas panameñas.

A su juicio la norma viola “la letra y espíritu de la Ley 13 de 2005 que habla de las competencias que tendrá el Comité Directivo del Corredor Marino de Panamá”. Abogaron para que “no se presione” a los representantes de entidades ante el Corredor Marino para que favorezcan “directrices preestablecidas”. Por el contrario “que expresen sus criterios técnicos sin represalias”.

El movimiento surge a raíz de la aprobación de las excepciones para la captura de mamíferos marinos. Situación que trajo a Panamá a la bióloga y nieta de Jacques Cousteau, Alexandra, quien partió ayer del país sin poder hablar con Torrijos, como era su deseo.

Fuente: La Prensa, 2 de marzo de 2007