El aristocrático delfín

El aristocrático delfín

Por: Fernando Prieto-Tapia
Ambientalista
ajc17pa@yahoo.com

No voy a tratar sobre la vida de algún delfín (príncipe heredero) al trono de Francia, que con sus vidas llenas de lujo, boato e intrigas palaciegas, llenan los libros de historia. Estas líneas son para destacar a un noble animal marino, que con su inteligencia y habilidad surca los mares del mundo. Desde que los primeros marinos se aventuraron a navegar, guiados por la sed de riquezas y aventuras, se encontraron con sorprendentes criaturas que nunca antes la gente de su tiempo habían conocido; por su costumbre de escoltar a los barcos, llamó la atención de estos «lobos de mar» por su vivacidad y simpatía, pronto se tejieron múltiples leyenda e historias sobre estos.

Lo cierto es que la relación entre los delfines y humanos es muy antigua, en los anales de la navegación, algunos náufragos aseguran que han sido auxiliados por los delfines en medio del mar, sirviendo de compañía, protegiéndolos de los depredadores y guiándolos a la costa más cercana. El caso que en lo personal más me impactó fue el de Elian González, al quedar a la deriva. En el estrecho entre Cuba  y Miami, este balsero se encontraba solo, ya que los otros compañeros de infortunio, incluyendo a su madre, se habían ahogado; él afirma que en las horas que permaneció en el agua unos delfines lo escoltaron hasta que fue rescatado.

La ciencia natural luego de muchos años de estudio, ha catalogado al delfín como un mamífero marino, incluyéndolo en el orden de los cetáceos, junto con las ballenas y las marsopas; todos tienen que salir a la superficie a tomar aire y amamantar a sus crías. Existen alrededor de 32 especies de delfines en los océanos del planeta. Viven en grupos grandes o pequeños, con una estructura organizativa compleja y se comunican con una serie de complicadas señales acústicas, estudios en cautiverio han demostrado que son capaces de aprender labores con cierto grado de dificultad y se plantea que su nivel de inteligencia es, por lo menos, igual que el de los primates.

A pesar de todas las bondades de este ser, por culpa de la pesca industrial, cientos de miles de estos cetáceos han muerto en las redes de atuneros, de la manera más cruel y vil. Incluso, en un reciente reportaje de la cadena Telemundo se observaba cómo en Japón se capturaba a decenas de estos, arrinconándolos en una bahía, para después matar a la gran mayoría a arponazos y unos pocos los dejaban con vida ¡para exportarlos a un acuario en República Dominicana!

Podemos proteger a estos pacíficos animales, ¿Cómo? sólo comprando tunas que tengan el sello de protección al delfín, también oponiéndonos a la construcción del acuario, para la recreación de una elite, que sólo benefician a un inversionista, encerrando a los delfines en una suerte de cárcel La Joya acuática. Resulta curioso y digno de estudio, la velocidad y las facilidades dadas a este proyecto y  si a alguien le queda dudas que es un simple negocio, solo hay que ver el dinero gastado en publicidad para defender lo indefendible, tratando en vano de manipular a la opinión publica, con la añeja excusa de la creación de empleos y que toda inversión que dé dinero, es buena, ética y moral.

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