Piratería con material genético humano

CANADÁ.

‘Biopiratas’ acechan en las aguas del Pacífico sur

Julio César Rivas

Las islas del Pacífico sur están sufriendo un nuevo tipo de piratería de alta tecnología, la piratería de material genético, por parte de investigadores y compañías sin escrúpulos, según un libro de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) presentado hoy.

El libro Pacific Genes and Life Patents de los autores Aroha Te Pareake Mead y Steven Ratuva recopila los casos en que investigadores y compañías farmacéuticas, en su mayor parte de Estados Unidos y Australia, han realizado actos de «piratería» genética contra las culturas de las islas del Pacífico sur.

En declaraciones a EFE, la investigadora maorí Aroha Mead afirmó que uno de los casos más sangrantes de «biopiratería» es el de la tribu hagahai de Papúa Nueva Guinea.

En 1989, los hagahai -una tribu de cazadores y recolectores- aceptaron donar sangre para análisis, pero nunca que estas muestras fueran sacadas del país y sujetas a otros procedimientos.

A pesar de ello, en 1993, la investigadora estadounidense Carol Jenkins junto con el Departamento de Salud de Estados Unidos, solicitó una patente sobre las líneas de células T de 24 hagahai, aduciendo que eran útiles para tratar y diagnosticar aquellas personas infectadas con un virus asociado con la leucemia y una enfermedad neurológica.

El Gobierno de Papúa Nueva Guinea consiguió que en 1999 se retirara la solicitud de patente, pero el material genético de los hagahai está a la venta, accesible para cualquiera que pueda pagar 216 dólares.

Mead, fundadora de la ONG Call of the Earth (Llamado de la Tierra), que también ha participado en la producción del libro, declaró que casos de piratería genética en el Pacífico, como el de los hagahai, son consecuencia directa de que «el colonialismo sigue vivito y coleando en esta parte del mundo».

«Para muchos, el Pacífico sur -en el que se asientan 27 naciones- es un lugar sin explorar, sin fronteras, sin leyes, sin controles en donde es muy fácil tomar muestras y del que se están aprovechando los investigadores», añadió Mead.

El libro señala que el caso de los hagahai u otro similar ocurrido en las Islas Solomon, «lejos de ser incidentes aislados confinados al pasado, la misma asociación entre genética y derechos intelectuales que generaron las patentes de ADN Hagahai y Solomon, sigue hoy en día».

Otro caso recogido en el libro, fue el intento en el 2002 de trasplantar a los habitantes de las Islas Cook células de cerdo. Una proporción muy alta de los indígenas de las islas del Pacífico sur padecen de elevadas tasas de diabetes del tipo 2.

Algunos investigadores han defendido el trasplante de células pancreáticas de cerdos a diabéticos como una solución al problema, pero en el 2001 el Gobierno neozelandés declaró la solución como demasiado arriesgada, por lo que prohibió el procedimiento.

A pesar de ello, en el 2002, la empresa neozelandesa Diatranz convenció al Gobierno de las Islas Cook de permitir los experimentos entre sus habitantes sin solicitar permiso de los individuos.

La alarma causada entre los indígenas de las Islas Cook y el rechazo comunitario a ser utilizados como «conejitos de cobaya» evitó que Diatranz llevara a cabo sus experimentos en el país.

«Las personas no son ratas de laboratorio -afirmó Mead-, las empresas tienen que proceder de forma adecuada».

Para Mead, el argumento de que los beneficios de estas investigaciones pueden salvar o mejorar la vida de millones de personas en todo el mundo no tiene mérito.

EFE

Publicado en La prensa, 19 de marzo de 2007

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