La vida en un tanque no es vida para un delfín

DELFINES EN CAUTIVERIO.

No a la caza de animalitos indefensos

Mercedes Arias

Espero no ser incomprendida. Mucho se ha escrito a favor de los delfines últimamente. La verdad es que concuerdo con todos los argumentos; sí, son animalitos bonitos, nobles, inteligentes, tienen un sistema de comunicación avanzado y de ellos hasta dicen las malas lenguas, que fueron los que salvaron a Elián González. Como ven, se merecen inequívocamente una de las condecoraciones que rápidamente en este país se reparten. Habiendo expresado mi posición, añado que la vida en los tanques, no es vida como están destinados a vivirla, que el sistema de caza es inhumano y que concuerdo con que además de salvar a Willy, deberíamos quedarnos roncos de tanto gritar ¡Free Flipper!

La caza de focas también es inhumana. El Gobierno de Canadá reanudó el permiso para la caza de focas en el año 2003, para una caza masiva porque se argumentó que estos animales estaban diezmando los bancos de bacalao tan necesarios para la economía. Pero, cazan muchas veces a las pobres foquitas (cerca de 320,000 en año bueno) aporreándolas con garrotes y picahielos. Algo parecido puede ser dicho del negocio de los balleneros japoneses que se escudan en la investigación científica para promover la caza de las pobres ballenotas. Hasta los tiburones con los que quedé traumada desde Jaws, en 1975, son cazados desde pequeños solo para quitarles una aleta que después es secada al sol y luego termina en una sopa…, su carne es también la que venden para ceviches y nuestra exquisitez nacional, el ceviche de corvina, resulta, muchas veces, ser ceviche de cazón. Pero lo cierto es que nuestra epidermis es más sensibles ante las violaciones a los derechos animales, que a los nuestros… los derechos humanos. ¿Qué mayor derecho intrínseco nos debemos a nosotros los humanos, que el derecho a la vida de los seres de nuestra raza? Nos horrorizamos cuando recibimos correos electrónicos que nos hablan y que nos muestran fotos de las prácticas despiadadas en la caza de animales indefensos.

Inflamos globitos azules y verdes, aplaudimos cada logro de los planetarios, inundamos los correos de nuestras amistades instándolas a reaccionar ante la horrible realidad de prácticas que no deberían ser, pero que son una realidad que se perpetúa porque hay una comercialización organizada detrás de pieles, aceites o colmillos. Pero, cuando vemos a uno de nosotros, así, tirado, indefenso, ya muerto, nuestra zona de confort nos hace mirar hacia otro lado. Cuando no lo hacemos y nos pronunciamos en contra del aborto, cuando gritamos «oye, ese es un pelaíto, no lo mates», nos dicen con sonrisa de ignorancia, que un feto es solo poco más que tejido, y nos llaman radicales.

¿Son radicales todas las plumas que han escrito a favor de los delfines? Creo que no, solo son ciudadanos responsables que están dando una declaración pública y abierta sobre su posición en contra de los delfines en cautiverio. ¿Cómo es que un delfín o una foca nos conmueven más que un cachorro humano? ¿Por qué solo nos horrorizamos y nos quedamos en morisqueta cuando los periódicos amarillistas publican una foto de uno de estos bebecitos en la portada, aun sabiendo que por estas fechas es cuando mayores abortos tienen lugar en Panamá? ¿Por qué? pues porque acaban de pasar los carnavales, y cientos de mujeres están ahora empezando a tener una falta.

El desenfreno del Carnaval, trae hijos nueve meses después. Los que nacen son los menos, los que mueren son los más. Dos bebés mueren cada segundo en el mundo a causa del aborto, porque sus madres escogieron que no nacieran; son ya 190 los países que han legalizado el aborto. Pensemos en tanto niño muerto la próxima vez que veamos las fotos de foquitas aporreadas… de gatitos enjaulados, de elefantes desangrados, cuando esto suceda, cuando veamos las fotos de nuestros queridos animales en peligro, pensemos más allá, pensemos en nuestros iguales, en uno de nosotros.

Quizás podamos hacer algo, quizás hablando alto y claro, muchas jóvenes no quedarían embarazadas, quizás le diríamos a nuestros hijos, que el sexo es para después, quizás una vez encinta les permitan a sus hijos nacer para darlos en adopción, para entregarlos a organizaciones como Ofrece un Hogar, quizás pudiéramos copiar la idea de la Policlínica Casilino en Roma donde los bebés no deseados se depositan en el anonimato de una nueva versión de la Rueda del Abandono, un cajón parecido a un cajero automático, para ser atendidos por personal del hospital antes de encontrarles un hogar. Hay muchos quizás. Quizás actuemos. Quizás oremos. Jesús protege y salva a los no nacidos.

 

La autora es periodista

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