Delfines y manglares

RELATIVISMO. Mientras el deterioro del planeta avanza y las alarmas suenan insistentes en todos lados, en Panamá sigue imponiéndose un modelo de crecimiento desenfrenado que solo la codicia y la estulticia pueden llamar desarrollo. ¿Cómo entender la decisión del Gobierno de permitir la caza de delfines en nuestros mares, haciendo que Panamá pase a formar parte de una lista negra de bandoleros y depredadores? ¿Estaba ya en algún escritorio oficial el plan del acuario de Ocean Embassy cuando el Ejecutivo, sorpresivamente, envió a la Asamblea un proyecto de ley para crear la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (Arap)… justamente la institución que otorgó el vergonzoso permiso para cazar delfines? ¿Cómo es posible que la Universidad de Panamá haya apoyado esa decisión? La nefasta resolución del 19 de enero pasado también estuvo apoyada por el sector pesquero, las autoridades del Ambiente, del Canal y Marítima.

En contra estuvieron los grupos ambientalistas y organismos científicos. El Ipat no asistió a la reunión… Lástima, tal vez su rector hubiera podido contar la historia del “último árbol del Brasil…”. Por lo pronto, parece que el hoy presidente, Martín Torrijos, olvidó sus tiempos de candidato, cuando hablaba el mismo idioma de quienes intentaban salvar el sendero ecológico Los Quetzales que su antecesora en el cargo pretendía destruir. ¿Se trataba solo de una estrategia de campaña que sucumbió a los intereses económicos?

¿Creen los funcionarios que lo sucedido con los manglares de Punta Chame se puede solucionar con una multa?Lo cierto es que estos días las palabras han perdido su significado y todo parece ser relativo, como magistralmente comentaba esta semana en un artículo de opinión, la periodista Itzel Velásquez: “La imprecisión es la norma que los rige [a los políticos] y de ella se valen para que nada parezca lo que realmente es”. Exacto.Solo así se explica que exista una ley que crea el Corredor Marino de Panamá que establece la “protección y conservación de los mamíferos marinos”, al mismo tiempo que deja en manos de un comité directivo las excepciones a su captura. “Es que todo es relativo”, responderá más de uno.

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

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