…»algo pasó en Coclesito»

Estuvimos en Nazareno, más allá de Coclesito, el domingo 22 de abril de 2007, un grupo de personas que incluía abogados (2), periodistas (2), y representantes de la juventud panameña y de la Coordinadora Campesina por la Vida, reunidos con delegaciones de indígenas de la etnia ngobe-bugles, de Sinaí, Petaquilla y San Benito, conjuntamente con campesinos de Coclesito, Nazareno y otras comunidades, para escuchar sus inquietudes acerca del impacto negativo de la empresa minera, Petaquilla Minerals. Según ellos, toda el agua de la región, que es inmensa, está contaminada, dañada, quizás con cianuro y metales pesados por la actividad minera «a cielo abierto», en busca de toda clase de metales, incluyendo cobre y oro. Todos absolutamente, de comunidades distantes unas de otras, afirmaron que tienen «picazón» por toda la piel, y hay cientos de niños y adultos con vómitos, diarrea y fiebre. Algunos testigos manifestaron que incluso hay contaminación del aire. Yo mismo he visto destrucción de bosques primarios, desviación de quebradas y riachuelos, etc. etc. No tienen agua potable y deben beber y bañarse con esa misma agua desnaturalizada y tóxica. La empresa no cuenta con un Estudio de Impacto Ambiental.

Uds. recordarán que a fines de marzo vino a Panamá un grupo de campesinos e indígenas a denunciar las actividades destructoras y hostiles de la empresa, los cuales se presentaron en televisión y radio. Ellos invitaron al Servicio Paz y Justicia en Panamá a visitarlos. La empresa le dijo a Benito Martínez, indígena ngobe, que, si no abandonaba su casa y su tierra, le echarían abajo el lunes 2 de abril pasado. Benito vive con 18 personas allí, incluídos 8 hijos.

Allí en Nazareno, se conformó un Comité Pro Cierre de Petaquilla, por voluntad expresa de las comunidades indígenas reunidas en Asambleas Comunales o de Ciudadanos, que enviaron resoluciones en ese sentido a través de sus delegados que se hicieron presente en Nazareno, el domingo 22 de abril pasado, comité que quedó integrado por indígenas y campesinos,incluyendo a una mujer de Nazareno. Ellos me pidieron que los juramentara, y María Muñoz, una representante de la Coordinadora Campesina por la Vida les dirigió la palabra. Todo transcurrió en orden, armonía y paz.

El domingo, 29 de abril, nuevamente fuimos a Nazareno a solicitud del Comité Pro Cierre de Petaquilla y nuevamente escuchamos los testimonios de los indígenas y campesinos. Al llegar, encontramos tres o cuatro policías en la entrada de la Iglesia de Nazareno, pero se retiraron luego que nosotros llegamos, sin decir una palabra. Se supo que algunos obreros informaron a dirigentes del Comité, en la noche del 22 de abril, que ellos se habían quedado esperando una marcha de los «cholos» contra el local de la empresa en Coclesito el sábado anterior «para disolverla». Esa marcha jamás fue programada por nadie. También manifestaron que la empresa les habló a sus trabajadores, en el sentido de que «tenemos que trabajar las 24 horas porque esos cholos de mierda son capaces de cerrarnos la empresa». Nuevamente nosotros hicimos hincapié en la necesidad de mantenerse tranquilos y no dejarse provocar por nadie. Hubo incluso presión para que no usásemos el local de la Iglesia en Nazareno, por parte de personas que trabajan para la empresa.

El sábado anterior, 28 de abril, el presidente de la república, Martín Torrijos, según nos informaron los lugareños, llegó a Nazareno por la mañana, completamente solo y bajó al río. Estuvo buen rato solo y se regresó solo al vehículo. El presidente había llegado en helicóptero a Coclesito y, luego, en un vehículo, hasta el sitio donde se realizaría la reunión de nosotros con los miembros del Comité Pro Cierre de Petaquilla, al día siguiente, es decir, en la iglesia de Nazareno.

Ahora, a las diez de la noche de hoy, martes 1 de mayo, me informaron que «algo pasó en Coclesito». Un reportero le dijo a otro de Santiago de Veraguas, que algo pasó con los indígenas, quienes al parecer «reaccionaron con violencia» en un sitio que queda después de Nazareno. Los indígenas viven en Sinaí, Petaquilla y San Benito.

Me parece extraño porque los indígenas y campesinos que se reunieron con nosotros estuvieron muy tranquilos en sus declaraciones. No hubo licor ni el 22 ni el 29 de abril. Al contrario, en todo momento expresamos que debían actuar sin violencia porque no era necesaria, y ellos asintieron. Unos partieron a sus comunidades el mismo domingo, y otros pernoctaron porque viven a día y medio caminando a sus comunidades.

Esperamos que nada serio haya ocurrido, y que se trate de simples rumores, pero estaremos al tanto.

Julio Yao

Servicio Paz y Justicia – Serpaj-Panamá.

Maria Muñoz,

Coordinadora Campesina por la Vida.

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