Cinta costera debe reflejar sensibilidad, cultura y buen gusto

CINTA COSTERA.

Colamarco, ¿Martín sabe?

Brooke Alfaro

La cinta costera será la obra civil pública más importante en la historia de la ciudad. Producirá un impacto enorme, transformará la bahía permitiéndonos ganar un valioso espacio recreativo, de esparcimiento y contemplación al aire libre. Será, sin duda, el parque más popular y visitado de la ciudad de Panamá.

Por ello considero insensata la forma como el MOP y el Mivi están desarrollando el proyecto: sin metodología, con inconsistencias, con un innecesario apuro, secretismo y aislados de los aportes de la sociedad civil.

Por mucho tiempo trabajaron en secretismo con la controvertida ICA, con la idea de que la vía fuera de peaje. Fue así hasta hace solo dos meses cuando asistieron a un foro público, en una universidad local, y se vieron frente a un auditorio lleno rechazando esta impopular propuesta. Ahora sorprenden con un giro de 180°: soltando a ICA y proponiendo nada menos que el mismo concepto de diseño de vías sin peajes y grandes áreas verdes que varios arquitectos independientes presentaron en el citado foro. Además, apretaron el paso.

El apuro por comenzar la obra es tal, que han establecido la ilógica metodología de licitación sin antes tener un diseño. Y el único requisito, en esta etapa, es que las empresas proponentes sepan hacer calles y que el área verde la entreguen con grama. Claramente el parque no es la prioridad.

Parecen no comprender que el gran mérito de esta obra, lo que engrandecerá la ciudad y enriquecerá el espíritu de sus habitantes, será el espacio público de parque.

Sin siquiera contar con un Plan Maestro, hace pocos días se dio la primera convocatoria del proceso de licitación. Por ello, no sorprende que muchas de las compañías que asistieron los criticaran duramente: “estaremos en una carrera contra el tiempo”, “que entreguen más información”, “recomendamos una segunda vuelta”, “totalmente riesgoso”, “excluyen a las empresas panameñas”, “un plazo de 540 días es sumamente corto”, etc.

En un reciente artículo en estas mismas páginas, el ministro del MOP, Benjamín Colamarco, intentó despejar las dudas sobre el proyecto citando las “verdades” de la cinta costera. En realidad, fue solo un esfuerzo para manipular a la opinión pública. La real gran verdad es que el gobierno quiere hacer este proyecto “con urgencia” como estrategia política para las elecciones del 2009. No hay otra explicación posible, un proyecto de tal magnitud, importancia y transcendencia, no se puede hacer a la carrera.

Después de años de espera, unos meses más no cambiará nada. A nadie engañan con afirmaciones como “necesidad inmediata” y “urgencia”.

Esto y más, por meses lo están diciendo un sinnúmero de agrupaciones civiles, entre ellas la Apede, Alianza Pro Ciudad, Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, Cámara de Comercio, Capac, Asociación de Propietarios de Inmuebles, al igual que nuestros mejores urbanistas, arquitectos e ingenieros. ¿Y el presidente Martín Torrijos sabe esto?

Es una tendencia alrededor del mundo, las ciudades están reinventando grandes espacios públicos, por lo que la metodología para hacerlo con éxito está bien documentada: primero, un extenso diálogo al comienzo del proceso de planificación, entre la sociedad civil y las fuerzas políticas, para establecer los objetivos; segundo, la formulación de un Plan Maestro; tercero, y lo más importante, porque garantiza el mejor resultado (y lo que le vienen diciendo las agrupaciones civiles, incluyendo los arquitectos que han presentado propuestas para la cinta costera): el proyecto debe ir a concurso.

Estas ciudades, donde el parque urbano contemporáneo ha tenido éxito, tienen a sus habitantes como prioridad número uno, no se entremeten las agendas políticas. Yaunque la vialidad es un componente importante, el énfasis está puesto en el talento creativo de sus diseñadores para asegurar la belleza paisajística, arquitectónica y artística. El objetivo central es impulsar con sensibilidad los espacios abiertos enriquecedores, llenos de ingenio, variantes, que estimulen, que provoquen sorpresa, el uso del color, las formas, el ritmo, la diversidad de materiales y flora, la armonía en su conjunto de plazas, senderos, veredas, miradores, anfiteatros, fuentes interactivas, piscinas reflectivas, esculturas, los espacios íntimos y los más sociales, etc.

En su afán y desorden, el MOP y Mivi están imponiendo las condiciones perfectas para lo mediocre. Los dos componentes de la obra, lo vial y el parque, deben ser diseñados integralmente, cualquier otra cosa es simple improvisación. “Grama, ciclovías y veredas” no define el parque que merece la ciudad; ni deben ser solo 25 hectáreas de áreas verdes, cuando propuestas independientes demuestran que se pueden lograr 80 (el Parque Omar tiene 56).

Un concurso internacional para el diseño garantizaría no solo transparencia, sino también la excelencia. Aún se puede rectificar; no tomará mucho más tiempo. Este es un fabuloso proyecto y la convocatoria a concurso de seguro atraerá la participación de las firmas y profesionales especializadas en parques más importantes del mundo y Panamá.

Sr. Colamarco, no haga de esta importante obra un show político y de ego, como hizo Mireya Moscoso con el Puente Centenario; ni una cuestión de poder y dinero como hizo Ernesto Perez-Balladares con Punta Pacífica. La ciudadanía le pide reflexión y sensatez.

Sr. Presidente, por favor intervenga como facilitador para que la cinta costera sea una obra grandiosa, un legado que refleje su sensibilidad, cultura y buen gusto; la ciudad le agradecerá y recordará por ello.

 

 

El autor es arquitecto y pintor

La Prensa, 7 de mayo de 2007