Salvemos los bosques urbanos de la ciudad de Panamá

Pocas ciudades, tienen el privilegio de Río de Janeiro en Brasil y la Ciudad de Panamá de contar con hermosos bosques naturales, que le dan gran atractivo, belleza incalculable y valor agregado para todas las actividades económicas y recreativas que se desarrollan dentro de éstas.

Justamente una de las grandes bellezas y riquezas naturales de Río de Janeiro es el Parque Nacional de Tijuca, que está localizado justo en medio de la ciudad, y hoy por hoy es el bosque urbano más grande del mundo. Aparte de su indescriptible belleza, llama poderosamente la atención que esta área de conservación fue planteada a mediados del siglo XIX (1860), en una región donde todo el bosque original había sido destruido para la creación de fincas cafetaleras. Hoy estos bosques son claves para el suministro de agua de la ciudad y representan una de las más grandes maravillas del mundo, haciendo de Río de Janeiro única en su belleza natural.

En la ciudad de Panamá tenemos una gran diversidad de áreas de belleza y riqueza natural invaluables como lo son las islas del Golfo de Panamá, Punta Bruja, Farfán, Cerro Ancón, bosques de Albrook, Cárdenas, Los Ríos, Corozal, Clayton, Rodman, Kobbe, Howard, el Parque Natural Metropolitano, el Parque Nacional Camino de Cruces y Parque Nacional Soberanía. También forman parte de esta riqueza natural de la ciudad de Panamá, los bosques dentro de las áreas de operación del Canal de Panamá y los manglares y humedales ubicados en el extremo este de la ciudad. Cabe destacar que el proyecto de cría de águilas harpías del Fondo Peregrino se desarrolla en los magníficos bosques centenarios del área circundante a la Ciudad del Saber en Clayton.

A pesar de tanta riqueza, actualmente por falta de visión y sabiduría, Panamá solo destaca por sus servicios de tránsito, de banca internacional, pero aún no destaca por sus riquezas naturales y culturales. Lamentablemente hoy la nación panameña está justamente vendiendo áreas boscosas que la propia ley 5 de 1993 que creó la ARI, indica que son bienes que no pueden ser objeto de ventas por ser inalienables de la nación panameña. La Ley 21 de julio de 1997 que definió el Plan Regional para el desarrollo de la Región Interoceánica y el Plan General de Uso y Conservación y Desarrollo de la Región Interoceánica que textualmente identifica los bienes naturales y arqueológicos que debían ser conservados es justamente la ley que está siendo utilizada para hacer lo contrario.

Instamos al señor presidente de la Junta Directiva de la ARI, que es un historiador, que deshaga la ilegal venta de tierras nacionales que además de ser áreas boscosas, contienen los restos del histórico Camino de Cruces que data de 1519. Hemos de creer que como directivo fue cegado en su buena fé por los leguleyos de la institución que le indicaron que no había violación a la ley. Ahora solo le corresponde enmendar cuanto antes este lapsus e ilegalidad cometido por la Junta Directiva de la ARI y actuar cuanto antes, de manera interinstitucional en el rescate del histórico empedrado del Camino de Cruces y en la promoción de senderos y parques temáticos sobre la belleza, valor e importancia estratégica de estas áreas y bosques, para uso de todos los ciudadanos panameños y para desarrollo del turismo en toda sus dimensiones.

También instamos al gobierno nacional a enrumbar la nave del real desarrollo sostenible y no hacer una parodia de éste. El gobierno nacional debe defender los intereses de la nación panameña, para ello es urgente que pensemos en la riqueza de Panamá en función de la existencia a largo plazo de sus bosques, de sus riquezas arqueológicas, de su riqueza paisajística, de su calidad de vida, de la calidad de su aire, del respeto al principio de ciudad jardín de las áreas revertidas y sobre todo de la riqueza cultural y la forma de ser de los panameños. Para ello es urgente, en cuanto al tema que nos amerita en este artículo que se revise cuanto antes la Ley 21 de la ARI en la mayor parte de su ejecución ha sido fructífera, pero que también amenaza con causar mucho daño a los bosques que se esta ley ordena conservar tanto para el sector Pacífico y Atlántico de la Región Interoceánica.

Sigamos el ejemplo de Río de Janeiro: Respetemos los bosques urbanos, los sitios arqueológicos, el paisaje y las playas, que en su conjunto le dan un enorme valor agregado y atractivo a esta ciudad para el beneficio de todos.

Autor: Ariel R. Rodríguez V., Biólogo del Comité Pro-integridad de los Bosques Urbanos y el Parque Nacional Camino de Cruces.

La venta de nuestras tierras

PANAMÁ.

¿Tierra de muchos o tierra de nadie?

Marie García De Paredes

Ser nacionalista -entre muchas definiciones- es velar por la preservación de los valores, rasgos «identitarios», costumbres y lealtad a la nación. Hay una estrecha relación entre nacionalismo, etnicidad e identidad nacional. En conjunto, ellos representan la lealtad (a la familia, a la comunidad, a la sociedad y a la patria), el sentido de pertenencia (afinidad de lenguaje, de costumbres, de valores y de sacrificio por lograr intereses comunes) el sentido de recompensa y satisfacción a nuestros esfuerzos y sacrificios. Unido muy de cerca está el concepto de patriotismo, definido como el afecto que se le tiene a la cultura, a la localidad donde nacimos, a la nostalgia que sentimos cuando estamos lejos de nuestro terruño.

Todo lo anterior converge en un sentimiento profundo de amor y respeto por la patria que te vio nacer, sentimiento que no se aprende ni adquiere de la noche a la mañana, que solo se transmite de abuelos a padres, a hijos, a nietos; de grupos comunitarios a grupos sociales y se ve reflejado en las costumbres, la música, la gastronomía, la cultura, el lenguaje, la religión, los emblemas patrios, en el sentido de pertenencia, de continuidad y nuevamente en la lealtad hacia lo que consideramos «nuestro».

La lealtad a la patria promueve normas y valores en la sociedad, y lucha por lograr el bienestar de todos, sin artimañas, sin conflictos. La lealtad impone deberes y derechos y hace cumplir los mismos. Lealtad se da como resultado del respeto adquirido a través de la lucha constante por salvaguardar nuestra historia e identidad nacional.

Pero la aparente ausencia de todo lo anterior ha puesto a Panamá en el mapa como el país donde se logra todo lo que en otros no se puede, ni se permite. Panamá «se vende» sin intermediarios, sin leyes, sin obstáculos, sin compromisos, sin controles y sin absoluto nacionalismo.

La ausencia de nacionalismo ha dado paso expedito a un desarrollo irrespetuoso, inconsciente, abusivo y alejado de un compromiso patriótico que nos debemos todos los panameños. Hemos olvidado que la importancia de la orientación y organización de objetivos nacionales, y que el concepto de identidad nacional y lealtad por el país, deben estar intrínsecamente ligados al concepto de desarrollo.

Cegados por lo que pareciera una «época del oro», estamos colocando a Panamá en una situación un tanto peligrosa. No se puede perder de vista que aún más allá del horizonte económico, existen múltiples compromisos con la seguridad territorial nacional e internacional.

Por nuestra posición geográfica siempre seremos la «tierra de muchos», pero nuestra avaricia la está convirtiendo en la «tierra de nadie». No olvidemos que los inversionistas no tienen sentimiento patriótico, no promueven la preservación de nuestra flora y fauna, o la conservación de nuestro patrimonio histórico ni cultural, y mucho menos ponen en consideración la necesidad que Panamá tiene de ofrecer seguridad a todos los que usan nuestra vía interoceánica.

Es compromiso de todos, como panameños, exigir y establecer controles y restricciones en el acceso a nuestras tierras. Por falta de lealtad y nacionalismo podríamos vernos muy pronto desplazados y reemplazados por esos inversionistas que, sin lugar a dudas, no escatimarán esfuerzos para imponer sus condiciones en lugar de las nuestras y perderemos lo que nunca se debe poner en riesgo: nuestra soberanía, nuestra identidad nacional y, sobre todo, nuestra seguridad territorial.

 

La autora es panameña residente en EU

La Prensa, 8 de mayo de 2007