Maestros valientes sacrifican sus vidas en áreas remotas

VERAGUAS. Uno de los sobrevivientes pasó 15 horas sobre un árbol

Los dolores del río crecido

Una cabeza de agua sorprendió a los educadores cuando se dirigían a las escuelas de Kusapín. En la tragedia murió la maestra Yamileth Calderón y hay tres personas desaparecidas.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/N. Castillo

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ESFUERZO. Trató de salvar a sus compañeras, pero no pudo. 

Hermes Sucre Serrano
y Ney Castillo
SANTIAGO, Veraguas

El pasado domingo en la tarde, los correntones del río Palmares venían con estruendo de tragedia. En medio del rugido del agua sucia, los entumecidos brazos del maestro Julio César González ya no podían mantener más a flote a su compañera. «Le dije a la maestra Yamileth que no podía más, luego me soltó la mano y se perdió con la corriente…», contó ayer Julio César, con un nudo en la garganta.

Todo pasó en un instante. El desmedido caudal del Palmares también se llevó a la maestra Doris Gaug Dixon y a su hijo de seis años (ambos desaparecidos). La corriente golpeó fuerte a Julio César contra la roca viva de la orilla. En su desesperación por vivir logró subirse a un árbol. Ahí, abrazado a la curva de una horqueta, se limpió las lágrimas mezcladas con agua turbia.

Los recuerdos pasaban por su mente como un tren ligero. Un concierto de ranas y grillos le advertía que estaba metido en las tierras del «manigordo» (tigrillo). Con una mirada timorata, observaba con espanto la ruidosa serpentina de agua que se había llevado a sus compañeros.

Recordaba los chistes de su padre cuando esa tarde les había dado un aventón en auto hasta Alto Ortiga. Era el papá orgulloso de tener un hijo útil, que no ponía reparos a la hora de enseñar. Ese mismo día Derian Castillo, el hijo de Doris Gaug, se entretenía contando la fila de loros que ponían verdor al cielo gris de la comarca Ngöbe Buglé, cerca de la comunidad de Llano Bonito, camino a las escuelas de Kusapín.

El maestro González permaneció arriba del árbol desde las 3 de la tarde del domingo 20 de mayo hasta las seis de la mañana del lunes 21. No supo más de sus compañeras, el río se las había llevado en un viaje de impredecible retorno. Las orillas del Palmares estaban llenas de «ñangas» (paja llena de lodo) , troncos partidos, ramas y flores silvestres marchitas, como si la naturaleza quisiera presentarse en romería por las víctimas.

RÍO TRAICIONERO

Una de las muchas cualidades que tienen los maestros del campo es la puntualidad. El domingo pasado todos llegaron a tiempo a la cita con el trabajo: Julio César, Yamileth Calderón, Doris Gaug y su hijo Derien Castillo, Yariseth Alaín, Marina Castillo y Yariseh de González.

Les tocaba la clásica misión magisterial de cruzar los ríos, subir montañas, esconderle el talón a las serpientes, hasta llegar a las rústicas escuelas a gastar tizas del conocimiento.

Julio César cuenta que durante la caminata hacia los puestos de trabajo no hubo ningún problema. Pero cuando cruzaban el río Palmares, en la desembocadura del río Grande, el nivel del agua comenzó a subir rápidamente: la cabeza de agua venía a embestir y a sembrar dolor.

«Fuimos traicionados por los nervios y la desesperación, pues en vez de avanzar decidimos retroceder. En la mitad del río el agua nos pasaba de la cintura», explicó Julio César.

Marina Castillo relató que la cabeza de agua fue repentina y no dio tiempo para nada. El grupo de docentes, que se trasladaba a varias escuelas de Kusapín, en la comarca Ngöbe Buglé, quedó en el centro del río, lo que impidió que ganaran la orilla.

Todo ha sido muy duro para los maestros que se juegan la vida en las montañas de la región. Saben lo que significa retar los caudalosos ríos, pero tienen más claro que allá, en medio de la selva y del ruido de los guacamayos, hay unos niños que esperan que llegue ese conocimiento, que muchas veces es menospreciado en las ciudades.

Como hasta los ríos tienen un límite, el cadáver de la educadora Yamileth Calderón, de 24 años, fue encontrado en el río Cuay. Doris Gaug Dixon y su hijo Derian y el guía, de 15 años, continúan desaparecidos. Los demás educadores fueron encontrados vivos, pero con severas lesiones en diferentes partes del cuerpo, producto de la corriente del río y las piedras.

Julio César González, quien había sido trasladado por tierra a Santiago para recibir atención médica, fue dado de alta ayer de la policlínica Horacio Díaz Gómez.

Fue un golpe duro para el maestro. Será muy difícil olvidar los grandes ojos de Yamileth, cuando se soltó de su mano para caer en la garganta del furibundo río, allá en la comarca. (Colaboración de Zabdy Barría)

La maestra que anhelaba trabajar más cerca

Yamileth Calderón, la maestra que murió ahogada la tarde del domingo pasado en la comarca Ngöbe Buglé, solo tenía 24 años. Residía en la comunidad de El Cortezo, distrito de Natá, con sus padres y hermanos. Se distinguió por ser una joven sencilla, alegre y excelente estudiante, ya que siempre ocupó el primer lugar en su escuela, la Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago de Veraguas. Por cinco años laboró como maestra en Changuinola y este año fue trasladada a la escuela de Valle Bonito, localizada en un área inaccesible e incomunicada. Su mayor deseo, cuentan sus familiares, era que el Ministerio de Educación la trasladara a un lugar cercano a la ciudad, y a pesar de que hizo varias gestiones, no lo pudo conseguir.

La docente le decía a su hermano, Arquímedes Calderón, que él no se imaginaba el largo camino que tenía que recorrer para llegar a su destino.»De donde la dejaba el carro tenía que caminar cuatro horas para poder llegar. Tenía que cruzar, a pie, cinco veces el mismo río», comentó Arquímedes.

3 respuestas

  1. es importante que se tome una medida urgente para que los maestros de areas de dificil acceso tengan una mejor condicion de vida , es penoso ver como los educadores arriesgan su vida para poder llegar a trabajar , mientras los politicos malgastan el dinero del pueblo en otras cosas , el docente tiene la responsabilidad de educar y brindar esperanzas a la niñez de las areas remotas , pero como hacerlo trabajando y viviendo en condiciones pauperrimas .

    el estado debe enfrentar esta situacion con mucha saeridad , mal se puede hablar de calidad cuando no existen las condiciones para trabajar adecuadamente

  2. Yo soy la una esposa preocupada ya ke mi amado da clases en la escuela de valle guacamaya y cada vez q el se ba me da miedo ya que se x los peligros q pasa con un nudo en mi garganta me despido de mi esposo joseph pérez pidiendole a Dios q me lo cuide le pido al meduca q ayuden mas a todos esos educadores q con amor esfuerzo viajan a esos peligrosos lugares a impartir clases .Grasias

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