Sigue especulación de tierras en Bocas del Toro

Bocas a la venta
Amigo de Martín adquiere tierras


El Siglo, 25 de mayo de 2007

Horacio Trottman, Carmen Boyd y Jahiro Polo

CAYO DE AGUA, Bocas del Toro. El corregimiento de Punta Laurel es una maravilla de la naturaleza, ya que está formado por cayos, estuarios, arrecifes e islotes de manglares. Forman  un ecosistema rico en diversas especies marinas. Esto fue un atractivo para los nativos indígenas y negros de las regiones costeras de Punta Valiente y la Isla Cayo de Agua forma parte de este paraíso, donde los nativos se radicaron en pequeñas comunidades. Para llegar a esta comunidad abordamos una lancha desde la Bahía de Almirante, atravesando la laguna del archipiélago de Bocas del Toro, luego la Laguna de los Delfines, la Isla Popa,  la Loma Partida y el objetivo, tras una travesía de aproximadamente dos horas.

Dueños extranjeros
Durante dos días en la isla, El Siglo corroboró que a cada 150 metros, aproximadamente, a lo largo de las playas de la citada isla, hay letreros que indican: «Propiedad Privada McSween».

Se trata del inversionista Cirilo McSween (hijo), de nacionalidad norteamericana, quien había realizado una transacción con la familia Backer, comprándole los derechos posesorios de 88 hectáreas de terreno en la Isla Cayo de Agua, por un millón de dólares.
Cirilo McSween (padre) fue el hombre a quien el fallecido general Omar Torrijos Herrera le confió la educación de su hijo y actual mandatario, Martín Torrijos. McSween (padre) es un próspero empresario, quien regentaba la cadena de restaurantes McDondal’s, en Illinois y quien nombraría a Martín Torrijos como gerente administrativo de uno de sus restaurantes en Chicago.

El sábado, 12 de mayo, Torrijos llevó a cabo una visita privada a Chicago (Illinois), para visitar, según conoció El Siglo por fuentes políticas, a Cirilo McSween (padre), quien sufre quebrantos de salud.

Mucho interés
Los indígenas inicialmente se opusieron a la creación del Reordenamiento en las áreas insulares, porque con ella se beneficiarían a los del poder económico y los nativos serían desalojados de sus terrenos.

Detrás de todo
Hay un descontento generalizado por los miembros de unas once familias de los Backer. Gilberio Jal, nieto mayor de Aurelio Backer, mostró su descontento y aseguró que «los vendieron».  Sentado sobre un banco de madera, explicó la transacción de las tierras.
Precisó que su abuelo era el único dueño de esas tierras y la venta fue inconsulta, ya que se debió llevar el tema a una reunión familiar y no fue así. «Sólo vendió y nos reubicaron a las once familias en estas dos hectáreas, en donde el señor McSween acordó construir once casas de madera-zinc con todas las extras, pero no fue así», apuntó.

Promesas incumplidas 
La venta estuvo condicionada a la reubicación de las once familias, la construcción de once viviendas con dos cuartos, sala, cocina-comedor, baños con letrinas, acueducto y además la lotificación en once partes.
Según Jal, la venta mantiene divida a la familia Backer, ya que sólo fueron algunos los que recibieron remuneración de su abuelo.
Se notaba un hermetismo con los Backer sobre el tema y los familiares nos referían a donde Lubio Backer, con quien no pudimos conversar, pero a juicio de Jal, hubo algo más que negociación, ya que él compara los precios por hectáreas y pregunta  cómo es posible que 40 hectáreas se lo compraran a 250 mil dólares a su abuelo.

Se conoció que Juan Conquet fue buscado por los Backer para ser intermediario en la venta de las tierras con el estadounidense.
No obstante, en el edicto número 263-2006 del 23 de mayo del 2006, del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y la Dirección General de Catastro, McSween solicita al gobierno comprar estos terrenos.

Además se agrega el edicto número 25, 585 de la gaceta oficial, en la cual aparecen las generales del proceso, donde queda plasmado que el estadounidense pide los terrenos que miden 88 hectáreas más 911.65 metros cuadrados. (Los derechos posesorios  adquiridos a los Backer).
El terreno es colindante al norte: Mar Caribe, servidumbre. Sur: quebrada sin nombre. Este: terrenos nacionales ocupados por el hotel Limbo. Oeste: Mar Caribe, servidumbre.
Pero lo que aún no han dicho los compradores de esas tierras es que planifica construir un hotel resort con lujosas habitaciones, piscinas y otras infraestructuras para el turismo estadounidense y europeo.

Catastro
Según el director de Catastro de Bocas del Toro, Roberto Prestán,  la transacción realizada por McSween con la familia Backer es sólo por los derechos posesorios.
Prestán reveló que no se puede hablar de una compra, ya que la institución que él preside no ha presentado documento alguno sobre la compra de tierras en     la isla.
El funcionario dijo que McSween deberá presentar el mega proyecto turístico que pretende desarrollar en la isla en Panamá, mientras que Catastro de Bocas del Toro realiza los avalúos y cuantifica la escala económica del proyecto y poder entregar la concesión de las tierras.

Más hectáreas
El Siglo conversó con Carmen Sosa, quien explicó que su cliente adquirió los derechos posesorios de 363 hectáreas, divididas en la siguiente forma: 100 hectáreas a Julián Morales, 90 hectáreas a Gin Morales, 88 a la familia Backer, 70 a la familia Chuito y 15 a la familia Taylor.
Sosa dijo que a los Backer se les pagó la suma de un millón de dólares por las tierras, pero no explicó cuánto pagó el extranjero a las otras familias.
La letrada del Derecho sostuvo que su representado deberá presentar un plan maestro al Instituto Panameño de Turismo (IPAT) y que será evaluado por el MEF, la Contraloría General de la República, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). Agregó que funcionarios del MEF de la ciudad de Panamá deben viajar a la isla para evaluar el terreno y hacer un informe catastral. La isla cuenta con una extensión aproximada de mil 400 hectáreas.

Quiere invertir
El Siglo contactó a Cirilo McSween (hijo), quien confirmó su interés por adquirir algunos terrenos para, en un futuro, abrir un hostal turístico. No obstante, explicó que aún no hay nada en concreto, pues aún no tiene una respuesta del Estado panameño en torno a la concesión que éste debe otorgarle sobre la tenencia de los terrenos en cuestión y tiene en su poder los derechos posesorios.
«En lo que estoy interesado es invertir en Bocas del Toro y mi idea es adquirir una muy pequeña extensión de terrenos en una isla y para ello he negociado la compra de algunos derechos posesorios», dijo.

Agregó  que a pesar de tener en su poder los documentos (los derechos posesorios) todavía no ha podido lograr la concesión del Estado, pues «entiendo que el proceso burocrático es muy largo y muy complicado».
«Sé que no se le puede comprar directamente la tierra al gobierno, sino que parte del proceso es que se tiene que obtener permisos de varias autoridades y luego uno solicita una concesión, pero para ello, necesitas tener primero los derechos posesorios y eso ya lo tenemos», manifestó.
Indicó que su abogada, Carmen Sosa, está a cargo de los trámites, y que él no ha tomado parte alguna en dichos trámites, salvo el de comprar los derechos posesorios, para lo cual ya invirtió «lo suficiente».

«He comprado derechos posesorios a personas mayores que residen en Bocas del Toro y que estaban interesadas en vender», afirmó.  Dijo que a pesar de la relación personal entre su familia y el mandatario Torrijos, él no ha recibido ayuda alguna del gobierno para llevar adelante la compra de estos terrenos.

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