¿Una ciudad verde o gris?

MEDIO AMBIENTE.

¿Queremos una ciudad verde o gris?

Azael Barrera

Al conmemorarse el Día Mundial del Ambiente, varias comunidades de la capital y las áreas revertidas asumimos la responsabilidad ciudadana de recordar a las autoridades que nuestra ciudad está dejando de ser una ciudad limpia y verde para terminar siendo un páramo gris, triste y calcinante. Las familias que atendieron el llamado “Camina por tu Ciudad” organizado por Alianza Pro Ciudad, testifican esa destrucción. Irónicamente hay quienes pretenden acallar las voces contra la demolición de los edificios históricos emblemas de nuestra identidad, y de la destrucción de los bosques urbanos en la periferia de la ciudad, por querer trastocar el verde de las veredas, parques y bosques por el verde de los billetes de dólar.

No es posible auspiciar siembras de plantones y al mismo tiempo aprobar la venta y subsecuente destrucción de bosques en la periferia urbana que debieron ser parte de áreas protegidas como el Parque Nacional Camino de Cruces, o permitir que esos parques se conviertan en vertederos de basura.

Todos los días se giran permisos a desarrollistas para inflar más el globo inmobiliario con más torres de concreto y vidrio, aumentando el tráfico, la temperatura y el hacinamiento de la ciudad, bajo el argumento de un crecimiento económico que no se puede detener. Informes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) certifican que “La urbanización en el mundo desarrollado ha coincidido en gran parte con el crecimiento económico y el aumento de la riqueza. Este no es el caso en los países en desarrollo”. Cuando reviente el globo inmobiliario, los profesionales, los trabajadores y los pobres pagarán los bloques rotos.

Hoy hace dos años se acordó globalmente convertir las ciudades de cemento en ciudades verdes. Aquí no se ha adoptado ninguno de los 21 Acuerdos Urbanos del Medio Ambiente de aquella cita. Lamentablemente, ni siquiera participamos.

Una de las metas de los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, en que se comprometieron las autoridades, es asegurar la sostenibilidad ambiental mejorando la calidad de vida de los habitantes de nuestros barrios pobres. “Los factores ambientales negativos son una de las principales causas de muerte, enfermedad y pérdida de productividad, todo lo cual perpetúa la pobreza”, según el Pnuma.

No planten cajones y plazoletas de concreto en los barrios pobres. En lugar de propiciar la destrucción de las áreas revertidas, emulen su diseño y planeen ciudades jardín para Curundú y El Chorrillo, con miles de árboles frutales para mejorar su calidad de vida. El pandillerismo disminuiría al organizar y empoderar la plena participación de la comunidad en crear sus nuevos espacios de vida, penalizando a los infractores con trabajos de canalización de los ríos y tratamientos de aguas negras y cinturones verdes con drenajes pluviales amplios. Como decía Oscar Niemeyer, diseñador de Brasilia, “alrededor de las ciudades debe haber siempre un cinturón verde”; también dijo: “la vida es más importante que la arquitectura”.

Luchemos en contra de una ciudad gris de torres muertas y plazoletas de cemento inertes, y luchemos todos por una ciudad verde, una ciudad de vida, una ciudad para vivir.

El autor es profesor universitario y presidente de la Asociación de Propietarios y Residentes de Clayton

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