La destrucción de Bella Vista

Réquiem por Bella Vista

Tenemos una valiosísima ciudad antigua, más bella que cualquiera del entorno, presa de los caprichos de ejecutivos de transnacionales que hacen lo que les da la gana.

Mariela Sagel

ARQUITECTA Y EX MINISTRA DE ESTADO

EN EL AÑO 2000 escribí un artículo titulado “¿Qué se hizo Bella Vista?”. Me anticipaba al despropósito que existe actualmente en cuanto a la especulación y la demolición de edificios considerados joyas del neoclásico y neo colonial, el Art Deco y otros estilos arquitectónicos de comienzos del siglo XX, transitorios hacia la arquitectura moderna. Señalaba las aberraciones hasta entonces cometidas, producto del mal gusto y los afanes por brillar de algunos promotores y arquitectos, tales como la demolición de la que fue la Embajada de Nicaragua, en la esquina de la calle 50 con Avenida Federico Boyd y la mansión Dal’Orso, así como el esperpento de la fachada del Hospital del Niño.

Hoy veo con tristeza que no solamente mi preocupación era justificada, sino que ha rebasado cualquier pronóstico surrealista que nadie haya en visionado para esta zona de la ciudad, llamada con justa razón “La Exposición” por haberse intentado allí un gran evento para conmemorar la apertura del Canal Interoceánico en el año 1914. Lo que más ha llamado mi atención y he seguido muy de cerca han sido las protestas de los ciudadanos para que no se demuelan los edificios considerados íconos del barrio. ¿De qué sirve que se encadenen un grupo de personas, con las mejores intenciones, para protestar por la demolición de la mansión Arias Linares si los dueños dieron su aval para que ese lote albergara, a futuro, un rascacielos? ¿Quién obliga a los dueños de inmuebles a vender, aunque se lleven los mosaiquillos de Italia, el artesonado de Francia o los pisos españoles, a donde se muden? Se reclama que el barrio debe ser declarado patrimonio de la humanidad, pero ¿están conscientes los dueños y habitantes tradicionales del valor histórico que tienen sus inmuebles? Si lo estuvieran, no habrían vendido en este “boom” inmobiliario que nos tiene a todos de vuelta y media. Si tanto valor tenía la mansión Linares, ¿no hubiera sido un lugar adecuado y especial convertirlo en museo por la pasada administración, en vez de construir el adefesio que nos ofende a todos a la entrada de Amador, en homenaje al Presidente Arias Madrid?

El Casco Antiguo fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1997 y en su momento, esto ayudó a preservar los valiosos monumentos que allí persisten, como el edificio que alberga el Museo del Canal Interoceánico, la Casa Góngora y el resto del conjunto. Luego de la salida del Arq. Tomás Sosa de esa oficina, el desmadre y la desidia han marcado la pauta de esa instancia gubernamental, lo que ha dado paso a que los especuladores, amparados por la ley que protege el patrimonio, sean los que deciden sobre lo que se hace o no. Hoy tenemos una valiosísima ciudad antigua, más bella que cualquiera del entorno, presa de los caprichos de ejecutivos de transnacionales que hacen lo que les da la gana. Hace falta una visión de futuro, de conjunto, de país, tal como lo ha hecho Eusebio Leal Spengler en La Habana Vieja.

Ya nos queda en el recuerdo (y gracias a la bien documentada obra del Arq. Samuel Gutiérrez -Arquitectura Panameña, Descripción e Historia -) lo que fue Bella Vista. En pie quedan algunas casas de las calles aledañas al Parque Urraca y los edificios propiedad de la familia Sousa e Hispania, de los Alfaro. En la calle 43 se han demolido espectaculares casas alegando que ya se habían vendido y resulta que en su devastada topografía ahora se coloca un aviso de “Se Vende”. Los inversionistas no se dan cuenta lo valioso que sería restaurar estas casas o edificios y hacerlos íconos de una época dorada del progreso de nuestra ciudad.

Me encuentro en Ciudad de México y me maravilla cómo se han preservado las espectaculares estructuras en todos los barrios de esta inmensa ciudad, no deteniendo el progreso sino enalteciendo la herencia cultural que los distingue. Las calles con abundante vegetación y a pesar del endemoniado tráfico, son avenidas anchas y por la fragilidad sísmica de esta tierra, los edificios modernos y altos no son la tónica, sino las estructuras que no han tenido que ser restauradas sino preservadas, sacándole el mejor partido al estilo y al buen gusto.

Quisiera ver en las protestas de la bien intencionada Alianza Pro Ciudad a los propietarios de los inmuebles inolvidables de Bella Vista. Nadie los obliga a vender, igual que nadie obliga a nadie a usar un teléfono celular. A menos que sea, como en el último caso, la necesidad. Y en esos casos también tengo mis dudas razonables.

El Panamá América, 10 de junio de 2007

 
 


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3 comentarios

  1. En verdad es una tristeza ver como estos imuebles de Bella Vista estan siendo destruidos cuando se pueden restaurar y vender si se desea. osea hoy en dia el tener una casa al estilo antiguo colonial llama mas la atencion. Gracias a Dios que mi familia no ha caido en esas y todavia tenemos nuestra casa en Bella Vista, una casa que por decadas a estado ahi desde los padres de mis abuelos y hoy en dia todavia pertenece a la familia.

  2. Me da mucho pesar lo que estan haciendo con nuestra identidad,con nuestro ayer, como panameño siento lo que esta pasando en bella vista, que lastima de verdad, joyas de la arquitectura sean perdido, de verdad me duele decirlo pero si seguimos asi, terminarenos en un par de generaciones más, pais sin identidad.

    • love you bb .. de acuerdo contigo

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