Panamá, bella sí, pero…

Bella sí, pero…

Gerardo Solís Moreno

Nadie duda que nuestra ciudad sea hermosa, más a los ojos de los extraños que a los nuestros. Quizás por lo acostumbrados que estamos a habitar en ella, ya son pocas las cosas que nos causan admiración. Muchos turistas y viajeros que llegan a Panamá no esperan encontrar una ciudad tan cosmopolita como la nuestra, tanto es así que un amigo americano me dijo una vez que le recordaba, proporciones guardadas, a Nueva York, por la cantidad de restaurantes de comidas exóticas, sus supermercados con productos del mundo entero y, sobre todo, por las personas de diversas razas que la habitan. Otros la comparan con Miami y así cada quien, según sus propias experiencias viajeras.

Todo el que llega queda sumamente impresionado, y si no pregúntenle a la gran cantidad de aficionados ticos que vinieron a nuestra tierra en las pasadas eliminatorias del Mundial de Fútbol. Nuestra ciudad y el país generaron artículos de opinión favorables en los diarios costarricenses.

Pero para quienes vivimos aquí, todos sabemos que no es tanto así. Cuando convivimos en nuestra ciudad, nos damos cuenta de que más son las carencias que las buenas cosas que nos puede ofrecer.

Nuestra ciudad, es bonita a los ojos, sí, pero insoportable al resto de los sentidos. Se ha convertido en un lugar hostil, una ciudad que agrede al ciudadano.

Me motivó escribir sobre sus carencias la entrevista que se le hiciera recientemente a una artista panameña que vivió en Santiago de Chile. Ella dijo que añoraba caminar por sus calles, pero que ahora residía en Panamá “y no podía hacerlo”. Es cierto. Cuán difícil es caminar en nuestra ciudad, pues carece de aceras y se hace prácticamente imposible. Las aceras se han convertido en espacios para estacionar o para ampliar los comercios hacia las mismas, complaciendo el capricho de algunos comerciantes, por encima del bien común. Solamente dese una, solo una pasadita por Calidonia, porque dos no creo que se las aguante, para que pueda observar el monumento a lo absurdo. La acera que le pertenece al peatón, prácticamente ha sido sellada por enormes cajas de mercancía, imposibilitando el libre tránsito de la gente de a pie.

Creo que sigue siendo la excepción el barrio de La Exposición, precisamente en Calidonia, donde podemos cotejar la pobre capacidad de unos y la grandeza de otros.

Qué diferente Panamá a otras ciudades, donde las aceras exhiben hileras de árboles y arbustos muy bien cuidados por cierto, para darle belleza a la vía, así como sombra y seguridad al peatón.

Por otro lado, los postes de alumbrado eléctrico y de anuncios publicitarios abundan por doquier, sin simetría alguna, y sin guardar distancia entre uno y otro. Vivimos haciendo la tarea de lo ilógico al colocar dos postes de luz tan juntos, cual fiel pareja de enamorados. ¿Sentido común? No.

La contaminación visual que nos asedia, nos invita a una jaqueca, pues por donde uno se asome se tropieza con un anuncio publicitario. Están puestos por doquier, sin orden ni planificación alguna.

Bien pueden diseñar y planificar áreas como Vía España y Plaza Cinco de Mayo y darle realce turístico a la zona, como lo han hecho grandes ciudades en el mundo.

A todo lo indicado hay que añadir el tráfico desordenado y caótico (no vemos ninguna muestra de solución en este gobierno); y ni hablar de cuando, encima, a cualquier gato se le ocurre cerrar las calles; ¿y los cables eléctricos que se cruzan en las calles?, de esos hay para tirar para el aire.

En tanto, la fetidez que emana de las calles cuando se acumula la basura, no habla bien de nosotros. Me ha tocado ver montones de basura, en lugares tan turísticos como El Cangrejo y a turistas llevándose las manos a la nariz, para controlar las náuseas que le causan las mismas. No sé si la recogen o la desparraman. Pues la basura puede ser recogida, pero igual la ciudad sigue sucia y fétida.

A veces me pregunto ¿qué impresión se llevarán los turistas una vez dejen la ciudad?

Si hay un municipio rico, ese es el Municipio de Panamá, no entiendo por qué quien lo dirige ha sido tan permisivo en dejar hacer y tan ineficiente en no hacer. Es cierto que hay grandes proyectos, pero esperábamos nos solucionara lo sencillo, lo que menos cuesta, lo que le agradecería el ciudadano común y corriente.

“Por una Gran Ciudad”, era su lema de campaña y le creí. Creo que esta vez, si llega a ser candidato a presidente, no tendrá mi confianza, ni mi voto, pues 10 años en el gobierno municipal y que no se hayan solucionado algunas de estas carencias, no habla bien ni de la ciudad, ni de sus ciudadanos.

Que hablen bien o mal de los políticos, a ellos no les interesa. Ya tendrán para su campaña millones de balboas para seguir engañando a la gente.

 

El autor es ciudadano panameño

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