Las mineras y su propaganda

Prosigue la crisis ambiental

El resguardo del patrimonio ambiental, en momentos en que el mundo está a  vuelta  de esquina de un agotamiento de los recursos, pasa a ser una reserva para contingencias de futuros, que todo Estado tiene obligación de crear y preservar. Ya se trate de agua, energéticos, bosques o alimentos, es inadmisible comprometerlos en aventuras económicas de vigencia transitoria.

Los yacimientos de minerales preciosos tienen la especial característica de que su explotación no sólo compromete al recurso específico, sino que la naturaleza de los trabajos, para hacer posible esa explotación, compromete seriamente a otros recursos. De tal manera que para explotar una mina, hay que degradar el entorno por la tala de bosques y la explanación de terrenos, y para procesar el mineral extraído hay que contaminarlo mediante los químicos que se usan. La explotación de yacimientos auríferos ha cambiado radicalmente con respecto a aquella explotación que se nos mostraba en tantas películas del Oeste. Desde el hallazgo de pepitas en aluviones, hasta la explotación de minas en túneles o socavones, era  lógico que esto fuera posible por el hallazgo de ricas vetas cuyos rastros era necesario seguir mediante el esforzado trabajo en túneles.

En la actualidad, después de años de incansable extracción y saqueo de la entraña terrestre, parece no haber más vetas que seguir. Para sustituir este procedimiento los modernos rastreos mediante fotografía aérea y espectrofotometría, permite ahora radiografiar una montaña y diagnosticar su composición en materiales nobles y otros no tanto. Al final es posible, mediante topadoras, arrasar una montaña para obtener el material de una sortija. Esta devastación es la que se produce mediante la minería de tajo abierto. No es el caso de este escrito entrar a dilucidar si nuestro país puede renunciar o no a la actividad minera; pero lo que sí es seguro, es que la minería a cielo abierto debe ser proscrita de los planes de desarrollo del país, por cuanto que para ella pueda realizarse en nuestro territorio debe ser practicada en áreas boscosas. No es el mismo caso del litoral del Pacífico sudamericano, en donde este tipo de minería se practica en suelos desérticos, en los que  la modificación del paisaje no opera con igual intensidad. Es por ello que, ante la campaña mediática emprendida por la minera de Petaquilla, basta para entender que algo muy turbio y dañoso se debe estar produciendo para que necesite ser encubierta con tan grande cortina de humo propagandística. A lo anterior sumase ahora la pretensión, de otra compañía, de prospectar yacimientos auríferos en el sur de Soná y tendremos un panorama más completo de cómo estas transnacionales tan peligrosas concurren sobre nuestro  país, como si huyeran recibido una señal de que nuestro patrimonio natural ha sido puesto en subasta. La ciudadanía debe oponerse con firmeza a este tipo de proyectos.

Juan Carlos Mas C.
Médico

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