Ampliación del Canal: anzuelo de la esperanza y del patriotismo

Testigos de la farsa

Emma Mendoza A.


DOCENTE UNIVERSITARIA

TESTIGOS OBLIGADOS de la estafa canalera, o sea la ampliación del Canal, programada mucho antes de la discusión de los borradores, y por supuesto, del ilegítimo plebiscito, que la “legalizó”; los panameños y panameñas, cual rehenes de las políticas económicas de la globalización y de los funcionarios internos que las ejecutan, presenciaremos el circense espectáculo instaurado para regocijarse con bombos y platillos de sus aventuras.

Sí, porque como en los mejores tiempos de la dictadura, se armaron tarimas, luces, fuegos artificiales, transporte gratuito y se concedió el día libre a los empleados públicos y al sector educativo, para que pudiesen participar “espontáneamente” de la farsa montada en las áreas adyacentes al Canal. El colofón que se imponía a la maniobra canalera, era la rimbombante fiesta carnavalesca preñada de fábulas, alegorías y fantasías, relativas, todas ellas, al patriotismo y al crecimiento económico. Allí no se descartó, como en los mejores tiempos, la manipulación referente a los mitos de soberanía, patria y nación.

Mitos porque en esta época de “inicio de los trabajos de excavación”, precedidos del insustancial cambio o rotación de figuras ministeriales, y de un Informe Presidencial que nos esboza un país desconocido para la mayoría de los panameños; muchos estudiosos de los acontecimientos políticos, sociales y económicos de nuestra era han demostrado de manera irrebatible: que la Globalización ha construido un mundo único; borrando fronteras, homogenizando valores, comportamientos y actitudes, afectas a sus intereses y contrarios a los de las grandes mayorías del planeta.

En este nuevo modelo de desarrollo no tienen cabida los conceptos de patria, nación o soberanía. Dentro de ese proceso del capitalismo salvaje, los pobres, desdichadamente, han sido certificados en su pobreza y en su pobreza extrema, derivando del “desarrollo económico” las migajas y las secuelas negativas traducidas en hambre, desempleo, viviendas insalubres, carencia de agua, salud, recursos vitales, violencia, educación de segunda clase o ninguna.

El Show instaurado para celebrar “las danzas de los millones que se inyectarán a nuestra economía” es más censurable cuanto se manipula la opinión y conciencia de muchos ciudadanos, que ingenuamente muerden el anzuelo de la esperanza y del patriotismo. Pero es que la necesidad de la población es un terreno fértil para el manejo de las voluntades y comportamientos, si a ello se le suma el poder mediático, utilizado desmesuradamente por este gobierno; los resultados no pueden ser otros sino los que persiguen quienes nos desgobiernan, desde que tomaron el poder. No importa que las cifras estadísticas revelen el alto nivel de pobreza, pobreza extrema, analfabetismo funcional, desigualdad e inequidad; nada de eso impide que las trasnacionales de la información realicen la tarea encomendada para manejar al pueblo y someterlo a sus ambiciones económicas.

El costo económico de la publicidad que satura nuestros sentidos, marcha a contrapelo de las urgentes e ingentes necesidades de este pueblo; pero nada es óbice para la insaciable voracidad de quienes detentan el poder; sobre todo si de megaconstrucciones se trata. Así lo atestiguará el majestuoso Cerro Ancón “cual centinela solitario y triste…”.

El Panamá América, 8 de septiembre de 2007

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