El agua y democracia

El Agua y Democracia

 

Fernando Prieto-Tapia

Ferpritap@yahoo.com

 

Todas las formas de gobiernos, que ha tenido la humanidad, tienen como base, la unión de los ciudadanos, para aprovechar las potencialidades totales de sus miembros, y disfrutar de las ventajas del vivir en grupo. Entre más grande el grupo, mejor son las probabilidades de una mejor distribución del trabajo, como también la mayor explotación de los recursos del espacio vital, para la creación de la riqueza. Obviamente, la unión se da, aspirando lograr la repartición equitativa de lo creado, según sus aportes, y un trato social más o menos igualitario. Esto se ha venido perfeccionando, con la lucha por los derechos humanos y civiles. A medida que se fue incrementando el número de individuos de la sociedad, y la complejidad de sus relaciones reciprocas de toda índole, para que el ciudadano, tuviese claros sus derechos y obligaciones, mucho más allá, del capricho de las autoridades. Se ha perfeccionando un sistema de constituciones, leyes, decretos, códigos (el más antiguo es el Hammurabi, de Babilonia). Cambiamos la iniciativa legislativa de monarcas y religiosos, con su absolutismo e “infalibilidad”, por la soberanía de los pueblos.

El peligro para la democracia en los países, es que los gobiernos sean formalistas, aparentes y legalistas. Dejando al ciudadano desprotegido, frente a los poderes del estado y de los intereses de grupos de poder. Este abuso se da, de muchas formas- privilegios, impunidad, inmunidad- de las castas políticas. La seguridad jurídica, que ampara contratos leoninos y monopolios invisibles para las autoridades, también el acaparamiento del patrimonio natural. Las concesiones serán “legales” pero injustas, ¿El resultado?

Empobrecimiento de grandes sectores de la población, por elevación en los costes de vida, caros e ineficientes servicios públicos. Privatización incontrolada del territorio y de la hacienda natural de la nación. Reduciendo la calidad de vida de los nacionales y haciendo peligrar la biodiversidad.

 

El proyecto de ley 278, que pretende regular la gestión integrada de recursos hídricos, debe ser examinado con lupa, para que no se convierta en un caballo de Troya, que aunque no lo establezca por su nombre, privatice permanentemente, concesiones hídricas. Por esto su discusión y posterior redacción, de ser clara y objetiva. La ambigüedad, es semilla de graves conflictos sociales y de contenciosos. El uso del agua, debe planificarse pensando en todos: hacia la democratización del agua.

Publicado en El Siglo, 27 de septiembre de 2007

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