Agua y guerra

Agua y guerra… Una opinión

Leopoldo E. Santamaría
lesant@cwpanama.net

Muchos sostienen que, en todas las guerras, la primera víctima es la verdad; el martes 9 de octubre, en un programa sobre el agua, promovido como de interés público, ya que “se aclararían las dudas sobre un supuesto proyecto de privatizar el agua”, la conductora presentó a los invitados, dos miembros de la ANAM; un diputado suplente, miembro de la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo, donde se discutirá el proyecto de ley presentado por la ANAM; y un abogado ambientalista; ingenuamente pensé que éste último, aunque en desventaja numérica, ilustraría a la audiencia sobre las intenciones reales del nefasto proyecto; lamentablemente fue el defensor más entusiasta, quien, además, recomendó no confundir las cosas, porque no hay tal privatización, se trata de simples concesiones! Frente a la posibilidad de guerra por el agua, el Estado debe actuar para prevenir peores consecuencias, sostuvieron.

En efecto, cada vez hay menos agua, porque la devastación de los bosques y los residuos químicos han contaminado los ríos y las fuentes subterráneas. Muchos coincidimos con la delegada de la ANAM, en cuanto a las guerras por el agua; sólo que, a nuestro criterio, ya se están escenificando, pero por lo pronto, no son convencionales, con soldados y municiones; sino a través de inversionistas interesados en nuestro desarrollo, los misiles llegan en primera clase y el Comando Central está en Washington, en las sedes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional; así es como, en los años recientes, han privatizado el agua en más de 15 países de los más pobres, como Mozambique, Ruanda, Yemen, Tanzania, Benín, Camerún, Níger, Honduras, Nicaragua, y ahora, pretenden hacerlo en Panamá.

Atendiendo las recomendaciones del Banco Mundial, mediante una inofensiva concesión por 30 años, en Sudáfrica, para ordenar el suministro y ayudar a los pobres, los concesionarios subieron las tarifas hasta en 150%, lo que condujo a imposibilidad de pago y a que la población tomara agua de cualquier charco, lo que produjo una epidemia de cólera, con varios cientos de miles de infectados y una sobrecarga para el sistema de salud.

Estos empresarios, sedientos de riquezas y dispuestos al sacrificio para ordenar el suministro del agua, se han interesado en el vital líquido, pero no como fuente de vida, sino como mercancía; y como otra de las armas, tan poderosa como efectiva, son los medios de comunicación, están haciendo todo lo necesario para lograr sus protervos fines. Pero se puede entender que medios privados apliquen las viejas técnicas de guerra psicológica; lo increíble es que un medio público, como el servicio estatal de radio y televisión pueda prestarse para tan deleznable propósito. Cómo es posible que el programa sobre tan funesto proyecto, transmitido por el servicio estatal de radio y televisión, el 9 de octubre 2007, fuera un diálogo de yo conmigo; si la misión de este servicio informativo, es “ejercitar una cultura democrática”, ¿por qué no programaron un debate con igual número de panelistas, a favor y en contra; que hubiera propiciado la confrontación de ideas, es que acaso no hay personas serias, profesionales conocedores del tema u organizaciones cívicas o de consumidores, opuestos al proyecto? Así es imposible contribuir a transformar la sociedad y máxime, a generar cambios que eleven la autoestima de los panameños, como reza el texto de la misión de Canal 11. En todo caso, debieron anunciar dicho programa como promoción publicitaria. No es posible lograr una programación educativa e informativa de calidad utilizando recursos del Estado para tratar de uniformar el criterio de la audiencia. Merecemos respeto.

El problema no está en los recursos naturales, sino en el modelo económico que privilegia el canibalismo comercial, donde impera la ley del más fuerte; tampoco el tamaño del mercado, sino la codicia infinita de empresarios asociados con quienes deberían impedir sus abusos. Si continúan en su irrefrenable afán de apoderarse de nuestros recursos, con un súper pitufo probablemente no alcancen a impedir el estallido de otra bomba social… ¿Usted qué opina?

Publicado en La Estrella de Panamá, 17 de octubre de 2007.

-El autor es médico.

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