Minería a cielo abierto en el Corredor Biológico del Caribe Panameño

PINTADA DE VERDE

PARADOJA. En 1997 sucedieron dos cosas contradictorias. En febrero se aprobó un contrato ley entre el Estado y la sociedad Minera Petaquilla que concedió a la empresa el derecho a «extraer, explotar, beneficiar, procesar, refinar, transportar, vender y comercializar…», todos los minerales habidos y por haber. Además, podían construir toda clase de infraestructura –viviendas, plantas de generación de energía y hasta puertos en las vírgenes costas del norte del país– al tiempo que lograban unas exoneraciones de impuestos dignas de Alí Babá.

A cambio, Panamá recibirá alrededor del 2% en concepto de regalías por el metal extraído… Unos meses después, en julio, los jefes de Estado de Centroamérica decidían en Panamá la creación del Corredor Biológico Mesoamericano, un sistema de interconexión de las áreas protegidas, desde la selva maya en México hasta Darién. El objetivo: ponerle un freno a la creciente pérdida de biodiversidad en la región. Pues resulta que en medio de lo que se conoce como el Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño, está la maravillosa área boscosa de Donoso, justo donde la Minera Petaquilla, que lidera Richard Fifer, abrirá los tajos para realizar un proceso que, por contaminante y destructor, ha sido prohibido en Costa Rica y hoy es objeto de debate en todo el continente. Hablemos claro: la más moderna tecnología de la que hace alarde la empresa, no ha sido probada en el trópico húmedo, donde las lluvias, los deslizamientos de tierra y la consecuente contaminación son inevitables. Por ello, las alarmas están sonando fuertemente, a pesar de los comunicados absurdos de la Cámara Minera, que equipara la minería a cielo abierto con la extracción de piedra que se realizó en el cerro Ancón para la construcción del Canal.

La paradoja continúa: la Autoridad Nacional del Ambiente desarrolla, con fondos del Banco Mundial, un proyecto que está supuesto a promover la conservación, aprovechamiento y manejo de la diversidad biológica en el ya citado Corredor. Como van las cosas, pronto no habrá nada que proteger.

Lina Vega Abad
lina@prensa.com

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