Nemagón: un pesticida devastador

Indemnizan a empleados bananeros

Ex trabajador bananero protesta frente a sede de Asamblea Nacional en Managua.

El jurado dijo que hubo negligencia de Dole al ocultar los peligros de un pesticida utilizado en Nicaragua.

Un jurado en la ciudad estadounidense de Los Angeles encontró que la empresa Dole Fresh Fruit Company es culpable de negligencia por haber ocultado de sus trabajadores en una plantación bananera de Nicaragua los peligros de un pesticida.

El tribunal dictaminó que seis empleados que quedaron estériles por el pesticida recibirán cada uno cientos de miles de dólares a modo de indemnización.

El pesticida contenía el químico DBCP.

Dicho componente era empleado para matar pestes en las raíces de los árboles.

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Planean apelaciones

Abogado de trabajadores bananeros en tribunal de Los Angeles

La firma Dole dijo que planea apelar el fallo.

Dole Fruit alega que la decisión es equivocada y que está basada en testimonios falsos.

La empresa anticipó que planea apelar la decisión.

Expertos legales afirman que el caso es significativo ya que afronta la cuestión de si las multinacionales deben rendir cuentas en su país de origen o en el país en donde emplean a sus trabajadores.

El jurado encontró que otros seis trabajadores no resultaron afectados por las acciones de los dueños de la plantación bananera.

Nemagón: un pesticida devastador

Gilberto Lopes

Gilberto Lópes
Costa Rica


Trabajador bananero en Nicaragua.

Decenas de miles de trabajadores en Centro América se vieron afectados por el pesticida.

Hay quienes dicen que es una de las peores tragedias laborales del mundo. Sólo en Costa Rica, se estima en unos 30 mil los trabajadores afectados por el Nemagón.

Este fue un nematicida aplicado ampliamente en las plantaciones bananeras de América Central durante una década, desde fines de los años 60.

Toneladas de nemagón -el nombre comercial más conocido del dibromo cloropropano- fueron inyectadas en las tierras bananeras, sobre todo en la zona atlántica del país.

Jaime Espinoza tiene hoy 60 años. Tenía 17 cuando empezó a trabajar en las bananeras, sin los permisos necesarios para que los menores de edad trabajaran.

“Había trabajo y me fui a trabajar a la bananera”, recuerda hoy, 43 años después, conversando con la BBC.

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Los efectos

De las primeras consecuencias, no me daba cuenta. Empecé a padecer de una gastritis que no me daba vida

Jaime Espinoza

“De las primeras consecuencias, no me daba cuenta. Empecé a padecer de una gastritis que no me daba vida. Con el paso del tiempo, surgió la pregunta: ¿por qué no tenemos hijos? Entonces comenzó todo un proceso para averiguarlo y descubrir que no tenía espermatozoides vivos”, le dijo Espinoza a BBC Mundo.

“El consejo del médico fue: ‘procure no tener un hijo, porque puede nacer un monstruo’. Yo era estéril y punto”.

Lea el testimonio completo de Jaime Espinoza

Mucho antes de que el nemagón se inyectara en la tierra con bombas manuales, se distribuía por cañería, de noche, para evitar que el olor fuera muy fuerte, en el día.

Sentado a su lado está su esposa, Ayda Lia Rodríguez.

“Muy jóvenes nos fuimos a vivir a las bananeras, en el 68. Yo iba a dejarle el almuerzo a mi esposo. Uno no sabía el efecto de este veneno. Uno se quedaba ahí un rato, sentada, se comía unos bananos”.

Ilusiones perdidas

“Después iba a lavar la ropa afectada y ya comencé a padecer del estómago, y unas hemorragias, terribles dolores de cabeza. Después me dieron muchos nervios, la desesperación mía era que, ya ese mes, iba a quedar embarazada. Con esa gran ilusión, ya teníamos nombres y todo”.

Comencé a padecer del estómago, y unas hemorragias, terribles dolores de cabeza. Después me dieron muchos nervios, la desesperación mía era que, ya ese mes, iba a quedar embarazada

Ayda Lia Rodríguez

Eso nunca fue posible, aunque el matrimonio de Jaime y Ayda Lía no se desintegró, como el de otros.

Mauricio Arias, 54 años, también comenzó a los 17 en las bananeras. Su historia es la misma, repetida miles de veces.

“Le doy gracias a dios que me dio una señora que, tal vez, no la merezca. A pesar de que nunca pude darle un hijo, nunca me hizo reclamos”, le comentó a BBC Mundo.

“Yo estuve un tiempo un poco extraviado. A veces me echaba unos tragos, por despecho, no me sentía bien”, recuerda. Hoy ha superado eso.

Lea el testimonio completo de Mauricio Arias

Un artículo escrito por Orlando Barrantes, uno de los dirigentes de los bananeros señala que “entre 1968 y 1979, miles de trabajadores bananeros en la Zona Atlántica y en la Zona Sur de Costa Rica inyectaron en la tierra, alrededor de las matas de banano unos 5 millones de litros de DBCP, para combatir los microscópicos gusanillos que viven en tierras cultivadas”.

“Los trabajadores no usaban guantes, ropa protectora ni equipo de ninguna clase que les ayudara a evitar la absorción por medio de la piel o por inhalación”, señala la nota.

Como consecuencia, se han planteado diversas demandas, en tribunales estadounidenses y centroamericanos, contra las empresas bananeras que usaban el productos, y las químicas que lo fabricaban, la mayoría de EE.UU., pero también una israelí.

Ahora que se ventila en un tribunal de la ciudad de Los Angeles el caso de trabajadores bananeros nicaragüenses, renace la esperanza de todos ellos de recibir alguna indemnización que, por lo menos, les permita “para pasar una vejez más bajable”, como afirma Mauricio Arias.

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