Proyecto de tierras colectivas, otro conflicto

INDIGENISMO. Los pueblos naso-teribe, bri-bris y kunas no conocen el nuevo proyecto.

Tierras colectivas, otro conflicto

La dirigencia del Pueblo Naso-Teribe se queja de que el proyecto tierras colectivas no ha sido divulgado a fondo.

Los sociólogos Raúl Leis y Marcos Gandásegui justifican las aspiraciones de los pueblos indígenas a la tierra.

LA PRENSA/Alexander Arosemena

MARGINADOS. A falta de luz eléctrica, a los teribes –que viven en una región con ríos que tienen potencial hidroeléctrico– les basta una guaricha para contar cuentos en la noche.

José Quintero De León
jquintero@prensa.com

Luego de un mes del conflicto ocurrido en la Comarca Madungandí, en Bayano, una nueva confrontación se vislumbra en el horizonte con la decisión del Ministerio de Gobierno y Justicia de presentar una iniciativa que crea el marco legal de tierras colectivas.

Los dirigentes indígenas estiman que la iniciativa deja de lado las viejas aspiraciones de los naso-teribes, bri bris y kunas de Darién, de contar con una comarca donde vivan sin temor, pero no con una imitación de “tierras colectivas”.

Cuestionan el “apremio” con que el Ministerio de Gobierno y Justicia quiere hacer las cosas, sin plantear, “a calzón quitado”, las ventajas del proyecto, y la diferencia entre comarca y tierras colectivas.

Situación

Ignacio Rodríguez, director nacional de Política Indígena, aclaró que no es intención del Gobierno crear nuevas comarcas, pero sí cobijar bajo un marco jurídico las poblaciones indígenas que quedaron dispersas y desprotegidas, en todo el territorio nacional.

“Ello les garantizará la legalidad y colectividad de sus tierras, de sus recursos naturales, su hábitat y su cultura frente a futuras invasiones”, afirmó, y se les consultará para el uso de sus recursos naturales.

El proyecto implicará las 48 localidades emberá y wounnan excluidas de la Comarca Emberá-Wounnan (en Darién), en 1983, con sus 12 mil 500 pobladores y las poblaciones emberá de Piriatí, Ipetí y Majecito, en el Alto Bayano; al sur, las comunidades wounaan de Majé Chimán, Río Hondo y Río Platanares, todas en la provincia de Panamá, escenarios de conflictos con colonos latinos y depredadores.

Nuevo proyecto

Según Rodríguez, su equipo de trabajo hizo las consultas necesarias y logró el consenso de los pueblos para el proyecto 99, por el cual se crea un marco legal de tierras colectivas, pero el mismo se fusionó con el proyecto de ley 19 de 2000, que creaba la Comarca Naso-Tjërdi (naso teribe), en el noroeste de Bocas del Toro.

El funcionario aclaró que en él se incluye el pueblo Bri-bri, limítrofe con Costa Rica, y la comunidad de Takarkunyala, fronteriza con Colombia.

Falta divulgación

El rey naso Tito Santana admite que tras la reunión del 21 de mayo, con el presidente Martín Torrijos, el sueño de la comarca quedó enterrado. Pero advierte que el proyecto de Tierras Colectivas no ha sido divulgado entre los más de 2 mil nasos, y de ahí su rechazo.

La asamblea del Pueblo Naso, que presidió el rey rebelde Valentín Santana, emitió el 21 de octubre pasado una resolución que le exige al Gobierno darle seguimiento, con “urgencia notoria”, a la propuesta de ley que crea la comarca.

Una resolución similar emitió el congreso del pueblo kuna de Takarkunyala (600 personas), integrado por las comunidades de Púcuru y Paya, el que ha pedido por años al Ejecutivo crear una comarca.

También piden que se derogue el Decreto Ejecutivo 21 de 1980, que creó el Parque Nacional Darién, ya que no les permite sobrevivir de sus actividades tradicionales.

Un sí a las comarcas

Marcos Gandásegui, sociólogo investigador y docente universitario, señala que las comarcas representan un paso adelante en la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. Propone que el problema planteado sea examinado con mucho cuidado, “sobre todo ahora que el Gobierno está defendiendo los intereses de las transnacionales”.

En ello coincide el también sociólogo y docente Raúl Leis, quien agrega que si bien las comarcas siguen siendo pobres, han evitado en cierta forma una pobreza mayor. “El problema está en cómo convertir la comarca en un motor de desarrollo, pero un desarrollo a partir de los propios indígenas”, apuntó. Y advirtió que para salir de la pobreza, ellas necesitan del apoyo oficial.

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