Navidad en Charco La Pava, territorio Ngobe

NAVIDAD EN CHARCO DE LA PAVA

Hoy, en el día de la Navidad del 2007, todavía no sabemos lo que nos deparará el futuro, y es que el futuro pareciera escribirse una vez más en el idioma de la Conquista. La semana pasada no se hicieron las detonaciones, pero sí nos amenazaron que este miércoles estarían entrando los antimotines. Esto era precisamente lo que no queríamos que sucediera. Tal vez muchos nos equivocamos en un principio. Pero hay que recordar que las escrituras cristianas hablan del perdón y de la reconciliación. Al final siempre creímos lo que nos dijeron las personas de la Empresa; que solo necesitaban hacer algunos estudios; y que si nos oponíamos, el Proyecto no se podría realizar. La verdad todavía no sabemos por qué les creímos. También dijeron que el Gobierno ya había comprometido esas tierras, y que la hidroeléctrica era necesaria para impulsar el desarrollo nacional, y en especial para mejorar las condiciones de vida de los Ngobes que teníamos tantas necesidades.

Todavía no sabemos por qué les creímos. ¿Será por todos los empleos que nos ofrecieron, o por los regalos de la Navidad pasada, o por la ayuda que nos dieron para que nuestros hijos pudieran iniciar el año escolar – lápices, cuadernos, y mochilas, todos ellos inscritos con las siglas de la empresa promotora? ¿O será porque en verdad creímos que nuestras tierras no valían nada, que la empresa podría ayudarnos, y que los Chui que llegaban a visitarnos en helicópteros, camionetas y botes a motor tenían tantas riquezas que podían compartirlas con todos nosotros? Nunca imaginamos lo que sufriríamos este año que ya agoniza – la intranquilidad, la división, la incertidumbre… Nuestras mujeres humilladas, nuestros hombres doblegados, y nuestros derechos vulnerados por una empresa a la que pareciera no importarle con nosotros. Todo empezó cuando se llevaron a La Abuela a visitar La Ciudad, diez horas encerrada en un edificio desconocido para ella en el que se jugaba la suerte de todos los habitantes del Río Changuinola. De allí vinieron las continuas visitas, las ofertas tentadoras, las amenazas veladas, y nuevamente más ofertas, una máquina que entra a la finca sin la autorización de La Dueña, gobernadoras, alcaldesas, diputados, interminables cantos evangélicos, una barriada en las afueras de Changuinola, agua embotellada, comidas en los mejores restaurantes. Abuela, ¿por que Usted no quiere venir a vivir acá con nosotros, si aquí todos estamos bien, los Chui nos cuidan de día y de noche, y han prometido que siempre será así, por el bien de nosotros y el de todos los Ngobes del Río Changuinola?

Y como poner en dudas las palabras de la gente del Gobierno, aquellos que descendían desde las alturas cada ciertos meses, como lo habían venido haciendo de generación en generación – Bayano, Tonosí, Coclesito, Darién, Chiriquí Grande, y El Teribe -, siempre llevando a lo largo y ancho de toda la geografía nacional, promesas y engaños acerca de un desarrollo que nunca termina de llegar, aquel Dorado alucinante del tiempo de los Conquistadores, al que todos los Ngobes ahora tenemos que aspirar, porque sigue siendo inminente, cercano y alcanzable para toda la población empobrecida del país. Y ahora que la fortuna golpeaba a nuestras puertas, por qué habíamos de rechazarla, si hasta nuestros propios Ngobes, profesionales y asalariados, aquellos que trabajaban con la Empresa y con el Gobierno, nos estaban diciendo convencidos de que no dejáramos pasar esta oportunidad. Pero tal vez cometimos el mayor de los agravios que se le podía hacer a los mensajeros de la civilización; solo dijimos lo que pensábamos, solo denunciamos lo que no se estaba cumpliendo de los estudios ambientales, solo pedimos que la ayuda fuera acompañada de respeto y de consideración por las personas mayores y por los Chi que algún día se irían a quedar sin tierras, solo hicimos demasiadas preguntas que no se podían contestar. Y aquí estamos ahora, en el pesebre de la pobreza en la que siempre hemos vivido envueltos los Ngobes, rodeados de gallinas y de cerdos, de jaguares y de sahinos, asediados por un nuevo Herodes, que ahora nos ha amenazado con usar La Policía para que permitamos las explosiones salvadoras, porque nuestros niños merecen un futuro mejor, y porque si nosotros no queremos abrirle las puertas al progreso por nuestra propia voluntad, tendremos que hacerlo a la fuerza, como tuvieron que hacerlo nuestros padres y como tendrán que hacerlo nuestros hijos por generaciones sin fin.

Y es que en Charco de la Pava no hay banquetes ni luces artificiales, solo nos acompañan la floresta esmeralda, el rugido incansable del Río Changuinola, y las estrellas de un Cielo abierto y limpio, eternamente naturales y refulgentes, aquellas que un día guiaron a los Sabios de Oriente, anunciando la llegada del Mesías Salvador. Nosotros no sabemos a donde pasaremos la Navidad del próximo año; tal vez será en lo alto de una colina, tal vez en Chiriquí Grande o en Charagre, o quizás será en el Egipto de un mundo que no entendemos, y en el que algunas veces se nos mira con extrañeza, y en otros momentos con desprecio. Nosotros ni siquiera sabemos qué pasará de aquí al próximo año, porque estamos a la merced de los poderosos, y nuestra opinión no pareciera valer mucho para quienes hoy deciden por nosotros. Todo lo que hemos sido y todo lo que queremos ser tiene que ser puesto a disposición del omnipotente mercado para iluminar los cielos y los árboles artificiales y multicolores de la Ciudad de Panamá – el bosque, los animales, los Ngobes y el Río Changuinola. Lo único que sabemos es que hay una estrella que nunca dejará de brillar, aquella que ilumina nuestros corazones, y que nos anuncia desde Belén de Judá, que tenemos que seguir defendiendo nuestros derechos, que no debemos permitir que se nos humille, y que pase lo que pase, el Dios de todos los tiempos siempre estará con nosotros y nos acompañará en todos los momentos de dificultad; y es que el Niño Dios del pesebre de Belén le seguirá diciendo a los fariseos y cónsules de todos los tiempos de la humanidad: “Bienaventurados los Pobres, porque de ellos es el Reino de Los Cielos”.

Autor: Osvaldo Jordán, 25 de diciembre de 2007

 

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