Los delfines son seres libres

¡QUEREMOS SER LIBRES!

Baje la presentación delfines-quieren-ser-libres

Delfines nariz de botella libres jugando con una ola

Delfines nariz de botella libres jugando con una ola

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Los delfines queremos ser libres de cadenas y barrotes,
queremos vivir tranquilos y en paz,
queremos no tener que compartir
nuestros mares con el miedo,
ni queremos sufrir el yugo de un delfinario,
la soledad, ni la culpa.

Queremos que alguien nos espere
con una sonrisa por las mañanas

Mientras saltamos libres en medio de las olas
y una lágrima por las noches
para aliviar el dolor infinito
por nuestros hermanos delfines en cautiverio.

Queremos poder vivir nuestras vidas,
queremos volar como si tuviésemos alas,

Sin llantos, ni obstáculos, más que el infinito océano,

queremos ser del mar y del aire y desaparecer
en el firmamento en un momento

y volver con fuerza

a las profundas aguas del mar sereno.

Queremos ser soles
y lluvias y nubes y estrellas,
pasearnos por todos los mares del mundo
libres y sin miedos a ser secuestrados.


Queremos vivir por siempre siendo los amigos libres

de los niños, hombres y mujeres que visitan los mares

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Manglares de la capital en peligro

urbanismo.hay tres grandes proyectos entre costa del este y tocumen.

Entre manglares y el desarrollo

La zona, que colinda con Costa del Este, se ha convertido en foco de interés para inversores inmobiliarios.

El Departamento de Áreas Protegidas de la ANAM ya ha recomendado que dos proyectos no se aprueben.

Roberto González Jiménez
Especial para La Prensa

negocios@prensa.com

Entre Costa del Este y el aeropuerto de Tocumen, y entre el Corredor Sur y el océano Pacífico, se extiende el sector meridional del corregimiento de Juan Díaz. La parte más cercana al océano está poblada por manglares, un lugar reservado a la naturaleza, por donde cada año transitan millones de aves migratorias, entre ellas el playero occidental. Los manglares también hacen de criadero de multitud de especies de los peces y moluscos que dan trabajo a pescadores de la zona.

El cuadro de esta región puede cambiar drásticamente en los próximos años, ya que la industria inmobiliaria ha puesto sus ojos en ella para desarrollar grandes urbanizaciones con viviendas de lujo, campos de golf y centros comerciales. Para los promotores se trata de un área cercana al aeropuerto y no excesivamente alejada de la ciudad, con fácil conexión gracias al Corredor Sur y muy próxima al océano Pacífico. Un lugar idóneo para invertir.

normativa y proyectos

La Resolución 1 de 1980 del Mivi, para el Control y Desarrollo del Sector de los Manglares del Juan Díaz estableció una división entre la zona de los manglares, completamente protegida y la zona más cercana a la carretera, donde se permitía la construcción de residenciales de bajo impacto. Además, contemplaba un cordón de protección de 50 metros de ancho para proteger el área de los manglares.

En el Plan de Desarrollo Urbano de las Áreas Metropolitanas del Pacífico y del Atlántico de 1997, el área que se extiende entre el Corredor Sur y la franja de protección de los manglares recibe la calificación de “Área Verde Urbana”, que se define en el citado documento como “un espacio libre y disponible para la recreación formal e informal, pasiva y activa. Estos espacios en su mayor extensión deben ser de carácter público, y contemplar campos, arboledas e instalaciones recreativas y culturales en servicio de toda la población de la región metropolitana .”

El mismo texto contempla la posibilidad de que la inversión privada desarrolle campos de golf en las “Áreas Verdes Urbanas”. Según el texto, “dentro de estos espacios debe también fomentarse la participación limitada del sector privado (hasta un 50%) para usos recreativos como campos de golf, minigolf, clubes deportivos, estadios, parques de diversión, ferias, etc.”

Cuando el Plan se detiene en las 400 hectáreas que se ubican en el litoral de Juan Díaz, al sur del Corredor Sur, señala que “este espacio se concibe como la mayor extensión recreativa de la ciudad hacia el año 2020, la que se presta para extensos campos de juego, parques de entretenimientos, lagos artificiales, viveros públicos, etc.”

Es en este espacio donde se ubicará el complejo Santa María Golf & Country Club.

Además de este, hay otros dos proyectos en Juan Díaz: Costa del Sol y Panama Bay. Según ha podido saber este diario, el Departamento de Áreas Protegidas de la Anam ha informado negativamente sobre la aprobación de los estudios de impacto ambiental (EIA) de Costa del Sol y de Panama Bay porque buena parte de su superficie se extiende por áreas protegidas. La última decisión depende del departamento de Evaluación de Impacto Ambiental de la Anam.

Por su parte, los desarrolladores de Santa María Country Club, promotora formada principalmente por empresarios panameños (ver tabla), esperan que su EIA se resuelva en las próximas semanas. Carlos Hernández, director general de Santa María Country Club, asegura que la promotora lleva dos años trabajando con las autoridades para adecuar el proyecto para que los impactos que se generen sean adecuadamente mitigados y compensados.

Dentro de la propiedad de Santa María hay 23 hectáreas de manglares, pero Hernández asegura que “esa área no se va a tocar” (ver infografía).

ambiente

Por su parte, las organizaciones ecologistas defienden que este lugar permanezca como está en la actualidad.

Según Boris Aguilar, arquitecto y miembro de Alianza Pro Ciudad, los manglares actúan como una esponja que protege al mar de todos los desechos que vienen de la tierra, y a la tierra de las inclemencias del tiempo.

Buena parte de la bahía de Panamá forma parte de la convención internacional Ramsar, que identifica la zona como área protegida por el gran número de aves que transita por este lugar.

Rosabel Miró, presidenta de la sociedad Audubon de Panamá, señala que los manglares concentran una gran cantidad de alimentos para las aves. Por eso, no solamente hay aves playeras migratorias en los manglares, también se pueden encontrar aves acuáticas locales, como garzas, pelícanos y cormoranes (paticuervo) que utilizan los manglares como dormideros.

Raisa Banfield, directora ejecutiva del Centro de Incidencia Ambiental, asegura que no se trata de analizar cada proyecto de forma aislada, sino que hay que hacer un estudio integral de qué se está haciendo en toda la zona.

El Gobierno, por su parte, opina que el área tiene un gran potencial de desarrollo inmobiliario y urbanístico y los diferentes proyectos de alta densidad deben llevarse a cabo en equilibrio con el ambiente. Con ese fin, funcionarios de varias instituciones participan en los talleres de trabajo que organiza F.G. Guardia, como parte de un estudio de factibilidad valorado en 600 mil dólares para definir el sector.

José Batista, director de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda (entidad que financió la investigación), explicó que se trata de un estudio de ordenamiento territorial en el sur de Juan Díaz.

Debido a la explosión de proyectos, de acuerdo a Batista, se hace necesario que de parte del Estado haya inversiones, por ejemplo en la construcción de una carretera paralela al Corredor Sur, a la vez que otras obras de infraestructura.

“Esto es un esfuerzo interinstitucional, donde hay una consideración ambiental con la participación de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam)”, dijo Batista.

Con información de Mario A. Muñoz.

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desarrollo. inversión prevista de 600 millones de dólares.

Promotores se defienden de críticas de ecologistas

Asociaciones ambientales aseguran que la urbanización en la zona afectará a las áreas colindantes.

La promotora afirma que no iniciará los trabajos hasta tener todos los permisos necesarios.

LA PRENSA/Ana Rentería
URBANIZACIÓN. Carlos Hernández, director general de Santa María Golf & Country Club.

Roberto González Jiménez
Especial para La Prensa

rgjimenez@prensa.com

Las organizaciones ecologistas han mostrado su disconformidad con el proyecto Santa María Country Club, que se ubicará entre el Corredor Sur y los manglares de Juan Díaz.

Para las asociaciones ambientalistas, este terreno es un humedal donde drenan las aguas que vienen de la zona alta de la ciudad. Según Raisa Banfield, directora ejecutiva del Centro de Incidencia Ambiental, para construir una urbanización en este terreno hay que levantar un relleno que actuaría como dique para las aguas que bajan del sector norte de Juan Díaz, con lo que se estaría aumentando el riesgo de inundaciones en ese sector de la ciudad.

Carlos Hernández, director general de Santa María Golf & Country Club, afirma que la “ingeniería civil se está haciendo de manera que se permita el drenaje uniforme hacia la parte sur, lo que hace que el agua pluvial siga fluyendo de manera adecuada y evita que el proyecto se convierta en un tapón. Los primeros interesados en hacer esto bien y que no se convierta en un pantanal, somos nosotros”.

La empresa promoverá un plan de compensación que plantea la creación de un fondo de conservación de medio millón de dólares para proteger el sitio Ramsar, cercano al área del proyecto.

El proyecto supondrá una inversión de 600 millones de dólares en su primera fase, y se estima que se crearán 600 puestos de trabajo permanentes y 2 mil empleos indirectos durante la construcción.

Según Carlos Hernández, “no iniciaremos el proyecto hasta que no tengamos todos los permisos que necesitamos por ley. Estamos trabajando para cumplir con todo lo que las autoridades nos han solicitado”.