Cuestionan relación de calentamiento global y desaparición de ranas

Cuestionan relación de calentamiento global y desaparición de ranas

Las ranas arlequín están en peligro de extinción; mientras La revista Nature lo adjudica al calentamiento, un panel de investigadores cuestiona esta teoría

The New York times (*)
Reproducido por El Universal (México)

Miércoles 26 de marzo de 2008

En lo que representa el equivalente científico del juego de mesa Clue, equipos de biólogos han estado analizando algunas evidencias e identificando distintos factores considerados como responsables de la extendida desaparición de las ranas arlequín. Los anfibios pertenecientes al género Atelopus poblaron alguna vez y en gran número zonas montañosas de los Andes a Costa Rica. Luego de 20 años de haber empezado a desaparecer, ahora están catalogados como seres en peligro de extinción por grupos de conservación y son vistos principalmente en los zoológicos.En 2006 los autores de un artículo citado en la revista Nature identificaron al calentamiento global como el “detonador” de su extinción. Los investigadores indicaron haber encontrado una clara relación entre los años calurosos de la tierra y la desaparición de ranas habitantes de las laderas. El “detonador”, dijeron los investigadores, parece ser un hongo quítrido que ha atacado a la población de anfibios en muchas partes del mundo pero que crece más bajo ciertas condiciones climáticas.

Los autores, encabezados por J. Alan Pounds de la Reserva de Monteverde en Costa Rica, dijeron: “aquí mostramos que la reciente extinción masiva asociada a brotes de patógenos está relacionada con el calentamiento global”. El estudio fue citado el año pasado en informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Estados Unidos.Sin embargo, otros investigadores han estado cuestionando esa relación. El año pasado, dos ensayos publicados en Nature cuestionaron el estudio. Por su parte, el doctor Pounds y su equipo indicaron que análisis recientes respaldan su punto de vista de que “el calentamiento global está influyendo en la actual crisis de los anfibios” y dijo que era “un factor clave”, como lo escribió en 2006.

Actualmente, en el número del 25 de marzo de la revista PLoS Biology, otro equipo de investigadores afirma que la desaparición de ranas arlequín y algunos anfibios refleja la extendida y repetida introducción de hongos quítridos, y cuestiona la supuesta relación entre la desaparición de las ranas y el cambio climático.En entrevistas y correos electrónicos, el doctor Pounds y la principal autora del nuevo ensayo, Karen R. Lips, de la Universidad del Sur de Illinois, rebatieron sus respectivos análisis. Expertos que han investigado a los anfibios indicaron que ningún grupo tiene suficiente evidencia para decir que tiene la razón y advirtió que esta lucha en torno a los detalles científicos no debería distraernos de la realidad de que los humanos están alterando el entendimiento de la bilogía de manera importante y aún poco entendida.

“Existen todavía muchas cosas que no sabemos”, escribió en un correo electrónico David B. Wake, biólogo de la Universidad de California en Berkeley, luego de leer el estudio. El origen del hongo y la manera en que mata a los anfibios es aún desconocida, indicó, y existe un enorme misterio acerca de por qué brota en ciertos lugares y épocas y no en otros. El doctor Pounds y el doctor Lips han realizado un trabajo importante, señaló el doctor Wake y añadió: “espero que esto no se convierta en una ‘competencia de imagen’ porque todos tenemos mucho qué aprender acerca de la desaparición de anfibios”. Ross A. Alford, biólogo de la Universidad James Cook de Townsville, Australia, dijo que aunque las discusiones científicas son importantes también podrían ser una distracción, especialmente si consideramos los inciertos riesgos que plantea el calentamiento global.

“Discutir si ya podemos o no ver los efectos”, indicó, “es como sentarse en una casa empapada de gasolina, arrojar un cerillo y discutir si podemos o no ver ya las llamas mientras pensamos que tal vez el fuego podría apagarse por sí mismo”.

(*) Andrew C. Revkin / Traducción: Gabriela Cornejo

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