Nuestra seguridad alimentaria

AYUDA PARA EL AGRO.

Nuestra seguridad alimentaria

Juan Nuques
opinion@prensa.com

Los países que tienen su seguridad alimentaria organizada han decidido no vender más alimentos a otros para evitar la escasez y, por consiguiente, el encarecimiento de esos productos a su población. Ese no es el caso en nuestro querido Panamá, en donde la seguridad alimentaria no está organizada y ni siquiera se habla de ella entre quienes consultan para promulgar nuevas leyes que beneficien a los habitantes.

Pareciera que nosotros no tenemos necesidad de ser organizados para producir alimentos, porque de un plumazo se autoriza la compra e introducción de granos básicos con nombres sugestivos que los haga atractivos al consumidor. Quiero decirle a los encargados de promoción que es el hambre imperante entre los panameños, la que abarrota las ferias libres. No es necesario promocionar los productos que allí se ofertan, simplemente hay hambre y no tenemos producción nacional a bajos costos, para suplir las necesidades del pueblo.

Como panameño y productor del campo siento vergüenza de esa solución tan falaz para erradicar el hambre. Tener que importar arroz y demás alimentos, que podemos producir aquí, es aceptar que somos mediocres e incompetentes. Hago la salvedad de que los hombres del campo no nos sentimos así. Culpo de ello a la política agropecuaria, que no es discutida como un asunto de Estado por los señores de turno.

Cómo es posible que al productor se le dupliquen los costos, sin que las autoridades estatales den pasos en firme para normalizar esa situación, más cuando lo que está en juego es la capacidad de producir nuestro alimento y saciar el hambre del panameño común.

Es tiempo de que se elimine la exoneración de impuestos a ciertos grupos y que se cobren esos dineros para ponerlos a trabajar a favor de la seguridad alimentaria del país.

Esta situación no la resolverá ningún candidato ni partido político tradicional, sino quienes realmente piensen en el país y en su capacidad de producir alimentos de forma eficaz, así como en la necesidad de establecer una cadena nacional de comercialización directa para evitar el encarecimiento excesivo de los productos una vez llegan a los centro de expendio (supermercados).

Es insólito pensar que Panamá se puede convertir en un país exportador, de la noche a la mañana, como se lee en los medios de comunicación escrita; o que Bocas del Toro suplirá de arroz en grandes cantidades al resto del país, porque sus tierras y clima lo permiten, pudiera ser cierto pero ¿quién y cómo lo producirán y a qué costo?

Ningún país del mundo que no produzca lo suficiente para alimentar a su población puede lograr la independencia económica, porque siempre tendrá fugas de divisas y, por muchas inversiones en la construcción, banca y servicios que reflejen excedentes, hoy la realidad del país es que sus ciudadanos carecen de alimentos.

El autor es ingeniero zootecnista

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