Tras las huellas del coyote Melo

Tras las huellas del Coyote

Réplica a artículo de Arturo Melo

El artículo titulado –Las huellas del coyote– publicado recientemente en La Prensa es un escrito indocumentado, insensible y xenófobo. Sin pretender siquiera comentar sobre las cifras que allí se presentan y las aseveraciones llenas de falso nacionalismo, hay que aclarar que fueron los biólogos panameños Eustorgio Méndez, Francisco Delgado y Demetrio Miranda quienes advirtieron por primera vez sobre la llegada a nuestras tierras del coyote (Canis latrans) hace ya veintisiete años.

Desde aquel entonces, los expertos han asociado la creciente dispersión de esta especie con la deforestación, y no con la existencia de áreas protegidas y comarcas indígenas. En todo caso, la conservación de nuestros bosques mas bien desfavorecería la distribución de estos canidos, ya que tendrían que competir con las especies nativas de depredadores, como los ocelotes, pumas y jaguares; que todavía sobreviven en lugares como Charco de La Pava en Bocas del Toro, y en los pocos bosques que aun nos quedan en las inmediaciones de Cerro Azul en la Provincia de Panamá. Son más bien los innumerables proyectos inmobiliarios, hidroeléctricos y mineros que el Sr. Melo anhelaría ver construidos en nuestras áreas protegidas y comarcas indígenas, los que ahuyentarían de una vez por todas a los felinos nacionales, y permitirían la entrada triunfal del audaz Coyote a sitios todavía vedados.

Como pionera del desarrollo que ha sido la familia Melo en regiones tan prístinas como la Cuenca del Río Bayano, mucho tendría que agradecerle este distinguido empresario a los Kuna de Madungandi que un día custodiaron los legendarios y gigantescos árboles que impedían que hubiera hábitat propicio para que los coyotes pudieran vivir al otro lado del Canal. De cualquier modo, y si los coyotes llegasen a traspasar la barrera natural que imponen los bosques de Cocolí y Curundú, y se extendieran como llama ardiente por toda la amplia llanura que ha sido creada por los madereros y ganaderos desde Chepo hasta Meteti – claro esta con la notable excepción de las comunidades indígenas -, aun así podríamos decirle a nuestro amigo Melo que durmiera con tranquilidad. Y es que más que a los inofensivos coyotes y a los extranjeros que vienen en busca de nuevos horizontes, hay que temerle a los voraces lobos, tanto nacionales como extranjeros, que se están devorando el 11% de crecimiento económico que esta experimentando nuestro país. Así fue que acabaron con la bonanza de los años setentas, junto con los bosques que cuidaban los Kunas y en los que habitaban los jaguares; y ahora muchos de estos mismos personajes quieren terminar con lo que aun queda en Bocas del Toro, Tabasará, Azuero, Petaquilla y en la Cuenca del Canal. ¡Que alguien nos ampare de estas tenebrosas criaturas cuyo ilimitado apetito no conoce saciedad!

15 de mayo de 2008

Osvaldo Jordán,

Alianza para la Conservacion y el Desarrollo (ACD).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: