Día Mundial de la Biodiversidad: ¿qué valor tiene para Panamá?

EL VALOR DE LA NATURALEZA.

Día Mundial de la Biodiversidad: ¿qué valor tiene para Panamá?

Azael Barrera
opinion@prensa.com

La noche del pasado miércoles, en vísperas del Día Mundial de la Biodiversidad, que se conmemoró ayer, 22 de mayo, tomé una pausa entre tantas llamadas relacionadas con la serie de desastres jurídico–ambientales que se destapan en nuestro país. Reflexionaban si nuestras autoridades realmente saben el valor de la biodiversidad que se cobija, en peligro, frágil y tímida, pero hermosa y única aún, en nuestros bosques, ríos, montañas, costas e islas.

Tantos crímenes impunes contra nuestra biodiversidad nos asfixian, y pensar que apenas comienzan, a costa del mal llamado “desarrollo”. Tanto se habló, tanto se escribió desde aquella pre conferencia en Bali, y luego en la conferencia mundial, en Johannesburgo, y en otras reuniones internacionales, que Panamá era un centro de desarrollo sostenible, etcétera, etcétera y más etcéteras.

Pero, ¿qué han hecho nuestras autoridades en los últimos cuatro años? A saber: poner en peligro nuestra calidad de vida, seguridad biológica y alimentaria; el balance climático, al vender los bosques para torres que serán muros que impedirán el paso de las aves, los manglares para crear campos de golf, promover la venta de tierras cultivables para resorts; cambiar las granjas sostenibles por bonos o bolsas que no compiten; otorgar, a diestro y siniestro, permisos a las mineras, oleoductos, e hidroeléctricas que venderán sus minerales, petróleo y energía en otras fronteras y repartirán los dividendos fuertes en otras latitudes o para jugárselos en la especulación energética que pronto nos hará pagar cinco dólares por galón de gasolina.

Por si fuera poco, se le rinde pleitesía a los promotores que usurpan nuestro pabellón nacional para convertirlo en isleta artificial con mansiones, torres de lujo y casinos para extranjeros, porque en ningún otro país se lo permitirían, solo aquí.

Nuestras autoridades firman cuanta convención o tratado de protección de la biodiversidad le ponen por delante, al tiempo que se pasean dictando discursos insustanciales pero, contradictoriamente, aprueban estudios de impacto ambiental mediocres, defectuosos y de menor categoría a la que corresponde, porque están hechos a la medida de las ganancias de los proyectos de “desarrollo” y no de la genuina protección a la biodiversidad.

Los mal llamados “desarrollistas” aprovechan cada oportunidad para asustar al pueblo: ¡cuídense de esos ambientalistas, quieren detener el “desarrollo” y los dejarán sin trabajo! Quienes pregonan esto, jamás entenderán lo que es el desarrollo sostenible que respeta la biodiversidad y que, por ende, respeta la vida, al ser humano, a la naturaleza y que promueve empleos dignos, no “maquiladoras” de edificios, de madera o de minerales. Triste futuro de los obreros del mal “desarrollo”. Están depredando hoy el futuro y los recursos de vida digna de nuestros hijos y nietos.

Protegiendo nuestra biodiversidad, protegemos nuestro futuro y nuestra dignidad como nación, que cada día se vende más y más a favor del mal “desarrollo”. Si todos los que se dicen conscientes de ese futuro, no despiertan y levantan su voz, bien alto, para proteger nuestra biodiversidad, mañana no habrá nadie que levante su voz para protegernos.

El autor es residente de las áreas revertidas

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