Manglares y aves playeras en peligro

bahía de panamá

Un grito de auxilio por las aves playeras

Científicos manifiestan su preocupación por la urbanización del lado sur de Juan Díaz, y la posible afectación de los manglares capitalinos.

RIQUEZA. En la bahía de Panamá se concentra la mayor cantidad de aves que cruzan por el istmo. CORTESÍA/ Barton Paxton

JOSÉ ARCIA
jarcia@prensa.com

Los científicos estadounidenses Bryan Watts y Barton Paxton sobrevolaron varias veces, durante el pasado mes de octubre y los primeros días de noviembre, el Pacífico panameño, para estudiar las aves playeras migratorias. Hace 11 años lo hicieron por primera vez.

Watts y Paxton quedaron fascinados de saber que la cantidad de aves playeras que se encontraban en 1997, aún se mantiene, pero al mismo tiempo advirtieron que si los manglares de Juan Díaz no se protegen, se estaría ocasionado un daño ecológico con repercusiones internacionales.

En los vuelos de este año, cuantificaron 490 mil 560 aves, de las cuales 427 mil 86 se encontraban en un pequeño estrecho de 30 kilómetros al lado este de la ciudad capital (Juan Díaz).

Sin embargo, según estimaciones de los científicos, por la bahía de Panamá pasan al menos 2 millones de aves durante el año.

Watts, quien es director de The Center for Conservation Biology de la universidad The College of William & Mary en Virginia, Estados Unidos, dijo que la razón por la cual la mayor cantidad de aves se encuentran en los manglares de Juan Díaz es por la cantidad de alimento que provee ese ecosistema.

Incluso, dijo, pareciera que esos 30 kilómetros concentran más alimento que otras partes del mundo.

Es allí donde radica la preocupación de los científicos, pues hace 11 años no vieron ese desarrollo inmobiliario que ahora está adquiriendo la zona sur de Juan Díaz.

“Para nosotros, cualquier cosa que ocurra aquí va a afectar a las aves en Alaska, México, Argentina o Chile, porque se interrumpe ese cordón biológico que representa la bahía de Panamá”, dijo Watts.

Los estudios que realizaron Watts y Paxton, en 1997, fueron el marco perfecto para que los manglares de Juan Díaz se incluyeran dentro de la lista de Sitios Ramsar (lugares donde las aves migratorias descansan, procrean y se alimentan).

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El Panamá ecológico no parece ser del gusto de algunos empresarios que solo ven en los manglares –por ejemplo– tierra fértil para hacer sus lucrativos negocios, negándoles a futuras generaciones el goce de nuestra exuberante naturaleza. Pero el asunto es más grave aún. Nuestro país es uno de esos pocos lugares del mundo donde millones de aves migratorias hacen escala en sus largas jornadas de peregrinaje. Y nuestros manglares son lo que ellas buscan: abundante fuente de alimentos.

Las repercusiones de degradar estos territorios son potencialmente peligrosas porque las consecuencias no solo se sentirán en Panamá, sino en varios otros países, según estudios científicos que dan cuenta de la importancia que guardan estos territorios. No en vano hay organismos que tienen sus ojos puestos en Panamá, que ven con preocupación cómo desaparece el hábitat ocasional de estas aves.

Pero más lamentable es la negligencia que demuestran ciertos funcionarios al permitir tal destrucción, como si se tratara de terrenos sin ninguna utilidad pública, cuando está demostrada su incalculable riqueza. Por ello es incomprensible cómo pueden permitir que el patrimonio ecológico de nuestro país se siga destruyendo.

Hoy llega al país una misión de Ramsar para analizar la situación de esos lugares.

La Prensa

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