Zambrano y Castro nightmare

EL MALCONTENTO

Petaquilla’s nightmare

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

De algo me ha servido el error. Mi madre me dice: “hijo, no seas tan negativo, no te metas siempre con esos funcionarios”. Algunos lectores reaccionan con emoción cuando un atisbo de esperanza se cuela por las rendijas de mis artículos. Leo en las revistas de las líneas aéreas artículos que estimulan el pensamiento positivo, la buena energía. Y, fíjense, que lo intenté. La semana pasada, animado y dispuesto, escribí desde lo positivo, emocionado ante la “nueva” actitud de la Autoridad Nacional del Ambiente. He aprendido de mi error. Al igual que las personas no cambian fácilmente de ideas o formas, las instituciones alcanzan proporciones paquidérmicas en esto de las mudanzas.

Conclusión: debo pedirle a La Prensa que borre de sus archivos El Malcontento de la pasada semana y a ustedes que me perdonen ese pequeño y tan humano error.

Ligia Castro no me ha decepcionado. Su equipo tampoco. Nos llegó a engañar al multar a Petaquilla por comenzar su tarea de deforestación y destrozo sin el estudio de impacto ambiental (EIA) aprobado. Unos días después, el 26 de noviembre, ella y Bolívar Zambrano estampaban su firma sin pudor en el EIA de Petaquilla aprobándolo sin pudor. Ni siquiera han disimulado, dando un poquito más de tiempo para que nos creyéramos el cuento. Todo es legal, por supuesto. La Anam cumple con la legalidad, pero es tan inmoral que produce arcadas y escalofríos.

El caso de Petaquilla confirma así que los intereses privados siempre ganan en este país, que el Gobierno es una firma mercerizada que da servicios de cobertura legal a los inversionistas sin escrúpulos, que el ya deforestado país que heredamos no tiene vuelta atrás. En Panamá hay un mito sobre la biodiversidad y la riqueza natural del país. Es un mito claramente urbano. Si usted ve un mapa de la cobertura boscosa de nuestro territorio probablemente se le salten las lágrimas. Y por eso, cada atentado contra el medioambiente es especialmente grave porque es morderle un pedazo a este escuálido cake de la naturaleza. En el Amazonas se calcula que cuando el 50% de su masa haya sido diezmada, ya no habrá vuelta atrás para ver esa selva convertida en sabana. Panamá ya pasó hace tiempo ese porcentaje y usted y yo estamos instalados en el cemento hablando de un país verde inexistente y con proyectos como Petaquilla que certifican la defunción. ¿Cómo pueden dormir los funcionarios de la Anam? ¿Cómo pueden seguir hablándole a sus hijos sin sentir vergüenza? Es evidente que la laxitud moral de nuestro tiempo postmoderno anidó bien en instituciones como esta.

Lo que se ha permitido, y se permite cada día, en Panamá provoca luego los eufemísticamente llamados “desastres naturales”. Si se dan cuenta en Darién llueve igual o más de lo que lo ha hecho ahora en Bocas, en Chiriquí o en Colón, pero no se ha producido ningún desastre natural. Todavía queda allá cobertura boscosa, y cuencas hidrográficas sostenibles (como lo es la naturaleza no intervenida). Las terribles consecuencias de las lluvias de estos días no son un “desastre natural”, sino la herencia de unos ríos intervenidos, de unos bosques diezmados y de un ordenamiento territorial basado en el caos.

Ahora, el mismo Estado que no ha ejercido sus funciones a cabalidad, le pide a los ciudadanos que sean solidarios con los damnificados, que lleven bolsitas de arroz a los centros de acopio. ¿No es ese su papel? ¿No deberían servir nuestros impuestos para esto? No, mientras estos días veía en medio de la noche trabajar en la cinta costera con la maquinaria más moderna, me imaginaba las tortuosas labores en las zonas inundadas, sin medios suficientes, apelando al voluntarismo y al patriotismo de funcionarios y ciudadanos. La solución es poner a Ligia Castro al frente del operativo, con un poco de suerte podría comprobar de primera mano las consecuencias de los proyectos cuyos EIA ella ha aprobado sin dudarlo.

[C. encuentra una declaración de 1987 de la Conferencia Mundial para el Medioambiente en la que se define la sostenibilidad como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Nada parecido a la realidad, un cuentito de ciencia ficción].

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