Inundaciones y carreteras: lecciones aprendidas

Inundaciones y carreteras: lecciones aprendidas

Por: Ariel R. Rodríguez V.

Biólogo

Presidente de ACD Panamá

Un panorama desolador es el titular de una noticia aparecida en la Estrella de Panamá del día 28 de noviembre de 2008 donde indicaba que la carretera transístmica que une las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro estaba irreconocible. Los paisajes han cambiado y los derrumbes son de gran magnitud que han despedazado las carreteras y han desnudado las pendientes de los cerros. Los derrumbes se sucedieron uno tras otro. ¿Es casualidad que estos deslizamientos se dieron por cientos a lo largo de esta carretera? No. Las carreteras en estos sistemas montañosas son las detonantes naturales de estos efectos encadenados que no terminan en el deslizamiento, sino en las inundaciones que se producen aguas abajo cuando las quebradas y ríos se represan momentáneamente y se destapan luego con más fuerza, agua y sedimentos, convirtiendo la corriente de agua en una masa líquida densa y poderosa que se abre paso de manera arrolladora.

Esto sólo es un mensaje aleccionador. Las carreteras en montañas y regiones selváticas escarpadas como lo es esta carretera son desestabilizadoras del frágil suelo que cubre la roca madre de dichos cerros. Esto provoca que los deslizamientos sean un hecho permanente y seguro cada vez que ocurren grandes precipitaciones. La situación se agrava cuando las carreteras afectan las cuencas escarpadas de ríos torrentosos. Esto fue justo una de las razones por las que río Guarumo en Bocas del Toro causó enormes daños e inundaciones en Chiriquí Grande en este mes de noviembre de 2008, donde todos estos deslizamientos encadenados evidentemente fueron un gran detonante para hacer subir aún más las aguas de dicho río e inundar las planicies aluviales donde ahora vive mucha gente!

Ya los ecologistas hemos dicho en otras ocasiones que debe evitarse la intervención de la cuenca superior escarpada de ríos torrentosos. Entre estos destaca el Río Caldera en Boquete, que por suerte, y sobre todo por la presión ciudadana, no se concretó en el año 2003 la construcción de una carretera en medio del Parque Nacional Volcán Barú, que sin duda, dado los hechos de inundaciones que acaban de ocurrir en el área, no dudamos que hubiesen provocado un daño aún más severo aguas abajo. Hoy Boquete sería una gran tragedia humana y lo decimos con toda la responsabilidad que nos caracteriza.

Y qué no decir de la consecuencia de represas en ríos con aguas lóticas desbocadas como son el Chiriquí Viejo, Changuinola y Caldera! La respuesta se las dejo a libre investigación.

No es la primera, ni será la última vez que habrá inundaciones, pero un mensaje queda claro, los bosques, las montañas y los ríos deben ser respetados si no que queremos seguir sufriendo la consecuencias humanitarias y económicas de nuestros actos.

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