Especies invasoras, cambio climático y Panamá

Especies invasoras, cambio climático y Panamá

BURICA PRESS –Ciencia

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Jessica Hellmann del Departmento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Notre Dame y otros tres colaboradores de otras universidades de Estados Unidos han publicado recientemente en la revista Conservation Biology cinco consecuencias potenciales del Cambio Climático para especies invasoras.

Una especie invasora es cualquiera forma de vida animal o vegetal que no es nativa de un área o región y luego que coloniza los ecosistemas de la nueva región donde ha sido llevado o transportada, domina de manera numérica y ecológica a las especies nativas, que usualmente no están adaptadas para competir con la especie foránea.

Hellmann y sus colaboradores indican que los enigmas científicos y sociales dificultan la predicción de los efectos de los cambios ambientales globales, como el cambio climático y las invasiones biológicas, sobre los sistemas ecológicos. En el largo plazo, estos cambios pueden tener efectos que interactúen y componen la incertidumbre asociada con cada factor individual. Sin embargo, es probable que las especies invasoras respondan de maneras que serían pronosticables cualitativamente, y algunas de esas respuestas serán distintas a las de sus contrapartes nativas.

Ellos utilizaron las etapas de invasión conocidas como la “vía de invasión” para identificar 5 consecuencias no exclusivas del cambio climático sobre especies invasoras: (1) mecanismos de transporte e introducción alterados; (2) establecimiento de especies invasoras nuevas; (3) alteración en el impacto de las especies invasoras existentes; (4) alteración en la distribución de especies invasoras existentes; y (5) alteración en la efectividad de las estrategias de control. Posteriormente utilizaron estas consecuencias para identificar hipótesis comprobables sobre las respuestas de especies invasoras al cambio climático y aportar sugerencias para planes de manejo de especies invasoras. Las cinco consecuencias también enfatizan la necesidad de un monitoreo ambiental mejorado y la expansión de la coordinación entre entidades involucradas en el manejo de especies invasoras.

En el caso de Panamá se ha introducido muchas especies invasoras animales y plantas que han causado profundas consecuencias ambientales, sociales y económicas, quizás el caso más conocido es el de la paja canalera o paja gringa, Saccharum spontaneum, que fue introducida en la zona canalera de Panamá por el ejército de Estados Unidos para simular escenarios de guerra del sudeste asiático en la década de 1960. La semilla de esta especie fue lanzada por toneladas desde helicópteros militares en la mayoría de los polígonos de tiro que utilizaba el ejército norteamericano en Panamá. Hoy esta plaga vegetal amenaza con extender sus dominios invasores a todo el país y avanza rápidamente sin que exista hasta el momento una política o proyecto de estado que contrarreste las especies invasoras peligrosas en Panamá.

Paja canalera, paja elefante originaria del sudeste de Asia fue introducida en la década de 1960 a Panamá por el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos

Paja canalera, paja elefante originaria del sudeste de Asia fue introducida en la década de 1960 a Panamá por el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos. Esta foto es en su hábitat natural en Indochina.

El caso animal más emblemático de una especie invasora en los ecosistemas acuáticos de Panamá fue el pez sargento, Cichla monoculus, que se introdujo hace varias décadas en las aguas del Canl de Panamá desde la cuenca del Amazonas, junto con otras especies como el “Oscar” (Astronauts ocellaris). Según los registros científicos el sargento es un depredador agresivo y prolífico que en poco tiempo dominó las aguas de los lagos y ríos conexos del Canal de Panamá, desplazando a las especies nativas. Una de las especies más desplazadas fue el pez llamado “vieja”. Un pez muy común en los trópicos, aunque es muy raro ver un ejemplar grande en esta región. Hoy luego de muchas décadas el pez ha dado indicios de ser menos dominante en el Lago Gatún, pero esto no ha sido confirmado científicamente.

“!Cuidado VIEJAS, que allá van los pescadores intrépidos. ! “A todo esto, hoy las VIEJAS ya no dominan por el CANAL… están extintas, ni por el Canal, ni el Chagres, ni por el lago Gatún. Ahora predomina asuntos de “rango”: ahora están los “seargents”, todos, toditos son “sargentos”. Y curiosamente, son más rápidos de pescar y en cantidades. Vaya, esas “VIEJAS ” “sabían más por viejas que por rangos”.

Extracto del cuento de La Vieja en el sitio SOMOS PANAMA

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Más información sobre la Paja Canalera o Paja Elefante

Saccharum spontaneum (Wild sugarcane)

Nos estamos comiendo las ranas del mundo

Millones de ranas en los menús

BBC Ciencia

Rana Agalychnis callidryas

Un tercio de la población mundial de anfibios se encuentra en peligro de extinción.

Cada año alrededor de 1.000 millones de ranas son sacadas de su hábitat natural para ser consumidas por los humanos, según un estudio.

Investigadores de la Universidad de Adelaida, en Australia, llegaron a esa conclusión tras analizar los datos de comercio de Naciones Unidas.

Francia y Estados Unidos son los dos mayores importadores de estos anfibios, que también se consumen de manera importante en varias naciones asiáticas.

Los datos que presenta esta investigación no son una buena noticia para los anfibios, ya que un tercio de su población mundial se encuentra en peligro de extinción.

La pérdida de su hábitat natural es la principal causa de su desaparición.

La caza es otro de los factores que amenaza su existencia, así como el cambio climático, la contaminación y las enfermedades, notablemente el hongo chytridiomycosis, que ya ha causado la extinción de algunos anfibios.

Según le explicó a BBC Mundo el científico José Oswaldo Cortés, en países como Colombia “la situación es muy preocupante, porque muchos de los hábitats están siendo deforestados por la necesidad de madera para el campesino y pastizales para el ganado”.

“Igualmente las fuentes de agua de las que dependen muchos de estos anfibios están siendo contaminadas”, señaló Cortés.

Sólo nuevas tecnologías pueden detener el cambio climático

investigación y desarrollo de nuevas tecnologías

Los safaris del cambio climático

El problema es que las reducciones draconianas del CO2 global no tendrán mucho impacto en las temperaturas para mediados de siglo.

COSTOS. Una y otra vez, parecemos escoger el dudoso lujo de otro parque de safaris por sobre los prosaicos beneficios de una granja adicional. REUTERS

BjOrn Lomborg
Project Syndicate

En momentos en que Barack Obama toma posesión de la presidencia, conviene tener en cuenta un pasaje de su libro Sueños de mi padre, es muy reveladora la manera como ve los problemas mundiales.

Obama está en Kenia y quiere ir a un safari. Su hermana keniata, Auma, lo reprende por comportarse como un neocolonialista. “¿Por qué todas esas tierras deben dejarse de lado para los turistas, cuando se les podría usar para cultivar alimentos? A estos wazungu les importa más un elefante muerto que 100 niños negros”. Aunque termina yendo al safari, Obama no tiene respuesta para esa pregunta.

La anécdota tiene paralelos con la preocupación actual acerca del calentamiento global. Muchas personas, incluido el presidente de Estados Unidos (EU), creen que es el problema más acuciante de nuestros tiempos y que reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) es una de las mejores cosas que podemos hacer.

Para estirar la metáfora, es algo parecido a crear parques de safari cada vez más grandes, en lugar de tierras de cultivo para alimentar a los hambrientos.

No nos equivoquemos: el calentamiento global es real y lo crean las emisiones de CO2 generadas por el hombre. El problema es que ni siquiera las reducciones del CO2 global, draconianas e inmensamente costosas, tendrán mucho impacto en las temperaturas para mediados de siglo.

Inversión eficiente

En lugar de reducciones ineficaces y costosas, deberíamos destinar mucho más de nuestras buenas intenciones climáticas a aumentar radicalmente la investigación y desarrollo en tecnologías que no emitan carbono, lo que arreglaría el clima hacia la mitad de siglo a un menor costo.

Pero lo que es más importante para la mayor parte de los ciudadanos del planeta es que el calentamiento global simplemente exacerba los problemas existentes, problemas que hoy no nos tomamos en serio.

Piénsese en la malaria. Los modelos muestran que el calentamiento global aumentará la incidencia de la malaria en cerca del 3% para fines de siglo, porque es más probable que los mosquitos sobrevivan en condiciones más cálidas. Sin embargo, esta enfermedad está mucho más estrechamente vinculada a la infraestructura sanitaria y al nivel de riqueza general que a la temperatura. La gente rica raramente contrae malaria ni muere de ella, mientras que eso sí ocurre con la gente pobre.

BENEFICIO. Mejor nutrición para más personas. LA PRENSA/Iván Uribe

Si se reducen drásticamente las emisiones de carbono, en 100 años sería posible evitar la incidencia de la malaria en 0.2%. Quienes propugnan esa medida son muchos y se hacen oír fuerte, y en su mayoría proviene del mundo rico y que no está afectado por la malaria.

La otra opción es simplemente priorizar la erradicación de la malaria hoy. Sería algo relativamente barato y simple, que implicaría una mayor distribución de mallas para cama tratadas con insecticida, más tratamientos preventivos para las mujeres embarazadas, aumentar el uso del desprestigiado pesticida DDT y apoyar a las naciones pobres que no se pueden permitir pagar las mejores terapias nuevas.

Enfrentar casi el 100% de la malaria mundial actual costaría apenas una decimosexta parte de lo que vale el Protocolo de Kyoto. Dicho de otra manera: por cada persona salvada de la malaria gracias a las reducciones de las emisiones de CO2, las políticas directas contra la malaria podrían haber salvado 36 mil personas.

Por supuesto, las reducciones de emisiones de gases de carbono no han sido concebidas solo para reducir la malaria. Sin embargo, por cada problema que resulte exacerbado por el calentamiento global (huracanes, hambre e inundaciones), podríamos lograr muchísimo más hoy mismo con medidas directas y menos costosas.

Por ejemplo, habría sido posible moderar los efectos del huracán “Katrina” sobre Nueva Orleans con diques que hubieran recibido un mantenimiento adecuado y mejores servicios de evacuación, no con menores emisiones de carbono.

La elección de Obama ha aumentado las esperanzas de que haya un gran compromiso con las reducciones de carbono y un gran aumento del gasto en energías renovables para salvar el mundo, beneficiando especialmente a las naciones desarrolladas.

Como la hermana keniata de Obama podría atestiguar, sería un lujo costoso. Algunos creen que Obama debería seguir el ejemplo de la Unión Europea, que se ha comprometido con la ambiciosa meta de reducir las emisiones de carbono en un 20%, hasta llevarlas a niveles inferiores a los de 1990 dentro de 12 años, mediante el uso de energías renovables.

Solo esto costará probablemente más de 1% del producto global bruto (PGB). Incluso, si todo el mundo sigue esos pasos, el efecto neto sería reducir las temperaturas globales en un vigésimo de grado Fahrenheit para fines de siglo. El costo sería unos impresionantes $10 billones (millones de millones).

Alemania ha subsidiado los paneles solares, como algunos esperaron que Obama hiciera. En consecuencia, todos, incluidos los pobres, pagan impuestos para que los beneficiados más ricos sientan que hacen buenas cosas por la ecología.

Sin embargo, los modelos climáticos demuestran que los $156 mil millones en gasto de Alemania retrasarán el calentamiento en apenas una hora para fines de siglo.

Por un quinto de ese coste, podríamos proporcionar micronutrientes esenciales a 2 ó 3 mil millones de personas, con lo que se evitaría quizás un millón de muertes y se fortalecería física y mentalmente a la mitad de la población del planeta.

Prioridades

Una y otra vez, parecemos escoger el dudoso lujo de otro parque de safaris por sobre los prosaicos beneficios de una granja adicional.

La mayor parte de los modelos económicos muestra que el daño total que generará el calentamiento global para fines de siglo será de cerca de un 3% del PGB. No es algo trivial, pero no es tampoco el fin del mundo.

Un viaje a un safari africano enfrentó un día al nuevo presidente de EU a una pregunta que no pudo responder: ¿por qué los elefantes son tan apreciados por el mundo rico, en lugar de los niños africanos?

La versión actual de esta pregunta es: ¿por qué las naciones ricas gastan cantidades obscenas de dinero en el cambio climático, logrando casi nada en los próximos 100 años, cuando podríamos hacer tanto bien a la humanidad hoy mismo por mucho menos dinero? El mundo estará atento a la respuesta de Obama.

Bjorn Lomborg es profesor adjunto de la Escuela de Negocios de Copenhague y organizador del Consenso de Copenhague.