Concurso hemisférico de innovación energética

Concurso para Innovación en Energía

Donantes ofrecen hasta US$200,000 para financiar ideas que mejoran la eficiencia energética y el acceso a energía renovable en América Latina y el Caribe

Nuevas ideas para mejorar la eficiencia energética y el acceso a energía renovable en los países de América Latina y el Caribe recibirán hasta US$200,000 en financiamiento a través de un concurso anunciado conjuntamente hoy por el Banco Interamericano de Desarrollo, GVEP International, GTZ y el Gobierno de Corea.

El Concurso de Innovación Energética busca impulsar el desarrollo de soluciones a la escasez de energía que aflige a la región, particularmente en las áreas rurales y de bajos ingresos. El concurso premiará a múltiples proyectos con una suma total de entre US$4 millones y US$6 millones en el curso de los próximos tres años, con un máximo de US$200,000 por cada propuesta.

Durante el próximo mes, una campaña regional de marketing invitará a las personas y organizaciones de los países de América Latina y el Caribe a presentar sus propuestas al concurso. Organizaciones no gubernamentales, de la sociedad civil, empresas, fundaciones, centros de investigación, universidades o agencias de desarrollo pueden postular en forma individual, o asociadas con otras entidades que se encuentren fuera de la región. Las propuestas pueden ser enviadas en inglés, español, portugués o francés.

Los criterios de evaluación incluirán el grado de innovación, el impacto en el desarrollo (económico, social, ambiental), la posibilidad de crecimiento o ampliación, la replicabilidad, la sostenibilidad financiera, la capacidad institucional, la estrategia de implementación y sus riesgos proyectados.

Las propuestas pueden ser enviadas hasta el 15 de mayo de 2009, y los ganadores serán anunciados en agosto. Siga los enlaces que aparecen a la derecha para obtener mayor información y el formulario de aplicación.

GVEP International es una ONG con sede en Inglaterra, que trabaja para acelerar y mejorar el acceso a la energía entre poblaciones pobres de los países en vías de desarrollo. GVEP International apoya la innovación en el diseño y uso de tecnologías o modelos de negocios que tengan el potencial de incrementar el acceso a la energía renovable, mejorar la eficiencia energética o incrementar la productividad en el uso de la energía.

El BID es la principal fuente de financiamiento para el desarrollo en América Latina y el Caribe. A través de su Iniciativa para la Energía Sostenible y el Cambio Climático (SECCI, según sus siglas en inglés), el BID apoya el uso de la energía renovable y la eficiencia energética, el desarrollo de los biocombustibles, el financiamiento del carbono, y la adaptación al cambio climático.

El gobierno de Corea apoya activamente los esfuerzos de América Latina y el Caribe en búsqueda del mejoramiento del acceso energético, la eficiencia, y la producción de energía renovable. Con ese propósito, Corea ha establecido el “Fondo de Conocimiento Compartido de Corea para la Tecnología y la Innovación” (“Knowledge Partnership Korea Fund for Technology and Innovation”, en inglés, o KPKF, según sus siglas) dentro del BID.

Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH es una empresa de cooperación internacional que busca promover el desarrollo sostenible con operaciones a nivel mundial, proveyendo soluciones viables y futuristas para el desarrollo político, económico, ecológico y social en un mundo globalizado.


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Seis meses de protesta contra la corrupción en el Estado

ABUSOS

Seis meses de protestas ante la Corte

Rafael Spalding
opinion@prensa.com

Durante seis meses, residentes de las comunidades residenciales de las áreas revertidas del Canal protestaron, denunciaron ilegalidades del Ministerio de Vivienda (Mivi) y otras instituciones gubernamentales y expresaron su vergüenza por nuestro gobierno, ante el edificio de la Corte de Suprema Justicia (CSJ), todos los días laborables, desde las 8:30 a.m. hasta las 9:30 a.m., desde junio hasta diciembre de 2008.

Dicha extendida protesta fue causada por el vergonzoso fallo de la CSJ que declaró constitucional una ley retroactiva, específicamente, el artículo 2 de la Ley 12 de 2007. El magistrado ponente fue Aníbal Salas, y los magistrados que lo apoyaron fueron Winston Spadafora, Alberto Cigarruista, Delia Carrizo de Martínez (suplente de Harley Mitchell) y Nelly Cedeño de Paredes (suplente de Víctor Benavides). Los magistrados que se opusieron fueron Oydén Ortega, Esmeralda Arosemena de Troitiño, Hipólito Gil Suazo (suplente de Arnulfo Arjona) y Luis Mario Carrasco (suplente de Jerónimo E. Mejía). La Procuradora de la Nación también opinó que la Ley 12 era inconstitucional.

Los ciudadanos señalaban que el Mivi, a través de resoluciones ministeriales, había excedido su autoridad al modificar la Ley 21 de 1997, la ley que reglamenta el desarrollo de las áreas revertidas del Canal de Panamá.

El Mivi ignoró las reclamaciones de la ciudadanía y se mantuvo en administrar sin planes el desarrollo urbano de las áreas revertidas a través de resoluciones que frecuentemente contrariaban lo ordenado en la Ley 21. La Ley 21 contiene estudiados planes de desarrollo urbano cuya preparación duró 26 meses a un costo mayor de 9 millones de dólares. Buscando ponerle un alto a lo que consideraban un abuso de poder, los ciudadanos interpusieron varias demandas contra el Mivi ante la CSJ.

El Mivi decidió esquivar las demandas ciudadanas y obtuvo la colaboración de diputados de la Asamblea Nacional para crear una nueva ley. Crearon la Ley 12, una ley retroactiva, que exonera al Mivi de cumplir con lo especificado en la Ley 21, desde julio de 1997, hasta enero de 2007. Transformaron así sus actos ilegales en actos legales.

Siguieron demandas de inconstitucionalidad contra la Ley 12. Nuestra Constitución Política prohíbe leyes retroactivas, excepto por tres condiciones especiales. Esta prohibición es cónsona con los reglamentos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, organización a la cual Panamá está adscrita.

Los funcionarios del Mivi y los diputados colaboradores se percataron de que habían cometido un error en la redacción de la Ley 12, porque no habían declarado qué condición especial esperaban satisfacer para cumplir con la Constitución. Temiendo que la CSJ encontraría que la Ley 12 fuera inconstitucional, crearon la Ley 29 de 2008, declarando que la condición especial era “interés social”, días antes de que la Corte emitiera su fallo. Todos recibimos la gran sorpresa de la CSJ cuando falló que la Ley 12 no era retroactiva, consecuentemente no era inconstitucional. En el fallo, los magistrados opinaron que la intención del Mivi et al era crear una ley con efectos hacía el futuro.

¡Qué disparate! Aquí tenemos el caso típico del cazador cazado. Con la Ley 29 los creadores de la Ley 12 reafirmaron su intención de crear una ley retroactiva para borrar la ilegalidad en más de 40 resoluciones del Mivi. Mientras tanto, la CSJ falla al fallar que la Ley 12 es constitucional, porque opinan que el Mivi et al no tenía intención de crear una ley retroactiva.

Nos preguntamos ¿qué hará la CSJ ahora que se sabe que el Mivi et al insiste en una ley retroactiva? ¿Se pueden imaginar este material en manos de Tres Patines y el Tremendo Juez de la Tremenda Corte?

Extinción de lenguas en el mundo y Panamá

LENGUAS

Más allá que la extinción de especies

Leslie Enrique Marín
opinion@prensa.com

Además de uno que otro “éxito de taquilla”, diversas películas y documentales han aparecido en los últimos años haciendo más accesibles y comprensibles conceptos como el famoso, y algo apocalíptico, “calentamiento global”. En efecto, pese a la existencia de diversas teorías a favor o en contra de su existencia, todos habremos escuchado que este fenómeno irremediablemente ocasionará, entre otros, una elevación en el nivel del mar, hechos que ya pueden ser corroborados por quienes han perdido sus hogares debido a esta causa.

De hecho, un estudio de la Universidad de Naciones Unidas estimó que, para el próximo año, habrá por lo menos 50 millones de refugiados en el mundo; sin embargo, no estarán huyéndole a la violencia o a las extremas condiciones de pobreza, sino al deterioro ambiental.

Más allá de todas aquellas proyecciones realizadas por el Panel Intergubernamental sobre el cambio climático sobre la pérdida de biodiversidad, poco se ha hablado sobre las consecuencias ocasionadas, en términos culturales, tras la dispersión de estos millones de “refugiados”. Por ello, al celebrarse recientemente el “Día Internacional de la Lengua Materna”, una fecha proclamada por la Unesco con el objetivo de promover el plurilingüismo y la diversidad cultural, fue presentada la nueva edición del Atlas Unesco de las lenguas en peligro en el Mundo; documento interactivo que ha revelado que de las 2 mil 502 lenguas en riesgo en el mundo, 538 están en situación crítica, 502 seriamente en peligro, 632 en peligro, y 607 son vulnerables. Incluso, este mapa global permite ubicar 242 puntos negros que equivalen a las lenguas extintas (entre ellas el manés de la Isla de Man, el aasax de Tanzania, el ubyh de Turquía, y el eyak de Alaska, desaparecidas en 1974, 1976, 1992 y 2008 respectivamente).

Me causa pesar el saber que un total de 199 idiomas cuentan con menos de 10 locutores en el mundo; o que de los 6 mil 912 hablados hoy día, aproximadamente la mitad podría desaparecer antes de que culmine este siglo simplemente porque, buscando refugio de inundaciones, sequías o deforestación, muchos parlantes se integrarán a poblaciones donde predominan otros idiomas. En resumidas cuentas estamos hablando de que, más allá de la biodiversidad, también peligra el conocimiento que esa población tiene sobre sus recursos naturales; esa invaluable sabiduría tradicional de la naturaleza y del universo que, a través de las lenguas, se ha transmitido de generación en generación.

Y dado que nuestro querido país tampoco escapa a esta realidad (de acuerdo con este Atlas, el buglé y el teribe están catalogados “en peligro”; en tanto que el wounaan y el bribri están “seriamente en peligro”) me pregunto, ¿por qué en vez de gastar cifras exorbitantes en cuatro días de jolgorio, no invertimos en lo que realmente nos identifica como país.

Primeras víctimas económicas del cambio climático

PRODUCTORES LUCHAN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

FRENTE FRÍO

MELISSA NOVOA Y SANDRA RIVERA
mf@prensa.com

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EVALUACIÓN. Informe de pérdidas sin finalizar.LA PRENSA/Sandra Rivera

Las condiciones climáticas de los primeros meses del año tienen a los productores en corredera.

A la temporada seca, que algunos agricultores esperan con ansias para cosechar y para vender sus productos en el mercado local o exportarlos al  internacional, ya le llegaron los efectos del calentamiento global y no hay vuelta atrás. Al menos en el corto plazo.

Chiriquí, Veraguas, Bocas del Toro y Herrera han sido las provincias más afectadas por lluvias inusuales, fuertes vientos e inundaciones que se han registrado en esta época provocados por un frente frío, y los productos que presentan más daños fueron el  plátano, café, melón y sandía.

Ni las autoridades ni los productores tienen aún la cifra precisa de cuántas han sido las hectáreas perjudicadas, pero aseguran que solo a orillas del río Santa María se estima que 150 hectáreas se inundaron.

“Los cultivos de esas áreas fueron arrasados por el río, sobre todo los de melón y sandía, que estaban destinados para la exportación. Algunos estaban por salir al extranjero esta semana y otros a finales del mes de marzo”, asegura el presidente de la Gremial de Agroexportadores No Tradicionales de Panamá (Gantrap), Edwin Pérez.

Admite que algunos agricultores podrán resembrar, pero otros no tendrán una segunda oportunidad.

En cada provincia la situación varía.

Heofilio González perdió el 60% de su producción de plátano y café en Renacimiento- Chiriquí y se estima que la pérdida podría ascender a 180 mil dólares.

Él espera poder tumbar todas las plantaciones para resembrar y esperar un periodo de dos años para que el producto crezca.

Mientras que en Volcán la destrucción del vado que accede a algunas fincas del área impide que los productores de café especial puedan sacar su cosecha al mercado local e internacional.

Amadiz Jiménez, de la finca Los Cantares, exporta seis contenedores de café especial, y le preocupa no cumplir con sus compromisos por esta situación.

Se estima que en Chiriquí los productores de plátano, sobre todo los de tierras altas en Renacimiento, han perdido en promedio el 40% de sus siembros. Pero esto es tan solo el resultado de una primera gira que hizo el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida).

“En estos momentos estamos levantando la información en el campo, visitando finca por finca del área para determinar cuál fue el grado de afectación, si la hubo, y el tipo de producto que ha sido perjudicado”, expresa.

Aunque Henry Ledezma, director regional del Mida en esa provincia, señala que estas lluvias fuera de temporada están ayudando a algunos productores porque están minimizando el uso de sistemas de riego y de pastoreo de fincas ganaderas.

En Veraguas, el director regional del Mida, Agustín Barría, estima que en el área ha habido daños considerables y comenta el caso de un agricultor que perdió la totalidad de la parcela, “casi 40 hectáreas de sandía”.

“Le llevó parte de la fruta que ya estaba cosechada y los sistemas de riego”, dice Barría.

En Bocas del Toro las autoridades no han podido llegar a todas las áreas afectadas en la provincia, por lo que aún no pueden dar cifras precisas de las pérdidas que ha habido en el lugar.

Hasta el momento solo se conoce de pérdidas en la producción de plátano y se ha informado de la muerte de ganado en las poblaciones ubicadas en el cordón fronterizo con Costa Rica.

En estos tiempos es mejor asegurarse

Para protegerse los productores deben asegurar todos los frentes, aplicando medidas de mitigación y cubriendo sus cultivos a través de seguros.

En el último año agrícola (1 de mayo de 2008 a 30 de abril de 2009), que aún no ha terminado y que se ha visto afectado por dos frentes fríos, el Instituto de Seguro Agropecuario (ISA) estima que tendrá que pagar indemnizaciones por el orden del millón y medio de dólares.

Los productores están asegurando sus siembros cada vez más, pero aún hay terreno por cubrir. Según Cayetano Guzmán, gerente del ISA, en 2004 se colocaron primas por medio millón de dólares y se aseguraron 15 mil hectáreas, y en la actualidad se está vendiendo alrededor de 3 millones y medio de dólares en primas y se están cubriendo 35 mil hectáreas.

Homenaje a los líderes ambientales comunales

Opinión

EL MALCONTENTO

Pequeño homenaje a la grandeza

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

Es probable que este no sea el momento más adecuado para homenajes. Ahora, cuando todavía es Carnaval, cuando la mitad del país está inconsciente y la otra mitad toma el sol en algún rincón playero. La tercera mitad (la que nunca cuenta) sigue en su malmorir cotidiano, quizá con un par de pintas de más. Así que no sé si estas letras tendrán muchos destinatarios. Desde luego, merecen las mejores por perseverar.

Este homenaje está lleno de grandeza porque está dedicado a una inmensa minoría que está dando una pelea fundamental por el resto, una lucha planetaria librada en cada comunidad de nuestras montañas y costas.

En las últimas dos semanas y media he podido compartir tiempo y conversaciones con ellos y ellas. Son humildes (en el concepto economicista de la palabra), son humildes (en la óptica de quien no busca reconocimiento) y son humildes (porque son conscientes de que solos no hacen nada). Hablo de las decenas de lideresas y líderes consagrados a la defensa del medioambiente. Es más importante de lo que parece por varias razones.

La primera es la amenaza brutal que se cierne sobre la riqueza ambiental de Panamá. Empresas, Gobierno e instituciones financieras internacionales han decidido ponerle precio a ríos, montañas, manglares y paisajes. Se trata, entonces, de una simple operación mercantilista en la que siempre hay rentabilidad al explotar recursos que técnicamente son propiedad de la Nación. Es decir, en la lógica de nuestros gobernantes, casi un regalo a esos generosos empresarios nacionales y extranjeros que están dispuestos a invertir por nosotros. Prácticamente ninguno de estos proyectos de minería, hidroeléctricas o turismo tiene en cuenta el equilibrio ecológico, ni el respeto por las poblaciones que viven en esas zonas, ni el daño a la identidad cultural de estos pueblos.

La segunda, es porque la mayoría de estas personas que lideran el movimiento ambiental en todo el país ya ha entendido que la lucha no es por la conservación de la naturaleza. Al menos, no es solo por esto. Se trata de salvaguardar una forma de vida en relación con los recursos naturales. Esto aplica de manera evidente en el caso de los pueblos indígenas (cuya cosmovisión no permite aplicar fórmulas de mercado a nuestros recursos naturales), pero también a los miles de campesinos que contra viento y marea siguen produciendo alimentos para nosotros, los que leemos el periódico en la ciudad.

La tercera razón para este homenaje es que la lucha es desigual. Mientras estas lideresas y líderes pelean desde la escasez de recursos, poniendo su tiempo y su poco dinero para estas lides, en muchos casos con la incomprensión de su entorno cercano, la mayoría de la sociedad los ignora y el Gobierno no solo los estigmatiza como “enemigos” de la patria y el desarrollo sino que los persigue, espía y ficha en una auténtica cacería de brujas.

Yo hoy les debo agradecer haberme devuelto la esperanza en que las cosas pueden cambiar. No en el camino hueco y falso de los que utilizan la palabra “cambio” para ganar elecciones, sino en la medida en que las comunidades estén más formadas y alerta para defender sus derechos fundamentales frente a la arrogancia del poder.

No voy a poner nombres acá porque me dejaría muchos por fuera y me parecería un irrespeto. Pero ellos y ellas saben a quién me refiero. Los he visto trabajar horas y horas bajo un techo de zinc en una escuelita de Bocas del Toro, o caminar las trochas bajo el sol solo para mostrar su solidaridad con comunidades amenazadas, o redactar informes y denuncias ante organismos nacionales e internacionales aferrados a la legalidad que el poder siempre ignora… Es un pequeño ejército de la esperanza, de la grandeza de quienes sí quieren a su país y a sus recursos.

Sé que hay días en que desfallecen, o que sienten que la pelea es demasiado larga y cuesta arriba, pero también sé que entre ellos y ellas hay lazos de solidaridad que les permiten continuar en nombre de su gente y de nosotros.

Por estas razones, que no son pocas, vaya hoy mi homenaje sincero, mi respeto y mi aliento a todas las personas que están en la lucha ambiental desde el terreno, sin discursos elegantes ni oficinas con aire acondicionado, ni apoyos millonarios para proyectos “bonitos”.

[C. se suicida hoy. Ha decidido que su revolución de palabras además de estéril es retórica. Un ejercicio onanista que a pocos lectores interesa y menos cambios logra. Mejor ceder sus pocas palabras a los verdaderos revolucionarios de carne y hueso].

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El precio ambiental y social del oro en el mundo

Minería industrial a cielo abierto que extrae oro en las selvas de Indonesia a muy alto costo ambiental Minería a cielo abierto que extrae oro en las selvas de Indonesia a muy alto costo ambiental. Foto Randy Olson. National Geographic (Enero 2009).

El precio del oro

Escrito por: Brook Larmer el 01 de Enero de 2009 | National Geographic en Español

En dólares y sufrimiento, el precio del oro jamás ha sido más elevado.

La fascinación por el oro domina esta calle de Chennai en septiembre debido a la temporada de matrimonios. La India es el principal consumidor del codiciado metal, que sus ciudadanos adquieren tanto como inversión como con fines de ornato.

Foto de Randy Olson

Como muchos de sus antepasados incas, Juan Apaza está poseído por el oro. Mascando un puñado de hojas de coca para paliar el hambre y la fatiga, el peruano de 44 años se dispone a descender por un gélido túnel andino abierto a 5 100 metros de altura donde trabaja sin salario en una mina excavada bajo el glaciar que domina La Rinconada, la población de mayor altitud en el mundo. Durante 30 días se expone a los riesgos que han cobrado las vidas de muchos colegas: explosivos, gases tóxicos, túneles colapsados, todo para extraer un metal que el mundo codicia. Apaza hace esto para que, llegado un día especial de cada mes, disponga de cuatro horas o poco más para arrastrar y cargar toda la roca que sus hombros cansados puedan resistir. Un saco de piedras que puede contener una pequeña fortuna o, como ocurre las más de las veces, apenas unos cuantos gramos de oro: el día del cachorreo, que hace las veces de salario en el antiguo sistema de lotería que prevalece en las alturas de los Andes.

Minería ilegal en el Rio Pra en Ghana

Minería ilegal en el Río Pra en Ghana. Foto: Randy Olsen. National Geographic (Enero 2009)

Apaza aún espera un golpe de suerte. “Tal vez hoy me encuentre el grande”, comenta con una amplia sonrisa que deja relucir un único diente de oro. Para mejorar sus probabilidades, el minero ya le “pagó a la Tierra”: en la entrada de la mina depositó una botella de pisco, el licor local; puso unas cuantas hojas de coca bajo una piedra y, varios meses antes, un chamán sacrificó un gallo en la cumbre sagrada. Ahora, yendo hacia el túnel, murmura una oración en su nativo quechua a la deidad que protege la montaña y al oro que yace dentro.

“Es nuestra Bella Durmiente –dice Apaza señalando con la cabeza la sinuosa curva de un campo nevado en las alturas–. Sin su bendición, nunca encontraríamos oro. Ni siquiera saldríamos vivos de aquí”.

No es exactamente El Dorado. Pero, por más de 500 años, los brillantes surcos atrapados bajo el hielo glacial, a cinco kilómetros sobre el nivel del mar, han atraído a incontables personas a este lugar de Perú. Primero los incas, quienes veían al siempre lustroso metal como “sudor del Sol”; después los españoles, cuya ambición de oro y plata precipitó la conquista del Nuevo Mundo. Pero no es sino hasta ahora, cuando el precio del oro se dispara (en los últimos ocho años ha aumentado 235 %), que 30 000 personas han invadido La Rinconada, transformando un solitario campamento de exploradores en una aldea improvisada en el techo del mundo, en una de las fronteras de un fenómeno por demás moderno: la fiebre de oro del siglo XXI.

Ningún otro elemento ha seducido y atormentado tanto la imaginación humana como el destello del metal identificado con el símbolo químico Au. Desde hace miles de años, el deseo de poseer oro ha llevado a la gente a los extremos, precipitando guerras y conquistas, fortificando imperios y monedas, devastando montañas y bosques. El oro no es indispensable para la existencia humana y, de hecho, tiene muy pocas aplicaciones prácticas. Aun así, sus principales virtudes –una densidad y maleabilidad inusuales, además de un brillo permanente– lo han convertido en uno de los valores más codiciados del mundo, símbolo trascendental de belleza, riqueza e inmortalidad. A lo largo de la historia, casi todas las sociedades han investido al oro de un poder casi mítico: desde los faraones, que insistían en ser enterrados en lo que llamaban “carne de los dioses”, pasando por los gambusinos, cuya enloquecida fiebre forjó el oeste de Estados Unidos, hasta los financieros, que, siguiendo el consejo de sir Isaac Newton, convirtieron el metal en el cimiento de la economía global.

Este enfermizo apego del hombre no debió haber sobrevivido en el mundo moderno. Pocas culturas aún creen que el oro confiere vida eterna y todos los países del orbe han prescindido de su estándar, que John Maynard Keynes despreciara como “una reliquia de la barbarie”. Pero su lustre no sólo perdura sino que, impulsado por la incertidumbre global, se hace cada día más fuerte. Su precio, que oscilaba alrededor de 271 dólares la onza el 10 de septiembre de 2001, se disparó a 1 023 dólares en marzo de 2008 y es posible que vuelva a superar este tope. Además de la extravagancia, el oro ha retomado su función como “puerto seguro” durante tiempos difíciles.

Mientras los inversionistas recurren en tropel a los nuevos fondos respaldados en oro, la joyería, sector que en 2007 generó un récord mundial de ventas de 53 300 millones de dólares, todavía representa dos terceras partes de la demanda. Movidos por esta cifra, los activistas estadounidenses han emprendido una campaña denominada No Dirty Gold (“No al oro sucio”), cuya intención es persuadir a los joyeros más prominentes de abstenerse de comerciar con el metal obtenido en minas que causan graves daños sociales y ambientales. Pero estas inquietudes no les interesan a las principales naciones consumidoras, es decir, la India, cuya obsesión por el oro tiene profundo arraigo cultural, y China, que en 2007 sobrepasó el consumo estadounidense situándose como el segundo comprador de joyas más importante en el mundo.

A pesar de todo el atractivo del oro, las víctimas humanas y ambientales jamás habían sido tantas. Parte del problema, y de la fascinación, estriba en que hay muy poquito. En toda la historia, sólo se han extraído 161 000 toneladas de oro (apenas suficiente para llenar dos piscinas de tamaño olímpico) y más de la mitad fue extraída en las últimas cinco décadas. Los depósitos más ricos del planeta se agotan rápidamente y cada vez es más difícil hallar nuevas vetas. Casi todo el oro que falta por explotar yace enterrado en minúsculas cantidades en aislados y frágiles rincones del planeta. Es una invitación a la destrucción. Pero no faltan los mineros, grandes y pequeños, dispuestos a aceptar.

En un lado de la balanza se encuentran los ejércitos de inmigrantes pobres que convergen en minas a pequeña escala, como La Rinconada. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, siglas en inglés), en todo el mundo hay entre 10 y 15 millones de mineros “artesanales” que operan desde Mongolia hasta Brasil. Usan métodos rudimentarios que poco han cambiado con el paso de los siglos, producen aproximadamente 25 % del oro del mundo y dan sustento a un total de 100 millones de personas. Para esos mineros, es una actividad vital, pero también es mortal.

Los efectos nocivos del mercurio son igualmente peligrosos para los mineros de pequeña escala, quienes lo utilizan para separar el oro de la roca, diseminando veneno en forma de gases y líquidos. UNIDO calcula que un tercio del mercurio dispersado en el ambiente por los humanos procede de la minería artesanal del oro. Esto hace que lugares como La Rinconada sean una especie de Shangri-La a la inversa: la búsqueda de un metal vinculado con la inmortalidad sólo contribuye a acelerar la mortalidad del minero.

Del otro lado de la balanza se encuentran las descomunales minas a cielo abierto explotadas por las compañías más grandes del mundo, que con sus ejércitos de máquinas colosales producen tres cuartas partes del oro mundial. Aunque ciertamente crean empleos y llevan tecnologías y desarrollo a lugares muy apartados, estas operaciones generan más desperdicio por onza que las de cualquier otro metal, y la explicación estriba en sus pasmosas desproporciones. Las llagas en la Tierra son tan descomunales que pueden verse desde el espacio y, no obstante, las partículas extraídas son tan minúsculas que, muchas veces, 200 de ellas cabrían en la cabeza de un alfiler. Incluso en minas ejemplares, como Batu Hijau, operada por Newmont Mining Corporation, al oriente de Indonesia, donde la empresa ha invertido 600 millones de dólares para mitigar el impacto ambiental, es imposible evitar el cálculo brutal de la extracción de oro. Aquí, obtener apenas una onza de oro (cantidad suficiente para producir un anillo de matrimonio) obliga a extraer más de 250 toneladas de roca y mineral.

Durante su infancia, en la remota isla de Sumbawa, en Indonesia, Nur Piah escuchó anécdotas de vastas cantidades de oro enterradas en las montañas de las selvas tropicales. Dejaron de ser leyendas cuando los geólogos de la minera estadounidense Newmont Mining Corporation hallaron una extraña roca verde cerca de un volcán inactivo, a 12 kilómetros de su casa. El musgoso color anunciaba la presencia de cobre, ocasional compañero del oro, por lo que muy pronto Newmont comenzó a excavar la mina hoy conocida como Batu Hijau, nombre indonesio que significa “piedra verde”.

Por entonces, Nur Piah, de 24 años, respondió a un anuncio de Newmont que solicitaba “operadoras”, creyendo que su trato cordial le permitiría conseguir empleo como telefonista. Cuando esta hija de un clérigo musulmán llegó para la capacitación, su jefe le mostró una oficina por demás inesperada: la cabina de un Caterpillar 793, uno de los camiones mineros más grandes del mundo. Con 6 metros de altura y 13 de largo, el vehículo era mucho más grande que su propia casa; tan solo las ruedas tenían el doble de su estatura. “El camión me horrorizó –recuerda Nur Piah, quien poco después recibió otra sorpresa al ver el primer corte practicado en la mina–. ¡Le habían arrancado la piel a la Tierra! Pensé: ‘La fuerza que haya hecho eso debe ser muy poderosa’”.

Diez años después, Nur Piah es parte de esa fuerza. Su camión forma parte de una flota de 111 vehículos que cada año transporta alrededor de 100 millones de toneladas de roca extraídas del suelo. ¿Y qué fue del volcán de 550 metros de altura que dominó el paisaje de este lugar durante un millón de años? No queda ni rastro. El espacio que antaño ocupara se ha convertido en un pozo de 1500 metros de ancho que alcanza 105 metros bajo el nivel del mar. Dentro de los próximos 20 años, cuando se agoten las reservas de Batu Hijau, la fosa habrá alcanzado una profundidad de 450 metros bajo el nivel del mar.

Con todo, hay algo que aún intriga a Nur Piah: luego de una década en Batu Hijau, jamás ha visto un grano del oro que ayuda a extraer de la mina. Los ingenieros que monitorean el proceso rastrean su presencia en los compuestos de cobre a los que se adhiere. Y como envían el oro a fundidoras extranjeras en concentrados de cobre, nadie en Sumbawa ha visto nunca el tesoro oculto que transformó la isla.

Presionadas por los crecientes precios del oro y el agotamiento de los depósitos de Estados Unidos, Sudáfrica y Australia, las compañías mineras más grandes del orbe buscan oro en los confines más recónditos de la Tierra, pero pocas han tenido una expansión global más agresiva que Newmont, el gigante de Denver que en la actualidad opera minas a cielo abierto en cinco continentes, desde los altiplanos de Ghana hasta las cumbres de Perú. Seducida por los beneficios de operar en los países en desarrollo (menores costos, rendimientos más altos y menos reglamentos), Newmont ha generado decenas de miles de empleos en regiones pobres, pero también ha sido blanco de acusaciones que abarcan desde la destrucción ecológica hasta la reubicación forzada de los lugareños.

En su mayoría, la población de Sumbawa está formada por agricultores y pescadores que habitan chozas de madera construidas sobre pilotes y que permanecen prácticamente aislados del mundo moderno. Sin embargo, dentro de los confines de Batu Hijau, Newmont ha creado un suburbio de estilo estadounidense en el corazón de la selva, donde viven 2 000 de sus 8 000 empleados. Sobre las calles perfectamente pavimentadas hay un banco, una escuela internacional e incluso un centro de transmisión que produce el canal televisivo interno de Newmont. Las familias viajan en SUV para disfrutar de una noche de pizza gratis en el restaurante del campo de golf.

Los elevados precios y avances tecnológicos permiten que las empresas extraigan partículas microscópicas de oro de manera rentable; en Batu Hijau, Newmont utiliza una metodología de flotación muy minuciosa y no tóxica para separar de la roca la amalgama de oro y cobre, a diferencia de los sistemas que aplica en otras de sus minas, como la potencialmente tóxica “lixiviación por montones” con cianuro. De cualquier manera, no hay técnica que haga desaparecer mágicamente el desperdicio masivo generado por la minería. En menos de 16 horas se acumulan más toneladas de desperdicio que todas las toneladas de oro extraídas a lo largo de la historia humana. Los restos tienen dos presentaciones: rocas de desecho, que se amontonan en montañas aplanadas dispersas en lo que solía ser una prístina selva tropical, y residuos minerales, producto del procesamiento químico, que Newmont arroja al fondo del mar.

Newmont sólo utiliza el método de “dispersión submarina de residuos minerales” en su mina de Indonesia, ya que en la mayor parte de los países desarrollados está prohibido debido al daño que los metales pesados causan al ambiente marino.

Tal vez las profundidades del mar no tengan muchos defensores, pero las selvas tropicales sí. Quizás por ello, más que por los desechos submarinos, las montañas de roca desperdiciada en Batu Hijau continúan alimentando los conflictos al interior del gobierno indonesio. El departamento ambiental de Newmont, integrado por 87 elementos, hace hincapié en sus esfuerzos por recuperar las montañas de roca de desperdicio, cubriéndolas con tres metros de tierra y dejando que la selva se adueñe de ellas. Pero, por supuesto, nada podrá devolver su estado original a la selva, por lo que Newmont enfrenta otra dificultad: tras una década de operaciones, empieza a quedarse sin espacio para los desechos de Batu Hijau. Hace tres años, la empresa solicitó la renovación de un permiso para despejar otras 32 hectáreas de selva que Yakarta ha denegado hasta el momento, pues los ambientalistas señalan la inminente extinción de la cacatúa de cresta amarilla de Sumbawa. Dadas las limitaciones de espacio, los camiones de carga de Batu Hijau comienzan a provocar congestionamientos de tráfico, lo cual repercute en la eficiencia de la mina. De no recibir terrenos selváticos adicionales, los representantes de Newmont amenazan con el despido de varios centenares de obreros indonesios.

Desde 1998, con la caída del dictador Suharto, los gobiernos locales y provinciales han adquirido mayor poder y empiezan a hacerse respetar. Colaborando con los intereses empresariales indonesios, intentan tener una participación en la operación minera y decidir sobre la forma como se distribuye el ingreso. “En tiempos de Suharto, cuando fueron redactados estos contratos, no teníamos control alguno de nuestros destinos –informa el representante del Consejo del Pueblo local, Manimbang Kahariyai–. Necesitamos proteger nuestro futuro. ¿Qué quedará de nuestro ambiente cuando hayan agotado la mina?”.

Sentada en su nueva casa de la aldea de Jereweh, Nur Piah está más preocupada por su presente que por el futuro. “Muchas personas dependen de mí”, dice. Su marido gana algo de dinero vendiendo leña, pero el salario de Nur Piah (cerca de 650 dólares mensuales) costeó la construcción de la vivienda de concreto con dos pisos y, a modo de homenaje, ha colgado una gran pintura de un Caterpillar 793 en una de las paredes. Pero la labor de Nur Piah no está exenta de dificultades. Dice que maniobrar el enorme camión durante un turno de 12 horas es particularmente estresante cuando las torrenciales lluvias vuelven resbalosos los caminos escalonados de la mina, pero en este momento, al final de un largo día, sonríe con satisfacción con su hija de seis años dormida en el regazo.

Uno a uno desfilan los estuches de terciopelo que contienen adornos de oro: las joyas familiares de Nagavi, una joven hindú de 23 años que siempre supo que los luciría el día de su boda. Hija mayor del propietario de una plantación de café en el estado meridional de Karnataka, Nagavi creció deslumbrada por las ceremonias nupciales que proclaman la fusión de dos familias hindúes pudientes. Sin embargo, no es sino hasta la mañana de su matrimonio, concertado con el hijo de otro cafetalero, cuando logra apreciar la poderosa belleza de la tradición dorada en todo su esplendor.

Cuando finalmente está lista para la ceremonia, esta egresada universitaria, aficionada a los jeans y las playeras, se ha transformado en una princesa hindú resplandeciente de oro. El tocado, de exquisita factura, es tan pesado (dos y medio kilogramos de oro) que le hace inclinar la cabeza hacia atrás, aunque tres collares de oro y una docena de brazaletes sirven de contrapeso. Bajo el destello de los hilos de oro entretejidos en la trama del sari de 5.5 metros de largo, Nagavi abandona lentamente su hogar familiar y se esfuerza por mantener el equilibrio mientras lanza un puñado de arroz, en un tradicional ademán de despedida.

Los dorados tesoros que luce la novia (junto con las joyas y saris cargados en el maletero del SUV que la conducirá al salón de ceremonias) no son una dote convencional. A diferencia de lo que sucede en otras regiones más pobres del país, en el círculo de cafetaleros de la población de Chikmagalur se considera de mal gusto que la familia del novio haga exigencias explícitas. “Esta es mi ‘contribución’ a la riqueza de la familia”, dice Nagavi, contemplando sus millones de dólares en alhajas de oro. Como en cualquier boda hindú, el metal amarillo también sirve como muestra del valor que ella aporta a la unión. “Con las hijas, hay que empezar a acumular oro desde el día en que nacen –dice el padre de la novia, C. P. Ravi Shankar–. Es importante casarlas bien”.

Ningún país rivaliza con la India en cuanto a su obsesión cultural por el oro. Aunque en esta nación de 1 000 millones de habitantes el ingreso per cápita es de 2 700 dólares, desde hace varias décadas este país ha sido, por mucho, el líder mundial en la demanda de oro. En 2007, los hindúes consumieron 773.6 toneladas del metal, cifra equivalente a casi 20 % del mercado de oro global y más del doble de la adquirida por cualquiera de sus rivales inmediatos, China (363.3 toneladas) y Estados Unidos (278.1 toneladas). La India produce muy poco oro, pero sus habitantes han acumulado cerca de 18 000 toneladas del metal amarillo, más de 40 veces la reserva del banco central del país.

La fijación hindú no surge simplemente de un amor por la extravagancia o la creciente prosperidad de una clase media emergente. Para musulmanes, hindúes, sijs y católicos por igual, el oro cumple una función fundamental en casi cada aspecto de sus vidas, sobre todo durante las nupcias. Cada año hay cerca de 10 millones de matrimonios en la India y, excepto por unos cuantos, el metal amarillo es esencial tanto para el espectáculo como para la tradicional negociación entre familias y generaciones. “Está escrito en nuestro ADN –dice K. A. Babu, gerente de la joyería Alapatt, en la ciudad suroccidental de Cochin–. Oro es igual a buena fortuna”.

Dicha ecuación se manifiesta de manera más tangible durante el festival primaveral de Akshaya Tritiya que, según el calendario hindú, es el día más propicio para comprar oro. La cantidad de joyería en oro que se compra ese día (49 toneladas en 2008) sobrepasa de tal manera el volumen mundial adquirido en cualquier fecha que a menudo dispara su precio.

Sin embargo, el epicentro del consumo de oro durante el resto del año es Kerala, estado relativamente próspero en el extremo sur de la India que, con apenas 3 % de la población del país, controla entre 7 y 8 % del mercado de oro nacional. Es una distinción extraña para tratarse de una entidad administrada por uno de los únicos gobiernos marxistas electos democráticamente. El oro tiene largas raíces históricas en Kerala, puerto clave del comercio de especias que trabó contacto con el metal dorado en la antigüedad, desde la época en que los romanos ofrecían monedas a cambio de pimienta, cardamomo y canela hasta las subsiguientes oleadas de colonizadores portugueses, holandeses e ingleses. No obstante, los historiadores locales señalan que las revueltas regionales contra el sistema hindú de castas (según el cual, las inferiores sólo podían adornarse con pierdas pulimentadas y huesos) y la posterior conversión masiva al catolicismo y el islam, hicieron que el oro se convirtiera en algo más que comercio: un poderoso símbolo de independencia y ascenso social.

A pesar de su larga historia, Kerala jamás padeció un hambre de oro tan voraz como la de hoy en día. El camino desde el aeropuerto está lleno de vallas publicitarias que muestran mujeres adornadas con joyería nupcial. En la India, los principales vendedores de oro al menudeo son originarios de Kerala y 13 vastos salones de exhibición abarrotan un segmento de tres kilómetros de largo en la Avenida Mahatma Gandhi, la arteria principal de Cochin (¿qué habría dicho al respecto el célebre asceta?). Entre los consumidores más jóvenes y las clases altas, es probable que el oro empiece a ceder terreno frente a materiales algo más sutiles –y costosos– como el platino y los diamantes. Pero el apego al oro perdura, incluso cuando Kerala disfruta de mayores riquezas (gracias a la gran cantidad de obreros establecidos en el Golfo Pérsico) y educación (tiene una tasa de alfabetización de 91 %). Aunque prohibidas oficialmente, las dotes dominan toda negociación matrimonial hindú y, en Kerala, la mayor parte de dicha dote se compone de oro.

“Crecemos rodeados de oro”, comenta Renjith Leen, editor de The Week, una revista de noticias nacionales con sede en Cochin. Cuando una criatura nace en Kerala, la abuela moja una moneda de oro con miel y deja caer una gota del líquido en la lengua del pequeño para darle buena suerte. En todos los acontecimientos importantes de sus primeros seis meses de vida, desde el bautismo hasta la primera ingestión de alimento sólido, el bebé recibe joyas de oro como obsequio: pendientes, collares, cadenillas para la cintura; más adelante, cuando cumple tres años, un miembro culto de la familia usa una moneda de oro para trazar palabras en su lengua y dotarlo del don de la elocuencia.

Ninguna de estas ceremonias refleja por sí misma el estrechísimo vínculo del oro con la economía hindú. “El oro es el sustento de nuestro sistema financiero –dice Babu, gerente de una joyería–. Es la mejor forma de protección para muchos y nada permite conseguir efectivo con más rapidez”. El acopio de oro como seguro familiar es una antigua tradición hindú, lo mismo que empeñar joyas para obtener préstamos urgentes (y recuperarlas cuanto antes). Incluso la banca comercial ofrece este servicio, luego de que un intento por acabar con la costumbre precipitara revueltas y suicidios de clientes endeudados, obligando al gobierno a emitir la orden de mantener la práctica.

Sin embargo, muchos agricultores de Kerala prefieren el acceso rápido y fácil que brindan los “financieros privados”, como George Varghese, quien trabaja en su casa, unas tres horas al sur de Cochin. Casi calvo y con más de 70 años, Varghese administra cerca de medio millón de dólares mensuales en oro empeñado (o más durante las temporadas de cosecha y matrimonios). Es un negocio casi perfecto, pues aun con tasas de interés de hasta 1 % diario sobre préstamos a corto plazo, muy pocas personas incumplen el pago. Ningún hindú está dispuesto a quedarse sin su oro. “Incluso cuando la onza se cotizaba en 1 000 dólares, nadie vendió sus alhajas o monedas de oro –dice Varghese–. Es el tesoro familiar y los hindúes aspiran a seguir acrecentándolo”.

Pero, conforme el precio del metal aumenta, las familias más pobres tienen cada vez mayores dificultades para reunir el oro necesario para una dote. Aunque esta cumple eminentemente la función social de equiparar la riqueza familiar de los contrayentes, el creciente precio del oro ha estimulado el aspecto más siniestro del intercambio. Por ejemplo, en el vecino estado de Tamil Nadu, la competencia por adquirir oro ha derivado en incidentes de violencia doméstica precipitados por la dote (generalmente cuando la familia del novio ha golpeado a la esposa por aportar muy poco oro) y abortos selectivos (entre familias desesperadas por evitar la carga financiera que implica una hija).

En ocasiones, la presión es demasiada para los pobres, incluso en Kerala. Rajam Chidambaram, viuda de 59 años que vive en un barrio en las afueras de Cochin, encontró recientemente a un joven dispuesto a casarse con su única hija, de 27 años. Sin embargo, la familia del novio exigía una dote muy superior a sus posibilidades: 25 soberanos o 200 gramos de oro (que hace ocho años tenían un valor de 1 650 dólares y actualmente de 5 200). Como empleada de limpieza, Chidambaram sólo tiene los dos aretes que usa: el collar de oro que alguna vez poseyó lo usó para pagar las cuentas de hospital de su difunto esposo. “Tuve que aceptar la exigencia del novio –dice, enjugándose las lágrimas–. Si me niego, mi hija se quedará en casa para siempre”.

Al final, los financieros locales le otorgaron un préstamo para la dote y, aunque Chidambaram bien pudo haber sobrellevado la vergüenza de tener una hija soltera, ahora lleva a cuestas la carga de una deuda que tal vez deba pagar el resto de su vida.

Rosemery Sánchez Condori tiene apenas nueve años, pero el dorso de las manos se le ha endurecido como cuero curtido. Es lo que pasa cuando una niña invierte largas horas golpeando rocas bajo el sol andino. Desde que el padre de Rosemery se enfermó en las minas de La Rinconada, hace ocho años, su madre ha trabajado once horas diarias recogiendo piedras cerca de las minas y fracturándolas en trozos más pequeños para buscar restos de oro que hayan pasado inadvertidos. En días de clase, Rosemery ocasionalmente ayuda a su madre en la montaña, y aunque esto podría considerarse explotación infantil, semejante labor representa el máximo logro para la hija de una familia que vive al día. “El año pasado encontré dos gramos de oro –dice Rosemery con entusiasmo–. Alcanzó para comprar mis libros y el uniforme de la escuela”.

En las minas de pequeña escala del mundo, la búsqueda de oro es un asunto familiar. Se estima que de los 15 millones de mineros artesanales del planeta, 30 % son mujeres y niños. En la montaña que domina La Rinconada, los hombres desaparecen en las minas mientras sus esposas se sientan junto a rimeros de piedras desechadas y, a ritmo sincopado, arremeten contra la roca con mazos de dos kilogramos. Como no hay quien cuide a sus hijos y necesitan ingresos adicionales, estas mujeres con largas faldas y el tradicional bombín a veces llevan a sus hijos a las montañas. La incertidumbre del sistema de lotería de las minas, y los engaños de muchos de los hombres del lugar, es lo que atrae a las mujeres hasta allá. Por lo menos así tienen la certeza de que los 6 u 8 gramos de oro que consigan ese mes (con valor de unos 200 dólares) serán aprovechados por la familia y no irán a parar a los sórdidos bares y burdeles que abarrotan la zona roja del pueblo.

Objeto de deseo y destrucción, sólo el oro podría haber conjurado un espacio de contradicciones tan sorprendentes como La Rinconada. Aunque aislado e inhóspito –a 5 100 metros hasta el oxígeno es escaso–, su población aumenta a un ritmo desaforado. Al aproximarse al asentamiento desde el altiplano, lo primero que atisba el visitante son los tejados bajo un magnífico glaciar que cubre la montaña como un velo de novia. Entonces viene el hedor. No sólo es la basura volcada en la ladera, sino los desechos humanos e industriales que saturan las calles del pueblo. A pesar de su crecimiento (en 6 años, la cantidad de minas que horadan el glaciar se ha disparado de 50 a cerca de 250), La Rinconada carece de servicios básicos: no hay drenaje, saneamiento, control de contaminantes o servicio postal, ni siquiera estación de policía. La más cercana, que cuenta con un puñado de oficiales, se encuentra a una hora cuesta abajo por la montaña. De suerte que la población se encuentra, literalmente, fuera del alcance de la ley.

La frenética expansión de La Rinconada es producto de una peculiar convergencia: por una parte, el incremento en el precio del oro y por otra, el arribo de la electricidad en 2002. Ahora los mineros utilizan taladros neumáticos además de martillos y cinceles y los trituradores de roca tradicionales, operados con las piernas, han sido sustituidos por pequeñas fresadoras eléctricas. La electricidad no ha contribuido a que la minería sea una actividad más limpia; por el contrario, el mercurio y otras sustancias tóxicas corren por el ambiente con más liberalidad que nunca, aunque casi todos concuerdan en que La Rinconada jamás ha producido tanto oro. Los cálculos oscilan entre 2 y 10 toneladas anuales, con un valor de entre 60 y 300 millones de dólares. Sin embargo, nadie conoce las cifras a ciencia cierta porque, estrictamente hablando, mucho del oro de este lugar no existe.

El ministerio peruano de energía y minas rastrea minuciosamente el oro que produce el país y con razón: se trata de la principal exportación nacional, que convierte al país en el quinto productor mundial de oro con un total de 187.5 toneladas (ocho veces más que en 1992). Ahora bien, dado que el ministerio no tiene una oficina de representación en La Rinconada, el oro que los mineros extraen no es debidamente contabilizado porque, en buena medida, los operadores suelen registrar cifras de producción inferiores para evitar impuestos. “¡Estamos en bancarrota! –se burla uno–. Eso les decimos”.

Una porción del mineral no procesado también desaparece. En una tienda del pueblo, un minero de 19 años de nombre Leo reconoce abiertamente que los 1.9 gramos que cambia por efectivo provienen de las rocas que se robó de una bodega donde su padre trabaja como guardia. “Lo hacemos cuatro o cinco veces por semana y nos dividimos las ganancias –dice Leo–. Nadie se da cuenta de que faltan esas piedras”.

Encima de todo, muchos mineros de La Rinconada ni siquiera existen oficialmente: no hay nóminas –sólo aquellos sacos de rocas–, y algunos operadores de minas tampoco se toman la molestia de anotar los nombres de sus obreros. Por supuesto, los patrones se enriquecen con este sistema de tienda de raya. El administrador de una de las minas más grandes de La Rinconada asegura que su operación produce 50 kilos cada tres meses, más de 5 millones de dólares anuales. En contraste, con el cachorreo mensual, los obreros logran extraer un promedio de 10 gramos de oro, equivalentes a 3 000 dólares anuales. A pesar de la disparidad, los mineros no se han rebelado contra el sistema; de hecho, pareciera que prefieren la remota posibilidad de un golpe de suerte una vez al mes en las minas a la tediosa certidumbre de un salario bajo y la pobreza crónica del campo. “Es una lotería cruel –dice Juan Apaza, el minero con un diente de oro que trabaja en el glaciar–. Pero al menos nos da esperanza”.

Para los mineros y sus familias, sólo sobrevivir en aquel peligroso y desolado lugar quizás sea la más inmisericorde de las loterías. La esperanza de vida en La Rinconada es de apenas 50 años, 21 menos que el promedio nacional. Los accidentes mortales en las minas son comunes y a menudo provocados por explosivos improvisados manipulados por mineros inexpertos o borrachos. Y si la explosión no los mata, los vapores de monóxido de carbono pueden hacerlo. Perú tiene leyes estrictas sobre seguridad en las minas, pero la supervisión en La Rinconada es muy escasa. “De las 200 compañías que operan aquí, sólo cinco obligan a utilizar el equipo de seguridad completo”, comenta Andrés Paniura Quispe, ingeniero de seguridad que trabaja en una de las contadas empresas que mantienen dichos estándares, pero que a la vez les exige a los obreros adquirir sus propios equipos.

Los mineros responden al acoso de la muerte con reflexivo fatalismo. Lo dice el adagio popular: “A labor me voy, no sé si volveré”. De hecho, morir en la mina se considera de buena suerte para los que siguen con vida. La centenaria práctica andina del sacrificio humano aún se tiene como la máxima ofrenda para la deidad de la montaña, dado que, según las creencias locales, el proceso químico por el cual la montaña absorbe el cerebro humano ocasiona que el mineral de oro se acerque más a la superficie, facilitando su extracción.

Pero los dioses seguramente no están felices con el envenenamiento ambiental de La Rinconada. Las aguas negras y la basura en las abarrotadas calles son molestias insignificantes comparadas con las toneladas de mercurio liberadas en el proceso para separar el oro de la roca. UNIDO calcula que una operación minera de pequeña escala libera en el ambiente entre dos y cinco gramos de mercurio por cada gramo de oro recuperado: una pasmosa estadística, considerando que el envenenamiento por mercurio puede provocar graves daños en el sistema nervioso y en todos los órganos importantes. Según los ambientalistas peruanos, el mercurio de La Rinconada y la vecina mina de Ananea está contaminando ríos y lagos e incluso puede detectarse ya en la costa del Titicaca, a 250 kilómetros de distancia.

Quienes viven en los alrededores de La Rinconada sufren el impacto de la destrucción. Esteban Sánchez Mamani, padre de Rosemery, ha trabajado aquí durante 20 años, pero ahora pocas veces entra en las minas a causa de una enfermedad crónica que ha consumido su energía y elevado su presión arterial. Aunque Sánchez desconoce la naturaleza de su mal (la única visita que hizo al médico fue poco concluyente), sospecha que se originó en el ambiente contaminado. “Sé que las minas me robaron la juventud –comenta el hombre de 40 años, quien representa mucha más edad debido a su encorvada espalda–, pero esta es la única vida que conocemos”.

El destino de la familia depende ahora del mineral que Carmen, su esposa, pueda rescatar de la montaña. Sentado en el suelo de su choza hecha de piedra, Sánchez pasa la mayor parte del día rompiendo rocas en pedazos más pequeños y depositando fragmentos con destellos dorados en una taza de color azul. Rosemery hace los deberes escolares sobre un saco de arroz, interrumpiéndolos ocasionalmente para interrogar a los visitantes sobre la vida fuera de La Rinconada: “¿Los de su país mascan hojas de coca? ¿Tienen alpacas?”. A pesar de ser apenas una niña de primer grado, ha decidido que será contadora y vivirá en Estados Unidos. “Quiero irme lejos de aquí”, dice.
Rosemery acompaña a su padre a llevar dos sacos de mineral (la carga semanal) hasta la diminuta fresadora que está cerca de la casa. Aunque el recorrido forma parte de una interminable rutina, Sánchez se aferra a la ilusión de haber ganado el premio mayor. Espera que, por lo menos, haya suficiente oro para que sus dos hijos permanezcan en la escuela. “Quiero que estudien para que se vayan de aquí”, dice el minero enfermo, quien ni siquiera terminó el primer año de secundaria.

Padre e hija observan mientras el fresador practica su antiguo oficio. Sin protección en las manos, el hombre vierte mercurio líquido en una batea de madera para separar el oro de la roca y luego vacía los desechos, cubiertos de mercurio, en un arroyo que corre bajo el cobertizo. Nueve metros arroyo abajo, una jovencita llena una botella de plástico con el agua contaminada. Pero en el interior del taller, todas las miradas están puestas en la pepita plateada del tamaño de una canica que ha producido el fresador: el recubrimiento de mercurio oculta una cantidad de oro desconocida.

Con la pepita en el bolsillo, Sánchez camina trabajosamente cuesta arriba, hasta llegar a la tienda donde se compra y vende oro. El comerciante, uno de los cientos que hay en este poblado, procede a quemar el mercurio con un soplete despidiendo el tóxico gas por un tubo de escape que lo dispersa en el aire frío y enrarecido. Mientras el mercader hace su trabajo, Sánchez camina impacientemente por la habitación, estrujando el desgastado sombrero que lleva en las manos.

Luego de 10 minutos, la llama revela un diminuto núcleo de oro y Sánchez arruga el entrecejo. Pesa sólo 1.1 gramos. El comerciante toma unos cuantos billetes y, encogiéndose de hombros, entrega a Sánchez una cantidad que, tras deducir los honorarios del fresador, representa menos de 20 dólares para la familia. “Mejor suerte para la próxima”, dice el comerciante.

Quizás sea el mes entrante, o el siguiente. Considerando que se gana el sustento en las alturas de un glaciar, Sánchez está consciente de que todo depende de la suerte.

Insisten en desalojar a los Nasos de su territorio de San San

PERSISTE AMENAZA DE DESALOJO EN COMUNIDAD INDIGENA NASO EN PANAMA

El conflicto territorial en zonas indígenas en todo el país esta aumentando alarmantemente. Es por ello que comunidades indígenas Naso ubicados en áreas de rica biodiversidad y reservas hidricas de la Provincia de Bocas del Toro, están dispuestos a defender lo que son sus tierras ancestrales a toda costa. En innumerables ocasiones han clamado a las autoridades locales y nacionales del gobierno nacional de Panamá, por el reconocimiento de su cultura y sus derechos territoriales que constantemente se ven amenazados por la intromisión de empresas y Megaproyectos a las tierras que demandan desde hace cuatro décadas se conviertan en su Comarca Naso Tjër-Di.

Los Naso se encuentran en un estado de indefensión e inseguridad jurídica a pesar de las respuestas no adecuadas e insatisfactorias del Gobierno y la Asamblea Nacional de Diputados que aprobó una Ley de Tierras Colectivas, que establece un procedimiento especial para la adjudicación de la propiedad colectiva de tierras de los pueblos indígenas que no están dentro de las Comarcas y dicta otras disposiciones.

En la Resolución 8 de 23 de diciembre de 2008, el Rey del Pueblo Naso Valentín Santana le manifiesta al Presidente Martín Torrijos “que el único objetivo que los mantiene en pie de lucha por su “Comarca” es conservar su patrimonio cultural- tradicional, social, ambiental, económico y sobre todo legal de nuestra población Naso y nuestro territorio ancestral desde nuestra propia perspectiva y cosmovisión para un verdadero y coherente desarrollo auto sostenible de nuestro territorio ancestral y población originaria Naso”.

También manifiestan que “la Ley 411 (régimen de propiedad colectiva de los territorios “indígenas”), viola nuestros derechos legales-constitucionales que establece nuestra Carta Magna a la reivindicación de nuestra verdadera aspiración e irrespeta los convenios de carácter internacional que el gobierno panameño ha ratificado con relación a los derechos humanos y territoriales de las poblaciones originarias”.

En Panamá hay cinco comarcas: la Ngöbe Buglé, Kuna Yala, Wargandí, Madungandí y Emberá Wounaan; pero vale resaltar que el grupo indígena Naso se les ha privado de este derecho. Por eso, empresas como Ganadera Bocas S.A. pueden solicitarle a autoridades locales del Municipio de Changuinola que ejecuten orden de desalojo contra las comunidades indígenas de San San, San San Druy y San San Tigra, para que estas tierras sean ocupadas por vacas y búfalos.

La atención seria del Estado para tomar medidas sobre este importante y delicado caso, son de carácter urgente, ya que durante esta semana se recibió otra visita de aviso de desalojo en estas comunidades y no puede ser que se violen las garantías fundamentales y sociales de nuestra Constitución Política de la República de Panamá que establece que el interés privado no puede estar por encima de los derechos territoriales indígenas.

Fuente: Alianza para la Conservación y el Desarrollo
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Carta de los Nasos a la Gobernadora de Bocas del Toro

Comunidad de San San Druy
Territorio Naso

Provincia de Bocas del Toro

Republica de Panamá

Jueves 19 de febrero de 2009.

Señora Esther Mena de Chiu

Gobernadora

Provincia de Bocas del Toro

E. S. D.

Señora Gobernadora, una ves mas nos dirigimos a usted con la finalidad de plantearle la problemática del cual usted ya conoce muy bien y tristemente no ha hecho las recomendaciones pertinentes para que la Alcaldesa Virginia Abrego le de seguimiento como quedo establecido en la primera y única reunión que sostuviéramos con una “comisión de alto nivel” el día 21 de julio de 2008 en el Municipio de Changuinola y en el cual participo todas las partes involucradas así como también las instancias de gobierno local.

Nos referimos al conflicto de tierra, limites y camino de acceso a las comunidades de San San, San San Druy y San San Tigra respectivamente. Tenemos que dejar muy claro que esta problemática no lo enfrenta un individuo o una familia en particular, por que como es de su conocimiento, estas son tierras ancestrales de estas comunidades originarias y siempre han estado dentro de nuestra propuesta de ley que crea la Comarca Naso.

Es importante mencionar que desde la mencionada reunión la Alcaldesa quedo responsabilizada ante las ambas partes y ante esta comisión “de alto nivel” de impulsar y darle seguimiento a un proceso con las ambas partes en una mesa de dialogo y esto desafortunadamente nunca se dio por intereses y proselitismo politiqueros.

A todo esto tenemos que resaltar que desde el pasado diciembre, los representantes legal de la empresa Ganadera Bocas S.A., han estado acechando a la Alcaldesa y a la Corregidora de teribe Aracellys Sánchez con la finalidad que procedan con una solicitud de orden de lanzamiento hecha por ellos.

Cabe señalar muy enfáticamente los siguientes aspectos que carecen tando de forma como de fondo en este delicado tema.

Los representantes legal de la empresa en mención, le presentaron a la Alcaldesa una solicitud de orden de lanzamiento.

  • Tanto la Alcaldesa como la Corregidora de teribe, nunca tomo en cuenta el acuerdo previo establecido entre las partes y con la comisión de “alto nivel” para darle seguimiento al proceso en una mesa de dialogo.
  • La Corregidora Aracellys Sánchez, visita a estas comunidades en diciembre para comunicarle que los abogados de la empresa presentaros una solicitud de orden de lanzamiento.
  • La Alcaldesa especula con su responsabilidad y pretende hacerle creer a estas comunidades a través de la Corregidora que deben desalojar sus casas y salir de sus tierras por que existe una solicitud de lanzamiento pero jamás explicaron que en ningún momento esta solicitud era solo eso!! una solicitud y no una orden o veredicto final.

Tenemos que ser objetivos y exigir respeto en lo siguiente.

  • Los abogados de la empresa le presentan una solicitud de orden de lanzamiento a la Alcaldesa, en este caso la Alcaldesa tenia bajo su responsabilidad evaluar la solicitud y posteriormente emitir un veredicto, esto lo contempla las legislaciones de nuestra republica. Asunto que hasta donde sabemos nunca la Alcaldesa lo hizo.
  • Al no hacerlo, y seguir órdenes de los abogados de esta empresa significa que tanto la Alcaldesa como las demás autoridades de gobierno local están obedeciendo mediocremente órdenes de la empresa y no cumplen con los compromisos previamente adquiridos violando de esta manera las leyes panameñas.
  • Esto significa que no existe un veredicto final y de existir es totalmente inconsulto por no haber pasado por el debido proceso de consulta y de notificación.
  • A todo esto tenemos que dejar muy claro que nuestra lucha es por la reivindicación de nuestros Derechos Humanos y territoriales y no solo por una comunidad ya que la problemática y la lucha del pueblo Naso es por que se respete el derecho de las once comunidades que comprende el Territorio Naso.
  • Una de las fragantes violaciones a los Derechos Humanos que ha hecho esta empresa hacia las comunidades del territorio Naso es que en el momento en que agudizó la problemática en julio de 2006, las autoridades de gobierno le solicitaron a la empresa que presentara su plano de su titulo de propiedad y en ese momento no lo pudieron presentar. Sin embargo, unos meses después, ya contaban con unos planos que consideramos que fue tomado vía aérea y no como lo contemplan las legislaciones panameñas ya que debió pasar por un proceso de consulta e información tomando en cuenta que nos es un individuo solamente el que es colindante sino un territorio ancestral y en el cual habitan en la actualidad un estimado de 7000, Nasos.
  • El segundo aspecto pero muy importante también es que el viernes 16 de enero de 2009 los empleados de la empresa Ricardo Saldaña, José García, Margarito Chavarria y otros, llegaron hasta la comunidad y destruyeron 6 casas, un rancho comunal y siembro y cultivos en producción con tractores y demás equipo pesado violando fragantemente de esta manera todos los procedimientos legales y de derechos Humanos. Todo esto ocurrió ante la presencia de un supuesto abogado de la empresa quien en ningún momento se identifico ni presento documentación legal de respaldo a la acción que realizaban los empleados de la empresa en mención. Es mas, también se les acercó a los moradores de la comunidad para hostigarlo y amenazarlos diciéndole que si no salían le destruirán sus casas el día lunes 19 de enero del presente.

Para ello, contamos con las pruebas pertinentes al caso que aportaremos en su momento.

Por lo anterior planteado Señora Gobernadora, exigimos que usted tome rápidas medidas sobre este importante y delicado caso que aqueja hoy día al pueblo Naso y nuestro territorio y por razones lógicas y basado en los criterios legales constitucionales, usted como primera autoridad de la provincia esta en la obligación de darnos una pronta y positiva respuesta a nuestra solicitud planteada obviamente respetando el derecho consuigeneris de nuestro pueblo y territorio Naso ya que como lo contempla nuestra Carta Magna en las garantías fundamentales y sociales, establece que (el interés privado no puede estar por encima de los intereses sociales), ya que hasta la fecha las autoridades no han definido el predio de servidumbre publica para el camino de acceso a las comunidades del territorio Naso antes mencionadas.

A la espera de su pronta y positiva respuesta se despiden.

Atentamente,

Adjuntamos firmas de los moradores de las comunidades del Territorio Naso.

Cc:

Corregiduria de Teribe.

Alcaldía de Changuinola.

Defensoria Del Pueblo (DDP).

Empresa Ganadera Bocas S.A.

Serracin & Asociados

Programa Nacional de Administración de Tierras (PRONAT).

Banco Mundial.

Ministerio de Gobierno y Justicia.

Ministerio de la Presidencia

Presidencia de la Republica.

Transparencia Internacional.

Amnistía Internacional.

Organización de Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Alto Comisionado de las Naciones unidas (ONU), sobre los Derechos y libertades fundamentales de los pueblos originarios.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

AKIN GUMP, Strauss Hauer & Field (AG), LLP.