Homenaje a los líderes ambientales comunales

Opinión

EL MALCONTENTO

Pequeño homenaje a la grandeza

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

Es probable que este no sea el momento más adecuado para homenajes. Ahora, cuando todavía es Carnaval, cuando la mitad del país está inconsciente y la otra mitad toma el sol en algún rincón playero. La tercera mitad (la que nunca cuenta) sigue en su malmorir cotidiano, quizá con un par de pintas de más. Así que no sé si estas letras tendrán muchos destinatarios. Desde luego, merecen las mejores por perseverar.

Este homenaje está lleno de grandeza porque está dedicado a una inmensa minoría que está dando una pelea fundamental por el resto, una lucha planetaria librada en cada comunidad de nuestras montañas y costas.

En las últimas dos semanas y media he podido compartir tiempo y conversaciones con ellos y ellas. Son humildes (en el concepto economicista de la palabra), son humildes (en la óptica de quien no busca reconocimiento) y son humildes (porque son conscientes de que solos no hacen nada). Hablo de las decenas de lideresas y líderes consagrados a la defensa del medioambiente. Es más importante de lo que parece por varias razones.

La primera es la amenaza brutal que se cierne sobre la riqueza ambiental de Panamá. Empresas, Gobierno e instituciones financieras internacionales han decidido ponerle precio a ríos, montañas, manglares y paisajes. Se trata, entonces, de una simple operación mercantilista en la que siempre hay rentabilidad al explotar recursos que técnicamente son propiedad de la Nación. Es decir, en la lógica de nuestros gobernantes, casi un regalo a esos generosos empresarios nacionales y extranjeros que están dispuestos a invertir por nosotros. Prácticamente ninguno de estos proyectos de minería, hidroeléctricas o turismo tiene en cuenta el equilibrio ecológico, ni el respeto por las poblaciones que viven en esas zonas, ni el daño a la identidad cultural de estos pueblos.

La segunda, es porque la mayoría de estas personas que lideran el movimiento ambiental en todo el país ya ha entendido que la lucha no es por la conservación de la naturaleza. Al menos, no es solo por esto. Se trata de salvaguardar una forma de vida en relación con los recursos naturales. Esto aplica de manera evidente en el caso de los pueblos indígenas (cuya cosmovisión no permite aplicar fórmulas de mercado a nuestros recursos naturales), pero también a los miles de campesinos que contra viento y marea siguen produciendo alimentos para nosotros, los que leemos el periódico en la ciudad.

La tercera razón para este homenaje es que la lucha es desigual. Mientras estas lideresas y líderes pelean desde la escasez de recursos, poniendo su tiempo y su poco dinero para estas lides, en muchos casos con la incomprensión de su entorno cercano, la mayoría de la sociedad los ignora y el Gobierno no solo los estigmatiza como “enemigos” de la patria y el desarrollo sino que los persigue, espía y ficha en una auténtica cacería de brujas.

Yo hoy les debo agradecer haberme devuelto la esperanza en que las cosas pueden cambiar. No en el camino hueco y falso de los que utilizan la palabra “cambio” para ganar elecciones, sino en la medida en que las comunidades estén más formadas y alerta para defender sus derechos fundamentales frente a la arrogancia del poder.

No voy a poner nombres acá porque me dejaría muchos por fuera y me parecería un irrespeto. Pero ellos y ellas saben a quién me refiero. Los he visto trabajar horas y horas bajo un techo de zinc en una escuelita de Bocas del Toro, o caminar las trochas bajo el sol solo para mostrar su solidaridad con comunidades amenazadas, o redactar informes y denuncias ante organismos nacionales e internacionales aferrados a la legalidad que el poder siempre ignora… Es un pequeño ejército de la esperanza, de la grandeza de quienes sí quieren a su país y a sus recursos.

Sé que hay días en que desfallecen, o que sienten que la pelea es demasiado larga y cuesta arriba, pero también sé que entre ellos y ellas hay lazos de solidaridad que les permiten continuar en nombre de su gente y de nosotros.

Por estas razones, que no son pocas, vaya hoy mi homenaje sincero, mi respeto y mi aliento a todas las personas que están en la lucha ambiental desde el terreno, sin discursos elegantes ni oficinas con aire acondicionado, ni apoyos millonarios para proyectos “bonitos”.

[C. se suicida hoy. Ha decidido que su revolución de palabras además de estéril es retórica. Un ejercicio onanista que a pocos lectores interesa y menos cambios logra. Mejor ceder sus pocas palabras a los verdaderos revolucionarios de carne y hueso].

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Visita el blog de Paco: PANAMA EN RUTA

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