Elecciones y política contaminada

CALIDAD DE VIDA

Elecciones y política contaminada

Donaldo Sousa Guevara
opinion@prensa.com

La dimensión ambiental comprende todo lo que existe, tanto los recursos naturales como las manifestaciones sociales, entre ellas el sistema político.

El actual sistema político ha sido una conquista para la humanidad, pero se encuentra ampliamente superado y contaminado, lo que genera crimen, corrupción, pobreza, daños y amenazas para la humanidad y el planeta. Ello a pesar de los grandes avances científicos y sociales, debido a la motivación psíquica de hacer dinero que rige la conducta de todos en un sistema excluyente, individualista y oportunista; así como la concentración discrecional de los poderes del Estado, de donde se desprenden los impactos adversos al ambiente y la amenaza a la calidad de vida que produce el sistema. Esta es la realidad que estamos viviendo en todos nuestros países.

El cambio climático puede generar una recesión sin precedentes a escala planetaria. Así lo advierte el reputado economista Nicholas Stern. Los seres humanos viven hoy mucho más allá de sus recursos ecológicos, al hacerlo, dice un informe bianual de la organización mundial conservacionista WWF, estamos planteando una amenaza de extinción para nosotros mismos. “La capacidad regeneradora de la Tierra ya no puede satisfacer nuestra demanda: la gente está convirtiendo los recursos en desechos a un ritmo mucho más rápido de lo que la naturaleza puede transformar los desechos en recursos. La humanidad ya no vive de los réditos de la naturaleza, sino que está consumiendo su capital”, dice el informe.

A pesar de lo sustentado en los documentos científicos señalados, hoy en día, el sistema político no está estructurado para responder a esta realidad científica y solo propone paliativos de ineficaces normas ambientales y otras medidas que no responden al reto histórico señalado, que requiere con urgencia un salto de calidad histórico que permita a la ciencia y al conocimiento tener la mayor fuerza política posible, para lo cual se necesita la mayor participación ciudadana, y que las decisiones en el Estado sean tomadas en base al conocimiento científico y con fundamento bioético, no por el poder discrecional centralizado.

Por lo expresado, todos los ciudadanos estamos condicionados por un sistema político contaminado que no responde a la vida y, a pesar de las elecciones y los posibles cambios de gobernantes que prometen resolver los problemas, continuará el daño a la dimensión ambiental, que comprende todo lo que existe para el ser humano; a menos que establezcamos, cuanto antes, un sistema político participativo amplio y decisorio, que incluya todos los sectores y actores del Estado, en donde la ciencia y el conocimiento en función de la vida digna tengan la mayor fuerza política, un sistema biocrático.

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