En vigilia por el Tapón del Darién

En vigilia por el Tapón del Darién

LOS ARGUMENTOS UTILIZADOS POR EL presidente Álvaro Uribe durante la Conferencia Anual de Ejecutivos de Empresa, en Panamá, para incentivar la apertura del Tapón del Darién, no son suficientes para emprender una obra con tan altos costos humanos y ambientales. Una obra que, se dice, beneficiaría a los colombianos, cuando lo cierto es que, en su manera de omitir por completo el bienestar de las comunidades indígenas y afro que habitan la zona, en su poco interés por las especificidades y deseos de la región, es abiertamente colonialista.

Antioquia, se sabe, llevó a la práctica la construcción de la carretera al mar por la que tanto luchó durante la primera mitad del siglo XX. Permitir que se extienda, suponer que el anhelado progreso y desarrollo llegarán a la selva de la mano de su construcción, no es otra cosa que replicar un modelo de expansión regional invasivo y violador de los más elementales derechos constitucionales de los pueblos que habitan el Tapón del Darién y sus alrededores.

Nadie se opone a que se haga la carretera Panamericana, a que el sueño de un continente americano que une Prudhoe Bay, en Alaska, con Ushuaia, en Tierra del Fuego, se concrete y puedan las personas y sus mercancías circular. Así se quiso en 1923 y más de 27 mil kilómetros de vías lo comprueban. Pero esta no es razón suficiente para arremeter contra un pulmón ambiental, reconocido mundialmente por su biodiversidad, sin el debido cuidado de las comunidades indígenas y afro que habrían de ser desplazadas; sin la garantía, de cualquier manera difícil de conseguir, de que el equilibrio ambiental de la zona no se verá afectado.

Ya son varias las voces de denuncia, incluso antes de que se inicie la errática pavimentación del Tapón del Darién, que alertan frente a los estragos ocasionados por la expansión de la carretera. Quizá el ejemplo más diciente, la prueba fehaciente de que el modelo de desarrollo impuesto casi que a la fuerza no es pensado para la población local, lo constituye la presencia de ganado en donde antes había selva: una zona húmeda que le es hostil y le genera hongos. ¿Para eso, pues, forzamos el desplazamiento de las comunidades? El desarrollo en sí mismo, en abstracto y sin relación con su entorno, el desarrollo cifrado en megaproyectos y meras ganancias económicas, no es un objetivo que todos compartamos.

Con todo, el presidente Uribe insiste en que el comercio con Panamá se incrementará, los “bandidos y delincuentes” no podrán hacerse dueños de los caminos que transitan y, contrario a lo que indican antropólogos, biólogos y defensores del medio ambiente, si no se abre el Tapón del Darién “correremos el riesgo de que los depredadores lo destruyan y pasado mañana, cuando las nuevas generaciones vayan por esa carretera, ya no encuentren recursos ambientales”.

A manera de respuesta, bien podría decirse que la integración económica con Panamá no depende de la carretera y que, a la fecha, los resultados son satisfactorios. Que los caminos empleados por los delincuentes, los canales de navegación utilizados para transportar la coca, tan antiguos como el Chocó mismo, además de posibles escondrijos son la muestra de que una carretera es innecesaria y de que el departamento ofrece oportunidades de comunicación, acordes con su naturaleza, que bien valdría la pena considerar. Por último, y aunque parezca obvio, es justo recordar que quienes habitan la zona no son depredadores y que, a diferencia de creencias occidentales aparentemente más civilizadas, es la sabiduría de las comunidades indígenas y afro la que ha permitido la sostenibilidad y el buen cuidado de la reserva ambiental.

Por lo demás, Panamá no comparte el interés por la carretera. Diversos sectores han hecho explícito que abrir el Tapón del Darién no es una opción, que se debe respetar el espacio de las comunidades indígenas y que, aunque a los colombianos nos incomode, no desean tumbar la frontera natural que evita que el conflicto interno y las oleadas de migración forzada penetren al vecino país. Imponer el proyecto, ya no sólo acá sino a los propios panameños, no es muy amistoso en términos diplomáticos.

Fuente: El Espectador.com – 5 abril de 2009

Dinero del Canal se ha esfumado

aportes directos al estado

El Canal ha aportado $3.9 mil millones

La ACP paga impuesto sobre la renta, seguro social y educativo de sus trabajadores, que de 2004 a 2008 ya suman mil 102 millones de dólares.

TRÁNSITOS. Pese a que el tránsito de carga por el Canal bajará 5%, los ingresos se mantendrán. LA PRENSA/Eric Batista1184391

Wilfredo Jordán S.
wjordan@prensa.com

Desde el año 2000, cuando Panamá asumió la administración del Canal, hasta 2008, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha hecho aportes directos al Estado por 3 mil 934 millones de dólares. Esta suma significa el 75% del costo del programa de ampliación que asciende a 5 mil 250 millones de dólares.

Estos aportes del Canal corresponden a los excedentes de las utilidades de cada año fiscal, los pagos por servicios prestados por el Estado (como por ejemplo, la recolección de basura), y un dólar por cada tonelada neta que transita por la vía.

Adicional a los aportes directos, la ACP también paga los impuestos sobre la renta, seguro social y seguro educativo de sus trabajadores, que desde 2004 a 2008 suman mil 102 millones de dólares.

La suma de todos los aportes del Canal al Estado en ocho años totalizan 5 mil 36 millones de dólares, según los datos de la entidad.

Para el administrador de la ACP, Alberto Alemán Zubieta “el papel del Canal es generar la mayor cantidad de recursos, ya que es la principal empresa del país”.

Para 2009 la ACP tiene presupuestado en aportes directos al Estado 748.8 millones de dólares.

Por cada tonelada de carga que transita por la vía, la ACP le aporta al Estado un dólar. Este pago lo recibe el Tesoro Nacional mensualmente cuando se contabilizan las toneladas que transitan en cada mes.

El asesor del Ministerio de Economía y Finanzas, Horacio Estribí, aseguró que en el presupuesto para 2009, el Gobierno ha concretado una política de utilizar los recursos aportados por el Canal para desarrollar proyectos sociales.

“Se trata de lograr una integración entre las economías rurales, donde hay mucha pobreza, y la de la capital, para lograr un equilibrio”, subrayó Estribí.

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Y lo trágico es que se sigue esfumando a borbotones en la Ampliación del Canal de Panamá, donde el grueso del dinero producido va para los amigos empresarios de los canaleros.

Burica Press