Bocas del Toro honra a sus mártires y pide justicia

5000 personas acompañan los cuerpos de los mártires de Bocas del Toro

Paco Gómez

Los cuerpos de Antonio Smith, Virgilio Castillo y Fernando Abrego son enterrados hoy en Changuinola y Guabito (Bocas del Toro) en una manifestación masiva en la que están participando unas 5000 personas, la mayoría indígenas del pueblo originario Ngäbe.
Con gritos de “No queremos bicicletas ni sacos de arroz, queremos justicia” o “Abajo el Gobierno de Martinelli”, los manifestantes han marchado kilómetros bajo el sol hasta llegar a la Estación de Policía, donde han increpado a los pocos agentes que estaban a la vista. Durante toda la marcha no ha habido presencia policial y la comitiva fúnebre era aplaudida por los habitantes que esperaban a los costados.
“No queremos a este presidente, queremos un cambio, pero para poner un presidente del pueblo. La conciencia y la memoria de los muertos no se compra con las bicicletas o la comida que andan regalando por ahí”, gritaba uno de los indígenas mientras los compañeros lo aclamaban. Mientras, en diversas zonas de Changuinola, funcionarios del Gobierno Nacional regalaban bicicletas y trataban de convencer a los ciudadanos de que aceptaran las bolsas de comida. En poblaciones como Las Tablas, los vecinos quemaron ayer las bolsas de comida repartidas por el Ejecutivo.

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En la marcha fúnebre y de protesta participaron diferentes líderes sindicales y magisteriales, locales y nacionales, delegaciones de movimientos campesinos de Coclé o Veraguas, así como representantes de otros pueblos indígenas como los Naso.
Los activistas independientes de Derechos Humanos están documentando los efectos de la represión de Bocas donde, al menos, murieron cuatro adultos y dos menores y donde hay aún cientos de heridos que no han recibido atención médica. Uno de los heridos manifestó: fui al hospital tres veces y los médicos, al final, me dijeron que el plomo de los perdigones se quedaba ahí, dentro de mi piel”. Varias mujeres denunciaron la situación de los menores, afectados por los gases lacrimógenos y aún con síntomas como diarrea y vómitos.
Los testimonios de los supervivientes de la represión son desgarradores. “Disparaban desde arriba de los edificios de los bancos, y en la noche tiraban perdigones y balas desde helicópteros”, explica un obrero. Un compañero de Antonio Smith, la primera víctima de la represión oficial relata: “Primero le dispararon y después lo patearon en el suelo”. Los médicos han corroborado que Smith presentaba el pulmón perforado por munición y hasta 10 fracturas en su cuerpo.

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