23 de marzo – Día Nacional de los Bosques Urbanos

23 de abril – Día Nacional de los Bosques Urbanos

Burica Press, 22 de marzo. Instaurado desde hace 5 años el Día Nacional de los Bosques, intenta ser un día de acción y reflexión sobre la naturaleza y existencia de los bosques naturales dentro o en los alrededores de las ciudades de Panamá.

La ciudad de Panamá es la ciudad más grande y poblada del país y es la única ciudad que conserva muestras valiosas de bosques urbanos, especialmente en los territorios donde estuvo asentada la denominada Zona del Canal, administrada por el gobierno estadounidense durante gran parte del siglo XX. Esta zona mantuvo un plan urbano ligado a la conservación de los bosques y una planificación de baja densidad con generosos espacios verdes para conservación y para esparcimiento. Esta área realmente era un Estado dentro de otro Estado en términos políticos. En este escenario político, luego que Estados Unidos debió devolver estas tierras al Estado Panameño, Panamá recibió valiosas tierras para múltiples usos, entre ellos los bosques naturales.

Mapa OSM de los Bosques Urbanos de la Ciudad de Panamá

Los bosques de mangle (manglares) son un ecosistema marino costero que tienen las ciudades de Panamá, Colón y David. En las ciudades de Panamá y Colón han sido fuertemente destruidos en las últimas 2 décadas. En David también ha habido destrucción de bosques, pero no por presión urbana, sino por presión de la agricultura extensiva. Los manglares son considerados como bosques urbanos si están dentro o en la periferia inmediata de una ciudad.

 

Parque Metropolitano

El Parque Natural Metropolitano es un bosque urbano y es hoy uno de los principales centro de educación ambiental para los ciudadanos de la ciudad de Panamá. Este bosque ha estado sometido a presiones urbanas que le han desmejorado su calidad ecosistémica, especialmente con la creación del Corredor Norte (autopista) y las ampliaciones de vías en los otros linderos de este parque.

 

Clayton

Los bosques urbanos de las áreas revertidas están bajo fuerte presión urbana. Ya varias decenas de hectáreas han sido destruidas para construir urbanizaciones y otro tipo de edificaciones. Muchos de los bosques que muestra esta imagen de satélite ya no existen en el presente (2013).

 

Los Rios

El modelo de urbanismo que reemplaza los bosques urbanos es completamente absurdo, pero le rinde frutos financieros a bancos y empresarios que sin escrúpulos y muchos agujeros legales y en otros casos con flagrante corrupción, obtienen permiso de construcción sobre los bosques urbanos.

 

Cerro Ancon

El Cerro Ancón es el área con bosque urbano rodeado completamente por la ciudad. Es una isla verde de inmenso valor histórico y natural. La riqueza biótica de estos bosques contiene especies de gran significado para la conservación como el venado colablanca, el mono tití y los perezosos, entre otros.

 

Farfan

El sector oeste del Canal del Panamá contiene invaluables bosques urbanos desde la misma orilla del mar hasta el centro del istmo a lo largo del Canal de Panamá. Actualmente se encuentra amenazado, ya que es una apreciada área para los empresarios que desean construir más residenciales y nuevos polígonos industriales. La fragmentación de estos bosques se ha acelerado grandemente en los últimos 10 años.

 

Howard y Arraijan

Los bosques del oeste del Canal de Panamá, como el de la imagen alrededor del aeropuerto de Howard, son fuertemente codiciados como nuevos sitios para ser ocupados. Desde Arraiján en el extremo oeste o desde la ciudad de Panamá las presiones sobre estos bosques pueden llevarlos a su destrucción lenta, pero en constante avance.

 

Colon

La ciudad de Colón también tiene invaluables bosques urbanos que le dan buena calidad de vida, belleza urbanística y esparcimiento a los colonenses. Al igual que en la ciudad de Panamá muchos de estos bosques han desaparecido y su suerte es incierta.

 

Pedregal David

La ciudad de David ya no tiene bosques naturales de tierra firme. Sólo le quedan bosques de manglares en el extremo sur. Las ciudades que pierden sus bosques terminan siendo ciudades con poca calidad de vida o de poco atractivo urbano, como es el caso de la ciudad de David.

 

El primer bosque revertido a Panamá fue el bosque del Cerro Ancón el 1 de septiembre de 1979. Como símbolo de soberanía se erigió allí una bandera gigante que hoy ondea como símbolo de soberanía en la antigua Zona del Canal. En el período comprendido entre el 1 de septiembre de 1979 y el 1 de septiembre de 1999, Panamá recibió todas las tierras de la Zona del Canal. El mayor tesoro natural recibido dentro de estas tierras fueron los bosques naturales que se extendían como una solo unidad desde el Pacífico de Panamá hasta el Caribe.

El gobierno de Panamá a lo largo de todo este tiempo hasta el momento ha cedido a presión social y la presión corporativa y ha permitido que una enorme extensión, no cuantificada con exactitud, ha sido transformada en áreas residenciales tanto para gente humilde como para especuladores inmobiliarios de todo tipo. Se han hecho modificaciones legales para permitir la venta y posterior destrucción de los bosques urbanos, que son altamente codiciados por los empresarios ligados a los negocios de bienes raíces e inmuebles.

Cuatro ciudades del país también tienen muestras de bosques urbanos de ecología marino costera, denominados manglares: Bocas del Toro, Panamá, David y Colón. En Colón y Panamá los bosques de manglar están siendo literalmente diezmados en la última década. En la actualidad una gran porción de los manglares y humedales de la ciudad de Panamá entre el centro y el aeropuerto internacional de Tocumen están siendo transformados en nuevas edificaciones residenciales e industriales.

El Estado ha sido poco efectivo en salvaguardar la integridad de todos estos bosques urbanos. La corrupción que subyace de fondo impide el ejercicio transparente de la ley y por ende el respeto a los bosques urbanos.

Desde los gobiernos militares de los años ochenta (1980’s) hasta el actual (2013) han sido permisibles con la destrucción de los bosques urbanos. Una cantidad no cuantificada de bosques han sido vendidos con finalidad de desarrollar proyectos inmobiliarios. “Un tesoro natural de los panameños, como son los bosques urbanos, es sólo un negocio más para muchos de los gobernantes. Esto indica que su cociente de inteligencia y su compromiso generacional, sólo la utilizan donde suenan monedas”, asegura José Buendía (nombre ficticio) una activista ambiental consultado.

Lo que dice el ciudadano

En la redes sociales, se transmiten mensajes de algunos ciudadanos que han sido testigos de la destrucción de bosques urbanos: “Por un año estuvimos haciendo educación ambiental. Nos unimos como comunidad e intentamos proteger este bosque, el CL – 43 (un bosque urbano en el centro de Clayton). Sin embargo, la codicia, la desinformación de los que toman decisiones ganó. Hoy, lo que fue el hogar de cientos de aves, perezosos, coatíes y demás será otro residencial más, seguramente tendrán nombres como Green Forests, Green, Forst Hills, Ecovillage … Todo es contradicción y hipocresía”

“Lastimosamente la codicia ciega a muchos, ignorantes se les debe llamar a estas personas que por unos reales vende el patrimonio natural de todos y de futuras generaciones”, indica otro ciudadano.

“Área Verde Urbana según Ley 21 de 1997 de áreas revertidas. Me duele mucho esto. Me hace sentir que los bribones y depredadores tienen el control del país, no importa quien gobierne. En esto están implicados funcionarios de todos los niveles desde la antigua ARI, luego MEF, MIVI, ANAM, Corte Suprema, etc”; indica otro cibernauta.

De espalda a los bosques

“El tiempo transcurre, los bosques urbanos siguen amenazados. Los políticos parecen estar lejos de comprender el concepto de sostenibilidad y conservación  como una estrategia de desarrollo, y en el caso de los bosques, no es diferente su falta de visión”, enfatiza Buendía al respecto.

Hacen declaratoria del día nacional de los bosques urbanos de Panamá

DECLARATORIA

DIA NACIONAL DE LOS BOSQUES URBANOS

Las áreas verdes y los ecosistemas de bosques asociados a espacios urbanos tienen como objetivo sensibilizar, concienciar y promover el cambio de hábitos entre la población que  permita mejorar la relación que ahora existe entre la sociedad y la naturaleza.

La Ciudad de Panamá es una de las áreas metropolitanas de América Latina que ha llegado al siglo XXI con bosques densos en el entorno urbano, siendo esta condición ecológica uno de los principales legados naturales y de ordenamiento territorial heredado a las generaciones actuales y que se hace imperioso conservarlos, al igual que se hace urgente restaurar ecológicamente los bosques perdidos en las principales ciudades del interior del país.

La función de las áreas verdes urbanas no sólo tiene como fines la recreación o el esparcimiento, sino que debemos verlos dentro del marco de los servicios ambientales que ofrecen a nuestras ciudades. Los bosques urbanos que siguen cayendo bajo las palas de los tractores y taladores deben ser vistos más allá de sus valores estéticos y recreativos.  Deben ser siempre visualizados y usufructuados como un patrimonio dinámico que mejora la calidad de vida de los habitantes de una ciudad.

Las áreas verdes públicas representan espacios de integración de la interacción social, con la recreación, el esparcimiento y la cultura ambiental que fomentan el respeto y la unión del ser humano urbano con la madre naturaleza.

Bien es sabido el aporte de los bosques urbanos a mejorar el microclima y la higiene ambiental de los centros urbanos.  Los bosques urbanos son grandes captadores de contaminantes atmosféricos y protegen los recursos hídricos, como ningún otro elemento, que nacen en sus entrañas. Los bosques urbanos ayudan a disminuir la temperatura del calor que producen las aglomeraciones urbanas, fomentan la circulación del aire, filtran y retienen las partículas diversas que el entorno urbano produce, pero sobre todo estos bosques nos dan oxígeno para seguir vivos y su vez nos protege la diversidad biológica que nos hace recordar que el planeta tierra no existe sólo para el hombre, sino para todas las criaturas y formas de vida que merecen nuestro respeto y cuidado.

Los bosques urbanos de las ciudades de Panamá, Colón, Arraiján entre otras son elementos del paisaje urbano indispensables para mantener la fauna y la flora que nos acompañan en el entorno urbano. Son áreas de cobijo, alimentación, refugio, anidamiento de especies nativas y migratorias.

Es innegable e imperioso proteger las áreas verdes y bosques que tienen nuestras ciudades para garantizar una buena calidad de vida y por las funciones ecológicas que desempeñan. La OMS recomienda 12.5 metros cuadrados de áreas verdes por habitante dentro de las ciudades.

Existen demandas en la Corte Suprema presentadas por los residentes de la Ciudad de Panamá que protegen estos bosques y áreas verdes ya que cada día se acrecienta el peligro de perder estas maravillas naturales.

Las ventas de estas tierras y el desarrollo de proyectos de construcción y expansión están acabando con estos bosques urbanos que le dan aspecto de ciudad jardín a nuestra capital. Cientos de hectáreas de bosques urbanos en la ciudad de Colón, Panamá, Arraiján han desaparecido en 15 años de malas decisiones y poco hemos podido hacer. Necesitamos acciones ciudadanas más efectivas para proteger nuestros bosques urbanos y para restaurarlos donde ya han sido eliminados, tanto en el área canalera como en el interior del país.

Por eso es que hoy declaramos este día 23 de marzo como el DIA NACIONAL DE LOS BOSQUES URBANOS para que todos los años evaluemos cuánto hemos avanzado o retrocedido en la conservación y rescate de los bosques urbanos de nuestro país.

Así sea.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos de la Universidad de Panamá (CEREB)

Centro  de Incidencia Ambiental (CIAM)

Alianza para la Conservación y el Desarrollo (ACD)


Dado en el Anfiteatro de Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, Ciudad de Panamá el día

23 de marzo de 2009

Baje el documento original de la declaratoria aquí: declaratoria-del-dia-nacional-bosques-urbanos1

Minera Petaquilla avanza y ANAM no actúa

A pesar de restricción, Petaquilla avanza

MINERÍA. Fotografías de la actividad del 7 de enero, cuando ya estaba vigente la restricción de Anam. LA PRENSA/David Mesa

Rafael E. Berrocal R.
rberrocal@prensa.com

Petaquilla Gold informó a sus accionistas que el proyecto minero en Panamá entró en la fase de pre-producción. Esto, a pesar de que la Autoridad Nacional del Ambiente le ordenó suspender los trabajos hasta que presente nuevos estudios.

La administradora de la entidad, Ligia Castro, dijo que esto puede ser causal para abrir un nuevo proceso administrativo contra la empresa.

LA MINERA INFORMÓ EN CANADÁ QUE HA ENTRaDO en la etapa de pre-producción y pruebas de equipo

Petaquilla continúa trabajos, a pesar de haber prohibición

La Anam advirtió que si la orden no está siendo respetada, se podrá abrir un nuevo proceso administrativo contra la compañía.

DESDE EL AIRE. En la fotografía tomada el 7 de enero, se observa el movimiento de maquinaria pesada en el área de la mina de Petaquilla Gold. LA PRENSA/David Mesa

Rafael E. Berrocal R.
rberrocal@prensa.com

Sin lugar a dudas, el desarrollo de la mina de oro de Petaquilla Gold en el distrito de Donoso, Colón, es uno de los casos más problemáticos que ha llegado a manejar la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).

A pesar que está vigente desde diciembre pasado una orden para que la minera detenga todos los trabajos en la mina, hasta que presente los nuevos estudios de impacto ambiental complementarios, la compañía ha hecho caso omiso y mantiene equipo pesado trabajando las estructuras que serán utilizadas por el proyecto que busca extraer oro.

Nuevas fotografías aéreas de este diario muestran que hasta hace dos semanas había actividad en la “tinas de relave”.

La administradora de la Anam, Ligia Castro, señaló que la prohibición sigue vigente para Petaquilla, y que si la orden no está siendo respetada se podrá abrir un nuevo proceso administrativo contra la empresa.

Para poder seguirle los pasos de cerca a esta compañía, la Anam ha tenido que buscar la ayuda de empresas privadas con la tecnología especializada.

Esta semana, la Contraloría refrendó un contrato entre la Anam y la empresa ITS Consulting que se encargará de inspeccionar y analizar permanentemente el impacto que está causando el proyecto minero. Según Anam, esta contratación es necesaria, ya que ellos no cuentan con los laboratorios para seguir de cerca el impacto ecológico del proyecto.

La empresa contratada trabajará en conjunto con el laboratorio EnviroLab, donde se harán los análisis de suelo y aire, medida que busca identificar o evitar un desastre ecológico por contaminación de la mina.

En diciembre de 2008, la Anam le exigió a Petaquilla Gold la presentación de otros estudios de impacto ambiental, y el pago de una fianza por $14.3 millones para garantizar la reparación de los daños ambientales.

Aunque los representantes de Petaquilla Gold no hicieron comentarios sobre el avance de los trabajos a pesar de la restricción, un comunicado de la compañía publicado en Canadá señala que se encuentran haciendo pruebas de equipo y que el proyecto está en fase de “pre-producción”.

“La producción comercial a gran escala empezará en el año 2009”, sostiene el comunicado.

La empresa también anunció que está evaluando qué recursos puede interponer para impugnar las multas que le ratificó la Anam por 1.9 millón de dólares, como compensación por los daños ambientales causados a la fecha. Aunque la minera dijo a sus accionistas que está en disposición de resolver las adaptaciones que ha pedido Anam.

Minería pirata se toma los ríos y el ambiente

COLÓN Y DARIÉN. BANDAS DE COLOMBIANOS.

Resurge saqueo de oro

Por falta de apoyo policial, uno de los operativos para desmantelar las bandas fue cancelado este año.

Ambientalistas advierten de que los daños que causa la minería ilegal son iguales a los de la minería industrial.

Rafael E. Berrocal R.
Unidad de Investigación

rberrocal@prensa.com

En Panamá, no solo la minería industrial ha encontrado espacio, también la ilegal. Ambas, impulsadas por la subida que ha tenido el precio internacional de los metales, entre ellos el oro, que se cotiza en 905 dólares la onza.

En la estación seca que recién termina, resurgieron las bandas organizadas de colombianos que han estado extrayendo oro de forma clandestina en varios ríos del país: Caimito y Belén, en Colón; y Tucutí, Pito, Balsa y Cupe, en Darién.

La Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) y el Ministerio de Comercio e Industrias cancelaron, por falta de apoyo policial, un operativo para desmantelar los campamentos que se construyeron en el río Belén, límite entre la provincia de Colón y Veraguas.

Natalia Young, directora de Protección de la Calidad Ambiental de la Anam, dijo estar enterada del problema y que se coordina con los estamentos del Estado una estrategia para combatir a estos grupos considerados “mineros piratas”.

Ariel Rodríguez, biólogo y activista ambiental, señaló que los daños que causa al medio ambiente la minería pirata son iguales a los que deja la minería industrial, ya que se usa mercurio y cianuro para separar el oro de los otros minerales, y luego descargan esos químicos en los ríos donde operan. “No hay control, esto ya es anarquía”, afirmó.

la nueva fiebre del oro. ADVIERTEN QUE EL DAÑO AMBIENTAL ES GRAVE e irreparable.

Minería pirata se toma los ríos

Con precios que alcanzan los 905 dólares la onza en el mercado internacional, la minería ilegal de oro ha cobrado fuerza en Panamá. La actividad la realizan grupos colombianos que han lanzado amenazas contra las autoridades.

En las áreas donde se reporta que hay minería ilegal, se ha comprobado también la actividad de narcotráfico y trasiego de armas, según información del Consejo de Seguridad.

CORTESÍA/Geo Info
LOS INFRACTORES. Vista aérea de campamentos de minería pirata en el río Belén, límite de Colón con Veraguas. La foto fue tomada en diciembre pasado por el equipo de ‘Geo Info’.

Rafael E. Berrocal R.
Unidad de Investigación

rberrocal@prensa.com

La que ha sido considerada como la nueva fiebre del oro en el mundo, disparando los precios del metal a niveles récord, ha ocasionado en Panamá el resurgimiento de bandas organizadas de colombianos que se dedican a la extracción ilegal del metal dorado en ríos que se encuentran en zonas boscosas y apartadas del país.

A 905 dólares la onza en el mercado internacional, la piratería de oro ha cobrado fuerza.

Las autoridades panameñas saben del problema, pero su capacidad de acción sobre la minería clandestina es poca.

En abril pasado el Ministerio de Comercio e Industrias, la dirección de Migración y la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) intentaron hacer un operativo para desarticular los campamentos que hay en la orilla del río Caimito, en Colón, pero la Policía Nacional no confirmó su participación y la misión fue cancelada por falta de seguridad.

Los sitios de donde se está sacando oro de manera ilegal están identificados: los ríos Caimito y Belén, en Colón; y Tucutí, Balsas y Cupe, en Darién.

Informes del Consejo de Seguridad revelan que se trata de un negocio ilegal, controlado por los colombianos, el cual se mezcla con un problema de tráfico de drogas y armas.

En el área casi no hay población y menos presencia policial. El puesto policial más cercano a los ríos Belén y Caimito está en la población de Miguel de la Borda, a 180 kilómetros de distancia, y no tiene servicios de telecomunicación.

Llegar al lugar donde opera la minería pirata es complicado, y es necesario bordear la costa hasta la desembocadura de los ríos y luego se debe recorrer toda su orilla.

En diciembre del año pasado se tomaron nuevas fotos del área problemática, identificando varios campamentos de extracción de oro ilegal en el río Belén, confirmaron las autoridades.

“Hemos estado recibiendo múltiples denuncias sobre la extracción de oro de forma artesanal”, señaló Natalia Young, directora de Protección de la Calidad Ambiental de la Anam.

Los daños son drásticos: toda la vida animal en las aguas cercanas a los campamentos muere o desaparece. La actividad va acompañada de un problema de deforestación y destrucción de las riberas naturales de los ríos.

Los mineros piratas utilizan bombas de agua para destruir las orillas de los ríos en donde hay mayor posibilidad de que se concentren pequeñas partículas de oro provenientes de las montañas.

Para separar el oro de los otros minerales –según reportes de la Anam– los piratas aplican mercurio y cianuro de contrabando, lo que contamina las aguas de los ríos donde operan.

Partícula a partícula, el oro es acumulado para comercializarlo en el mercado negro. “Es sumamente difícil dar con los infractores ambientales. No hemos podido abrir los procesos administrativos correspondientes, pero sí hemos podido comprobar el daño ambiental que causa esta actividad ilegal”, agregó Young.

Indicó que todos los reportes han sido enviados a las instituciones que tienen que ver con el tema, a fin de establecer “una estrategia mucho más eficaz para controlar la actividad”.

La dirección regional de la Anam en Colón informó que en el último operativo que realizó, decomisó siete bombas de aguas utilizadas para la extracción ilegal de oro.

También se encontró parte del oro que había sido sacado de estos ríos, pero la Policía Nacional lo reportó como perdido “debido a que el bote donde era transportado se volcó”, informó la regional.

Empresas privadas que sobrevuelan el área, entre ellas Minera Petaquilla, han sido amenazadas por los mineros piratas de que sus helicópteros serán derribados.

UNA LUCHA PERDIDA

Los ambientalistas afirman que el daño que causan estos campamentos de mineros piratas es “terrible”, porque es una actividad a gran escala y no controlada, diferente a la que realizan algunos grupos de campesinos o indígenas en Azuero y otros lugares, quienes no utilizan mercurio.

Ariel Rodríguez, biólogo y activista ambiental, manifestó que la minería ilegal es tan nociva como la industrial.

“Contamina los ríos y quebradas. Contribuye a la deforestación, a la cacería ilegal y genera problemas sociales”, dijo Rodríguez.

Señaló que la lucha ambiental en Panamá está “casi perdida”, ya que la minería en general está descontrolada en el país, sin importar si es ilegal o no.

“Es un problema de inacción, acción y corrupción de parte de las autoridades. No hay ningún tipo de control, esto ya es anarquía”, comentó el ambientalista un tanto frustrado.

Mario Pineda, geólogo y ambientalista, también coincide con Rodríguez y sostiene que el impacto en la flora y la fauna de los lugares donde opera la minería ilegal es notable a simple vista por la devastación que deja.

Pero también el uso de mercurio y cianuro causa alta contaminación. Explicó que muchos de estos grupos utilizan la técnica de la sartén de metal, donde calientan el mercurio con el mineral para separar el oro de sus impurezas.

El mercurio no es tóxico al tacto, pero sí al evaporarse. Mientras que el cianuro es tóxico de cualquier forma.

“Es la misma técnica que tenían los españoles cuando llegaron a América”, sostuvo Pineda.

El ambientalista dijo estar informado de las amenazas de los mineros piratas contra la fuerza policial y personas de las comunidades del área.

“Antes del año 1990, la actividad era más controlada, pero ahora nadie se atreve a detenerlos”, comentó Pineda.

Otros casos

No es solo Panamá la que sufre la minería pirata impulsada por colombianos.

También en Venezuela se han reportado diferentes casos, pero a mayor escala, según reportes oficiales.

Incluso se han identificado campamentos de minería ilegal en los límites de concesiones legales para extraer oro.

Pero en el país bolivariano, el ejército se ha tomado el trabajo de combatir la minería ilegal ya que han encontrado resistencia armada de los grupos dedicados a esta actividad.

En lo que va de este año, la Agencia Bolivariana de Noticias reportó que las autoridades ha detenido a más de 600 mineros piratas, en su mayor parte extranjeros provenientes de Brasil, Colombia y Guyana.

El Ministerio de Gobierno y Justicia de Panamá informó que parte de las misiones que tendrá el nuevo Servicio Nacional Aeronaval será el combate a la minería ilegal a través de monitoreos aéreos y marítimos. La entidad se encuentra en formación y podría estar operando en octubre.

En Panamá, las áreas donde se reporta minería ilegal se ha comprobado también la actividad de narcotráfico y trasiego de armas, según información del Consejo de Seguridad.

Concesiones de extracción artesanal

La minería pirata o ilegal está diferenciada de la minería artesanal en Panamá, la cual sí es autorizada por el gobierno. Los grupos indígenas del país tienen la opción de mantener sus costumbres y vestimentas con acabados de oro.

Argollas, aretes y otros accesorios son confeccionados con el oro extraído mediante la llamada minería artesanal que realizan grupos indígenas como los kunas, Emberá Wounaan y los Ngöbe Buglé. Pero la minería artesanal también abre la puerta a grupos urbanos, pero tradicionales, como los santeños para la confección de los accesorios de oro del traje típico: la pollera.

El Código Minero, en sus artículos 17 y 273, regula la minería artesanal y establece los parámetros de cómo puede ser explotada.

En 2007 se otorgaron 10 permisos para el desarrollo de esta actividad en lugares específicos en la provincia de Darién, Azuero y Colón. La dirección de Recursos Minerales del Ministerio de Comercio e Industrias señaló que todas las concesiones dadas están ubicadas en comarcas indígenas.

La institución sostiene que cada permiso es monitoreado periódicamente para verificar que se cumplan las normas. Cada permiso solo tiene una vigencia de un año para evitar una explotación masiva o descontrolada en los ríos, algo que no han podido regular con los grupos extranjeros que se encuentran en el país.

Según el Mici, a estos grupos indígenas se les prohíbe utilizar mercurio y otros químicos para sacar el oro. “Ellos lo hacen mediante el sistema tradicional que utilizaron sus antepasados, a punta de batea (coladera), nada de químicos”, dijo un vocero de la institución.

GALERIA DE FOTOS DE MINERÍA INDUSTRIAL ILEGAL EN PETAQUILLA

Fuente de fotos:

MINERIA CERRO PETAQUILLA A CIELO ABIERTO EN CORREDOR BIOLOGICO

Fuerte San Fernando en Portobelo está abandonado

PATRIMONIO. EN PORTOBELO SE HAN LLEVADO PIEZAS HISTÓRICAS.

Fuerte, en el olvido

Cañones, balas, piezas de metal y partes de madera de carabelas españolas están en fincas privadas.

Hallar objetos valiosos, y no comunicarlo a las autoridades, es multado económicamente.

José Somarriba Hernández
jsomarriba@prensa.com

Parte superior del complejo de edificios del Fuerte San Fernando en PortobeloDESVALIJADOS. Las ruinas del fuerte San Fernando en Portobelo, en la provincia de Colón, han quedado en el abandono. Foto: Biodiversidadpanama. panoramio.com

El descuido de las autoridades del Instituto Nacional de Cultura (Inac) ha permitido que varias piezas arqueológicas de antiguas fortificaciones españolas, ubicadas en Portobelo, Colón, permanezcan en fincas privadas.

Uno de los sitios en que se encuentran tres cañones, presumiblemente del fuerte San Fernando, es una finca propiedad de Aurora Fierro Eleta, ubicada en la península frente a la bahía y el pueblo de Portobelo.

Este diario consultó a Fierro Eleta, quien dijo que Luis Duque, miembro de su empresa en Panamá, Grupo AFE Portobelo Bay, explicaría el asunto.

“Allí están, no hay nada oculto. Los sacamos de la tierra y los pueden ir a retirar. No avisamos antes porque teníamos otros trabajos que hacer”, dijo Duque .

En cuanto al hallazgo de otras piezas arqueológicas, indicó que si uno de los 70 trabajadores que tiene ha encontrado algo y se lo ha quedado, no lo puede evitar.

El caso anterior no es único. Balas de cañón, piezas de metal y partes de madera de carabelas españolas –sacadas de barcos hundidos en Nombre de Dios, Portobelo y en Isla Galeta– reposan en la casa de Nilda Vásquez, ex funcionaria del Inac en Portobelo.

Para el ex director de Patrimonio Histórico Carlos Fitzgerald, la pérdida del patrimonio en Portobelo no es nuevo. “Los primeros daños fueron causados entre 1910 y 1913, cuando los estadounidenses –al extraer piedras para construir el Canal de Panamá y el rompeolas de Colón– dinamitaron parte de la península y destruyeron el fuerte San Felipe que estaba en el lugar”, dijo.

Sobre el tema de los cañones en la finca de Fierro Eleta, Fitzgerald indicó que “chatarra no son, pero deben ser trasladados al Inac y hacerse una investigación para conocer de dónde provienen”.

Para Fitzgerald, no solo se trata de falta de recursos, sino que tampoco hay voluntad política para actuar.

Advierte que todos los esfuerzos se han enfocado hacia el Casco Antiguo en San Felipe y se han olvidado de otros componentes del patrimonio”.

La Ley 14 de 1982, modificada por la Ley 58 de 2003, establece multas de hasta 50 mil dólares para quienes realicen hallazgos arqueológicos –subacuáticos o terrestres– y no lo informen a la Dirección de Patrimonio Histórico.

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PORTOBELO.TRES CAÑONES Y OTROS OBJETOS PERMANECEN EN PROPIEDADES PRIVADAS.

De patrimonio a decoración

Pese a que hace ocho años se hallaron tres cañones en una finca, hasta el pasado lunes se avisó al Inac.

El ex director de Patrimonio Histórico, Carlos Fitzgerald, dijo que las piezas deben ser trasladadas.

LA PRENSA/David Mesa
HALLAZGO. Tres cañones fueron hallados en la finca de Aurora Fierro Eleta en Portobelo, provincia de Colón.

José Somarriba Hernández
jsomarriba@prensa.com

Los piratas con pata de palo, parche en el ojo y un loro sobre el hombro que saquearon las riquezas históricas hace 500 años, se esfumaron. En su lugar, apareció en escena la falta de atención de las autoridades que está poniendo en riesgo el patrimonio de Portobelo, provincia de Colón.

En una finca privada, ubicada en la península frente a la bahía y el pueblo, propiedad de Aurora Fierro Eleta, reposan tres cañones del fuerte San Fernando, localizado a un costado de ese lote. Están allí como adornos.

Según Virgilio Mojicas, empleado de Fierro Eleta, los cañones fueron encontrados hace ocho años, durante una excavación para construir un tanque séptico en la finca.

Tras la denuncia del profesor Aníbal Taymes, La Prensa acudió al lugar el pasado lunes 14 de enero.

LA CARTA

“En 2007 le enviamos una carta al Inac [Instituto Nacional de Cultura] para que se llevaran los cañones y hasta ahora no han respondido. Incluso, la señora pidió permiso para darle mantenimiento al fuerte y nada”, sostuvo Mojicas.

Sin embargo, el encargado de la oficina del Inac en Portobelo, Alberto Barrera, al ser consultado, negó haber recibido una nota. “Si la entregaron fue en Panamá, aquí no”, explicó.

Unos 45 minutos después de conversar con Barrera –y tras regresar a consultarle sobre otro tema–, éste dijo que había recibido una nota de Fierro Eleta. La carta tiene fecha de 12 de enero de 2008 y fue recibida en la oficina del Inac ese mismo lunes a las 10:00 a.m.

Se le preguntó a Barrera cómo llegó la nota, y dijo: “La trajo el chofer de la señora Aurora, el señor Mojicas”.

Ante la insistencia para consultarle sobre el tema ese día, la empresaria mandó a decir que hablaran con el representante de su empresa , Grupo AFE Portobelo Bay, Luis Duque.

Este último dijo que hasta ahora se remitía la carta porque “alguien fue por allá y los vio [los cañones], pero allí están, no hay nada oculto. Los sacamos de la tierra y los pueden ir a retirar, no avisamos antes porque teníamos otros trabajos que hacer”.

EL DESCUBRIMIENTO

En cuanto al hallazgo de otras piezas arqueológicas, Duque indicó que “si uno de sus 70 trabajadores ha encontrado algo, y se lo ha quedado, no lo puedo evitar”.

En la península en que está ubicada la finca hay tres fortificaciones españolas que datan de entre 1740 y 1800: el fuerte San Fernando, fuerte San Fernandito y Casa Fuerte de San Fernando.

Barrera reconoció que el área está “algo descuidada”, lo que atribuyó a lo extenso del conjunto histórico, al poco personal y al escuálido presupuesto con el que cuentan.

“De momento, estamos fumigando el fuerte [San Fernando], porque hay avispas que escarban los cimientos, los debilitan y se pueden caer. Dicha fortificación ocupaba parte de la playa y abarcaba toda la parte frontal de la propiedad de Fierro Eleta”, explicó.

OTRO CASO

Pero, el caso anterior no es el único que se ha registrado en la provincia de Colón. Balas de cañón, piezas de metal y partes de madera de carabelas españolas que fueron sacadas de un barco hundido en el sector de Nombre de Dios, otro en Portobelo y de Isla Galeta reposan en la casa de Nilda Vásquez, ex funcionaria del Inac, en Portobelo.

Consultada sobre este caso, Vásquez reconoció que posee varias piezas históricas, pero argumentó que el Inac no tiene ni el espacio ni el presupuesto para mantenerlas y que no tendría ningún problema en entregarlas a esa institución.

DATOS PARA RECORDAR

. 1753: Instalan batería del fuerte Santiago de la Gloria, tras el ataque de Edward Vernon, en 1739.

. 1760: Concluyó la construcción del fuerte San Fernando.

. 1980: Fortificaciones de Portobelo y el fuerte San Lorenzo, a la entrada del río Chagres, son declarados patrimonio histórico de la humanidad.

 

El faro de Punta Toro en Colón

En Punta Toro, un faro en el Canal

Los franceses construyeron tres faros de estructura metálica en América. Dos en Panamá (Isla Grande y Pointe le Taureau), y uno en Puerto Rico (Isla Mona).

José A. Jiménez M.

 
 
 

Tiene una cúpula que termina en un espadín tipo florete.

 

La estructura mide 39 metros.

El faro de Toro Point se ve allende el mar, como la Estatua de la Libertad, desde lejos. El nombre Toro Point lo pusieron los norteamericanos, pues dudo que los franceses, quienes construyeron el faro, le dieran un nombre anglosajón. Ellos lo nombraron “Pointe Le Taureau” mucho antes de la construcción del faro en 1894. Después, cuando entraron los estadounidenses y construyeron una base militar (1911) cerca de Pointe le Taureu y lo nombraron Fort Sherman, en honor al general de la Guerra Civil William Tecumseh Sherman.

Los franceses construyeron tres faros de estructura metálica en América. Dos en Panamá (Isla Grande y Pointe le Taureau), y uno en Puerto Rico (Isla Mona). Algo tuvo que ver el ingeniero Gustav Eiffel con estos cuando trabajó para el Canal Francés.

Se descontinuaron cuando fracasaron los franceses en Panamá. Cuando los norteamericanos tomaron las riendas del Canal, los construyeron todos de concreto.

Cuando supe que el faro en Pointe le Taureau seguía en pie fui a conocerlo. Al cruzar el otro lado de las esclusas de Gatún, se ve el faro más alto del Canal (27 m) y el más fotografiado. Lleva 86 años guiando barcos. Cuando llegamos a Sherman pregunté en la garita (llevan control de vehículos y personas) sobre la existencia de un faro antiguo, y el inspector (creo que de la Autoridad Nacional del Ambiente) me dio los santos y señas de cómo llegar. ¿Y aún funciona? le pregunté, “desde luego —dijo ufano—, si no se estrellan los barcos…”.

Es alto (39 m); más que el de Isla Grande. Sobresale como un gigante en la llanura de Sherman. Viste de blanco. Como un cadete de la Marina. Está montado sobre una base de piedra, en una lengua de tierra que toca al mar. Domina el Caribe. Los vientos lo miman y las tempestades lo embisten. Lleva 113 años aguardando, en la soledad, no solo a los buques, sino a los vientos, las lluvias, las marejadas y tempestades. Supe que durante las tempestades le toca duro, resistiendo con estoicismo desde 1894. Frente al faro los gringos tendieron rieles para transportar vagones repletos de piedras para el rompeolas de Colón. Toneladas de piedras pasaron frente al faro, y cuando desmontaron los rieles, el rompeolas se hizo su compañero.

El faro tiene una vista espectacular. El mar lame su orilla, los barcos esperan anclados fuera del rompeolas, las aves marinas la sobrevuelan serenas y un enorme mapache manglatero sale de los arbustos, pasa frente a mí y se interna en el manglar. Punta Toro es hermosa. Su faro aún más. Me recuerda mucho a la Torre Eiffel. Tiene una cúpula que termina en un espadín tipo florete sobre el torreón del faro que se asemeja a la catedral de San Basilio en Moscú. Es el pararrayos. Debió tener un hermoso lente tipo Fresnel (como el de Isla Grande) montado sobre sus complicados engranajes giratorios. Los goznes de sus puertas siguen aceitados. Tiene un balconcillo como de barco.

De noche cobra vida cuando enciende su luz cada 5 segundos, seguido de 25 segundos de apagón. Su plano focal, desde el nivel del mar hasta su luz, es de 41 m. El óxido es férreamente controlado por obreros canaleros. Lo acicalan y velan celosos su vestimenta. Lástima que sus hermanos no tuvieron la misma suerte (Isla Grande e Isla Mona). Viven en el abandono. Estos faros, Isla Grande y Toro Point, son nuestra herencia y legado. Son únicos.

¿Cómo llegar?

Este faro queda en Colón, a la entrada del Canal. Al llegar a Colón, diríjase hacia las esclusas de Gatún. Crúcelas y avance como si fuese al castillo de San Lorenzo. Llegará a una garita en la ex base de Sherman. Pregunte cómo llegar al faro. Lo encontrará muy fácil. Hay una marina, astillero y restaurante. El faro está en Punta Toro.

Si se anima

Puede caminar hasta el rompeolas y disfrutar el panorama que incluye Colón. La carretera que llega hasta el faro está en buenas condiciones.

El encanto de Portobelo, El Salto de los Monos

El encanto de Portobelo, El Salto de los Monos

De tres a cuatro horas, penetrando la selva (Parque Nacional de Portobelo) se encuentra la cascada más alta de la provincia de Colón, con 75 m de caída. ‘El Salto de los Monos’, el encanto de Portobelo.

Moisés Ortiz Mow

 
 
 

Chorro de color verde esmeralda.

 

El labrador ‘Rosco’ no desaprovechó el agua.

 

Un paisaje como de película de Tarzán.

Desde el corregimiento de Sabanitas, seis excursionistas, entre ellos un alemán, un italiano, un austríaco, una española y dos panameños, además de ‘Rosco’ (un perro labrador) llegamos al sector de Guanche en Portobelo, entre linternas, y caminamos unos tras otros hacia la cascada El Salto de los Monos, a eso de las 11:45 de la noche.

Tras una hora de camino, la primera acampada es en la ribera del río Guanche, junto a un árbol (bongo) que tiene más de 400 años, en los límites del parque.

Al asomarse el sol recogemos todo y continuamos con la jornada. Pasada más de una hora y media, la humedad de la selva se siente de tal manera que agobia. Hacemos un descanso y nos introducimos en el río para refrescarnos por espacio de 15 minutos; uno de los aventureros pregunta si se puede beber de esta agua y le contesté “por supuesto”. La calidad del agua del río es excelente, no tiene olor, es fresca y transparente. Se puede bucear sin que moleste los ojos.

Avanzamos, dejamos el río Guanche y caminamos al lado del río Dos Bocas. Observamos troncos de árboles inmensos, orquídeas y la belleza natural de la selva. A las 2:30 p.m. llegamos al segundo sitio de acampada; estamos bastante agotados. Decidimos visitar la cascada al siguiente día. Nos damos un buen baño en el chorro verde esmeralda, otra belleza natural que es una piscina profunda. La suerte nos acompaña y recibimos la visita de los monos aulladores, quienes observan nuestros movimientos y hacen alarde de su aullidos.

El italiano los imita, los monos se quedan callados por un momento y empiezan con su sonido. Saltan de una rama a otra y nos orinan. Estos primates son territoriales y así nos dejan claro que este es su sitio.

Al día siguiente nos dirigimos a visitar la cascada, recorrido que nos toma 40 minutos, y en nuestro avance, que es en parte por el río Quebrada de los Monos, contemplamos varios chorros preciosos, pozas de agua irresistibles para zambullirse. ‘Rosco’ el labrador se tira casi en todas. A la vez apreciamos escenas selváticas fabulosas como en las películas de Tarzán para inmortalizarlas con la cámara. Al llegar a la cascada nuestras cabezas se inclinan 70 grados por la altura; los aventureros agradecen estar allí. No es fácil ni tan difícil llegar, pero vale la pena. Es bella el agua que cae en los pozos, en los cuales se puede nadar o meterse tras de la cascada. El verde de la selva hace del Salto de los Monos un sitio especial.

¿Cómo llegar?

Desde el corregimiento de Sabanitas, en el supermercado Rey, se toma un bus o automóvil hasta el sector de Guanche. Le tomará alrededor de 30 a 35 minutos, pero lo mejor es contactar a los guías, en este caso el club EcoloAventuras Colón, que puede guiarle hacia la cascada.

Recomendaciones

1. No camine con jeans. Al mojarse incomodan o puede escaldarse. Lo mejor es usar pantalones ligeros que se puedan secar puestos y que sean largos.

2. Use botas o zapatillas con buenas suelas.

3. Lleve repelente para insectos, linternas, gorra o pañoleta