2 de febrero:Día Mundial de los Humedales

El año 2011, un año muy especial para la Convención de Ramsar

Ya estamos comenzando el año 2011, un año muy especial para la Convención de Ramsar. El 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales, celebraremos nuestro 40º aniversario como Convención. En la Secretaría de Ramsar esperamos que toda la familia de Ramsar una sus esfuerzos en la celebración de este día, pero nuestros deseos van aún más lejos: esperamos que todos juntos podamos impulsar una ola mundial de actividad durante todo el año.

En la Secretaría hemos estado trabajando intensamente para organizar las celebraciones y ofrecer materiales que les sirvan de ayuda para participar en las actividades de aniversario. Hemos creado un logotipo especial para el 40º aniversario; hemos preparado un folleto para el 40º aniversario sobre la Convención, su pasado, presente y futuro, que se distribuirá oficialmente el 2 de febrero; hemos planificado una celebración de aniversario especial con la comunidad internacional en la ciudad de Ramsar (Irán) en marzo, y en Ginebra (Suiza) en mayo; hemos escrito 12 mensajes fundamentales sobre Ramsar y los humedales para su difusión entre febrero 2011 a febrero 2012; y mucho más.

Por supuesto, nuestras celebraciones tendrán una repercusión muy limitada sin su ayuda. Nuestra Convención se compone de 160 Partes Contratantes. Mientras que una serie de países se han comprometido a realizar actividades especiales para el 40 aniversario, a nivel regional, nacional y local, el personal de la Secretaría de Ramsar viajará por todo el mundo para unirse a algunas de esas celebraciones, y quisiera invitar a quienes aún no hayan consolidado sus planes a que busquen el modo de realizar celebraciones de Ramsar y los humedales en 2011. ¿Cómo podría lograr que este año brindara una oportunidad para que los humedales y Ramsar tuvieran un papel central en su país?

Si quiere conocer los planes y materiales que ponemos a su disposición en la Secretaría, sírvase visitar la sección especial de nuestro sitio web dedicada al 40º aniversario en www.ramsar.org/40-Anniversary/. A este respecto, también encontrará una lista de las actividades que realizan gobiernos y organizaciones no gubernamentales de todo el mundo – si todavía no forma parte de esa lista, le proponemos que se una a esos países para lograr que el año 2011 sea un año de festejos para los humedales y Ramsar.

Con mis mejores deseos,

Anada Tiéga, Secretario General
Convención de Ramsar

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LEA ADEMÁS

Los servicios ambientales de los ecosistemas

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63 proyectos hidroeléctricos en la Provincia de Chiriquí

Hidroeléctricas

Ríos de Chiriquí con 63 proyectos

Ambientalistas alertan sobre la explotación, por la construcción de hidroeléctricas, de los ríos de Chiriquí. De los 63 proyectos, 17 ya se encuentran en obras.

Leonardo Flores
UNIDAD DE INVESTIGACIÓN

lflores@prensa.com

De acuerdo con un informe de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep), en los ríos de la provincia de Chiriquí se levantarán 63 proyectos hidroeléctricos. De ese total, 17 ya están en construcción, otros 11 están en la fase de diseño final, y los restantes 35 esperan su aprobación.

La cantidad de proyectos en solo cuatro cuencas de esa provincia –río Chiriquí Viejo, Chiriquí, Chico y Tabasará– generó la alarma de grupos ambientalistas y residentes de la zona.

Por ejemplo, en los próximos cuatro años el río Chiriquí Viejo –que nace en las faldas del volcán Barú y tiene una extensión de 161 kilómetros– tendrá sobre su cauce 24 proyectos hidroeléctricos. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) elaborado en 2008 determinó que el 98% del agua que corre por ese río fue concesionada para el uso de hidroeléctricas. Solo el 2% quedará libre para otros usos.

La sobreexplotación de los ríos ya comenzó a afectar el medio ambiente: contaminación de las aguas con restos de cemento, y la remoción de la capa vegetal, de arena y de piedra que provoca la erosión y la sedimentación, son algunos de los daños que ya se perciben, según grupos ambientalistas.

El hecho fue constatado en un viaje de dos días que realizó este diario por el área.

La Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), por su parte, no encontró reparos en aprobar los estudios de impacto ambiental de los proyectos.

En el río Chiriquí Viejo, el 98% de las aguas ha sido concesionadO para el uso de hidroeléctricas, según un estudio del BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO realizado en 2008

Hidroeléctricas: 63 proyectos en cuatro cuencas

Se estima que en la provincia de Chiriquí se realizarán 63 proyectos hidroeléctricos en los próximos años. 28 proyectos ya se están en construcción y diseño final. En algunas regiones ya se empiezan a sentir los efectos por la desviación de los cauces de los ríos a través de túneles o canales, la construcción de las represas y los sitios de embalse.

PROYECTO Prudencia. Los daños más evidentes son la remoción de capa vegetal y la tala de árboles. La erosión, sedimentación y contaminación de las aguas con cemento se nota corriente abajo. LA PRENSA/ Eric Batista

Leonardo Flores
UNIDAD DE INVESTIGACIÓN

lflores@prensa.com

A pesar de que la generación de energía hídrica es considerada como una de las producciones menos contaminantes, en la provincia de Chiriquí la sobreexplotación de los ríos por la construcción de hidroeléctricas comienza a generar efectos negativos en los ecosistemas, en la producción agrícola y en la calidad de vida de los habitantes.

Los problemas que está generando el auge hidroeléctrico son similares en los 17 lugares donde ya se empezaron a desviar los cauces de los ríos a través de túneles o canales, a construir represas y a preparar sitios de embalse.

Otros 11 proyectos se encuentran en la fase de diseño final.

Y aunque las consecuencias ya son significativas sobre las cuatros cuencas hidrográficas de la provincia de Chiriquí –que alimentan los ríos Chiriquí Viejo, Chico, Chiriquí y Tasabará–, otras 35 concesiones esperan el aval de la Autoridad Nacional de Ambiente (Anam) y de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep).

En total, serán 63 los proyectos que se instalarán en la provincia de Chiriquí en los próximos años.

El perjuicio por la construcción de los proyectos no solo se reduce al impacto ambiental que dejarán estas obras y su posterior funcionamiento. A futuro, tanto ambientalistas como moradores del área vislumbran una batalla por el uso del agua y el acceso a los ríos. Ya hay un precedente.

La ambientalista Yaritza Espinosa, de Colibrí-Asociación Ambientalista de Panamá, recordó que la empresa Saltos de Francoli –promotora del proyecto Los Planetas I– negó al Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales parte del uso del agua para la planta potabilizadora de Los Algarrobos, que provee de agua potable al distrito de David, la capital de la provincia de Chiriquí.

En Cerro Punta, los agricultores son los más preocupados por el uso del agua de los ríos. A Virgilio Saldaña, vocero de los productores, le inquieta el hecho de que las hidroeléctricas tengan en la zona de sus proyectos el derecho al uso del 90% del agua del río para incluir en su construcción, y solo tengan la obligación de dejar un 10% para otros usos.

Pero el problema no solo se limita al uso del agua, sino además a las riberas de los ríos: a raíz de la construcción de las infraestructuras para la generación de energía, familias enteras han tenido que abandonar sus viviendas, que han ocupado por generaciones. Además, se han registrado cambios en los patrones de subsistencia, como la caza y la pesca, por la tala y la inaccesibilidad a los ríos.

Una de las zonas más afectadas por estas construcciones es la cuenca del río Chiriquí Viejo. Sus cristalinas aguas, que nacen en las faldas del volcán Barú, se han convertido en las más codiciadas del país. No por la pureza y frescura del líquido, sino porque a lo largo de sus 161 kilómetros se instalarán cerca de 24 hidroeléctricas. En otras palabras: a lo largo del río habrá un proyecto cada 6.7 kilómetros.

La mayor preocupación, a pesar de los cambios en las costas, radica en el uso del agua. La mirada de los detractores de las obras, sobre todo los de Cerro Punta, está puesta en los resultados de un estudio realizado en octubre de 2008 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Anam.

En el informe se determinó que el 98% del agua que corre anualmente por el río Chiriquí Viejo fue concesionada para el uso de hidroeléctricas, y el otro 2% para uso agrícola, turístico, doméstico, industrial y de consumo humano, entre otros.

El resultado cayó como un balde de agua fría a los miembros de la Fundación para el Desarrollo Integral del Corregimiento del Cerro Punta (Fundiccep), que preside Ángel Aguirre Sánchez.

Los ambientalistas aseguran que se concedió el agua de los ríos a su máxima capacidad, sin considerar los otros usos y la demanda futura.

El organismo internacional, que pagó el estudio, también financió ciertos proyectos hidroeléctricos. Se trata de los proyectos de Pando y Monte Lirio, para los cuales el BID desembolsó en concepto de préstamo 40 millones de dólares.

Por otro lado, los miembros de Fundiccep denunciaron que el actual director de Gestión de Cuencas Hidrográficas de la Anam, Silvano Vergara, realizó –antes de asumir su cargo– estudios de impacto ambiental para proyectos hidroeléctricos. El funcionario negó cualquier conflicto de interés.

DAÑO ECOLÓGICO

Más allá de la lucha por el uso del agua, los efectos ambientales ya se notan en la zona. Eso se pudo constatar durante un viaje de dos días que realizó este diario (por aire y por tierra) por los diferentes proyectos que se ejecutan en la provincia de Chiriquí.

Para la construcción de la línea de trasmisión del Proyecto Hidroeléctrico Bajo Mina y Baitún, datos extraoficiales que logró recabar Fundiccep revelan que se han talado cerca de 2 mil 600 árboles. La cantidad de árboles cortados no se justifica para el tamaño de la torre donde será colocado el tendido eléctrico, aseguró la organización ambientalista.

La tala de estos árboles también ha tenido consecuencia directa sobre pequeños afluentes que abastecen de agua al río Chiriquí Viejo. Fundiceep mostró –con imágenes tomadas a lo largo de los años– cómo un ojo de agua se está secando debido a la poca retención de líquido por la pérdida de la cubierta vegetal.

“Aquí no se ha pensado en garantizar el agua para un sistema de riego o para el crecimiento demográfico, que está impactado por el aumento de los residentes extranjeros. No se pensó en una fuente alterna”, aseguró el ambientalista David Samudio, activista de Fundiccep.

El problema en este cauce se agrava por la contaminación de las aguas con restos de cemento que son vertidos al cauce del río durante la construcción de los muros de la represa y los túneles; la remoción de la capa vegetal, de arena y de piedra que provoca la erosión y la sedimentación.

DISPUTA LEGAL

Pero las acciones en contra de los proyectos hidroeléctricos no solo provienen de los grupos ambientalistas. Los residentes del área de Volcán denunciaron ante el Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción, que el funcionario de la oficina del Cuerpo de Bomberos de Bugaba que firmó el plano del proyecto Paso Ancho (ubicado entre Cerro Punta y Volcán) no tiene idoneidad.

Como prueba presentaron una certificación que expidió la Junta Técnica de Ingenieros y Arquitectos, el pasado 9 de marzo, en la que se hace constar que el señor Neri Saldaña, funcionario que firmó los planos, no está registrado en los libros de esa organización.

A pesar de los escritos enviados al BID por los ambientalistas y vecinos, y las quejas presentadas ante la Anam y la Asep, los proyectos que se construyen en el cauce del río Chiriquí Viejo continúan viento en popa.

PUEBLO PARTIDO EN DOS

Sitio Lázaro es un poblado ubicado a 20 kilómetros de David, en la ribera del río Chico. Hace dos meses quedó dividido en dos. La construcción de un canal que desvía el 90% de las aguas del río Chico a las turbinas del proyecto hidroeléctrico Pedregalito fracturó a la comunidad en la que residen cerca de 75 familias. Incluso, bloqueó el acueducto del pueblo.

Pero las consecuencias por la construcción de este proyecto no solo tienen efectos directos sobre el pueblo de Sitio Lázaro. Los caminos que eran paso obligado para llegar a la vía Interamericana de las comunidades de Varital y Mata Gorda fueron cerrados. Los pocos caminos que quedan abiertos son intransitables, debido al mal estado en que los dejaron los camiones y el equipo pesado que saca material del río para la obra.

El rosario de quejas que los moradores de estos lugares han presentado a las diferentes instituciones, entre ellas al Sistema Nacional de Protección Civil, no han tenido respuesta. La losa que protege las bases del puente sobre el río Chico, que fue reconstruida hace pocos meses, está quebrada. Los moradores lo atribuyen a las crecidas del río que han socavado alrededor de tres metros las columnas de ambos puentes, debido a las excavaciones realizadas aguas abajo, donde está el proyecto Pedregalito y Pedregalito II.

¿PLAGIO DE EIA?

Los estudios de impacto ambiental que se han presentado ante la Anam para varios proyectos, tienen sospechosas coincidencias. Y no solo en el aspecto técnico y ambiental, sino también en la descripción de los proyectos.

Este diario revisó cerca de 25 estudios y las consecuencias ambientales, así como la valorización de los efectos de las construcciones, eran prácticamente los mismos en varios documentos de diferentes proyectos.

Por ejemplo, en los documentos del estudio de impacto ambiental del proyecto final de la hidroeléctrica Pedregalito, se hace mención a los criterios del proyecto Hidroeléctrico Concepción, ubicado en otra área.

En los documentos también se puede comprobar que en el estudio de impacto ambiental del proyecto hidroeléctrico Pedregalito, se incluyeron datos sobre la entrega de becas a estudiantes de escuelas que estaban en Gualaca, una comunidad situada a 40 kilómetros del proyecto.

Una situación similar se presentó con el estudio de impacto ambiental del proyecto San Andrés II, que se proyecta construir sobre el río Gariché.

El dirigente comunitario y ambientalista Javier Grajales encontró que dicho estudio era similar al del proyecto hidroeléctrico de Gualaquita, en Gualaca, y el de Macho de Monte, en Bugaba.

Entre las “curiosidades” encontradas en los estudios está que pusieron la misma producción de energía del proyecto de Gualaquita, que es de 4 megavatios, en el estudio del proyecto Macho de Monte, cuando en realidad la producción de este último es de 10 megavatios.

Aunque los moradores manifestaron que no hay fiscalización de parte de la Anam, el director de Gestión Integrada de Cuencas Hidrográficas, Silvano Vergara, aseguró que “a todos los proyectos se les da seguimiento a través de la Dirección de Protección Ambiental”.

Vergara, el mismo que antes de ocupar un puesto en la Anam confeccionaba estudios ambientales para las empresas, aseguró que la utilización del agua para consumo humano es prioritaria, por lo que si en algún momento llega a faltar, los proyectos hidroeléctricos la deben ceder.

Detrás de los daños ecológicos, las prioridades energéticas del país y la sobreexplotación de los ríos más importantes de Chiriquí se esconde una historia de contratos directos, política y escasos controles.

¿Quiénes son los dueños de los proyectos? ¿Cuánto pagaron por el derecho de llave? Dicho de otro modo: ¿quiénes son los dueños del agua?

Auditarán proyectos hidroeléctricos

Leonardo Flores
Unidad de Investigación

lflores@prensa.com

El administrador de la Autoridad Nacional del Ambiente, Javier Arias, anunció ayer que realizará una auditoría a los proyectos hidroeléctricos de Chiriquí para determinar si están cumpliendo con el plan de manejo ambiental. El anuncio se da en medio de la petición de ambientalistas para que se realice un estudio acumulativo para conocer el efecto de todos los proyectos.

POLÉMICA POR LA SOBREEXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS HíDRICOS EN LA PROVINCIA DE CHIRIQUÍ

Exigen estudio acumulativo

La Autoridad Nacional del Ambiente aprobó, a partir de 2006, los estudios de impacto ambiental de los proyectos hidroeléctricos sin contar con un estudio acumulativo de todos los proyectos. El administrador de esa institución, Javier Arias, confirmó que la entidad que preside hará una revisión de todos los proyectos hidroeléctricos aprobados.

Proyecto Bajo de Mina. La tala de árboles y la remoción de piedra y arena son algunos de los daños causados al medio ambiente. LA PRENSA/ Eric Batista

Leonardo Flores
Unidad de Investigación

lflores@prensa.com

La construcción de los proyectos hidroeléctricos en la provincia de Chiriquí marcha viento en popa. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta cuáles serán los efectos negativos, a nivel macro, que causarán estos proyectos sobre los ríos de la región.

La razón: no existe un estudio de impacto ambiental acumulativo que determine el daño ecológico de todos los proyectos sobre las cuatro cuencas hidrográficas de la provincia de Chiriquí. Por el momento solo se mide el impacto ambiental que causará individualmente cada proyecto, en determinada área. Pero aún, por ejemplo, se desconoce cuál será el daño acumulativo sobre el río Chiriquí Viejo si se llegaran a concretar los 24 proyectos destinados a esa zona.

En total son 63 los proyectos hidroeléctricos que se pretenden construir en la provincia de Chiriquí, de los cuales 17 ya están en construcción y otros 11, en la etapa de diseño final. El resto –35– espera el visto bueno de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep) y de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).

La falta de un estudio integral que establezca los efectos en materia ambiental de las construcciones en la región se convirtió en uno de los reclamos de los grupos ambientalistas.

Para la directora ejecutiva de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), Alida Spadafora, “es evidente que no ha existido una planificación regional” para los proyectos hidroeléctricos que se han aprobados y los que están en trámite para ser construidos en Chiriquí. Además –añadió– cada proyecto ha sido evaluado de forma aislada sin considerar los impactos acumulativos que se registrarán sobre la zona.

“Ancon apoya y promueve las energías renovables. Sin embargo, cuestionamos el hecho de que se abuse del ambiente, de la gente y de la propia capacidad de las cuencas”, dijo.

Durante sus investigaciones, los miembros de Ancon también identificaron algunas “coincidencias” en la redacción de los estudios de impacto ambiental de distintos proyectos, tal cual lo denunciaron algunos habitantes de Chiriquí.

Por su parte, la directora ejecutiva del Centro de Incidencia Ambiental (Ciam), Raisa Banfield, también cuestionó que no haya una planificación y gestión del recurso, lo que está llevando –según su opinión– al colapso de los ríos más importantes del oriente del país bajo la falsa ilusión de una generación energética más barata.

“Falsa, porque esta [la energía más barata] no será posible mientras la referencia para el establecimiento de los precios sea la generación térmica”, dijo.

Según Banfield, la generación de energía hídrica y de termoeléctricas, entre los proyectos aprobados y en construcción, alcanzará los3 mil 521 megavatios, el triple de lo que actualmente consume el país.

“¿Toda esta generación está planificada para qué tiempo? ¿Para quiénes? ¿A qué ritmo de crecimiento estimado? ¿Existen evaluaciones ambientales estratégicas como lo determina la ley, para ver el impacto sumado de cada uno de los proyectos que se desarrollan?”, se preguntó Banfield.

Estas son los mismas interrogantes que se plantearon grupos ambientalistas del área de Cerro Punta, quienes ya han empezado a sentir los efectos negativos por las construcciones que se levantan en los ríos de la zona.

REALIZARÁN AUDITORÍA

El administrador de la Anam, Javier Arias, anunció ayer que hará una auditoría de todos los proyectos hidroeléctricos que se construyen en la provincia de Chiriquí para determinar si están cumpliendo con el plan de manejo ambiental.

Para ello, informó que aumentará el personal que se encarga de hacer las auditorías ambientales, para lo que solicitó un crédito extraordinario al Ministerio de Economía y Finanzas.

Según Arias, el problema es que “ no existe una base de datos para poder establecer, de acuerdo al impacto ambiental acumulativo, qué proyectos deben ser o no aprobados”.

“Estamos lanzando una licitación para hacer un estudio hidrológico sobre el nivel de las cuencas y hasta dónde se pueden sostener”, agregó el funcionario.

En tanto, el director de Gestión Integrada de Cuencas Hidrográficas de la Anam, Silvano Vergara, anunció que ya no se aprobarán más proyectos hidroeléctricos sobre cuenca del río Chiriquí Viejo.

ASEP DEFIENDE HIDROELÉCTRICAS

El administrador de la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep), Denis Moreno, salió ayer en defensa de los proyectos hidroeléctricos que se construyen en el país. Según Moreno, dichos proyectos respetan a las comunidades, al medio ambiente y generan empleos desde su construcción hasta su fase final.

“Esta actividad se traduce en crecimiento económico, tanto en las zonas donde se construyen las hidroeléctricas como en las ciudades donde se levantan centros comerciales que requieren de energía, como la que requerirá el Metro, sistema de transporte masivo que mejorará la vida de todos los panameños”, detalló el funcionario mediante un comunicado de prensa.

Las declaraciones de Moreno se dan como respuesta a las críticas de grupos ambientalistas y habitantes de Chiriquí a raíz de la gran cantidad de proyectos que se aprobaron en esa provincia y que están afectando al medio ambiente.

Frente a las quejas por el uso del 90% de las aguas de los ríos para los proyectos hidroeléctricos y el 10% restante para otros fines, Moreno aclaró que la prioridad la tiene el uso del agua destinada para consumo humano.

A nivel nacional existen 19 proyectos hidroeléctricos en construcción, 14 en diseño final y 52 en trámite, según la Asep.

ONU advierte por destrucción de especies y ecosistemas

ONU advierte por destrucción de especies y ecosistemas

Redacción/ BBC Mundo

Arrecife de coral

La ONU culpó a los políticos por no defender recursos vitales que ofrece la naturaleza.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) emitió una advertencia de que los humanos están poniendo en peligro su propio futuro al permitir la destrucción de otras especies y de ecosistemas.

En un informe, la ONU culpó a los políticos por no poner un valor adecuado a los vitales recursos que la naturaleza ofrece de forma gratuita.

Por ejemplo, los investigadores aseguraron que los gobiernos suelen subsidiar actividades como la cría de camarones, una actividad que destruye manglares, zonas que ofrecen a las personas una protección natural contra las tormentas.

En el estudio sobre las perspectivas de biodiversidad mundial de Naciones Unidas se advierte de que se podrían estar perdiendo especies a un ritmo miles de veces más veloz que la tasa natural.

Colapso irreversible

En la cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992, los países habían acordado reducir para 2010 la tasa de extinción de plantas y criaturas.

Pero fallaron, y el informe divulgado este sábado es parte de un intento de la ONU para que los gobiernos piensen más acerca de lo que la naturaleza brinda, explica Roger Harrabin, analista de medio ambiente de la BBC.

Naciones Unidas asegura que si los gobiernos no encuentran una manera de valorar -lo que ellos denominan- servicios de ecosistemas, se podría estar frente al colapso irreversible de valiosos humedales, bosques tropicales y arrecifes de coral.

Y eso, se asegura, dejaría a los seres humanos más pobres, explica Harrabin.

Hidroeléctricas destruyen la naturaleza

Es evidente que la Ley General de Ambiente está siendo violada, ya que la normativa anexa a esta ley establece la obligatoriedad de desarrollar una Evaluación Ambiental Estratégica de las políticas y planes macros de desarrollo.  Es evidente que en el tema de energía no existe una politica debidamente aprobada y con el visto bueno de la sociedad civil, ya que tenemos gobiernos autoritarios que no están interesados en cogobernar con la sociedad en la toma de decisiones que nos afecta a todos.

Mientras se siga permitiendo que tecnócratas con intereses creados decidan desde un escritorio lo que se tiene que hacer en el país con los recursos de todos los panamenos estamos cayendo en irresponsabilidad ciudadana.

En el caso de los chiricanos, simplemente se les ha ignorado a conveniencia de los intereses que almuerzan y cenan juntos en la ciudad de Panamá mientras destruyen importantes ríos como el Chiriquí Viejo, Piedras, David, Changuinola, Bonyic y decenas de otros ríos.

Burica Press

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Energía hídrica

Hidroeléctricas retan a la naturaleza

Ambientalistas chiricanos acusan a las autoridades del avance de proyectos sin importarles las afectaciones.

ENERGÍA. En Chiriquí se construyen 15 proyectos hidroeléctricos que entrarán a competir en el mercado, con el objetivo de abaratar la tarifa de energía a la población. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Sandra Alicia Rivera

sandra alicia rivera
dolega, chiriquí

nacionales@prensa.com

La construcción de hidroeléctricas en el distrito de Dolega afecta los acueductos y potabilizadoras del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), situación que a la larga tendrá efectos negativos en toda la población.

Y la situación se agrava aun más si se toma en cuenta que las autoridades competentes en la ciudad de Panamá otorgan los permisos para construir hidroeléctricas con desconocimiento, sin inspeccionar las áreas y sin consultar a las autoridades locales.

Aunado a la anterior situación, existe un pueblo dormido que no despierta ante los atropellos que cometen las multinacionales en Chiriquí.

Raquel Coba de Boyd, ambientalista de la Asociación Colibrí, dijo que están preocupados porque no solo la hidroeléctrica en el río Cochea perjudica los acueductos y las potabilizadoras, sino también la de Los Anastacios.

En el río Cochea, donde se construye una hidroeléctrica, se encuentra una potabilizadora que provee de agua potable a toda la parte baja de los distritos de Dolega y David, así como el corregimiento de Los Algarrobos.

Coba de Boyd explicó que en la parte media alta del río, los fuertes aguaceros provocan desastres naturales, y que ahora con la construcción de hidroeléctricas la situación será peor.

Los ambientalistas solicitaron al alcalde de Dolega, Lino Pittí, que haga una convocatoria distrital y provincial para que sea el pueblo chiricano el que decida qué hacer con sus aguas. Lo que no se puede permitir es que cada gobierno que llega al poder permita el abuso de los recursos naturales.

Por su parte, el alcalde Lino Pittí se comprometió a conversar con las empresas que construyen hidroeléctricas para tratar de que si se desarrolla el proyecto, tengan toda la documentación en regla; es decir, la aprobación de la Autoridad Nacional de Ambiente (Anam) y de la Autoridad de los Servicios Públicos, así como cumplir con la consulta pública que establece la ley.

“Entendemos la preocupación de los ambientalistas, por lo que vamos a estar pendientes de las afectaciones en bosques, árboles y del recurso agua, aunque ellos pueden interponer un recurso en contra de la empresa, en caso de que exista un abuso al ambiente”, agregó Pittí.

La Prensa intentó conocer la versión del director regional del Idaan, Zenón González, pero este funcionario comunicó que tienen restricciones para ofrecer entrevistas a los medios de comunicación.

En la provincia de Chiriquí operan tres hidroeléctricas y existen 15 en construcción. En 2007 existían 42 estudios de impacto ambiental aprobados por la Anam a empresas interesadas en entrar al mercado energético. Los ambientalistas han denunciado que los proyectos se construyen a costa de la destrucción de la naturaleza.

Home, la nueva película ambiental

Home, la nueva película ambiental

Burica Press – Ecología

“En doscientos mil anos (200.000) la humanidad sobre la tierra ha producido un desbalance en el planeta que tiene una evolución de cuatro mil millones de evolución.  El precio a pagar es alto… la humanidad tiene escasamente 10 anos para revertir esta tendencia,y debemos estar conscientes de la completa extensión de esta expoliación de las riquezas de la Tierra y los patrones de consumo”, es la posición de los guionistas de  la  película HOME liberada la semana pasada en Europa.

El 5 de junio de 2009, el Día Mundial de Medio Ambiente fue escogida como la fecha simbólica para la presentación simultánea a nivel mundial de la película Home, dirigida por Yann Arthus-Bertrand.

Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen que sólo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de agotar los recursos naturales y impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.

Según el director Yann Arthus-Bertrand “cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo para sensibilizar al mayor número de personas sobre este problema global y por eso es que fue realizada esta película”.

Esta película tiene como objetivo ser ampliamente difundida y su distribución será gratuita, para ello se logró el financiamiento de un mecenas, el grupo PPR. Europacorp empresa que la distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio de HOME porque la película no ha realizado con ningún interés comercial.

De acuerdo al ecologista panameno Ariel Rodríguez, la película es excepcionalmente buena tanto en calidad fílmica como en calidad científica. “Es realista, directa y socialmente responsable” argumentó.

“Todos tenemos la solución, qué esperamos?” es  una gran pregunta que hace la película en su corolario.

Hacen declaratoria del día nacional de los bosques urbanos de Panamá

DECLARATORIA

DIA NACIONAL DE LOS BOSQUES URBANOS

Las áreas verdes y los ecosistemas de bosques asociados a espacios urbanos tienen como objetivo sensibilizar, concienciar y promover el cambio de hábitos entre la población que  permita mejorar la relación que ahora existe entre la sociedad y la naturaleza.

La Ciudad de Panamá es una de las áreas metropolitanas de América Latina que ha llegado al siglo XXI con bosques densos en el entorno urbano, siendo esta condición ecológica uno de los principales legados naturales y de ordenamiento territorial heredado a las generaciones actuales y que se hace imperioso conservarlos, al igual que se hace urgente restaurar ecológicamente los bosques perdidos en las principales ciudades del interior del país.

La función de las áreas verdes urbanas no sólo tiene como fines la recreación o el esparcimiento, sino que debemos verlos dentro del marco de los servicios ambientales que ofrecen a nuestras ciudades. Los bosques urbanos que siguen cayendo bajo las palas de los tractores y taladores deben ser vistos más allá de sus valores estéticos y recreativos.  Deben ser siempre visualizados y usufructuados como un patrimonio dinámico que mejora la calidad de vida de los habitantes de una ciudad.

Las áreas verdes públicas representan espacios de integración de la interacción social, con la recreación, el esparcimiento y la cultura ambiental que fomentan el respeto y la unión del ser humano urbano con la madre naturaleza.

Bien es sabido el aporte de los bosques urbanos a mejorar el microclima y la higiene ambiental de los centros urbanos.  Los bosques urbanos son grandes captadores de contaminantes atmosféricos y protegen los recursos hídricos, como ningún otro elemento, que nacen en sus entrañas. Los bosques urbanos ayudan a disminuir la temperatura del calor que producen las aglomeraciones urbanas, fomentan la circulación del aire, filtran y retienen las partículas diversas que el entorno urbano produce, pero sobre todo estos bosques nos dan oxígeno para seguir vivos y su vez nos protege la diversidad biológica que nos hace recordar que el planeta tierra no existe sólo para el hombre, sino para todas las criaturas y formas de vida que merecen nuestro respeto y cuidado.

Los bosques urbanos de las ciudades de Panamá, Colón, Arraiján entre otras son elementos del paisaje urbano indispensables para mantener la fauna y la flora que nos acompañan en el entorno urbano. Son áreas de cobijo, alimentación, refugio, anidamiento de especies nativas y migratorias.

Es innegable e imperioso proteger las áreas verdes y bosques que tienen nuestras ciudades para garantizar una buena calidad de vida y por las funciones ecológicas que desempeñan. La OMS recomienda 12.5 metros cuadrados de áreas verdes por habitante dentro de las ciudades.

Existen demandas en la Corte Suprema presentadas por los residentes de la Ciudad de Panamá que protegen estos bosques y áreas verdes ya que cada día se acrecienta el peligro de perder estas maravillas naturales.

Las ventas de estas tierras y el desarrollo de proyectos de construcción y expansión están acabando con estos bosques urbanos que le dan aspecto de ciudad jardín a nuestra capital. Cientos de hectáreas de bosques urbanos en la ciudad de Colón, Panamá, Arraiján han desaparecido en 15 años de malas decisiones y poco hemos podido hacer. Necesitamos acciones ciudadanas más efectivas para proteger nuestros bosques urbanos y para restaurarlos donde ya han sido eliminados, tanto en el área canalera como en el interior del país.

Por eso es que hoy declaramos este día 23 de marzo como el DIA NACIONAL DE LOS BOSQUES URBANOS para que todos los años evaluemos cuánto hemos avanzado o retrocedido en la conservación y rescate de los bosques urbanos de nuestro país.

Así sea.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos de la Universidad de Panamá (CEREB)

Centro  de Incidencia Ambiental (CIAM)

Alianza para la Conservación y el Desarrollo (ACD)


Dado en el Anfiteatro de Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, Ciudad de Panamá el día

23 de marzo de 2009

Baje el documento original de la declaratoria aquí: declaratoria-del-dia-nacional-bosques-urbanos1

Selvas un nuevo símbolo del debate sobre los bosques lluviosos (Inglés)

New Jungles Prompt a Debate on Rain Forests

Tito Herrera for The New York Times

NEW GROWTH Marta Ortega de Wing once raised pigs in Chilibre, Panama, on land now reverting to nature, a trend dimming the view of primeval forests as sacred.

Published: January 29, 2009

CHILIBRE, Panama — The land where Marta Ortega de Wing raised hundreds of pigs until 10 years ago is being overtaken by galloping jungle — palms, lizards and ants.

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The New York Times

Jungle is developing again on old holdings around Chilibre.

Instead of farming, she now shops at the supermarket and her grown children and grandchildren live in places like Panama City and New York.

Here, and in other tropical countries around the world, small holdings like Ms. Ortega de Wing’s — and much larger swaths of farmland — are reverting to nature, as people abandon their land and move to the cities in search of better livings.

These new “secondary” forests are emerging in Latin America, Asia and other tropical regions at such a fast pace that the trend has set off a serious debate about whether saving primeval rain forest — an iconic environmental cause — may be less urgent than once thought. By one estimate, for every acre of rain forest cut down each year, more than 50 acres of new forest are growing in the tropics on land that was once farmed, logged or ravaged by natural disaster.

“There is far more forest here than there was 30 years ago,” said Ms. Ortega de Wing, 64, who remembers fields of mango trees and banana plants.

The new forests, the scientists argue, could blunt the effects of rain forest destruction by absorbing carbon dioxide, the leading heat-trapping gas linked to global warming, one crucial role that rain forests play. They could also, to a lesser extent, provide habitat for endangered species.

The idea has stirred outrage among environmentalists who believe that vigorous efforts to protect native rain forest should remain a top priority. But the notion has gained currency in mainstream organizations like the Smithsonian Institution and the United Nations, which in 2005 concluded that new forests were “increasing dramatically” and “undervalued” for their environmental benefits. The United Nations is undertaking the first global catalog of the new forests, which vary greatly in their stage of growth.

“Biologists were ignoring these huge population trends and acting as if only original forest has conservation value, and that’s just wrong,” said Joe Wright, a senior scientist at the Smithsonian Tropical Research Institute here, who set off a firestorm two years ago by suggesting that the new forests could substantially compensate for rain forest destruction.

“Is this a real rain forest?” Dr. Wright asked, walking the land of a former American cacao plantation that was abandoned about 50 years ago, and pointing to fig trees and vast webs of community spiders and howler monkeys.

“A botanist can look at the trees here and know this is regrowth,” he said. “But the temperature and humidity are right. Look at the number of birds! It works. This is a suitable habitat.”

Dr. Wright and others say the overzealous protection of rain forests not only prevents poor local people from profiting from the rain forests on their land but also robs financing and attention from other approaches to fighting global warming, like eliminating coal plants.

But other scientists, including some of Dr. Wright’s closest colleagues, disagree, saying that forceful protection of rain forests is especially important in the face of threats from industrialized farming and logging.

The issue has also set off a debate over the true definition of a rain forest. How do old forests compare with new ones in their environmental value? Is every rain forest sacred?

“Yes, there are forests growing back, but not all forests are equal,” said Bill Laurance, another senior scientist at the Smithsonian, who has worked extensively in the Amazon.

He scoffed as he viewed Ms. Ortega de Wing’s overgrown land: “This is a caricature of a rain forest!” he said. “There’s no canopy, there’s too much light, there are only a few species. There is a lot of change all around here whittling away at the forest, from highways to development.”

While new forests may absorb carbon emissions, he says, they are unlikely to save most endangered rain-forest species, which have no way to reach them.

Everyone, including Dr. Wright, agrees that large-scale rain-forest destruction in the Amazon or Indonesia should be limited or managed. Rain forests are the world’s great carbon sinks, absorbing the emissions that humans send into the atmosphere, and providing havens for biodiversity.

At issue is how to tally the costs and benefits of forests, at a time when increasing attention is being paid to global climate management and carbon accounting.

Just last month, at climate talks held by the United Nations in Poznan, Poland, the world’s environment ministers agreed to a new program through which developing countries will be rewarded for preventing deforestation. But little is known about the new forests — some of them have never even been mapped — and they were not factored into the equation at the meetings.

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Tito Herrera for The New York Times

FADING WAYS Gumercinto Vásquez said it was hard to find work in Chilibre because so many farms had been abandoned.

Dr. Wright and other scientists say they should be. About 38 million acres of original rain forest are being cut down every year, but in 2005, according to the most recent “State of the World’s Forests Report” by the United Nations Food and Agriculture Organization, there were an estimated 2.1 billion acres of potential replacement forest growing in the tropics — an area almost as large as the United States. The new forest included secondary forest on former farmland and so-called degraded forest, land that has been partly logged or destroyed by natural disasters like fires and then left to nature. In Panama by the 1990s, the last decade for which data is available, the rain forest is being destroyed at a rate of 1.3 percent each year. The area of secondary forest is increasing by more than 4 percent yearly, Dr. Wright estimates.

With the heat and rainfall in tropical Panama, new growth is remarkably fast. Within 15 years, abandoned land can contain trees more than 100 feet high. Within 20, a thick rain-forest canopy forms again. Here in the lush, misty hills, it is easy to see rain-forest destruction as part of a centuries-old cycle of human civilization and wilderness, in which each in turn is cleared and replaced by the other. The Mayans first cleared lands here that are now dense forest. The area around Gamboa, cleared when the Panama Canal was built, now looks to the untrained eye like the wildest of jungles.

But Dr. Laurance says that is a dangerous lens through which to view the modern world, where the forces that are destroying rain forest operate on a scale previously unknown.

Now the rain forest is being felled by “industrial forestry, agriculture, the oil and gas industry — and it’s globalized, where every stick of timber is being cut in Congo is sent to China and one bulldozer does a lot more damage than 1,000 farmers with machetes,” he said.

Globally, one-fifth of the world’s carbon emissions come from the destruction of rain forests, scientists say. It is unknown how much of that is being canceled out by forest that is in the process of regrowth. It is a crucial but scientifically controversial question, the answer to which may depend on where and when the forests are growing.

Although the United Nations’ report noted the enormous increase of secondary forests, it is unclear how to describe or define them. The 2.1 billion acres of secondary forests includes a mishmash of land that has the potential to grow into a vibrant faux rain forest and land that may never become more than a biologically shallow tangle of trees and weeds.

“Our knowledge of these forests is still rather limited,” said Wulf Killmann, director of forestry products and industry at the United Nations agriculture organization. The agency is in the early phases of a global assessment of the scope of secondary forest, which will be ready in 2011.

The Smithsonian, hoping to answer such questions, is just starting to study a large plot of newly abandoned farmland in central Panama to learn about the regeneration of forests there.

Regenerated forests in the tropics appear to be especially good at absorbing emissions of carbon, but that ability is based on location and rate of growth. A field abandoned in New York in 1900 will have trees shorter than those growing on a field here that was abandoned just 20 years ago.

For many biologists, a far bigger concern is whether new forests can support the riot of plant and animal species associated with rain forests. Part of the problem is that abandoned farmland is often distant from native rain forest. How does it help Amazonian species threatened by rain-forest destruction in Brazil if secondary forests grow on the outskirts of Panama City?

Dr. Wright — an internationally respected scientist — said he knew he was stirring up controversy when he suggested to a conference of tropical biologists that rain forests might not be so bad off. Having lived in Panama for 25 years, he is convinced that scientific assessments of the rain forests’ future were not taking into account the effects of population and migration trends that are obvious on the ground.

In Latin America and Asia, birthrates have dropped drastically; most people have two or three children. New jobs tied to global industry, as well as improved transportation, are luring a rural population to fast-growing cities. Better farming techniques and access to seed and fertilizer mean that marginal lands are no longer farmed because it takes fewer farmers to feed a growing population.

Gumercinto Vásquez, a stooped casual laborer who was weeding a field in Chilibre in the blistering sun, said it had become hard for him to find work because so many farms had been abandoned.

“Very few people around here are farming these days,” he said.

Dr. Wright, looking at a new forest, sees possibility. He says new research suggests that 40 to 90 percent of rain-forest species can survive in new forest.

Dr. Laurance focuses on what will be missing, ticking off species like jaguars, tapirs and a variety of birds and invertebrates.

While he concedes that a regrown forest may absorb some carbon, he insists, “This is not the rich ecosystem of a rain forest.”

Still, the fate of secondary forests lies not just in biology. A global recession could erase jobs in cities, driving residents back to the land.

“Those are questions for economists and politicians, not us,” Dr. Wright said.

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