Historia de la colonización y los pueblos indígenas de Bocas del Toro

III. Descubrimiento de la región (sic)

[Historia de la colonización y los pueblos indígenas de Bocas del Toro]

José Manuel Reverte*
Academia Panameña de Historia

Los primeros europeos que se acercaron a la región bocatoreña fueron los que formaron la expedición de descubrimiento del IV Viaje del Almirante D. Cristóbal Colón.

Los documentos básicos que confirman este hecho son: “La Carta de Jamaica”, escrita por Cristóbal Colón el 7 de julio de 1503 y cuyo original se encuentra en la Biblioteca del Real Palacio de Madrid (10), la “Relación hecha por Diego de Porras, del viage e de la tierra agora nuevamente descubierta por el Almirante D. Cristó­bal Colón” cuyo original se encuentra en España en el Archivo Ge­neral de Simancas, Sección de Autógrafos (11).

Otro documento básico es la “Vida del Almirante D. Cristóbal Colón, escrita por su hijo D. Hernando” (12).

Los relatos de Pedro Mártir de Anglería, del Cura de los Pa­lacios Andrés Benáldez, López de Gomara, Gonzalo Fernández de Oviedo, Fray Bartolomé de Las Casas y los de Herrera y Tordesillas se basan o en los relatos de la época o en los documentos originales, pero son relatos de segunda o tercera mano.

En el Archivo General de Indias de Sevilla se encuentran tam­bién numerosas Cédulas Reales y Cartas que se refieren a este IV Viaje de Cristóbal Colón.

Tales son las fuentes para esta parte de nuestro estudio.

Partió Cristóbal Colón del Puerto de Cádiz el 11 de mayo de 1502 con cuatro embarcaciones: dos Carabelas, “Capitana” y “San­tiago de Palos” y dos navios, “Gallego” y Vizcaíno”. Le acompaña­ban su hijo Don Fernando (Hernando Colón), y su hermano D. Bar­tolomé Colón. Era piloto mayor del convoy, Juan Sánchez y por capitanes le acompañaban: Diego Tristán, Francisco de Porras, Pe­dro de Terreros y Bartolomé de Fiesco. Un médico atendía a los expedicionarios, el maestre Bernal y un sacerdote, Fray Alejandre.

Después de diversas peripecias en La Española y en Cuba, atra­vesaron los descubridores el Mar Caribe y tocaron en la Isla de Gua-naxa el 13 probablemente, de agosto de 1502, y al día siguiente, 14 de agosto de 1502, tocaron por primera vez el Continente en Punta Caxinas.

Como dato de interés para nuestro estudio, mencionaremos el hecho relatado por Diego de Porras y Hernando Colón de que al mismo tiempo que llegaban los españoles a Guanaxas, llegaba también una “canoa de mercaderías”, observando que el producto usado como moneda era el grano de cacao. Esta canoa era “tan luenga como una galera, y de ocho pies de ancho”. El tamaño era notable como se puede apreciar por esta frase. Y tenía que ser efectivamente grande pues iban en ella hasta 25 hombres, con sus mujeres y niños. La citada canoa venía cargada de mercaderías de Occidente, esteras de palma o petates, mantas de algodón pintadas de diversos colores y labores, “camisetas sin mangas, pintadas y la­bradas” y “almaizares con que cubren los hombres sus vergüenzas” (13), espadas de palo acanaladas, navajas de pedernal pegadas con pez e hilo, hachuelas de cobre para cortar leña, cascabeles, patenas, crisoles para fundir el cobre y muchos granos de cacao como mo­neda. Los alimentos que llevaban para la travesía eran: pan de maíz, raíces comestibles (camotes) y vino de maíz.

Todo parece indicar que era común por aquel entonces el tráfico de mercancías por el litoral caribe de Norte a Sur y de Sur a Norte. Los indios hallados por Colón en la canoa, venían de Méjico o Yu­catán e iban hacia el Sur a llevar sus mercancías y cambiarlas a los indios de la costa, quizás hasta Zorobaró, por objetos de oro con los que regresaban a su lugar de origen.

Después de tomar posesión en nombre de los Reyes Católicos, de toda la región, continuó Colón su viaje hacia Levante, costeando y descubriendo.

Nuestro interés se concentra a partir del día 5 de octubre, fecha en la que Colón zarpa de Cariay y al día siguiente 6 de octubre, echa ancla en la hermosa bahía de Zorobaró (la llamada actualmente Bahía del Almirante en su honor) y después de haber pasado cuida­dosamente a través de las Bocas del Drago entre Punta Térraba y la Isla de Toja.

Colón llamó a esta región “Carambarú” y llegó a ella con gran número de tripulantes enfermos y él mismo en no muy buenas con­diciones de salud, (14).

Los nombres que ha recibido esta región son numerosos y casi siempre variantes del dado por Colón según la fonética escuchada a los indígenas.

Lo que sin duda llamó la atención del Almirante fue la diversi­dad de lenguas existentes entre los indígenas, y así dice: “Los pue­blos, bien que sean espesos, cada uno tiene diferenciada lengua, y es en tanto que no se entienden los unos con los otros, mas que nos con los de Arabia”. Y añade esperanzado: “Yo creo que esto sea en esta gente salvage de la costa de la mar, mas no en la tierra adentro”. Pero se equivocaba, pues al Sur ocurría lo mismo y en lo alto de la cordillera exactamente igual. Cada grupo hablaba su propia lengua.

También llamó la atención del Almirante la cantidad de oro que veía en las manos de los nativos y las noticias que de él le daban. “Allí dicen que hay infinito oro, y que traen corales en las cabezas, manillas en los pies y en los brazos dello, y bien gordas; y del, sillas, arcas y mesas las guarnecen y enforran”.

Diego de Porras (15) nos descubre las intenciones de Colón al proseguir su cuarto viaje desde Cariay adelante, cuando dice: “Iba requiriendo puertos e bahías, pensando hallar el estrecho, llegó a una muy gran bahía: el nombre de esta tierra se dice Cerabaro”. Vemos que la intención primordial del Almirante desde el punto de vista geográfico era el hallar un estrecho que le comunicase con el otro mar que intuía y debía llevarle al reino del Gran Khan. Y podemos observar también que la Bahía de Carambaru como la llamó Colón, según la relación de Diego Porras es Cerabaro. Ya veremos cómo se sigue modificando este nombre a través del tiempo y de los documentos que nos han dejado los que sobre esta región escribieron.

Confirma Diego de Porras que la región debía ser muy rica en oro como afirmaba Colón. Así dice: “Aquí se falló la primera mues­tra de oro fino que traía un indio como una patena en los pechos, é se resgató; aquí se tomaron indios para informarse donde había aquel oro é donde se traía; de aquí comenzó a ir resgatando por toda la costa”.

De la Bahía Carambaru, Cerabaro o como se diría más tarde de Zorobaró, pasarían los expedicionarios después de reparar sus navios y sus perdidas fuerzas, a la actual laguna de Chiriquí, a, la que los indios de la región llamaban entonces Aburemá y en oíros lugares Aburesma.

Los indios que habitaban en las cercanías tenían sus pobla­ciones “puestas en las montañas” y como dirá la, relación esto era debido a que “la tierra es muy alta y fragosa”.

Coincide la información de Porras con lo anotado por Colón en su Carta de Jamaica. Dice Porras: “Es la gente de esta costa tan salvage y tan sobre sí cada señorío, que de veinte en veinte leguas no se entienden unos a oíros”.

Por su parte Hernando Colón (16) dice: “El miércoles 5 de octu­bre se hizo el Almirante a la vela, y arribó al Puerto de Carabaró, que tiene seis leguas de largo y más de tres de ancho; y en e] cual hay muchas isletas y tres a cuatro bocas (17) muy a propósito para entrar y salir con todos los vientos (18). Por entre estas islas van las naves como por las calles, tocando las cuerdas de los navios & las ramas de los árboles. Tan luego como fondeamos en este puerto^ fueron las barcas a una de aquellas isletas donde había en tierra veinte canoas (19) y la gente en las orillas, desnudos como salieron del vientre de sus madres, y traían solamente un espejo de oro al cuello y algunos un águila de guanín (20)”.

Sin mostrar miedo alguno, por mediación de los dos. indios de Cariay, trocaron un espejo que pesó diez ducados por tres cascabe­les; y dijeron haber gran abundancia de aquel oro, y que se cogía en la tierra firme “muy cerca dellos”.

Al día siguiente fueron a tierra firme los bateles. Era el 7 de octubre, y hallaron 15 canoas llenas de indios, “y porque no quisie­ron rescatar sus espejos con nuestra gente fueron presos dos de los más principales para que el Almirante se informase de ellos por medio de los intérpretes. El espejo que llevaba uno de ellos pesó 14 ducados y el águila del otro, veintidós. Decían estos indios que a una o dos ¡ornadas tierra adentro se cogía mucho oro en algunos lugares que nombraban (21); que en aquel puerto había muchísimos peces y en tierra muchos animales de los que decimos haber en Ca­narias; y gran cantidad de las cosas que ellos comen, como raíces de plantas, granos y frutas. Los indios van aquí pintados de varios colores, blanco, negro y rojo, tanto en la cara como en el cuerpo (22). Van desnudos, salvo que cubren las partes deshonestas con un pa­ñete de algodón ajustado”. Y termina Hernando Colón diciendo: “De este puerto de Cerabaró, pasamos a otro que confina con él, y se le parece en todo, llamado Abúreme. Después el 17 del mismo mes salimos a alta mar para seguir nuestro viaje”.

Interesantes son los datos que nos brinda Hernando Colón en esta sintética reseña del descubrimiento de la región que nos in­teresa. Y de ellos deducimos:

1. Que había numerosa población indígena en la región de Carambarú, Cerabaró o Zorobaró, y también en Aburemá.

2. Que allí comenzaba a aparecer el pro como objeto de ador­no sobre el cuerpo de los indios, lo que quiere decir que en la costa que actualmente forma parte de la República, de Costa Rica, no ha­bía apenas oro.

3. Que cerca de la Bahía, una o dos jornadas tierra adentro, había minas de oro abundantes.

4. Que en la región se trabajaba el oro posiblemente con ha­bilidad, o bien que los indios de la región lo encontraban en abun­dancia en sus ríos y montañas y quizás lo llevaban a labrar y traba­jar a otras partes, quizás a Coclé, al sur de la cordillera. Se trataba de oro fino unas veces y otras guanín. El oro fino golpeado en frío para hacer espejos, platos y patenas que colgaban del cuello, y el guanín para hacer águilas y otros objetos que usaban como adorno o amuleto protector contra malos espíritus. Quizás la resistencia a desprenderse de estos objetos tenía que ver o bien con la dificultad en obtenerlos elaborados o bien por sus propiedades mágico-defen­sivas y protectoras que les daban un valor superior al material.

5. Las dimensiones aproximadas de las Bahías del Almirante o Zorobaró y Aburemá, así como la especial disposición geográfica de la región.

6. Los indios de esta región andaban desnudos.

7. Se cubrían sólo los genitales con un pañete de algodón ajustado (cubre-sexo), algo parecido seguramente a la pampanilla o guayuco de los chocóes. Quizás fue tomado por algodón lo que seguramente se trataba de corteza de majagua o balso.

8. Usaban pintura facial y corporal de tintes diversos (blanco, negro, rojo). Los mismos colores que aparecen en la cerámica de la región.

9. Se adornaban con objetos de oro colgando del cuello (platos o pectorales como espejos, bruñidos, hechos de oro batido en frío probablemente, como los que todavía se encuentran en las antiguas tumbas indias, y águilas (23).

10. Utilizaban canoas (monóxilas unas veces, y otras sin duda como la que encontró Colón en Guanaxa, que por su gran tamaño de­bió ser de maderas ensambladas) para desplazarse de isla en isla o de éstas a tierra firme o viceversa.

11. Informes sobre su alimentación, caza, pesca, raíces, gra­nos y frutas, señalan que se trataba de pueblos pescadores, cazadores y recolectores. En ocasiones podían ser guerreros, y de hecho sos­tenían frecuentes altercados que degeneraban en verdaderas gue­rras de exterminio entre tribus a veces vecinas como más adelante se verá.

12. Se aprecia una diferencia en la actitud de los indios ha­llados en la isla (“sin mostrar miedo alguno”) que se prestaron al cambio de objetos con los españoles, y los indios de tierra firme que “no quisieron rescatar sus espejos con nuestra gente”, y tuvieron que tomar presos a dos de ellos. Quizás estos fueron del grupo actualmente desaparecido o confundido con otras tribus, de los do-rasques o doraces o changuenas, que según las crónicas eran de los más violentos de esta región.

Por su parte el P. Las Casas (24) que como ya se dijo anterior­mente sigue casi al pie de la letra a Hernando Colón en su relato, menciona el hecho de que los indios encontrados en Guanajes o Gua-naxas (Yucatán) ya le habían hablado al Almirante de la fama de Carabaró como lugar donde se encontraba mucho oro.

Dice por su parte, aunque no sabemos en qué se funda pues Hernando no lo menciona en su obra, “que sólo las mujeres cubierto lo vergonzoso” llevaban.

También menciona el hecho de que los indios isleños contaron al Almirante que había mucho oro “muy cerca de donde estaban” en la tierra firme.

El Padre Las Casas conversó con uno de los testigos presencia­les de aquel viaje, el piloto Pedro de Ledesma, a quien conoció tiem­po después y que le relató lo siguiente: “salieron a los navios ochenta canoas con mucho oro, y que no quiso el Almirante rescibir alguna cosa”. Y dándose cuenta de que la cifra de ochenta canoas no se la van a creer sus lectores, aclara: “Su hijo del Almirante, D. Hernan­do Colón, que allí andaba, puesto que niño de trece años, no hace mención de ochenta canoas, perú pudo ser que viniesen ochenta, una vez 10, y otras veinte y así llegaron a 80, y es de creer que mejor cuenta desto temía el piloto dicho, que era de cuarenta y cinco y más años, que no el niño de trece”.

Pero Colón y sus tripulantes apenas pasaron la vista por los cerros de la Cordillera del Istmo, descubriendo las costas y tomando un leve contacto con el habitante de estas regiones y zonas litorales.

La tierra adentro sería descubierta desde el Océano Pacífico, por expediciones que seguirían la ruta más difícil, a través de la im­ponente y escarpada cordillera que aún hoy produce temor en los ánimos más templados. Esta labor estaría reservada a un hombre extraordinario, cuyo valor todavía no ha sido apreciado en Panamá como se merece, seguramente por desconocimiento de la historia de sus hazañas. Me refiero al Adelantado Juan Vázquez de Coronado.

* LOS INDIOS TERIBES DE PANAMA. 1967. Capitulo III. Descubrimiento de la región. Trabajo presentado al XXXVII Congreso Internacional de Americanistas, septiembre de 1966.

10“Carta que escribió D. Cristóbal Colón, Virrey y Almirante de las Indias a los cristianísimos y muy poderosos Rey y Reina de España, nuestros Señores, en que les notifica cuanto le ha acontecido en su viaje; y las tierras, provincias, ciudades, ríos y otras cosas maravillosas, y donde hay minas de oro en mucha cantidad y otras cosas de gran riqueza y valor” (Una copia puede verse en Martín Fernández de NAVARRETE, “Colec­ción de Viajes y Descubrimientos”, Madrid, 1825, t. I, pág. 296).

11 Y una copia del cual puede verse en Martín Fernández de Navarrete, “Colección de Viajes y descubrimientos”, Madrid, 1825, t. I, p. 282.

12“Vida del Almirante D. Cristóbal Colón, escrita por su hijo D. Hernando”, Fondo de Cultura Económica, Méjico-Buenos Aires, edición 1947, cap. XCII, p. 283 y ss.

13 Almaizares, es palabra que proviene del árabe, álmizar, que es una toca de gasa usada por los moros.

14Véase Colón, “Carta de Jamaica”. Dice así: “Dos indios me llevaron a Carambarú, a donde la gente anda desnuda y al cuello un espejo de oro, mas no le querían vender ni dar a trueque. Nombráronme muchos lugares en la costa de la mar, adonde decían que había oro y minas, el postrero era Veragua”. (Es lástima que el Almirante no fuera más curioso y ano­tase todos estos nombres; pero su estado de salud al parecer le había res­tado muchas de sus energías y lo que escribe lo hace sólo mucho más tarde recordando de memoria o con el libro de navegación delante de él).

15Diego de Porras: “Relación … etc.” nov, 1504.

16Hernando Colón: “Vida del Almirante.. .”, loe. cit. p. 283.

17En la edición consultada del Fondo de Cult. Econ. de Méjico-Buenos Aires de 1947 dice rocas y no bocas, pero se trata de un error tipográfico no corregido, no hay fe de erratas tampoco, ya que si se tratase de rocas no sería el lugar “muy a propósito para entrar y salir con todos los vientos” como dice don Hernando. Si consultamos al P. Las Casas, “Historia de las Indias”, t. II, p. 280, edic. Fondo de Cult. Econ., Biblioteca Americana, 1951, observamos que transcribe este mismo pasaje del relato del hijo de Colón que consultó y copió fielmente: “Navegó a la de Carabaró, la última luenga, hacia el Oriente, donde había una bahía de mar de seis leguas de longura y de ancho más de tres, la cual tiene muchas isletas y tres o cuatro bocas, para entrar los navios y salir muy buenas con todos tiempos, y por entre aquellas isletas van los navios, como si fuesen por calles, tocando las ramas de los árboles en la jarcia y cuerdas de los navios; cosa muy fresca y hermosa”

18En la obra del P. Las Casas (loe. cit.), en lugar de vientos, dice tiempos: “Para entrar los navios y salir muy buenos con todos tiempos”.

19El P. Las Casas en su obra mencionada explica lo que es la canoa aña­diendo al relato de Hernando Colón esta aclaración: “Después de haber surgido y echado anclas los navios, salieron las barcas a una de aquellas isletas, donde hallaron 20 canoas o navecitas de un madero de los indios”. El subrayado es nuestro, y expresa la definición que da Las Casas de las canoas monóxilas.

20Gucmín: Oro de baja ley fabricado por los indios, por extensión se llama­ba así a las joyas fabricadas del mismo metal.

21El subrayado de esta frase de Hernando Colón es nuestro, y lo anotamos así para que más adelante podamos hacer referencia fácilmente a este párrafo de Hernando Colón cuando se hable de las minas de oro de la Estrella.

22El subrayado como el anterior es nuestro y lo anotamos para que más adelante al hablar del poblador primitivo podamos hacer referencia mas fácilmente a este párrafo de Hernando Colón.

23A propósito de estas águilas como se les suele llamar, considero que se trata de un error de interpretación que ha venido sucediéndose desde la época del descubrimiento. Águilas lo llamaron los conquistadores porque así les pareció el símbolo, y porque efectivamente se parecen al emblema tan característico de la realeza en Europa, pero los indios del Istmo no conocieron las águilas, y sí en cambio los gallotes, zopilotes o buitres ame­ricanos, comedores de carroña, servicio sanitario de la poblaciones rurales aún en nuestros días. Tal creemos que el indio trató de representar el gallote como símbolo de la muerte, animal al que tuvo en gran estima, por relacionarlo con el más allá. De manera que estas “águilas” debían de llamarse “gallotes” aunque el nombre suene menos romántico, pero más exacto.

24Fray Bartolomé de Las Casas: loc. cit. p. 280.

Los indígenas mexicanos de Bocas del Toro

LOS INDIOS MEJICANOS DE BOCAS DEL TORO

José Manuel Reverte*
Academia Panameña de Historia

Hemos mencionado en varias ocasiones en el curso de este estudio la existencia en Bocas del Toro de indios mejicanos.

La primera noticia que tenemos se debe al propio Hernán Sánchez de Badajoz quien hizo al parecer amistad con ellos. La Fortaleza de Marbella que construyó sobre la Loma de Corotapa, estuvo situada en el territorio que ellos habitaban en el Valle del Duy que más tarde se llamaría por tal motivo “Valle del Duy y Mexicanos”.

Los indios que acompañaban a Badajoz llamaban chuchumecas o chichimecas a los indios que trajo Rodrigo de Contreras consigo al Istmo. Probablemente porque hablaban una lengua náhuatl. Recuérdese que Contreras trajo 250 indios de Nicaragua para reforzar su pequeño ejército de 100 soldados.

Noticias más precisas se encuentran en las relaciones hechas por el Adelantado Juan Vázquez de Coronado al presentar sus méritos ante Su Magestad (140). En la pregunta No. 20, dice: “Por noticia quel dicho General tuvo estavan poblados ciertos indios mexicanos cerca de la dicha provincia de Ara, en el Valle de Coaza, a costa de mucho travajo, aunque ellos mucho procuraron disimularlo y encubrirse, los descubrió y como a los demás hizo dar la obediencia a S. M. é asimismo les dio orden como entre sí políticamente se oviesen é tratasen …”

El Capitán Diego Caro de Meza, aclara la pregunta, No. 19 de la Probanza haciendo mención de la existencia de un cacique de nombre YSTOLI ó YZTOLIN, “cacique mexicano” que también fue mandado curar por Vázquez de Coronado de una herida que tenía en la mano, de la que sanó gracias a los cuidados que le dieron.

Confirma la existencia de un grupo de indios mexicanos que como se dijo vivían en el Valle de Coaza (entre el Río Sixaola y el Río Changuinola) (Tarire y Tilorio), cuyo señor natural era precisamente el cacique YSTOLI al que en su propia lengua, náhuatl, o mejicano, con ayuda de unos intérpretes nahuatatos logró explicar sus propósitos.

Todos los testigos de la Probanza confirman la existencia de indios mejicanos en la región.

En un documento al que ya se hizo mención (141) del mismo año de 1564, se dice que el 19 de febrero, llegó al poblado de Ara o Hará donde se hallaba Vázquez de Coronado con su gente, “el cacique YZTOLIN mexicano, cacique de los chichimecas, comarca del pueblo de Hará, el qual dixo por lengua de Lucas Descebar, naguatato, quél venía a ver lo quel dicho General mandava… el qual dicho vasallaje dio a su nombre y de los demás chichimecas mexicanos que están en el Valle de Coaza”.

En una carta del Gobernador de Veragua, D. Iñigo de Aranza (1595) (142) dice así:

“En la tierra que llaman DUY, hay más de 6.000 indios de guerra, y ay noticia que tienen su trato con los de México que allí quedaron cuando les tomó la voz de la entrada primero de los españoles, habiendo ido ellos por el tributo de oro que aquella provinzia dava a Montezuma”.

Con estas líneas se confirma lo que sólo eran conjeturas en el capítulo V, es decir que en efecto, los mejicanos de Yztolín eran un grupo de recaudadores y su cuerpo de protección y sus descendientes que habiendo sido sorprendidos en el Istmo, lejos de Méjico cuando Cortés atacó en forma fulminante al imperio azteca, prefirieron quedarse donde estaban al tener malas noticias, y quizás noticias de la propia muerte de Moctezuma, y allí permanecieron por años, protegidos por los indios de la región, con los que se mezclaron hasta que fueron descubiertos por los españoles que más tarde o más temprano penetraban por los lugares más recónditos en su afán de explorar y someter rápidamente los territorios de América, el Nuevo y siempre interesante mundo que tenían ante sí.

Y nos hace pensar también este párrafo en una cierta forma de sometimiento a la fuerza del Imperio azteca por parte de los indios bocatoreños, por parte de las tribus de la región Norte de Panamá.

Siendo en el año de 1603, Gobernador y Capitán General de Veragua, Cpclé y Duy y Guaymí, D. Juan López de Siqueyro, escribe al Rey lo siguiente (143):

“Por la Bahía del Almirante en una provincia rica de oro que se llama del DUY, ques desta Gobernación de Veragua en la guarda raya de la Costa Rica y Nicaragua que confina con ellos, y los naturales della se llaman los mexicanos”.

En 1617, el Capitán Diego del Cubillo (144) llama a la Provincia “Valle del DUY y Mexicanos”, y menciona el hecho de que aún está sin reducir.

Por su parte, Juan de Estrada Rávago en 1573 (145) dice que:

“El gran Rey Montezuma envió sus ejércitos a Costa Rica, en demanda de dicha provincia… y así queda hasta hoy día — y ha visto reliquias de sus soldados y ejércitos que se llaman nauatatos”.

Todavía más, el Obispo de Panamá Fray Francisco de la Cámara dice en una carta (146) probablemente del año 1620, refiriéndose a los indios que habitaban el Río de Teribe o de la Estrella: “Aunque son belicosos, se sabe que es gente política, que viste ropa de algodón, que fue sugeta a Montezuma, emperador mexicano, hasta el tiempo que entró la conquista, de españoles en aquel reino y estado; y es la tierra donde los mexicanos venían por pro para sus ydolos y ofrecimientos… es gente que usa alguna policía a la usanza mexicana”.

Más tarde, cuando los franciscanos dirigidos por Fray Francisco de San José (1697) levantan un cuidadoso censo (147) de los indios que vivían en las márgenes de los Ríos Changuena, Teribe y Chan-guinola, al hacer mención de la Isla de Toja (Hoy Isla de Colón) en la que actualmente se encuentra la capital de la Provincia de Bocas del Toro, dice que “esta isla se pobló de una parcialidad de mexicanos que no cupo en Talamanca por revoltosos”, a los que se unieron térrabas, dorasques y seguas. Más tarde desaparecerían al ser capturados por los piratas ingleses y los zambos mosquitos aliados de éstos.

Los documentos mencionados vienen a ser confirmados por los modernos hallazgos arqueológicos que han puesto de manifiesto también el hecho de que el oro que muchas veces se encuentra en Méjico y Centroamérica en los yacimientos arqueológicos, tiene las señales patentes de la manufactura panameña, y también colombiana.

Morley afirma (148) que “el estudio de los objetos de oro y cobre encontrados en el Pozo de los Sacrificios (Zenote Sagrado) indica que fueron traídos a Chichón Itzá desde puntos tan lejanos como Colombia y Panamá en el Sur”.

Las conexiones comerciales entre el área maya y Panamá parecen quizás deducirse siguiendo a Morley quien después de señalar la falta casi absoluta de oro en la región del Viejo Imperio, asegura que de las pocas piezas de oro halladas en excavaciones en Copan, tales como un par de piernas pertenecientes a una figurilla humana hueca, de una aleación de oro y cobre sugieren que fue hecha en Costa Rica o Panamá según parece deducirse de la técnica de vaciado empleada así como del análisis químico de la aleación de que está hecha, y termina diciendo que “llegó a Copan probablemente como artículo de comercio”.

Volviendo a los objetos de oro y cobre hallados en el Pozo de los Sacrificios de Chichén Itzá, dice Morley que hay discos con decoración “hecha conforme a la técnica de repujado, y tazas, collares, brazaletes, máscaras, pendientes, anillos, orejeras, cascabeles y cuentas”, cuyo estilo y ejecución indican su origen de Costa Rica y Panamá “llevados al NO. hasta Chichén Itzá por medio del comercio” (149).

Todavía puntualiza más Morley al decir que el análisis químico de los objetos hallados en el Pozo Sagrado indica que pueden proceder de la Cultura Coclé o de la Cultura Chiriquí.

Según Vaillant (150), la cerámica pseudovidriada tipo “plumbate” tenía un amplio campo de distribución comercial “llegando por el Sur a Panamá”, y a su vez, “los ornamentos de oro de Panamá aparecen como ofrendas votivas en el Zenote Sagrado de Chichén Itzá en Yucatán”.

Ya está plenamente comprobado que en Panamá hubo una industria activa en relación con el trabajo del oro (151).

La palabra chichimecas o chuchumecas significaba para los indios Teribes y sus vecinos próximos, indios procedentes del Norte, a los que por extensión llamaban mexicanos.

Según Cañáis Frau (152), el abandono de la ciudad de Tula, capital del Imperio Tolteca en 1168, como su posterior destrucción en 1172, coincide con la llegada desde el Norte, de contingentes de Nahuas que fueron los primeros chichimecas, los cuales invaden el Valle de Méjico y dan origen a un período que duraría 250 años aproximadamente y que se caracterizó por las constantes luchas e inseguridad, resultado de la pugna por la soberanía que disputábanse poblaciones rivales. No será hasta el año 1428 cuando se estabiliza el poder político coincidiendo con un renacimiento cultural y artístico.

Y señala Cañáis Frau que “las fuentes tradicionales mejicanas llamaron chichimecas a todos los pueblos nómadas que originariamente vivían al Norte de la línea demarcatoria de la civilización que eran generalmente nahuas o estaban nahuaizados”. Incluso los aztecas en su comienzo fueron chichimecas.

Así no es de extrañar que los indios del Istmo de Panamá conociesen y les fuese familiar este nombre de chichimecas, que aplicaban probablemente a todos aquellos a quienes oían hablar la lengua náhuatl.

Parece indudable que ejerciera influencia en las tribus del Istmo en ciertas costumbres, tratos comerciales e incluso en la lengua. No podemos llegar a precisar hasta donde llegó esta influencia, pero mencionaré algunas ideas que saltan a la vista.

La palabra OE-KA, por ejemplo, (debe leerse cerrando la boca para pronunciar la o, como la o con diéresis alemana o la oe francesa). En lengua teribe OE-KA, o-ka significa el diablo-serpiente que se encuentra en los raudales de los ríos en espera de su presa, por ejemplo un indio con su canoa, para devorarlo. En lengua azteca EKATL o EHEKATL, (ekatl, o ehékatl), era el Dios del Viento, una de las formas en que se representa Queztalcoatl, la serpiente emplumada. Cuando el indio teribe pronuncia la palabra o-ka, parece que está diciendo ekátl. Es muy posible que estas dos palabras estén en íntima relación, en cuyo caso, se trataría de una influencia directa náhuatl sobre la lengua y creencias teribes.

Pongamos otro ejemplo: en lengua teribe a los genitales femeninos se les dice “klaksigua”. En la Mitología azteca existe la diosa CIHUACOATL, la mujer-serpiente, diosa de la tierra, que rige el parto y la muerte en él. Obsérvese el parecido fonético de estas dos palabras: cihua-coatl y sigua-klak. La única diferencia, o al menos las más marcada es que en la palabra teribe hay una inversión de los términos. No creemos que se trate de una exageración, pues en azteca sihuatl significa mujer, y klatl o tlatl quiere decir tierra, y tlaelli, flujo de sangre, y cía o tía, quiere decir cosa, algo.

Tia-sigua o Kla-sigua, o “klasigua”, según esto querría decir “lo de la mujer, algo de la mujer, cosa de mujer”, que muy bien cuadra con la significación teribe: “genitales femeninos”.

Cuando el cacique Teribe de nombre QUIQUINCUA, se presenta en Curcurú con “60 indios maceguales” para rendir obediencia a Vázquez de Coronado (Véase nota 63), observamos que se está empleando una palabra náhuatl, que es macegual, o macehualli que significa villano, vasallo.

No todo es sin embargo coincidencia, fonética. Ya Schuller (153) había observado una fuerte influencia maya- quiche, señalando unas 75 palabras teribes que son francamente maya-quichés.

El cacique que Vázquez de Coronado encuentra herido en una mano y que era el señor natural de los mexicanos se llamaba YSTOLI YZTOLIN o ESTOLI. En lengua azteca ITZTLI, significa cuchillo de piedra o cuchillo para sacrificios, y es una varíente de TEZCATLI-POCA con apariencia de cuchillo para los sacrificios. TEZCATLI-POCA era el llamado “Espejo humeante”, uno de los dioses mayores mexicanos, dios tutelar de Tezcoco.

La palabra Quequexque, nombre como ya se vio de un poblado situado en el Río Teribe, es palabra netamente azteca, y significa en esta lengua “cosa que da comezón”. La palabra teribe dzón que significa vello, cabello, es también palabra azteca y tiene el mismo significado en esta lengua. La palabra chichi, perro, usada por los teribes, es también palabra azteca con idéntico significado. Dzomsh-t¡, quiere decir afeitar la barba en lengua teribe; en lengua azteca se dice tentzoxima, que tiene un gran parecido fonético. Kamo, boca en lengua teribe, y camatl, boca en azteca. Tin kuó, araña, en teribe y tequan, araña negra en azteca. Texo, brujo, encantador, ser diabólico en teribe, y texo, brujo o encantador en azteca. Mish-kuo, gato en teribe, y inizto, gato en azteca. Uoía, piel, en lengua teribe, se dice euafl en azteca. Es sabido que las palabras aztecas terminadas en f I, los pilpiles la simplificaban convirtiendo la F en a. Estas no son más que algunas equivalencias. Seguramente hay muchas más-

Creemos que queda suficientemente claro que la influencia mexicana llegó al Istmo de Panamá, y que hubo relaciones culturales, comerciales y tributarias entre los indios del Norte de Panamá, especialmente de Bocas del Toro y los aztecas de Moctezuma.

Reminiscencias de esta influencia son también los numerosos indios guaymíes que aún hoy emplean el apellido Moctezuma además de su nombre propio, y que se creen descendientes de aquel grupo de mejicanos o de otro similar que pudo haber en alguna otra parte del Istmo.

 

* Capítulo IX. Los Indios Teribes de Panama. 1967. Trabajo presentado al XXXVII Congreso Internacional de Americanistas, septiembre de 1966.

140 “Provanza hecha ad perpetuara Rey Memoriam, etc. 1564″. (AGÍ, Patronato, M-12/3).

141Obediencia de caciques y toma de posesión de varios pueblos, 1564″. (AGÍ, 1-1-1/27).

142 “Carta del Gobernador de Veragua D. Iñigo de Aranza” (1595). (AOI, 69-3-13).

143 “Cartas del Gobernador de Veragua a S. M., 1603”. (AGÍ, 69-2-39).

144 “Proposición a S.M. del Capitán Diego del Cubillo para conquistar los indios de Talamanca, 1617” (AGÍ, 69-2-2).

145 “Memorial de Servicios de Juan Estrada Rávago”, 1573. (Puede verse en /Peralta, “Costa Rica, Nicaragua y Panamá”, Madrid, 1883, pág. 368).

146 “Carta del XIV Obispo de Panamá, Fray Francisco de la Cámara y relación sobre Veragua (AGÍ, 69-4-31).

147 “Declaración de las casas y parcialidades de los Térrabas por Fray Francisco de San José, 1697”. (AGÍ, 65-6-28).

148 Morley, Sylvanus G.: “La civilización maya” (Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1956).

149 Ya señalamos el hecho, que parece confirmar este tráfico, de la gran embarcación encontrada por Cristóbal Colón y sus hombres al tocar en Guanaxa durante su IV Viaje (Ver pág. 22). Por no hacernos demasiado prolijos no repetimos todos aquellos pasajes que en una u otra forma confirma la existencia de mejicanos en el Istmo y que ya hemos mencionado en capítulos anteriores por una u otra razón.

150 Vaillant, G.C.: “La civilización azteca” (Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1955).

151 Lothrop, S.: “Coclé”, 1937.

152 Cañáis Frau, S.: “Las civilizaciones prehispánicas de América”, Buenos Aires, 1959.

153 Schuller, R.: “Las lenguas indígenas de Centro América”, San José, Costa Rica, 1928

Darién en la época hispánica (1513)

¿Darién devastado en la época hispánica?

Me congratulo que los medios de comunicación hayan dado cobertura al ciclo de conferencias y coloquios ofrecidos durante la semana del 21 al 23 de mayo de 2001 sobre el tema del agua en Panamá, dentro del marco de la visita del historiador ambiental, Dr. Donald Worster.

En uno de los coloquios, resumido en el artículo “Los antiguos panameños y el agua” escrito por Rocío Grimaldo (La Prensa, 27 de mayo de 2001, Pág. 9A) se transcriben algunos puntos de vista que han quedado confusos, principalmente los expuestos por el panelista, Profesor Ernesto Castillero y que la periodista transcribió parcialmente: “…cuando llegaron los españoles a suelo panameño, la presión sobre los suelos era terrible. Era tal la presión que, en aquel tiempo Darién era una vasta sabana…“. Luego mencionó que esto fue comprobado por el hallazgo de restos de venado “especie usuaria de este tipo de llanura“.

Sobre estas afirmaciones del Profesor Castillero tenemos algunos comentarios:

Primero: No es cierto que Darién haya sido una vasta sabana. Lo que se conoce al respecto es que a tan solo 13 años de haber llegado los españoles al Istmo de Panamá (1514), sus crónicas confirman la presencia de sabanas desde Comagre (hoy Bayano) hasta Santiago de Veraguas.

Segundo: Darién sí era selvático, por lo menos en su mayor parte, ya que los datos que se tienen de la travesía de Vasco Nuñez de Balboa, confirman que a él le fue muy difícil realizar dicha travesía, debido en parte a la densa selva. Creo que el patrón de vegetación que encontró Balboa no es muy distinto al actual. Aunque existen teorías que indican que el Valle del Chucunaque estaba parcialmente abierto.

Tercero: Las especies de mamíferos mencionadas (venado colablanca y micho de cerro) como indicadores de las condiciones ambientales del Darién Pre-hispánico, no son las más indicadas para demostrar el supuesto ecosistema de sabanas de Darién, ya que estas especies son de gran amplitud ecológica y hoy es bien conocido que son especies que se distribuyen ampliamente en el continente americano. En el caso del venado colablanca éste se distribuye desde el sudoeste de Canadá hasta el norte de Brasil.

Lástima que durante el coloquio no fuese posible aclarar estos detalles, ya que éste tenía una estructura y tiempo reducido que no permitió un mayor intercambio entre los panelistas y el público.

Cuarto: Bien es sabido que las actuales sabanas y las sabanas pre-hispánicas son naturales, pero modificadas por el hombre indígena panameño antes de 1500 y luego modificadas hasta el nivel que están hoy por los diferentes grupos humanos que han poblado el área.

Quinto: Es a raíz de la nueva cultura agrícola y ganadera que en Panamá y el resto de países de América se comienza realmente a devastar muy rápidamente los bosques naturales, más allá de las sabanas del Pacífico.

Sexto: Los ecosistemas de sabanas tienen su origen en las condiciones orográficas del suelo, calidad del suelo y condiciones climáticas entre otros factores y van mucho más allá del simple impacto humano, que en el caso de los pueblos indígenas pre-hispánicos de Panamá probablemente fue insignificante.

En fin hay mucho que aclarar al respecto.

Autor: Ariel Rodríguez Vargas, año 2001

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A continuación ingresamos un texto que complementa un poco con historía el artículo arriba desplegado. Como se observa a Vasco Núñez de Balboa no le fue fácil su travesía, no sólo por la luchas que tuvo que librar, sino por lo difícil del terreno y al parecer la ausencia de caminos que le permitieran llegar fácilmente a las orillas del Mar del Sur, a pesar que tenía muchas tribus aliadas incorporadas a su expedición.

 

Ruta del viaje de Núñez de Balboa al Mar del Sur en 1513.

 

Ruta del viaje de Núñez de Balboa al Mar del Sur en 1513.

El descubrimiento del Mar del Sur

La noticia inesperada de un nuevo mar rico en oro fue tomada muy en cuenta por Núñez de Balboa. Decidió regresar a Santa María a comienzos de 1513 para disponer de más hombres provenientes de La Española, y fue ahí cuando se enteró que Fernández de Enciso había persuadido a las autoridades coloniales de lo ocurrido en Santa María; así, Núñez de Balboa envió a Enrique de Colmenares directamente a España para buscar ayuda, en vista que no hubo respuesta de parte de las autoridades de La Española.

Mientras en Santa María, se organizaban expediciones en busca del famoso mar. Algunos recorrieron el río Atrato hasta diez leguas hacia el interior, sin ningún éxito. La respuesta de más hombres y suministros en España fue negada, porque el caso de Fernández de Enciso ya era conocido por la Corte española. Así, a Núñez de Balboa no le quedaba más remedio que emplear los pocos recursos que tenía en la ciudad para realizar el descubrimiento.

Usando varios informes dados por caciques indígenas amigos, Núñez de Balboa emprendió el viaje desde Santa María a través del istmo de Panamá el 1 de septiembre de 1513, junto con 190 españoles, algunos guías indígenas y una jauría de perros. Usando un pequeño bergantín y diez canoas indígenas recorrieron por mar y llegaron a las tierras del cacique Careta y el día 6 se internaron junto con un contingente de mil indígenas de Careta hacia las tierras de Ponca, que se había reorganizado; pero fue vencido, sometido e hizo alianza con Núñez de Balboa. Luego de varios días y uniéndose varios hombres de Ponca se remontaron a la espesa selva el día 20 y pasando con algunas dificultades llegaron el día 24 a las tierras del cacique Torecha, que dominaba el poblado de Cuarecuá. En este poblado se desencadenó una férrea y persistente batalla; Torecha fue vencido y muerto en combate. Así, los hombres de Torecha decidieron aliarse con Núñez de Balboa, aunque gran parte de la expedición estaba exhausta y malherida por el combate y muchos de éstos decidieron hacer descanso en Cuarecuá.

Los pocos que siguieron a Núñez de Balboa se internaron a las cordilleras del río Chucunaque el día 25. Según informes de los indígenas, en la cima de esta cordillera se podía ver el mar, así que Núñez de Balboa se adelantó al resto de los expedicionarios, y antes del mediodía logró llegar a la cima y contemplar, lejos en el horizonte, las aguas del mar desconocido. La emoción fue tal que los demás se apresuraron a demostrar su alegría y felicidad por el descubrimiento logrado por Núñez de Balboa. El capellán de la expedición, el clérigo Andrés de Vera, logró entonar el Te Deum Laudamus, mientras que el resto de los hombres erigieron pirámides de piedras e intentaron con las espadas, grabar cruces e iniciales sobre la corteza de los árboles del lugar, dando fe que en ese sitio se había realizado el descubrimiento. Todo eso ocurrió el 25 de septiembre de 1513.

 

Vasco Núñez de Balboa tomando posesión del Mar del Sur.

 

Vasco Núñez de Balboa tomando posesión del Mar del Sur.

La posesión y conquista del Mar del Sur

Pasado el momento épico del descubrimiento, la expedición bajó de las cordilleras rumbo al mar llegando a las tierras del cacique Chiapes, hubo un breve combate pero fue vencido e invitado a participar de la expedición. De la comarca de Chiapes salieron tres grupos en busca de caminos que llegaran al mar; el grupo que lideraba Alonso Martín llegó a sus orillas dos días después, embarcándose en una canoa y dando fe que había navegado por primera vez dicho mar. De regreso avisó a Núñez de Balboa y éste marchó con 26 hombres que llegaron a la playa; Núñez de Balboa levantó sus manos, en una estaba su espada y en otra un estandarte el cual estaba pintada la Virgen María, entró al mar hasta las rodillas y tomó posesión del mar en nombre de los soberanos de Castilla.

Después de haber recorrido más de 110 kilómetros, bautizó al golfo donde estaban como San Miguel, porque fue descubierto el día de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre y al nuevo mar como Mar del Sur, nombre dado entonces al Océano Pacífico, por el recorrido que tomó la exploración al llegar a dicho mar. Este hecho es considerado por la historia como el capítulo más importante de la conquista, después del descubrimiento de América.

Posteriormente, Balboa se quiso proponer la búsqueda de las comarcas ricas en oro. Así decidió recorrer las tierras de los caciques Coquera y Tumaco, Núñez de Balboa los venció fácilmente y tomando sus riquezas en oro y perlas, se enteró después que las perlas se producían en abundancia en unas islas donde regía Terarequí, un poderoso cacique que dominaba esa región. Así Núñez de Balboa decidió embarcarse en canoa hacia esas islas, a pesar que era el mes de octubre de 1513 y las condiciones climáticas no eran las mejores. Apenas logró divisar las islas, y llamó Isla Rica (hoy Isla del Rey) a la mayor de éstas; y a toda la región la llamó Archipiélago de las Perlas, cabe anotar este nombre aún lo posee en la actualidad.

En noviembre, Núñez de Balboa decide regresar a Santa María la Antigua del Darién pero usando una ruta diferente, para seguir conquistando territorios y obtener mayores riquezas con su botín. Atravesó las comarcas de Teoca, Pacra, Bugue Bugue, Bononaima y Chiorizo, venciéndolos algunos con fuerza y otros con diplomacia. Cuando llegó a los territorios del cacique Tubanamá, Núñez de Balboa tuvo que enfrentarlo con mucha violencia y lo logra vencer; en diciembre llega a las tierras del cacique Pocorosa en el golfo de San Blas, ya en el Caribe y luego se dirige a las tierras de Comagre, donde ya el cacique había muerto por la edad y su hijo Panquiaco era el nuevo cacique.

De ahí decidió atravesar las tierras de Ponca y Careta, para finalmente llegar a Santa María el 19 de enero de 1514, con un gran botín de artículos de algodón, más de 100 mil castellanos de oro, sin contar con la cantidad de perlas; pero esto no se comparaba con el descubrimiento de un nuevo mar para los españoles. Núñez de Balboa asigna a Pedro de Arbolancha para que viaje a España con la noticia del descubrimiento y envió una quinta parte de las riquezas obtenidas al rey, tal como lo establecían las leyes.

Fuente:

Colaboradores de Wikipedia. Vasco Núñez de Balboa [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2007 [fecha de consulta: 3 de octubre del 2007]. Disponible en <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Vasco_N%C3%BA%C3%B1ez_de_Balboa&oldid=11789618>.

Fundación de la Ciudad de Panamá en 1519

Aspectos sobre la fundación de la Ciudad

La Ciudad de Panamá fue fundada el 15 de agosto de 1519 por Pedro Arias Dávila, conocido como Pedrarias, siendo la primera ciudad española en las costas del Mar del Sur u Océano Pacífico y la más antigua de tierra firme que existe hasta nuestros días como ciudad. Su fundación reemplazó a las anteriores ciudades de Santa María la Antigua del Darién y Acla, convirtiéndose en la capital de Castilla del Oro.

El 15 de septiembre de 1521 recibió, mediante Real Cédula el título de Ciudad y un Escudo de Armas conferido por Carlos V de España.

La Ciudad de Panamá se convirtió en el punto de partida para la exploración y conquista del Perú y ruta de tránsito para los cargamentos de oro y riquezas provenientes de todo el litoral Pacífico del continente americano que se enviaban a España.

En 1671, la ciudad fue atacada por las fuerzas del pirata inglés Lord Sir Henry Morgan con intenciones de saquear la ciudad. En defensa de la población y los bienes, el Capitán General de Tierra Firme, Don Juan Pérez de Guzmán ordena evacuar la ciudad y explotar los depósitos de pólvora, provocando un gigantesco incendio que destruyó totalmente la ciudad.

Ruinas de Panamá La Vieja, fundada el 15 de agosto de 1519 por Pedrarias

Ruinas de Panamá La Vieja, fundada el 15 de agosto de 1519 por Pedrarias. Para ver fotos de las tres ciudades de Panamá: La vieja del siglo XVI y XVII, la nueva de finales del siglo XVII, XVII y XIX y la contemporánea siglo XX y XXI, acceda a: SkyscreperCity

Las ruinas todavía se mantienen, incluyendo la torre de su catedral, y son una atracción turística conocida como el conjunto monumental histórico de Panamá La Vieja, reconocido como patrimonio de la humanidad.

La Ciudad de Panamá fue reconstruida en 1673 en una nueva localización a 2km al oeste-suroeste de la ciudad original a las faldas del Cerro Ancón, conocida actualmente como el Casco Viejo de la ciudad.

En 1821, luego de la independencia de Panamá de España y su unión voluntaria a la Gran Colombia de Simón Bolívar, la Ciudad de Panamá pasa de capital de Castilla del Oro y el Ducado de Veraguas, a la Capital del Estado del Istmo.

La fiebre del oro en California, en 1848, convirtió nuevamente al istmo como la ruta de viajeros que cruzaban camino a la costa oeste de Norteamérica, devolviéndole el auge comercial a la ciudad.

En 1855 empezó operaciones el Ferrocarril de Panamá, la primera vía férrea transoceánica desde la ciudad de Panamá en el Pacífico hasta la costa atlántica del istmo. En 1903, Panamá declaró su Separación de Colombia, y la Ciudad de Panamá se convierte en la capital de la nueva nación panameña.

Con los trabajos de construcción del Canal se mejoró la infraestructura de la ciudad en aspectos como sanidad, la erradicación de la fiebre amarilla y la malaria, la reconstrucción de calles y alcantarillado, así como la introducción del primer sistema de agua potable.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la construcción de bases militares y la presencia de gran cantidad de militares y personal civil estadounidenses trajeron nuevos niveles de prosperidad y comercio a la ciudad.

Durante los años de 1970 y 1980, la Ciudad de Panamá se convirtió en uno de los centros bancarios más fuertes del mundo, a la par de la ciudad de Nueva York y el centro financiero y de seguros más poderoso de Latinoamérica.

En la actualidad, el área metropolitana de la Ciudad de Panamá, que incluye los distritos de Panamá y San Miguelito principalmente, así como otros distritos y corregimientos cercanos, supera los 1.2 millones de habitantes, en una de las ciudades más avanzadas y cosmopolitas del continente americano, con numerosas atracciones turísticas y vacacionales, hoteles y restaurantes de clase mundial, casinos y centros comerciales internacionales, el centro bancario, el centro de seguros y reaseguros, además de sus imponentes edificios y rascacielos, entre los más altos de Latinoamérica y a nivel mundial.

Modesto Rangel Miranda
Comunicador

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ESCRITOS SELECTOS DEL PROFESOR ANGEL RUBIO SOBRE LA HISTORIA DE  LA CIUDAD DE PANAMÁ

Historia de Panamá La Vieja (extracto)

Por Angel Rubio

El impulso tuvo este gran tropezon. Estaba cerrado el camino del oriente. Era posible encontrar un paso marinero que lo abriese? Y si no un paso marinero algún modo de paso que permitiese al impulso desatar todo el resto de su fuerza?

En 1513 se produce la respuesta. Por obra y gracia del hidalgo Vasco Núñez de Balboa, que desde Santa Maria la Antigua del Darién cumple la primera travesía por sobre “un estrecho de tierra” (la frase es de la época y la escribió Gonzalo Fernández de Oviedo) que apenas separa la Mar del Norte (el Caribe) de la otra: la Mar del Sur.

El impulso hacia el Oriente ha tornado cuerpo en la institución española que dirige (hoy diríamos atrevidamente de modo planificado) los descubrimientos. La Casa de la Contratación, sevillana y marinera, prosigue el impulso en pie los viajes en demanda del Oriente. Sin que ello impida fundar poblaciones y aprovechar las tierras que vienen cerrando el camino.

1514. La Armada del Darien parte del Guadalquivir. Equipada de gente, de armas, municiones, bastimentos, camas, drogas, herramientas, plantas, semillas… y el impulso… porque Pedrarias Dávila, su jefe y señor, trae órdenes precisas para que al otro lado del “estrecho de tierra” que ya se llama Castilla del Oro se funde una ciudad, de buenas condiciones marítimas para proseguir, desde ella, el descubrimiento de la nueva mar. Camino del oriente… Camino de la “Especiería”… Ya en el Istmo, Pedrarias ordena nuevos viajes y exploraciones; se tantean las costas para plantar dos ciudades: una, en la del norte; otra en la del sur. Hay intentos que fracasan.

En 1515, Antonio Tello de Guzmán, después de atravesar las rebeldes e imponentes selvas del Darién, sigue hacia el occidente del Istmo panameño, escudriñando sus riberas en busca de un lugar “apropiado” donde fundar una nueva ciudad. Llega a un pequeño caserío que los indios llaman “Panamá”. Se dijo que esta palabra (cuya etimología se discute aún) significa “pesquería”, “abundancia en pescado”; así lo afirmo el explorador coetaneo Pascual de Andagoya.

Poco después otro brioso descubridor de Panamá, Diego de Albitez, cruza desde la pesquería de Panamá hacia el norte, por lo más angosto del istmo propio de Panamá, y alcanza la costa septentrional donde establece definitivamente la ciudad terminal norte: Nombre de Dios. Los descubridores Albitez de modo especial han percibido estos hechos geográficos fundamentales que van a determinar la posición regional de la ciudad que se quiere fundar: una mínima angostura ístmica no cruzada por altas montañas sino por colinas de poca elevación.

El impulso no ha muerto. Arde en Sevilla. Alimenta su fuego la Casa de la Contratación, joven, atrevida, marinera.

Año 1519. Sale de los muelles trianeros del Guadalquivir la Armada que comanda Fernando Magallanes. Va con pendón castellano a resolver, de una vez, el problema del estrecho marino y a que el impulse arde se siga el camino de occidente, siempre a occidente, para alcanzar oriente… La Armada magallánica parte bajo este signo.

Con el mismo signo y en el mismo año el impulso flamea más alto que nunca Pedrarias Dávila ha resuelto crear la ciudad que, desde el sur del estrecho terrestre panameño, permita continuar los descubrimientos marinos hacia occidente. En marcha. Su lugarteniente, Gaspar de Espinosa, recorre de nuevo y cuidadosamente las costas que van desde el Darién hasta la pesquería de Panamá, donde los peces abundan. Mientras tanto, cruza Pedrarias el Istmo (que importan las selvas darienitas, los indios kunas, ni los chocoes?…). Desde el Golfo de San Miguel salta al Archipiélago de las Perlas a su Isla del Rey de aquí, isla a isla, hasta la grácil Taboga. Es el mes de Julio … (Magallanes va a partir de Sevilla (impulsado por el impulso de Oriente) cuando Pedrarias se encuentra con Espinosa en la pesquería Panamá, donde abunda la pesca. Y donde se necesita un puerto y refugio para construcción de naves, para limpieza y careneo, para su aprovisionamiento de agua y para que las naves zarpen, atrevidas, hacia occidente y hacia los cuatro cuadrantes de la rosa de los vientos.

Tras algunos tanteos y vacilaciones, se acuerda fundar la ciudad cerca de la ensenada que guarda la Punta Judas, pequeña caleta donde vacía sus aguas el río Gallinero (hoy Río Abajo).

Advino el momento. Parece verlos cubiertos de ornamentos solemnes casi hieráticos, en medio de un llano que enmarañan bejucos, herbajes y árboles, desarrollar todo el ceremonial de fundar la ciudad. Es la mañana del 15 de Agosto de 1915, día de la Asunción de Nuestra Señora, que será la Patrona de la urbe que nace y que se bautiza, al instante, con nombre indigena: PANAMA. Los “urbícolas” hispanos Pedrarias Dávila, Gaspar de Espinosa, el Piloto Juan de Castañeda (quien pudo aquel día haber determinado su latitud geográfica de unos 8° norte de la equinoccial) y tantos otros más acaban de echar la semilla. Para que el impulso que arde en Sevilla y se quema hoy en el trópico no perezca. Para que el Oriente… nazca.

Y así nació Panamá. Permítaseme el atrevimiento: teleológicamente. Para un fin determinado, preconcebido. Aunque, luego, no fuere alcanzado. Nació como punto de arranque de nuevos descubrimientos marinos en la recién hallada Mar del Sur. Fue su función inicial, hija del “impulso”. (Ya ha salido Magallanes de Sevilla, la proa puesta hacia occidente… para lograr el estrecho y el oriente).

Factores de posición regional elegidos por los “urbícolas”: la pequeña llanura, de clima más fresco que Santa María del Darién; la abundancia de árboles (hay que hacer naves), y de hierbas para pastes; la base alimenticia del pescado (“panamá”), la ensenadita de Punta Judas, fueron los factores de situación topográfica que vieron y utilizaron los “urbícolas” hispanos. El puerto es malo. Las ciénagas y manglares ciñen el lugar.

“El Panamá de Pedrarias Dávila fue un vivero constante de expediciones extraordinarias. En el se fraguó la aventura del Perú. Pedrarias, enamorado de las bellezas naturales de Nicaragua y deslumbrado por el rumor de los triunfos de Cortes, prefería que las expediciones siguiesen dirección del noroeste. La aventura del sur al Gobernador, receloso como viejo, una empresa de locos. Sin embargo…Panamá, la por él fundada como un centro de exploraciones hacia el norte y hacia el sur, cumplió maravillosamente su contenido. Fue la primera etapa funcional de Panamá. Y la cumplió.

LA URBE PRIMITIVA, BARRIOS DE PANAMÁ LA VIEJA

Hacia 1670. Paseamos por la ciudad de Panama, puerto de transito y trasbordo. Puerto? Para puerto se la hizo nacer. Como puerto vivió. Pero el puerto era tan malo, que no pudo cumplir su misión. A tal extremo, que muchas de las exploraciones que parten de la primitiva Panamá lo hacen desde la próxima isla de Taboga. A extremo tal, que las naos grandes no podían arribar al puerto de la ciudad (son inmensos los desplayes que se producen en las acusadas bajamares del Pacifico) y habían de fondear en el fondeadero de la Isla de Perico, lejana unas millas de Panamá la Vieja. Y a extremo tal, que el Rey Felipe II mando desde el Escorial (1586) que los barcos de mas de 3,000 arrobas fondeasen y carenasen en el Perico (verdadero puerto insular panameño), so pena de graves multas. Aun así, y con semejantes inconvenientes que provocan protestas y deseos de cambio, la ciudad que visitamos alla por 1670 es mercado y puerto de transito y transbordo.

Hela aquí con su trazado urbano de tablero de ajedrez, como lo mandan las disposiciones urbanistas de las Leyes de Indias, inspiradas en una vieja tradición romana de Vitrubio. Calles que se cortan en ángulo recto. Tres de ellas van del Este al Oeste: la Carrera, la Empedrada y la Puentezuela; siete intersecan de norte a sur. Todo cubre en total unas 59 hectáreas. Cosa chiquita, pero importante. Dominar fácilmente las revueltas, con la caballería, parece que fuera el criterio inspirador de tales trazados urbanos. Así lo afirmaba Hernán Cortes.

En el centro y corazón esta la Plaza Mayor, cuyo ancho es unos dos tercios (las dimensiones están planificadas) de su largo. Al costado oriental de la Plaza, la Catedral, consagrada y bendecida ya. Hecha de cal y canto, con sus tres naves en planta de cruz latina; sus altares, cofradías y su Cabildo eclesiástico. Próximo a la Catedral, la Casa Cabildo y las Casas Reales, todavía en ruinas. Hemos andado por el Barrio Oficial. El Centro.

Más al norte se halla el Barrio Comercial, próximo al puerto de la Ensenada que cierra la Punta Judas. Allá, la Casa de los Genoveses, centro de contratación de esclavos; allá, los almacenes que sirven al puerto y, en este, lugares para carena y calafateo de pequeñas naves, en la Calle de los Calafates.

Los barrios residenciales corren hacia el poniente de la Plaza Mayor, por las calles de la Carrera, la Empedrada y Puentezuela. Allá están los Conventos de piedra, con tanto esfuerzo levantados. La Compañía de Jesús, la Concepción, San Francisco, el Hospital de San Juan de Dios, la Merced, con sus huertas conventuales, sus religiosos, y legos, que asisten, algunos, a lejanas misiones en el Istmo, en las tierras del Guaymí y en Darién.

Finalmente, sus barrios suburbanos -Malambo y Pierdevidas-, tienen casas pajizas, donde se alberga la población negra trabajadora, fuente de energía de la ciudad. El aprovisionamiento de víveres viene de hatos y huertas cercanas y de pequeños centros agrícolas y ganaderos que hay en el interior, en Los Santos. Así, la ciudad se nutre de la propia tierra istmeña.

A las salidas de la pequeña urbe hay dos puentes: el Puente del Rey, en el Camino Real de Portobelo, y el Puente del Matadero, que lleva al interior: a Natá.

PASIÓN Y MUERTE DE PANAMÁ LA VIEJA

La Vieja Panamá vivió poco más de siglo y medio; justamente 152 años (1519-1671). Un juego de fuerzas y energías la crearon; eran fuerzas propicias. Otro juego de fuerzas y energías hostiles, negativas, trabajaron sin descanso en su contra. Y al fin… murió trágicamente.

Fueron sus fuerzas propicias: la posición y la angostura del Istmo, que, apenas descubierto, comenzó su función comercial; su situación sobre el Pacifico la Mar del Sur de entonces desde la cual inicio la exploración del Mayor Océano; fue su propia localización la que hizo de ella punto de arranque de las rutas terrestres a Nombre de Dios primero, a Portobelo, luego, y puerto de atracada del comercio del Perú, cuando esta esplendida tierra comenzó a vomitar sus caudales metálicos; y su propia situación la hizo sede administrativa, bajo el dominio español, para las autoridades eclesiásticas y civiles y emporio comercial para transacciones que enriquecieron a mercaderes opulentos.

El conjunto de estas fuerzas y la energía de espíritu que las animo determinaron su origen y su desarrollo. Pero contra ellas trabajaron las fuerzas destructoras que acabaron pulverizándola. He aquí, en resumen, las energías contrarias:

l-) Los incendios: sus viviendas de madera ofrecían la posibilidad. Y el fuego la castiga en 1539; en 1563 (destruye 40 casas); en los terribles y criminales incendios de 1644 (21 y 23 de febrero; ocasionan pérdidas de más de 1,000,000 de pesos) y en el incendio final de 1671).

II-) los terremotos de 1541 (2 de mayo) y el imponente de 2 de Mayo de 1641 que sepulto, entre muchas gentes mas, al oidor Juan de Santa Cruz Rivadeneira.

III-) Las violentas guerras civiles que ocurridas en Perú y América Central repercutieron en Panamá.

  • 1542: rebelión del panameño Diego de Almagro el Mozo (hijo de Almagro descubridor de Chile y de la india panameña Ana Martínez) que se alza contra el bando de Pizarro; pereció ejecutado.
  • 1544: Gonzalo Pizarro, rebelde en Perú, manda a su capitán Henando de Bochicao que toma y veja la ciudad.
  • 1545: El mismo rebelde Pizarro envía al general Pedro Alonso de Hinojosa que también se apodera de la ciudad por breve tiempo.
  • 1550: Los hermanos Contreras, nietos de Pedrarias, sublevados en Guatemala, saquean la ciudad; fueron derrotados en el Cerro de la Matanza (24 de abril).
  • 1552: sublevase el notario Rodrigo Méndez; sojuzgado el revoltoso es condenado a muerte). Los ataques de los esclavos negros cimarrones. Son los esclavos africanos (importados para resolver el problema de la mano de obra en las tierras calidas), que huyen y se organizan en los campos y, desde allá, atacan los centros españoles.
  • 1549: sublevación de Felipillo.
  • 1554: terrible sublevación de Bayano que, tras de dos campanas militares, fue sometido y enviado a España.
  • 1580-81: sublevaciones de Luis de Mozambique y de Antón de Mandinga.

V-) y última: la gran fuerza hostil y potente, los Corsarios. Punto de paso de los caudales de Indias, sitio estratégico militar especie de ombligo geográfico de los Virreinatos españoles, el Istmo y Panamá tuvieron que sufrir el martilleo de los enemigos de la Monarquía Española. Instrumento de acción eficaz son los piratas.

  • 1572-73: ataques de Sir Francis Drake; logra apoderarse del tesoro peruano en transito por Panama.
  • 1596: Drake desembarca en Nombre de Dios con ánimo de ocupar Panamá; sus fuerzas son batidas. Incendio de Nombre de Dios. Muerte de Drake (7 de febrero 1596).
  • 1602: alarma en Panamá por el saqueo de Portobelo realizado por William Parker.
  • 1688: Henry Morgan ha logrado tomar Portobelo y avisa a las autoridades españolas que ira a Panamá, pasados doce meses.
  • 1671. Los días estaban contados… y llego el fin. Las fuerzas de Morgan, destroncada la resistencia de Portobelo, avanzaron río Chagres arriba; las tropas españolas son abatidas y el Gobernador, D. Juan Pérez de Guzmán, que aguardaba en Graces, se repliega a la ciudad. Miércoles 28 de Enero. Morgan y sus 1200 hombres dan vista a la urbe. A las 12 del día Morgan domina el campo sin que de nada haya servido la estratagema española de utilizar toros ni la bravura de alguna tropa. El Gobernador Pérez de Guzmán ordena dar fuego a los polvorines, mientras huyen vecinos y naves. Por el Puerto del Matadero o Puente de Morgan, entra el vencedor en la ciudad entre las llamas y la resistencia de algunos valientes. Pero se logra batir. 27 días después, el 24 de febrero de 1671, los destructores abandonan la ciudad vacía y achicharrada.

Panamá ha entrado en la Historia guardada entre palmeras, troncos y ramajes que cubren sus ruinas verdosas y ennegrecidas y que cuidan de sus recuerdos.

REFERENCIA

Rubio, Angel. 1999. La Ciudad de Panamá. Biblioteca de la Nacionalidad Panameña.  (Reimpresión). 310 pp.

Edición digital: Burica Press

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PRIMERA CIUDAD.

Raíces

Lo que fue Panamá La Vieja

Aún cuando muchos de ustedes — y con razón— pensarán que la fotografía más repetida de la historia de Panamá es la de la torre de su primitiva catedral, la de Panamá La Vieja, hemos decidido presentársela, ya que la que aparece aquí no es muy popular.

En el libro del historiador Juan B. Sosa sobre dicha ciudad sí está reproducida, pero la de hoy es la original captada por Carlos Endara. La foto data de los primeros años del siglo XX. Nótese el herbazal a su alrededor.

Hoy el patronato encargado de esos históricos lugares ha logrado, a través de una magnífica labor, modificar lo que desde hace muchísimos años debió ser un tesoro mejor cuidado. El resto del entorno también ha cambiado. Dense cuenta de lo descuidado que todo esto antes estaba, que hasta un árbol ha crecido en la parte más superior de la pobre torre y un herbazal también rodea al solitario arbusto. La primitiva iglesia fue construida originalmente de madera y su techo era de paja. Imagínese cómo se transformaría todo aquello, con tan solo uno de nuestros famosos aguaceros. Su primer arquitecto fue el español Antón García. Tras miles de dificultades —sobre todo económicas— lo mismo sucedió con la de la nueva ciudad. La que aquí aparece con sus nuevos materiales y que repetimos es la de Panamá La Vieja. Fue terminada en 1623. El incendio de turno casi la dañó enteramente en 1644. En 1649 fue restaurada. Todavía en la actualidad se lucha por conservarla. 518508

Nuevamente y para el amigo que desea encontrar en estas páginas de Raíces temas para polemizar, aquí les va otro: ¿Cómo se debe decir, Panamá Viejo o Panamá La Vieja?

Dicha localidad fue fundada con el fin principal de que fuese el punto de enclave entre España y el sur y más precisamente con el rico Perú.

Ya se sabe que el sitio fue muy mal escogido y a pesar de que se ha hablado mucho de ello hoy hablaremos de ese tema un poco más.

Al poco tiempo de su fundación, ya ciertas autoridades recomendaban el traslado. El pirata Henry Morgan se encargaría de acelerar la labor.

Mientras, su población y sus edificaciones no eran mucho lo que crecían. En 1609, la ciudad medía “mil 400 pasos de una vara de largo y otros 400 de ancho, tenía cuatro calles en una dirección y siete por la otra”. En ellas se acomodaban la inevitable Plaza Mayor de los Españoles, dos más chicas, la Catedral, nada menos que cinco conventos, siete casas reales (o sean las del gobierno), la cárcel, el hospital, la del Concejo (acuérdense, nunca lo escribiré con “s”, aún cuando en el artículo del domingo así apareció esa palabra).

Había un par de iglesias pequeñas más. Alrededor de 300 casas algo mejores, 40 no tanto, un poco más de 100 ranchos o bohíos (?), el matadero, el mercado y dos puentes, uno que llevaba a lo que hoy es el interior y otro a Portobelo, que como puerto de nuestro Atlántico o sea también Colón, no han debido perder a causa de los intereses de la capital su importancia y un verdadero esplendor.

Volviendo a Panamá La Vieja quizá su calle principal era la llamada de la Carrera. Por el otro lado, la principal era conocida como calle de Santo Domingo.

La que se podía llamar la calle comercial era conocida como la de los Calafates, palabra que designa a los que se dedicaban a cubrir con brea y otras sustancias a las hendiduras de los cascos de madera de los buques para que no penetrase el agua, o sea calafatear.

Volviendo un poco atrás, los cinco conventos existentes en aquella ciudad eran el de San José, el de la Compañía de Jesús, el de Santo Domingo, el de la Merced y el de San Francisco.

El hospital ya mencionado tuvo por nombre, primero, el de San Sebastián. Como no había quién desempeñase sus labores administrativas y de ayuda a los pacientes, se pidió a Lima, la capital peruana y de gran ayuda para la Panamá de esos tiempos, que enviase hacia acá a miembros de la comunidad de San Juan de Dios que se dedicaban a las labores arriba citadas. Pero como otro ejemplo de lo que es la envidia y las ganas de impedir todo tipo de progreso (¿existirá todo eso aún hoy?) las autoridades locales no permitieron el ingreso de la citada comunidad. Fue necesario una orden del Rey de España para que pudiesen venir los hermanos de San Juan de Dios a ayudar en aquel hospital.

De la iglesia principal, que hoy llamamos quizá impropiamente “catedral”, hablaremos un poco más en los pie de fotografías.

Textos: Harry Castro Stanziola. La Prensa, 12 junio de 2005

Origen y significado del nombre de Panamá

Del origen y significado del nombre de Panamá

Rodelick Valdés
Profesor de Historia

Ojeando la Revista Lotería No. 182 de enero de 1971 encontré un artículo sobre el  origen y significado del nombre de Panamá, escrito por Ernesto J. Castillero.

Las diferentes interpretaciones que se le ha dado a Panamá a lo largo de los siglos, se relacionan directa o indirectamente con la distancia o la lejanía.

Como este 15 de agosto se cumplen 488 años de la fundación de la ciudad de Panamá, considero oportuno compartir con ustedes, estimados lectores, mi análisis  y reflexión sobre el significado del vocablo Panamá o “Bannaba”, tal como lo pronunciaron los nativos de principios del siglo XVI, sólo que los españoles no supieron transcribir correctamente la palabra, que terminó con los apuntes de los cronistas como Panamá.

Debo aclarar que el tema que nos ocupa ha sido debatido por los historiadores por décadas; sin embargo, los textos escolares lo resumen en “Panamá significa  lugar con abundancia de peces” (Historia de Panamá 7º, Antillana).

El escrito del Prof. Castillero explica que la relación de las mariposas con la palabra Panamá radica en las migraciones que realizan los insectos en el  mes de agosto “y los indígenas al decir “Panamá” querían  dar a entender abundancia de mariposas” (Revista Lotería No. 182, 1971). Al respecto sólo me queda aclarar que los nativos al decir “Bannaba” (y no Panamá) no se referían a las mariposas en sí, sino al vuelo que llevaban. Dicho de otro modo, a la altura, ya que “Bannaba”, en lengua indígena, quiere decir distante o alejado.

El investigador Pinart planteó que Panamá era un lugar donde un cacique de la época se retiraba para descansar. Allí sus vasallos lo mecían en una hamaca “donde se deduce que su significado es mecerse en la hamaca”. Mecerse en una hamaca en la lengua kuna es “Bana Bana” y no “Panamá”, como lo hace entrever Pinart, otro error en la pronunciación. Pero, ¡qué relación de significado existe entre la mariposa y el  lugar de reposo del líder nativo? Ninguna, sin embargo, si le damos un enfoque semántico, la respuesta es; la relación del vuelo de las mariposas y al lugar distante y alejado donde se retiraba el cacique, vemos que en ambas situaciones puede emplear correctamente “Bamaba”, que quiere decir distante o alejado.

Ahora, veamos la carta que escribió Pedrarias al Rey, donde él se refiere al significado de “Panamá” o “Bannaba”, así: “Vuestra alteza sabrán que Panamá es una pesquería en la costa del Mar del Sur e por pescadores dicen los indios Panamá”. De allí surge el significado de abundancia de peces; pero más allá de eso, ¿qué relación de interpretación  puede haber y existir entre las definiciones dadas y este último? Sólo una: La distancia o la lejanía. Cuando Pedrarias se refería al villorrio de pescadores indígenas como Panamá, en realidad los nativos le trataban de decir que los peces abundaban a una distancia considerable al pueblo (Bannaba) y no a la actividad persé como pescadores.

Para sustentar más ese significado, retomaremos la misma carta de Pedrarias dirigida al Rey. Cito: “…Todos cuantos Caciques ay en su entorno y de lescos (lejos) de su provincia, quando (cuando) quieren labrar algunas piezas de oro o hacer algunas cosas útiles van hallí e (y) tienen ya por costumbre de gran tiempo de decir que el oro que tiene lo traen de Panamá e asy (así) preguntando a cualquier cacique que el oro que tiene donde lo trae responde que de Panamá y toda la fama es de Panamá y cogenlo ellos mismos en sus tierras, porque en Panamá no se coge ningún oro no lo hay e porque lo van allí a fundir e labrar dicen que de Panamá lo traen”.

El oro a que aluden los caciques no es del pueblo de pescadores, llamado Panamá, sino lo traen bannaba (distante, lejano o más halla) y “Pedrarias no supo entender que los nativos no se referían al poblado de Panamá”, como él mismo aclara que el poblado no poseía oro e inclusive Vasco Núñez de Balboa y Antonio Tello de Guzmán ya se habían referido a un poblado de Bannaba (Panamá) en sus incursiones antes del 1519.

Por lo general, los indígenas de esa época solían preguntar el trayecto y la distancia de un pueblo a otro, naturalmente que el vocablo empleado era Bannaba, mas los españoles sin saber, pensaban que ellos nombraban a algunos asentamientos como tal.