Coiba, el parque marino de Panamá está de cumpleaños

El parque marino más grande del país

Uno de los atractivos naturales más exuberantes de Panamá cumple años, lo cual nos llena de mucho orgullo a todos los panameños. En el 2004 fue decretado por Ley de la República como Parque Nacional y un año más tarde la UNESCO la consideró como Sitio de Patrimonio Mundial; desde entonces han sido muchos los esfuerzos que se han realizado para proteger esta riqueza natural invaluable. El Parque Nacional Coiba cuenta con una extensión de 270,125 hectáreas, de las cuales el 80% es territorio marino.


Esa área protegida es hábitat para muchas especies marinas y terrestres, además posee una belleza escénica espectacular compuesta por hermosos atardeceres, lindas playas, densos bosques y manglares, entre otros. Eso sin mencionar la historia de Coiba, que nos cuenta desde la presencia de indígenas y piratas hasta la dura realidad de la colonia penal.


Es tanta la información que existe sobre el Parque Nacional Coiba, que ANAM tomó la decisión de establecer un centro para visitantes en isla que contó con el financiamiento de Conservación Internacional y la Fundación MarViva, y el apoyo de varios colaboradores como: Albatros Media, Instituto Smithsonian, ANCON y personal de ANAM.


A partir de octubre 2007, todo el que visite la isla tendrá accesibilidad a conocer sobre la formación de Coiba, quiénes fueron sus habitantes, la antigua colonia penal, cuándo y cómo se creó el parque, por qué es Sitio de Patrimonio Mundial, su aporte al Corredor Marino del Pacífico Este Tropical, una ruta para especies migratorias, flora de Coiba, sus aportes a la ciencia, las especies endémicas y en peligro de extinción, sus arrecifes de coral, cómo se desarrolla la pesca en el lugar, las comunidades participan en la conservación del Parque Nacional, entre otros temas. Este centro de visitantes también tiene una salita audiovisual donde se realizan seminarios y se proyectan vídeos ambientales educativos.


Con esta herramienta para la educación ambiental esperamos crear conciencia en los usuarios del área protegida para que durante su estadía realicen actividades que no conlleven al deterioro de la riqueza natural que Coiba nos ofrece y por la cual somos conocido en el resto del mundo.


En esta exhibición, además, se presenta el trabajo que durante estos años hemos realizado con las comunidades aledañas al Parque Nacional Coiba con niños, adultos, pescadores, microempresarios y maestros. Durante este tiempo ha sido reconfortante sentir el cariño de estos grupos y su deseo de superación, pues tienen muchas expectativas con respecto al beneficio que puedan recibir del parque, pero también son conscientes de su cuidado. Con el apoyo de varias organizaciones y autoridades se han obtenido algunos avances como la conformación del grupo Educadores Ambientales Veragüenses, integrado por docentes de escuelas primarias de siete comunidades; ecoclub de niños protectores del ambiente en Isla Bahía Honda y Pixvae, el grupo de microempresarios para ecoturismo que capacita ANCON, la integración de los pescadores artesanales a las consultas para la actualización del plan de manejo de Coiba, entre otros. Somos conscientes que la conservación del Parque y los beneficios que nos pueda brindar dependerá mucho de la participación activa de varios actores claves como las autoridades gubernamentales y locales, ong´s, empresa privada, visitantes y comunidades para apoyar esta gestión.

Isis Pinto
Gerente de Educación Ambiental, Fundación MarViva

Maestros valientes sacrifican sus vidas en áreas remotas

VERAGUAS. Uno de los sobrevivientes pasó 15 horas sobre un árbol

Los dolores del río crecido

Una cabeza de agua sorprendió a los educadores cuando se dirigían a las escuelas de Kusapín. En la tragedia murió la maestra Yamileth Calderón y hay tres personas desaparecidas.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/N. Castillo

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ESFUERZO. Trató de salvar a sus compañeras, pero no pudo. 

Hermes Sucre Serrano
y Ney Castillo
SANTIAGO, Veraguas

El pasado domingo en la tarde, los correntones del río Palmares venían con estruendo de tragedia. En medio del rugido del agua sucia, los entumecidos brazos del maestro Julio César González ya no podían mantener más a flote a su compañera. «Le dije a la maestra Yamileth que no podía más, luego me soltó la mano y se perdió con la corriente…», contó ayer Julio César, con un nudo en la garganta.

Todo pasó en un instante. El desmedido caudal del Palmares también se llevó a la maestra Doris Gaug Dixon y a su hijo de seis años (ambos desaparecidos). La corriente golpeó fuerte a Julio César contra la roca viva de la orilla. En su desesperación por vivir logró subirse a un árbol. Ahí, abrazado a la curva de una horqueta, se limpió las lágrimas mezcladas con agua turbia.

Los recuerdos pasaban por su mente como un tren ligero. Un concierto de ranas y grillos le advertía que estaba metido en las tierras del «manigordo» (tigrillo). Con una mirada timorata, observaba con espanto la ruidosa serpentina de agua que se había llevado a sus compañeros.

Recordaba los chistes de su padre cuando esa tarde les había dado un aventón en auto hasta Alto Ortiga. Era el papá orgulloso de tener un hijo útil, que no ponía reparos a la hora de enseñar. Ese mismo día Derian Castillo, el hijo de Doris Gaug, se entretenía contando la fila de loros que ponían verdor al cielo gris de la comarca Ngöbe Buglé, cerca de la comunidad de Llano Bonito, camino a las escuelas de Kusapín.

El maestro González permaneció arriba del árbol desde las 3 de la tarde del domingo 20 de mayo hasta las seis de la mañana del lunes 21. No supo más de sus compañeras, el río se las había llevado en un viaje de impredecible retorno. Las orillas del Palmares estaban llenas de «ñangas» (paja llena de lodo) , troncos partidos, ramas y flores silvestres marchitas, como si la naturaleza quisiera presentarse en romería por las víctimas.

RÍO TRAICIONERO

Una de las muchas cualidades que tienen los maestros del campo es la puntualidad. El domingo pasado todos llegaron a tiempo a la cita con el trabajo: Julio César, Yamileth Calderón, Doris Gaug y su hijo Derien Castillo, Yariseth Alaín, Marina Castillo y Yariseh de González.

Les tocaba la clásica misión magisterial de cruzar los ríos, subir montañas, esconderle el talón a las serpientes, hasta llegar a las rústicas escuelas a gastar tizas del conocimiento.

Julio César cuenta que durante la caminata hacia los puestos de trabajo no hubo ningún problema. Pero cuando cruzaban el río Palmares, en la desembocadura del río Grande, el nivel del agua comenzó a subir rápidamente: la cabeza de agua venía a embestir y a sembrar dolor.

«Fuimos traicionados por los nervios y la desesperación, pues en vez de avanzar decidimos retroceder. En la mitad del río el agua nos pasaba de la cintura», explicó Julio César.

Marina Castillo relató que la cabeza de agua fue repentina y no dio tiempo para nada. El grupo de docentes, que se trasladaba a varias escuelas de Kusapín, en la comarca Ngöbe Buglé, quedó en el centro del río, lo que impidió que ganaran la orilla.

Todo ha sido muy duro para los maestros que se juegan la vida en las montañas de la región. Saben lo que significa retar los caudalosos ríos, pero tienen más claro que allá, en medio de la selva y del ruido de los guacamayos, hay unos niños que esperan que llegue ese conocimiento, que muchas veces es menospreciado en las ciudades.

Como hasta los ríos tienen un límite, el cadáver de la educadora Yamileth Calderón, de 24 años, fue encontrado en el río Cuay. Doris Gaug Dixon y su hijo Derian y el guía, de 15 años, continúan desaparecidos. Los demás educadores fueron encontrados vivos, pero con severas lesiones en diferentes partes del cuerpo, producto de la corriente del río y las piedras.

Julio César González, quien había sido trasladado por tierra a Santiago para recibir atención médica, fue dado de alta ayer de la policlínica Horacio Díaz Gómez.

Fue un golpe duro para el maestro. Será muy difícil olvidar los grandes ojos de Yamileth, cuando se soltó de su mano para caer en la garganta del furibundo río, allá en la comarca. (Colaboración de Zabdy Barría)

La maestra que anhelaba trabajar más cerca

Yamileth Calderón, la maestra que murió ahogada la tarde del domingo pasado en la comarca Ngöbe Buglé, solo tenía 24 años. Residía en la comunidad de El Cortezo, distrito de Natá, con sus padres y hermanos. Se distinguió por ser una joven sencilla, alegre y excelente estudiante, ya que siempre ocupó el primer lugar en su escuela, la Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago de Veraguas. Por cinco años laboró como maestra en Changuinola y este año fue trasladada a la escuela de Valle Bonito, localizada en un área inaccesible e incomunicada. Su mayor deseo, cuentan sus familiares, era que el Ministerio de Educación la trasladara a un lugar cercano a la ciudad, y a pesar de que hizo varias gestiones, no lo pudo conseguir.

La docente le decía a su hermano, Arquímedes Calderón, que él no se imaginaba el largo camino que tenía que recorrer para llegar a su destino.»De donde la dejaba el carro tenía que caminar cuatro horas para poder llegar. Tenía que cruzar, a pie, cinco veces el mismo río», comentó Arquímedes.

Playa El Flor: Belleza y Conflicto en Veraguas

Les remito el siguiente reportaje el cual puedes acceder a él en el sitio original donde fue publicado, pulsando sobre el título.

Le instamos a leer concienzudamente este reportaje y opinar sobre esto.

Editor
BiodiversidadPanama
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El turismo playero si bien ha traído algún sustento económico a las familias de la región, ha traído mucha inflación de los precios…

Playa El Flor: Belleza y Conflicto en la Costa sur de Veraguas.
Contacto: josegonzalezjara@gmail.com

Playa El Flor enajenada de facto. Ahora nos corresponde rescatarla de Panama Paradise. Qué atrevidos estos especuladores.

La región sur del distrito de Soná, que también es el Sur de la Provincia de Veraguas, guarda algunos de esos hermosos tesoros naturales costeros. A los que poco recorremos el país nos sorprendería por su extraña belleza azul verdosa, coronada por puntas, y decenas de islas que a lo lejos parecen palpitar junto a las mansas aguas del océano pacífico. Desde los atracaderos de Playa Arrimadero, Catalina, Hicaco o de cualquiera de los tantos embarcaderos, podemos dirigirnos a cualquiera de estas islas; o playas, algunas de las cuales, las más salvajes y hermosas, no tienen camino por tierra o bueno, algunas si tienen, pero al ser privatizados los terreros aledaños, han cerrado algunos senderos para el público como es el caso de playa El Flor, Los Vega y San Pedrillo.

Playa «El» Flor, belleza

Esta playa tienen un distintivo de género bastante particular; a pesar de ser playa un «ella», la gente le dice «el». Así que no pienses que te están tomando el pelo cuando te dicen algo sobre un lugar llamado «Playa El Flor», que queda al Sur del distrito de Soná, en la provincia de Veraguas, cerca del comunidad de Madre Vieja, en una región donde se está cerca de toda una serie de playas pequeñas y de mediano tamaño como El Arrimadero, Banco, San Pedrillo, Catalina, El Estero, etc.

Para ir a playa El Flor hay que llegar primero a la comunidad de Madre Vieja, y de allí tomar el sendero que nos lleva al embarcadero de Playa Arrimadero, frente al cual está la desembocadura de Río Grande y del otro lado Playa Banco; ambos, rodeados de una exuberante vegetación de bosques primarios y mangles. Llama la atención que frente a la desembocadura, en el estuario del río, hay un montón de rocas y un islote pequeño que nos recuerda las costas del sudeste asiático que vemos en las postales.

Le preguntamos al lanchero si no hay forma de llegar por tierra a playa El Flor, nos dijo que hasta hacia unos años sí, pero que ahora, la empresa Panamá Paradise, que compró los terrenos costeros, había cerrado todos los senderos con una cerca de cinco cuerdas de alambre.

Cuando la marea está baja, puedes pasar nadando o caminando la desembocadura del río, que tiene menos de doscientos metros de ancho, y algo menos de metro y medio de profundidad. De inmediato estarás en Playa Banco.

Antes de bajar a la orilla y entrar al embarcadero, a mano izquierda está el restaurante de doña Francisca, una moradora de la comunidad, que ofrece una variada vianda de mariscos a precios al alcance del bolsillo más modesto, también puedes desviarte hacia el sendero de la derecha y entrar a Playa Arrimadero, donde también, a menos de dos minutos, las señoras del colectivo Maria Auxiliadora, en su Fonda, te ofrecen igualmente deliciosos platos tradicionales, o si quieres, hospedaje en sus cabañas.

A este atracadero normalmente llegan personas de todas las regiones de la costa sur Veragüense, de Bahía Honda, Gobernadora, Leones, y de otras islas. Al llegar, hablamos con el profesor Augusto Ábrego, y otros educadores, quienes estaban por embarcarse hacia sus áreas de trabajo, en las diferentes Escuelas de las islas. El profesor nos comentó lo peligroso que es para ellos y la población a veces embarcarse en el área, por la malas condiciones de seguridad. Sin duda, por el bien del desarrollo turístico, vendría bien el aumento de la seguridad en la región.

Para embarcarse hacia playa El Flor, uno puede hablar con «Tacho» o con las señoras del grupo Maria Auxiliadora, que con sus lanchas prestan el servicio de recorrido por las costas cercanas y las islas. El precio del recorrido depende de cómo esté el precio del combustible y de la distancia. Por lo general, nos dice Tacho, cuesta de unos veinte a cuarenta dólares. Esta vez fue Tacho, quien nos llevaría a nuestro destino de playa El Flor. Sino hay mucho dinero para turistear, es recomendable, dicen, llevar uno mismo el combustible, hablar con los lancheros, y el precio del «tour» bajará.

Normalmente, es en el verano, cuando el auge del turismo local y externo aumenta, y fuera de la venta de comida de las familias locales, los lancheros también logran sacar algo de dinero para sustentar a sus familias, llevando turistas a playas e islas cercanas.

El rumbo por mar hacia playa El Flor está a mano derecha del atracadero, a unos quince o veinte minutos en lancha. Ya en el mar, conforme avanzamos, se percata uno de que el color gris verdoso de las olas lejanas es una ilusión con los rayos del sol, estas hermosas olas se van tornando entonces de color verde azul más profundo, del cual sobresalen decenas de islotes pequeños y puntiagudos de aspecto rocoso, que se van poblando toda la ruta.

Hacia la costa vemos pequeños pedazos de playa sin nombre, acantilados de color arcilloso que sobresalen al mar, y abundante vegetación de bosques primarios y palmeras enormes; además se puede divisar también a playa San Pedrillo, el más largo de los pedazo de playa.

Vele decir que las condiciones del mar para navegar son relativamente suaves en esta región, el mar a veces llega a estar tan calmando que con el paisaje de abundantes islotes asemeja al archipiélago de las Mulatas en Kuna Yala.

Justo cuando se llega a Playa El Flor, en frente, como una sombra gris-azul, donde se nota apenas la silueta de los árboles de su espeso bosque, está Isla Octavia, allí no vive nadie. Quizá es una de las islas cercanas a la costa, más grandes, incluso que isla Catalina, frente a playa Santa Catalina.

De playa El Flor podríamos decir, sin dudas, que es una de las playas más hermosas de toda esta región de la costa veragüense. Su arena blanca contrasta con el verdor de los bosques que la rodean, y cientos de cocoteros. A diferencia de las otras playas del área da una sensación de limpieza, lo cual quizá sea porque su forma tiene una pequeña ondulación que le da un aspecto de ser mucho más larga de lo que es, y estar más metida en el océano.

El Flor es una playa perfecta para practicar cualquier deporte acuático, o para simplemente parquear tranquilo un fin de semana con la familia, pues como está un poco lejos, y sin muchas vías de comunicación. Bueno, hasta hace algún tiempo, cuando la empresa Panama Paradise Ltd., compró los derechos sobre la mayoría de las tierras frente a la playa, y empezó a construir una carretera privada, como sucede en casi todas las regiones de costas de nuestro país hoy día.

Conflicto

Buscando información para este artículo, en la comunidad de Santa Catalina, algunos moradores nos habían dicho que hasta hacía poco playa El Flor era uno de los lugares más bonitos y naturales de la región, donde todo el mundo podía llegar, pero que ahora había guardias de seguridad que no dejan llegar a nadie a la playa, ni al frente de la playa, en el mar, a pescar, porque hacia algunos meses una empresa, había comprado varias fincas frente a Playa El Flor, y estaba haciendo construcciones, y que la misma había quemado varios ranchos de unas personas.

Investigando un poco más nos informamos de que aparentemente se trataba de la empresa Panamá Paradise Ltd. y los ranchos quemados eran de una señora llamada Luz Maria Montes, y que el capataz de la empresa, y la autoridades locales habían ejecutado la acción. Aparentemente, la empresa quería comprar el predio de la señora Montes, que colinda con el de la empresa, al esta negarse, entonces empezaron a darse los problemas.

Nos remitimos a información de la ANAM para conocer la situación ambiental en playa El Flor, donde nos informamos que la sociedad Panama Paradise, SDAD, Ltd., registrada con administración de Lawrence Page Savage, Cesar Mario Escobar, y Migdalia Jaén, tiene una finca bajo la administración de un ingeniero civil de nombre Ruperto Glaize Pierre. En la resolución número ARAV/282/2006 del 14 de septiembre de este año la ANAM ordena suspender toda actividad desarrollada sobre Playa El Flor, previamente se le había multado por realizar un corte de carretera de 2 km por 6 de ancho, afectando con erosión, y el bosque para abrir un camino a la playa. Según la resolución de la ANAM, la empresa no ha presentado los requisitos necesarios para desarrollar construcciones, ni estudio de impacto ambiental, ni otros requisitos. Fuera de los aspectos considerados por la resolución de la ANAM, vale agregar que la región es Zona de amortiguamiento del Parque Nacional Coiba.

Para documentar este artículo el equipo colaborador de AlmanaqueAzul se trasladó a la costa sur de Veraguas, distrito de Soná, hacia el área de Playa El Flor, donde entrevistamos previamente a moradores de la comunidad de Hicaco, Madre Vieja, y Playa Arrimadero. Algunos moradores nos dijeron que la empresa intentaba comprar los terrenos de las personas cercanos a playa El Flor, algunos habían vendido, otros no quisieron. En el atracadero de Playa Arrimadero, nos dijeron que habían guardias armados, y mucha gente trabajando, haciendo zanjas y construcciones en playa El Flor.

Al arribar a la costa de playa El Flor, confirmamos lo que nos habían contado los moradores de Santa Catalina, y en Arrimadero. Desde el mar, en la lancha, pudimos divisar a unas treinta o más personas trabajando en construcciones sobre el área contigua a la playa. Apenas nuestra lancha ancló, entramos al terreno colindante, que no pertenece a la empresa según un documento de la Dirección Nacional de Catastro, desde donde queríamos documentar fotográficamente la quema de los ranchos y fotos en perspectivas de la Playa desde la selva, fuimos agredidos verbalmente por un señor de tez blanca, de canas, con gorra y ropa de campo, y diciendo que estábamos invadiendo propiedad privada. Inmediatamente aparecieron también dos sujetos armados, vestidos de traje de guardia de Seguridad, diciéndonos que debíamos salir de inmediato del área; al minuto aparecieron también unas quince personas más. Le argumentamos a todos que según Catastro, ese terreno no era de la empresa, y que no podían sacarnos de ahí y menos no dejarnos tomar fotografías. Los hombres armados pretendieron agarrarnos. Sobresaltados le dijimos a los sujetos si pretendían golpearnos o qué, eso los hizo entrar en razón. Y le dijimos que había una resolución de ANAM que prohibía lo que estaban haciendo, y menos en terrenos que no son de la empresa. Le preguntamos quién ordenaba sacarnos, y nos dijeron que era orden de la gerencia. Se calmaron un poco, y aprovechamos para tomar fotos, sin embargo, volvieron a agredirnos verbalmente y llamar por radio comunicador a una voz que le contestaba «dasalójalos», y pretendieron por la fuerza sacarnos. Le dijimos que ya íbamos a salir, pero lo estaban haciendo era ilegal. Salimos al área de la playa, que son terrenos nacionales inadjudicables, y aún allí seguían impidiéndonos tomar fotografías, argumentando que todo era propiedad de la empresa, e intentaron quitarnos las cámaras. Mientras se daban los hechos, un sujeto de tez negra, alto, vestido como los otros, con una cámara de video grababa todo lo ocurrido.

A simple vista en el terreno, pudimos ver que la empresa estaba realizando zanjas de tuberías, y construcción de puentes, y algo que parecía cabañas, y tenia un aserradero funcionando, entre otras actividades, que según la resolución de septiembre de la ANAM debían detenerse.

Finalmente, para evitar que nos agredieran, previa amenaza de uno de los sujetos, decidimos montar nuestra lancha y marcharnos consternados pensado en cómo aún ese tipo de situaciones aberrantes se dan en nuestro país.

En Playa Arrimadero contamos a algunos moradores lo sucedido, y nos dijeron que a la empresa le permitían tumbar árboles y a ellos, el corregidor, ni siquiera les permitía talar uno para reparar sus construcciones familiares.

En la comunidad de Madre Vieja, donde la empresa tiene sus oficinas, intentamos entrevistar a algún representante de la misma, pero no había nadie. En la comunidad de Santa Catalina entrevistamos al corregidor quien nos dijo que no tenía conocimiento de que algo así estuviera pasando en las costas de su jurisdicción. Ya en el corregimiento cabecera, del distrito de Soná, en un bar, localizamos al alcalde Aristides Ortiz Arosemena, quien nos dijo que esa empresa estaba generando empleos, que no conocía nada de esos problemas, y se negó a respondernos otras preguntas, argumentando que era sábado, y no era día de trabajo.

Conflicto contra la belleza

Según nos comentó el señor Pedro, pescador del área, este tipo de problemas ocurre desde hace más de veinte años, cuando inició una fuerte especulación con la venta de la tierras costeras por empresas de bienes raíces que contratan intermediarios, que sin ningún escrúpulo, por cualquier medio, compran, venden y revenden lotes, a empresas hoteleras y constructoras extranjeras. Nos dice que la razón del actual plan de construcción y mejoramiento de la carreteras es porque hay varios políticos involucrados en el negocio, y serán beneficiados.

El turismo playero si bien ha traído algún sustento económico a las familias de la región, ha traído mucha inflación de los precios para la comunidad, el Presidente del Comité Católico de Santa Catalina, por ejemplo, nos dijo que los precios del transporte público son demasiado caros para ellos, y que ya estaban peleando para bajarlo.

El Señor Bolívar, propietario de un pequeño restaurante, nos dice que los beneficios de la forma en que se está desarrollando la actividad turística en el área se concentran cada vez más en pocas manos, cerrando oportunidades a los moradores, y el problema de la corrupción de las autoridades agrava la situación, porque “la tierra se está quedando en pocas manos”, de la cual podrían desarrollar actividades económicas los moradores. Sin duda el caso del señor Bolívar, la señora Francisca, las señoras del colectivo Maria Auxiliadora, y otros, que no venden sus tierras, sino que la aprovechan para ellos mismos labrarse un futuro, son ejemplos alentadores.

La forma de turismo que se está desarrollando en el sur de Veraguas, produce problemas como el de playa El Flor, y vienen acompañado además del deterioro ambiental de los ecosistemas costeros, ya que el inclumplimiento de la leyes ambientales y la ausencia de controles está produciendo serios desequilibrios, que no son mitigables; algo aún más preocupante, si agregamos que ésta es zona de amortiguamiento del Parque Nacional Coiba. En resumen, por ningún lado se ve la sostenibilidad de este tipo de desarrollo turístico.

El autor es Miembro de la organización ecologista internacional Oilwatch.

Publicado en EXPRESIONES PARA UNA SOCIEDAD PARTICIPATIVA Año 3, Número 70, Diciembre 16-31, 2006

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