El agua se agota

mientras el recurso se agota, la población aumenta

‘Se necesita producir más con menos agua’

Centroamérica deberá asumir una gran responsabilidad de producir para regiones sin agua, ya que tiene más dotaciones per cápita.

ayudas. El país no ha invertido suficiente en obras de riego, especialmente si se compara la situación con otros países del área, dijo Héctor Pérez. LA PRENSA / Archivo

na María Garzón
agarzón@prensa.com

El agua empieza a hacer notar su calidad de recurso no renovable, y sobre el sector agropecuario recae una gran responsabilidad de conservación, ya que acumula el 70% del líquido consumido en el mundo.

El ser humano necesita beber de 2 a 3 litros de agua diarios, pero se necesitan 3 mil litros para producir sus alimentos, dijo Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) en una nota de prensa.

En Panamá se consumen anualmente unos 644 millones de metros cúbicos, de los que el 58% va al agro, el 52% al subsector riego, y el 6% al uso pecuario.

El crecimiento demográfico agrava la situación. “Se estima que la población mundial pase de 6 mil 500 millones de personas a más de 9 mil millones en 2050; así que necesitamos producir cada vez más alimento con cada vez menos agua”, dijo Vera Boerger, oficial de Tierras y Aguas de la Oficina Subregional de la FAO para América Central.

Como si fuera poco, los países centroamericanos deberán asumir una responsabilidad “enorme” de producir para regiones sin agua, puesto que sus dotaciones por habitante son de unos 28 mil metros cúbicos anuales, frente al promedio mundial de 7 mil , dijo Boerger.

¿Qué hacer?

Es necesario que los gobiernos hagan inversiones bien dirigidas, den incentivos y desarrollen un marco político adecuado para la administración del recurso, porque en muchos países “la competencia ya comenzó”, dijo Boerger.

En los últimos años, el estado panameño ha invertido más de 100 millones de dólares en construcción, rehabilitación y equipamiento de obras de riego, dijo Héctor Elías Pérez, director nacional de ingeniería rural y riego.

Entre los métodos que promueve la FAO están la cosecha de aguas de lluvia, la agricultura de conservación (evitando mover mucho la tierra para no perder que su humedad no se evapore) y el uso de aguas no convencionales como las servidas tratadas.

Panamá dispone del Plan Nacional de Riego, formulado en 1997 y tiene unas 4 mil hectáreas de cultivos irrigados con sistemas por goteo, 15 mil irrigadas con sistemas de aspersión y unas 19 mil con riego superficial, explicó Pérez.

Tomando en cuenta el potencial de riego en el país y la superficie desarrollada con sistemas de riego, es evidente que en Panamá no se ha invertido lo suficiente en obras de riego, especialmente si se compara la situación con otros países del área.

Aun cuando un suministro adecuado —aplicación oportuna de agua en cantidad, calidad y con la frecuencia requerida— garantiza la humedad necesaria para la producción de cosechas rentables, la mayoría de los productores no manifiesta una clara conciencia de los beneficios de estas técnicas, dijo Pérez.

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La seguridad alimentaria en Panamá no existe

AGRICULTURA. Autoridades agropecuarias tienen otra opinión

Pérdidas atentan contra la seguridad alimentaria

“Las importaciones y la especulación de los intermediarios nos están acabando y nadie hace nada”, aseguran los agricultores de las tierras altas de la provincia de Chiriquí y de la región de Azuero

Maria De Gracia

PA-DIGITAL

Pérdidas. Un trabajador mira con tristeza los repollos perdidos en una plantación en Cerro Punta, en Chiriquí.

En los campos panameños la falta de apoyo es evidente. Allá, muchos productores han decidido vender sus propiedades al mejor postor, rompiendo así con la tradición familiar de apego a la naturaleza, mientras que otros insisten en seguir haciendo brotar alimentos de la tierra.

Ya sea en la productiva región de la provincia de Chiriquí o en las áridas tierras de Azuero, la situación no es muy distante.

“Las importaciones y la especulación de los intermediarios nos están acabando y nadie hace nada”, dice con palabras mojadas por la impotencia, Tomás Atencio, un otrora próspero productor de las tierras altas chiricanas.

Y es que solo durante la pasada cosecha Atencio perdió más de 10 mil dólares en una siembra de cebolla para la cual no encontró mercado.

El bulbo se perdió en el campo, y a Atencio solo le quedó llorar por el vapor que despedía el fruto de su frustrado trabajo.

Bastante distante de las parcelas de Atencio está Héctor Ortega, un productor del valle de Tonosí, en la provincia de Los Santos, quien, según dice, hace unos años se dejó llevar por los cantos de sirenas que afirmaban que la agroexportación era la panacea del sector.

“Todo fue mentira”, afirma hoy, al tiempo que cierra el puño de su mano derecha.

Recuerda que entre los que impulsaban esta iniciativa estaba el actual ministro de Desarrollo Agropecuario, Guillermo Salazar.

Pero ahora Salazar tiene otra postura. En un reciente foro sobre seguridad alimentaria, sostuvo que el Gobierno tiene el deseo de apoyar el crecimiento de la producción de arroz, maíz, frijol, carne y leche “para que disminuyan los efectos de los productos importados y se pueda apoyar la producción nacional”.

El pronunciamiento que hoy hará el presidente Torrijos en la provincia de Los Santos, reveló, “estará dirigido a incentivar la producción nacional y un apoyo sostenible a los productores del país”.

Datos.
La producción anual de papas en Panamá es de unas 27 mil toneladas.

Las importaciones de papas procesada suman las 10 mil toneladas al año.

La producción local de cebolla oscila entre 45 mil a 50 mil quintales al mes.

La cosecha de cebolla en 2006-2007 alcanzó los 678,808 quintales, los productores aseguran que de no existir incentivos la producción caerá.

Agroexportación.
La agroexportación, que en el 2000 se le vendió a los productores como la mejor alternativa para salir adelante, hoy presenta otra cara, según cifras oficiales

Durante el período enero-marzo del 2008 comparado con su similar del 2007, la exportación de melón registró una baja en su valor de 13,7% y su peso en 18,4%.

Igualmente, la piña redujo su valor exportado en 17,1% y su peso en 14,4%. En cuanto a la sandía, su valor exportado mermó en 0,2%.

Por otro lado, se observaron bajas en la exportación de carne de ganado bovino de 17,7% en su valor y 17% en su peso; igual comportamiento lo reflejó el ganado vacuno en pie, en 97,4% en valor y 90.0% en volumen.

Producción de piña en Panamá: aspectos ambientales

La producción de piña en Panamá:

Aspectos ambientales

(Extracto – Trabajo Final de Carrera 2007)

Luis Eduardo San Joaquín Polo
Universidad Politécnica de Valencia
Escuela Politécnica Superior de Gandía y
Universidad de Panamá
Centro de Estudios de Recursos Bióticos

Marco histórico

Hace más de 50 años, en Panamá se veía a la piña como un componente más de la dieta, siendo sembrada en pequeñas áreas de donde se obtenía la fruta para abastecimiento personal y los excedentes eran canjeados por otros productos. Con el transcurso de los años, se incrementó la producción hasta que en 1969 se sembraron áreas de tamaños significativos.

En el año agrícola 1990 – 1991 existían en Panamá 31,704 explotaciones de piña, concentrándose más de las dos terceras partes en las provincias de Veraguas, Chiriquí y Panamá. La mayoría de estas explotaciones (98%) eran cultivos dispersos, siendo en las provincias de Veraguas, Chiriquí y Panamá donde se encontraban más de las dos terceras partes. Solamente 2% de las explotaciones de piña tenían cultivo organizado, encontrándose más de la mitad en las provincias de Panamá y Chiriquí.

La superficie cultivada con piña de forma organizada, en todo el país, fue de 781.55 ha, siendo la provincia de Panamá la que tuvo la mayor área sembrada (72%). El tamaño promedio de las explotaciones organizadas en la República era de 1.59 ha, las provincias de Los Santos y Panamá, tuvieron los tamaños promedios mayores (4.91 y 4.07 ha, respectivamente).

En general, la producción nacional de piña fue creciendo de 3,900 toneladas en 1960 a 15,300 toneladas en 1988, para un incremento de 393%. En el año agrícola 1990 – 1991, en la República de Panamá se cosecharon 2.799.163 unidades, siendo el aporte de la provincia de Panamá de 1.975.876 unidades (71%).

De acuerdo a los datos obtenidos, la actividad piñera organizada en la República de Panamá, se ubica en la provincia de Panamá. De las explotaciones de piña existentes en esta provincia en 1990 – 1991, en Panamá Este se ubicaron la mayor cantidad (3.016). Sin embargo, el 97% de las plantas de piña sembradas en la provincia se ubicaron en Panamá Oeste, lo que indica además, que el tamaño promedio de las explotaciones de Panamá Oeste era mayor.

De los distritos de Panamá Oeste, La Chorrera, Capira y Arraiján tuvieron el 91% de las explotaciones, siendo el primero (Chorrera), el que abarcó el 91% de las plantas de Panamá Oeste o el 60% del país. El 96% de las plantas de piña en edad productiva de la provincia de Panamá, se encontraron en Panamá Oeste, ubicándose el 85% en el distrito de La Chorrera.

De la cantidad de piña cosechada en la provincia de Panamá en el año agrícola 1990 – 1991, el 95% fue de Panamá Oeste, siendo el distrito de La Chorrera el que aportó el 81%.

La superficie sembrada en el año agrícola 1993 – 1994 en Panamá Oeste fue de 349.88 ha, encontrándose el 98% en La Chorrera.

En 1993, se sembraron en Panamá Oeste 5.552.8248 plantas de piña. Para 1994, la cantidad de plantas de piña sembradas en Panamá Oeste, aumentó en casi dos millones (50 hectáreas más).

Según el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), en 1994 habían en La Chorrera 81 productores de piña con una superficie sembrada de 344.2 ha. Para el año 2003, 84 productores sembraron 435.75 ha, lo que implica un incremento de 26.6% del área sembrada en casi 10 años.

La actividad piñera en el área de estudio

Introducción

El cultivo de piña es la principal actividad agrícola del distrito de La Chorrera. En este distrito se encuentra la más importante zona de producción de esta fruta de la República de Panamá.

Durante mucho tiempo la variedad más utilizada era Cayena Lisa Tipo Hawai, pero en los últimos años, la variedad Cayena Lisa MD-2, se fue expandiendo, siendo actualmente la que ocupa mayor extensión en el área. Esto se debió a la apertura del mercado internacional, y a su preferencia por esta variedad, lo que trajo como consecuencia el desarrollo e introducción de nuevas tecnologías dirigidas a mejorar los rendimientos y la calidad en la fruta.

De las dos variedades, la MD-2 es la más exigente en cuanto a preparación de suelos, riego y abonamiento.

En el área hay establecidas, aproximadamente, 1200 Ha de piña MD2. La producción de fruta es destinada al mercado de exportación, siendo Estados Unidos y Europa los principales mercados de la fruta.

Los pagos por la venta de la fruta que los productores reciben fluctúan durante el año y son más altos en los mercados europeos. Sin embargo, las exigencias en cuanto a calidad de la fruta y estándares de producción, también son más altos.

En el caso de la producción de piña, el Protocolo Eurepgap, ha pasado a ser una exigencia de entrada a ciertos mercados de Europa y de otros países. Aquellos productores que han sido certificados bajo el Protocolo, han tenido la oportunidad de consolidar relaciones comerciales más estables con el mercado.

Otra certificación que está siendo implementada en el área es la Certificación Rain Forest, más exigente en los aspectos medio-ambientales y en la inocuidad del producto final para la salud humana.

La producción de piña de la variedad MD2 que cumple con los requisitos es destinada al mercado de exportación y la piña de rechazo es comercializada en el mercado nacional, es utilizada para alimentar animales ó desechada. Esta dinámica de producción de piña, ha traído como consecuencia cambios en el paquete tecnológico utilizado, específicamente en el uso de pesticidas.

De las empresas piñeras instaladas en el área, las que tienen el certificado Euregap son las siguientes: Golden West S.A, Panamá Pineapple Company, Verba Odrec S.A., Faspa S.A y Grupo El Establo. Esto les ha permitido estabilidad en la comercialización de la fruta, especialmente con la comercializadora FYFFES.

Ninguna de las fincas de este estudio se encuentran actualmente certificadas por Euregap, no obstante todas ellas están siendo dirigidas por el Ingeniero Edwin Castillo (asesor interno de Eurepgap), hacia la obtención de dicha certificación, mediante la implantación de aquellas prácticas que exige el Protocolo.

Sin embargo existen en el área todavía muchos productores no certificados que están confrontando restricciones de mercado por no contar con dicha certificación.

Algunos problemas ambientales

El cultivo de piña, al igual que el resto de actividades agrícolas, causa una serie de perturbaciones sobre los distintos recursos naturales de los que se sustenta. Si bien, éstas pueden reducirse considerablemente mediante la implementación de prácticas agrícolas que, sin afectar a la productividad de los cultivos, conserven la calidad del medio natural sobre el que se asientan.

Pero a pesar de que la piña puede producirse bajo condiciones moderadamente amigables con el ambiente, la forma en que se manejan las fincas de piña en el área de estudio, causa una serie de perturbaciones de diversa consideración, tanto sobre la calidad del medio natural como sobre la salud de las personas.

Entre las causas principales de dicha degradación ambiental encontramos las siguientes:

1. Muchos sembradíos de piña se encuentran sobre áreas con pendientes muy pronunciadas, sobre las que además, en algunas de ellas, se practica un laboreo excesivo. Esto trae como resultado una rápida pérdida de sustrato.

2. En muchas zonas se practica la siembra a favor de la pendiente, lo que favorece la erosión por escorrentía y la formación de cárcavas.

3. Los sistemas de riego utilizados provocan una severa y rápida erosión. Esto se debe a que no se determina el tiempo que debe durar el riego diario, por lo que, al saturarse el suelo, se dan escorrentías que propician la erosión en surcos.

4. El sistema de drenaje, en la mayoría de las fincas, no se ha diseñado de la forma más eficiente para reducir la erosión. Tampoco se ha observado la implantación de otras técnicas o medidas para reducir la erosión. Únicamente el uso de vegetación protectora (vetiver) en algunas de ellas y la practica de la “Cero labranza” en una de las fincas.

5. La utilización de productos químicos para el control de malezas a dosis y frecuencias inadecuadas es común en el área piñera. El uso indiscriminado de algunos herbicidas no selectivos de larga actividad residual favorece la erosión de los suelos al dejarlos descubiertos por un tiempo prolongado. (Por ejemplo, se usa Paraquat y Glifosato)

En épocas de fuertes lluvias los impactos derivados de la erosión pueden ser críticos, ya que el superficial sistema radicular de la piña (15 a 30 cm. de profundidad), otorga al suelo una limitada cobertura vegetal.

Como la piña es un producto que se produce a lo largo de todo el año, las áreas de cultivo se escalonan de manera tal que, todos las semanas se cosecha, se preparan terrenos y se siembra Esto hace que el suelo sea especialmente vulnerable durante el proceso de preparación de terrenos, ya que si el mismo se lleva a cabo en época lluviosa, causa la pérdida de enormes cantidades de suelo por erosión.

Los suelos donde se siembra piña bajo condiciones de alta precipitación, pueden llegar a perder su potencial de producción en poco menos de una veintena de años. Si además el área tiene algún nivel de pendiente, el problema se agrava, llegándose a una pérdida completa del suelo en todavía menos tiempo.

También hay que destacar que muchas de las fincas piñeras se encuentran sobre suelos con una baja capacidad agrológica, que presentan limitaciones desde severas hasta muy severas para cultivos, siendo su uso recomendado para bosques o pastos.

En los mapas que se presentan a continuación se evidencia que más de la mitad de los suelos del área son utilizados en actividades agropecuarias, siendo muchas de estas áreas no aptas para el desarrollo de las mismas, lo que nos lleva a la conclusión de que estos suelos están deteriorándose y/o en proceso de deterioro.

Otro aspecto a tener en cuenta es la propia contaminación del suelo por el uso indiscriminado de pesticidas que se practica en algunas de las fincas del área.

Las principales alteraciones que se presentan en el recurso suelo son: reducción de la fertilidad y disminución de los organismos benéficos.

Un importante porcentaje de los pesticidas utilizados se asienta en los suelos, impidiendo que éstos lleven a cabo su proceso natural de fertilización. Como consecuencia de ello, los suelos pierden capacidad productiva, los productos son de menor calidad nutritiva y, en algunos casos, los niveles de contaminación son peligrosos para la salud de quienes los van a consumir.

Adicionalmente, el uso generalizado de pesticidas elimina los sistemas bioquímicos naturales, es decir, especies útiles que mantienen normalmente bajo control la proliferación de plagas potenciales.

Como punto positivo hay que destacar la iniciativa de algunos productores de reducir la degradación y erosión de los suelos de sus fincas, mostrando una verdadera concienciación sobre la problemática de la pérdida de suelo en la región y sus impactos ambientales asociados. Como ejemplo de ellos en cultivos localizados en La Chorrera, Panamá, se observan aspectos tales como:

1. Existen algunos tramos de las quebradas situadas en los bordes de las fincas que carecen de vegetación protectora.

2. Existen áreas de cultivo próximas a las quebradas donde no se respetan las distancias legales (10 m).

3. Se ha encontrado en una de las fincas evidencias de vertidos de sustancias tóxicas en las quebradas.

4. No existe un plan de manejo del agua de riego orientado a optimizar su uso y minimizar las pérdidas. Tampoco se utiliza el sistema de riego más eficiente para asegurar una mejor utilización y conservación de los recursos hídricos.

5. Como resultado de la aplicación de agroquímicos (en muchos casos excesiva), se produce un lixiviado de compuestos químicos que puede afectar a la calidad y disponibilidad del agua.

6. Los suelos erosionados son transportados por la escorrentía de la lluvia hasta las corrientes de agua, aumentando el volumen de sólidos suspendidos y disueltos, lo cual causa la sedimentación del lecho de ríos, y la degradación de la calidad del recurso hídrico.

Con respecto a la ausencia de vegetación en las orillas, esto es debido a la práctica común observada en las fincas visitadas de eliminar la vegetación ribereña en algunas zonas concretas, posiblemente para facilitar las operaciones de llenado del tanque del camión que se utiliza para proveer de agua a la fumigadora, a los tanques de fertilizante, etc. Esto trae consigo diversos impactos:

  • Por un lado, esta eliminación de la vegetación provoca un estado de vulnerabilidad del recurso hídrico frente a la contaminación por sedimentos y agroquímicos provenientes de las aguas de escorrentía que, en caso de existir vegetación, ésta actuaría de filtro y barrera protectora, fijando en su base estos compuestos e impidiendo que alcancen y contaminen el recurso hídrico.
  • Por otra parte, esta ausencia de vegetación en las riberas de las quebradas hace que en pequeñas corrientes pueda originar un incremento en la temperatura del agua, dando lugar a la llamada contaminación térmica.

Un aumento en la temperatura conduce a reducir la solubilidad del oxígeno, lo cual puede incidir negativamente en la actividad biológica dentro del agua, así como en la capacidad autodepurativa del río (Brooks et al. 1991).

El incumplimiento de las distancias mínimas entre el cultivo y el recurso hídrico también muestra la vulnerabilidad a la contaminación de las aguas, especialmente en aquellas áreas con pendientes pronunciadas, ya que los contaminantes presentes en las aguas de escorrentía pueden alcanzar con mayor facilidad al recurso.

El aporte excesivo de fertilizantes puede producir su lixiviado hasta las masas de agua, produciendo una alteración de la calidad del recurso. Uno de los efectos más visibles es la eutrofización de las aguas, que origina un crecimiento excesivo de algas que, al morirse, producen una enorme cantidad de materia orgánica que es rápidamente degradada por los microorganismos acuáticos. En este proceso de degradación se consumen grandes cantidades de oxígeno, lo que disminuye la cantidad de oxígeno disuelto disponible para el resto de organismos acuáticos, produciéndose la desaparición de muchas especies y por lo tanto alterando el ecosistema en su conjunto.

En el documento “La Cuenca del Canal: deforestación, urbanización y contaminación, 1999”, se señala la existencia de un crecimiento de nitrógeno y fosfato en las aguas superficiales que aceleran la eutrofización de las aguas, especialmente en el río Caño Quebrado.

Por otro lado, en los resultados presentados por el Dr. Jaime Espinoza y otros colaboradores en una investigación sobre la producción de piña y su relación con la calidad del agua en la cuenca del Lago Gatún, se tiene que:

1. Se detectan residuos de plaguicidas (atrazina) en el agua de la cuenca alta, mediante las técnicas EISA y HPCL, en niveles de 0.1ug/l a 1ug/l.

2. Un efecto acumulativo por afluencia y la pluviosidad se manifiesta en los sectores con mayor empleo de estos herbicidas.

3. Se presenta una relación entre las actividades de producción de piña y los residuos de estos herbicidas en el agua.

4. Las concentraciones de los residuos de triazinas son inferiores a las tolerancias según las directrices y normas para agua cruda.

5. La presencia de residuos de atrazina en el agua de la cuenca alta del Lago Gatún se relaciona también con la sedimentación.

6. Los niveles de otros plaguicidas contaminantes no son conocidos.

En cuanto a la pérdida de suelo por erosión, ésta es la causante de la llamada contaminación por sólidos en suspensión, que puede llegar a afectar gravemente a los cuerpos de agua adyacentes a los cultivos, mediante el continuo aporte de sedimentos.

Este aporte de sedimentos puede representar una fuente de contaminación desde el punto de vista físico, cuyos resultados son el aumento de la turbidez de las aguas (reducción en la penetración de la luz solar, vital para muchos de los organismos) y la sedimentación (reducción en la capacidad de almacenaje de los embalses, pérdidas de las áreas de desove para ciertas especies ictícolas, etc.).

En las sub-cuencas de los Hules-Tinajones y Caño Quebrado, todas las comunidades se abastecen de agua por medio de acueductos rurales, ya sea que captan aguas superficiales o que se abastecen de aguas subterráneas. Es importante mencionar, que aunque en los últimos estudios realizados sobre el área no se han encontrado niveles por encima de los permitidos, esta situación y el crecimiento de la actividad piñera y del resto de actividades existentes en el área que utilizan insumos agroquímicos, representa una seria amenaza para la salud humana, ya que los residuos de plaguicidas pueden desplazarse a través de los cuerpos de agua a grandes distancias, constituyendo un riesgo de contaminación de las aguas potables para abastecimiento y para el riego.

También los peces y otras especies acuáticas pueden acumular plaguicidas que los hacen no aptos para el consumo humano.

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Edición digital para dominio público y educación ambiental: Centro de Estudios de Recursos Bióticos, FCNET, Universidad de Panamá.

Cruda realidad para la agricultura en Panamá

producción.ALTA DEPENDENCIA DE LAS IMPORTACIONES ES UNA ADVERTENCIA DE CRISIS.

Comercio exterior

Las exportaciones no compensan caída agrícola

Las áreas de cultivos agrícolas disminuyeron en 75 mil hectáreas y se generaron 450 mil jornales menos.

Agroexportadores sostienen que hay un problema de relevo generacional y que el desarrollo los ha acorralado.

LA PRENSA/Víctor Arosemena

DIFERENCIA. Las tierras destinadas a la agroexportación se incrementaron a 12 mil 320 hectáreas.

Rafael E. Berrocal R.
rberrocal@prensa.com

La agroexportación no tradicional se ha convertido en la tabla de salvación para muchas personas que vivían de cultivos como el maíz y el tomate.

Los resultados son sorprendentes, el sector se ha convertido en uno de los más pujantes y de cierta forma ha compensado la crisis que vive el sector agrícola en general.

La agroexportación, para el periodo 2007-2008, alcanzará los 120 millones de dólares en divisas para el país, según cálculos de la Gremial de Agroexportadores de Panamá (Gantrap).

Pero esto no ha sido suficiente y las estadísticas oficiales revelan una cruda realidad para la agricultura en Panamá.

En los últimos 10 años las áreas de cultivos agrícolas disminuyeron en 75 mil hectáreas, se generaron 450 mil jornales menos y el valor económico del sector se redujo a 343.5 millones de dólares, unos 112.5 millones menos que el que había en 1997, de acuerdo con cifras de la Contraloría.

Esto contrasta con el desempeño del sector agroexportador no tradicional. En la última década, las áreas de cultivo destinados a la exportación no tradicional pasaron de 3 mil 478 hectáreas a 12 mil 320, y el empleo generado saltó de 486 mil 920 jornales a un millón 724 mil 800 jornales.

Además, el valor de los cultivos de agroexportación no tradicional pasó de 41.7 millones de dólares en 1997 a 98 millones de dólares en 2007.

Para Francisco Antúnez, ex presidente de Gantrap y agroexportador, el problema de la caída del sector agrícola tiene que ver en gran parte con la pérdida del relevo generacional en las familias agrícolas y con la eliminación de las fronteras agrícolas, debido al desarrollo urbano, industrial y turístico.

Según Antúnez, esto ha llevado a la crisis alimentaria que se percibe actualmente en el país y a una alta dependencia de las importaciones de productos básicos, como el arroz, frijoles, cebolla y maíz, entre otros.

“Miramos con preocupación cómo el Gobierno se ha mantenido muy concentrado en defender la tesis de la especulación y de promover mercados internacionales para la exportación, pero se le olvidó que para exportar y generar empleos hay que producir, y para esto se requiere formar a los nuevos agricultores”, aseveró Antúnez. Además, “hay que crearles las condiciones, estimularlos y capacitarlos apropiadamente, si es que los queremos convertir en agroproductores”.

Los agroexportadores dicen que la solución está en un plan estratégico agropecuario, que evite la improvisación y la malversación de recursos.

El Ministerio de Desarrollo Agropecuario ha trabajado en algunos planes para ayudar al sector a acceder al financiamiento. Pero los agricultores afirman que hacer proyectos de riego cada 10 años no es la solución, mientras los caminos de producción se mantengan en pésimo estado, haga falta asistencia técnica y no exista una articulación adecuada en la política agropecuaria.