Intentan salvar ranas en Panamá

CIENCIA. PROYECTO DE RESCATE Y CONSERVACIÓN DE ANFIBIOS DE PANAMÁ.

Atención al cese de los cantos de ranas

Científicos nacionales, veterinarios y personal voluntario de zoológicos de EU trabajan para encontrar la forma de salvar de la extinción a los anfibios.

SUMMIT. Hay unas 40 ranas en cuarentena, unas arlequín y otras arborícolas. Por razones de bioseguridad, la desinfección debe hacerse diariamente. LA PRENSA/Archivo
TAMARA DEL MORAL
tdelmoral@prensa.com

Cada día, en un pequeño edificio ubicado en la entrada del Parque Municipal Summit, se repite la rutina: buscar y limpiar hojas frescas para reemplazar las que están en los contenedores plásticos traslúcidos que albergan a las ranas en cuarentena. Se cambia el agua, se limpian las cajas y se vuelven a “decorar” y a ubicar en los anaqueles. Los zapatos se quedan afuera para no contaminar el lugar.

No se trata de otra exhibición del parque zoológico, sino de un proyecto científico para tratar de descifrar los enigmas que entraña la quitridiomicosis, una infección causada por el hongo (Batrachochytrium dendrobatidis) que ha diezmado las poblaciones de anfibios en muchos países, incluida Panamá.

“Mucho de lo que estamos haciendo aquí es nuevo”, advierte antes de entrar el herpetólogo Roberto Ibáñez, investigador asociado del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y director del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (PARC, por sus siglas en inglés).

Después de calzarse unas chancletas plásticas cerradas, muestra las ranas en cautiverio que fueron rescatadas en cerro Brewster, en el Parque Nacional Chagres, en noviembre y diciembre de 2009. Aquí los científicos las monitorean, les hacen estudios para comprobar si tienen parásitos o en el peor de los casos, si están infectadas con el hongo.

“La ranita roja –Oophaga speciosa– que se encontraba en la zona cercana de Fortuna, ya desapareció. La Atelopus chiriquienses ya no se encuentra en el Parque Internacional La Amistad, y así ha pasado con otras especies. Pensamos que la causa ha sido el hongo, porque estaban relativamente seguras, en áreas protegidas”, dice Ibáñez. A la velocidad que avanza este hongo, estima, habrá llegado al este del país, en menos de cinco años.

Unas 40 ranitas están en cuarentena, las negras con manchas verdes, conocidas como arlequín, son Atelopus limosus, y las de color verde caña con lunares y aspecto pegajoso, que se esconden entre las hojas, son Hyloscirtus colymba, una especie arborícola. A pesar de ser comunes en cerro Brewster, es poco lo que se conoce de ellas. “Los machos se encuentran entre las rocas de los ríos, pero no se sabe si las hembras ponen huevos en el agua o en las hojas”, indicó.

Aunque la idea del primer rescate era recolectar animales sanos para reproducirlos, algunos ejemplares estaban enfermos con el hongo y murieron. Es decir, el hongo ha ido avanzando desde la región oeste del país y ya está en el área del Canal. En la segunda colecta, los animales fueron tratados preventivamente con el antibiótico itraconazol, pero no se sabe si este funcionará con todos los anfibios.

Preocupado, Ibáñez explica que aquellos que se infectan con el hongo pueden adquirir otras enfermedades, porque la piel se les destruye, dejando abierta una puerta de entrada a otros patógenos, virus o bacterias.

“De aquí a noviembre queremos ir a Darién –uno de los sitios con mayor diversidad de anfibios en el mundo–, a las serranías de Pirre y Sapo, para obtener muestras de más especies. En 2007 estuvimos en Darién, pero hasta ahora no tenemos resultados que muestren que el hongo haya llegado a esa provincia”. Dr. Roberto Ibáñez, Universidad de Panamá y STRI

Sin embargo, agrega Ibáñez, si no se toman medidas, las personas pueden trasladar el hongo de un lado a otro. Por eso se deben desinfectar las botas o zapatos. Aunque se asocia a medios acuáticos, pueden haber otros organismos qu e lo estén dispersando, una tesis aún no validada. Mientras, los científicos se afanan en hallar respuestas para salvar de la extinción a los anfibios.

Un esfuerzo en conjunto

Dentro del proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios se contempla establecer un centro de investigación en Summit, con unos seis contenedores habilitados como laboratorios, donde los científicos estudiarán diferentes especies. Por ahora, además del área de cuarentena, un contenedor está siendo equipado y se espera que lleguen otros en pocas semanas. Dos biólogos y dos estudiantes de biología, con apoyo de una veintena de voluntarios estadounidenses –entre veterinarios y personal de zoológicos– están trabajando en las instalaciones.

Los voluntarios extranjeros han colaborado en los protocolos de tratamiento contra hongos y parásitos que se alojan en los pulmones de los animales. “Hemos tenido voluntarios panameños, pero es deseable una mayor participación de ellos, ya que, después de todo, estas son especies de nuestro país y deberíamos contribuir en su conservación”, dice el investigador Roberto Ibáñez.

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Un asesino de ranas en Panamá

EXTINCIÓN DE ANFIBIOS. ‘BATRACHOCHYTRIUM DENDROBATIDIS’.

Asesino microscópico

El hongo quíprido se mueve velozmente, y según la Anam ha llegado a Cerro Campana amenazando más especies.

CORTESÍA/Anam/Edgar Griffith

Rana Cristal

Crisly Florez
cflorez@prensa.com

La población mundial de anfibios está mermando a causa de un hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis.

Según estudios publicados en la revista Science, en 2006, un tercio de las 5 mil 743 especies de anfibios en el mundo están amenazadas.

La clase de los anfibios incluye ranas, sapos, salamandras y cecilias, especies que han habitado la tierra desde hace más de 300 millones de años, y que podrían desaparecer a causa de este hongo, también conocido como hongo quítrido, según un informe proporcionado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI).

El Batrachochytrium dendrobatidis u hongo quítrido, es un organismo microscópico que pertenece a un grupo de descomponedores de materia orgánica del suelo y se reproduce por esporas que se transportan a través del agua.

“Tiene un movimiento de serpenteo similar al de los espermatozoides”, explica el biólogo Edgardo Griffith, encargado del Centro de Conservación de Anfibios, en El Valle de Antón.

El también investigador del zoológico de Houston señala que la piel de los anfibios está conformada por queratina, y este hongo se alimenta de esa sustancia y además produce esporangios que se meten en la piel de la rana. Cuando la rana percibe este cambio, empieza a producir más queratina, lo que hace que su piel se ponga más gruesa, y esto reduce su capacidad de respirar. Así, la rana muere asfixiada o también pierde la capacidad de excretar y de deshacerse de sustancias tóxicas como la amonia, por lo que muere envenenada por los fluidos corporales. Otro efecto que causa el hongo quítrido es que el animal muere de hambre porque el estrés que causan las esporas en su organismo no le permite buscar alimentos, informa Griffith.

Sin embargo, el hongo puede ser asintomático, es decir, puede estar presente en la rana, más no causarle efectos, pues como vive en estos organismos, si los mata a todos no tendría dónde vivir, agrega Griffith.

El biólogo de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), Jorge García, explica que este hongo proliferó porque en la década de 1930, se utilizaban ranas acuáticas sudafricanas, llamadas Xenopus laevis, para hacer pruebas de embarazo en las mujeres. Esta especie tiene el hongo en su piel y no les afecta. Como fueron exportadas para ser utilizadas en este experimento, el hongo se fue dispersando, causando gran cantidad de muertes en anfibios de todo el mundo.

Según un informe del STRI, el hongo se registró por primera vez en Panamá en el área de Fortuna y el oeste del país en 1998. La doctora Karen Lips, de la Universidad del sur de Illinois, en conjunto con su equipo de trabajo, documentaron la existencia de una progresión geográfica en la infección desplazándose desde Costa Rica hacia el occidente panameño a finales de la década pasada.

A principios de 2006 llegó a El Valle de Antón, amenazando la vida de varias especies endémicas que habitan en esta área, como la rana dorada (Atelopus zeteki) y otros anfibios, asegura García. Pero la preocupación aumenta, pues el hongo se está reproduciendo cada vez más rápido y ha llegado a Cerro Campana, donde será muy difícil su estudio debido a que es un área muy montañosa, agrega.

Ante esta amenaza, con la colaboración del zoológico de Houston, la Anam, la Asociación Americana de Zoológicos y Acuarios, se construyó el Centro de Conservación de Anfibios donde se realizan investigaciones sobre el hongo, y se mantienen varias especies en cautiverio para prevenir su extinción.