ONU: 2011, Año Internacional de los Bosques

2011, Año Internacional de los Bosques

La ONU impulsará diversas iniciativas para frenar el creciente deterioro de los recursos forestales del planeta

Los bosques tendrán en 2011 su Año Internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas organizará diversas actividades para concienciar a la sociedad de los problemas que sufren los recursos forestales de todo el planeta y frenar su deterioro. Cada año desaparecen más de 13 millones de hectáreas de bosques en todo el mundo, una superficie equivalente a la cuarta parte de la península Ibérica. Los consumidores pueden asumir varias medidas para combatir esta deforestación, que afecta a la biodiversidad y al bienestar de miles de millones de personas.

Objetivo del Año Internacional de los Bosques

El Año Internacional de los Bosques pretende llamar la atención de todos los ciudadanos del mundo durante 2011. Su objetivo es aumentar los esfuerzos de recuperación y conservación de las masas arbóreas mundiales y recordar que son parte esencial del desarrollo sostenible del planeta, gracias a los beneficios económicos, socioculturales y ambientales que proporcionan.

Sus responsables realizarán a lo largo de todo el año diversas actividades para implicar a instituciones, empresas y ciudadanos y llamar la atención sobre las mayores amenazas que sufren los recursos forestales. Se promoverán iniciativas para aumentar la ordenación sostenible, la conservación y el desarrollo de todo tipo de bosques, incluidos los árboles fuera de ellos. Además, se intercambiarán conocimientos sobre estrategias que han frenado la deforestación y la degradación forestal.

Con esta edición, será ya la segunda que los bosques son protagonistas de un Año Internacional: en 1985 el Consejo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) pidió a sus Estados Miembros que tomaran conciencia de la necesidad de proteger esta parte esencial de la naturaleza.
Por qué hay que proteger los bosques

Según estimaciones de la FAO, cada año desaparecen más de 13 millones de hectáreas de bosques en todo el mundo, una superficie equivalente a la cuarta parte de la península Ibérica. Los expertos señalan diversas causas, todas ellas provocadas por los seres humanos: la sobreexplotación y la tala ilegal, la conversión a tierras agrícolas y ganaderas, la recolección insostenible de la madera, la gestión inadecuada de la tierra, la creación de asentamientos humanos, las explotaciones mineras y petrolíferas, la construcción de embalses y carreteras, las especies invasoras, los incendios forestales, los cultivos para agrocombustibles, la fragmentación de los ecosistemas o la contaminación atmosférica.

Mención aparte merecen los bosques vírgenes conservados en su estado original, que desaparecen a gran velocidad en todo el mundo. Conocidos como bosques primarios, cubren un 10% de la superficie terrestre, aunque se estima que cada año se pierden o modifican unos seis millones de hectáreas. La organización ecologista Greenpeace asegura que solo se conservan el 20% de los bosques primarios originarios, que el 80% ya se ha destruido o alterado y que el 20% restante está en peligro. Por su parte, los árboles singulares, algunos con más de mil años de edad o del tamaño de un rascacielos, tampoco disfrutan de una mejor situación.

En España, la mitad de la superficie forestal está desarbolada y la actividad humana amenaza la calidad biológica de los bosques que perviven. Así lo señala el informe “Los bosques que nos quedan. Propuestas para su restauración”, elaborado por expertos de la organización conservacionista WWF y de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Los bosques son mucho más que madera. Más de 1.600 millones de personas en los países más pobres del mundo sobreviven por los alimentos, los materiales, el agua o las medicinas que consiguen gracias a ellos. Algunos son pueblos indígenas únicos en peligro de desaparición. Además, son el hogar del 80% de la biodiversidad mundial de plantas y animales y, por ello, su destrucción pone en peligro la supervivencia de muchas especies. Los bosques tropicales son el caso más extremo, debido a la gran cantidad y variedad de seres vivos y a las deforestaciones masivas que padecen.

Los recursos forestales juegan también un papel clave en el cambio climático. Los árboles son uno de los principales sumideros de carbono, al absorber el dióxido de carbono (CO2). Por ello, la deforestación causa hasta un 20% de las emisiones mundiales de CO2, una cifra similar a la generada por el sector del transporte, según datos del Banco Mundial.
Qué pueden hacer los consumidores

Todavía hay tiempo de actuar. Los bosques cubren más del 30% de todo el territorio mundial y contienen más de 60.000 especies de árboles, muchas de ellas todavía sin descubrir. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha calculado que para compensar la pérdida de árboles sufrida el decenio pasado habría que repoblar un área equivalente a la superficie de Perú con unos 14.000 millones de árboles anuales durante diez años consecutivos.

Los consumidores pueden contribuir a recuperar la masa boscosa del planeta de diversas maneras. La más activa es plantar un árbol con sus propias manos. La pionera en este sentido fue la Campaña de los mil millones de árboles, promovida por la Premio Nobel de la Paz Wangari Maathai. En España, iniciativas como las de la Fundación Más Árboles, Apadrina un árbol, Acciónatura, Ecologistas en acción o Arba también instan a los ciudadanos a que contribuyan a la reforestación del planeta. Otra opción es ayudar a las asociaciones ecologistas o que trabajan con árboles, aprender más sobre ellos y apreciar su importancia, o denunciar posibles casos de talas indiscriminadas o cualquier otro problema que les afecte.

Los consumidores también pueden presionar a las instituciones para que emprendan medidas que defiendan los bosques, como la creación de espacios protegidos y corredores entre estas áreas, el apoyo a prácticas eficientes y una gestión forestal sostenible o la repoblación con especies autóctonas de las zonas deforestadas.

Pueden asumir hábitos de consumo que eviten la utilización insostenible de los bosques. Se puede empezar por aplicar las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar) en los productos procedentes de la madera y otros involucrados en la deforestación, como los combustibles o los productos agroganaderos. También es posible consumir productos con etiquetas ecológicas (en el caso de la madera, el sello FSC) o realizar actividades de ecoturismo.

Fuente: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/naturaleza/2010/11/24/197304.php

Bosque Húmedo Tropical semicaducifolio del Parque Natural Metropolitano, pulmón verde de la ciudad de Panamá

2010: Año Internacional de la Biodiversidad llega a su término

El Año Internacional de la Biodiversidad llega a su término; hubo logros alcanzados y nuevas perspectivas para la conservación de la biodiversidad en los próximos años. Ha habido nuevos compromisos de alto nivel, pero se duda de acciones concretas. La valoración económica de la biodiversidad parece un camino a seguir desde la perspectiva de los grandes tomadores de decisión. Europa lidera esta iniciativa.

A nivel mundial se ha celebrado los resultados de la conferencia del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que se reunió en Nagoya, Japón, a finales de octubre. Los gobiernos aprobaron un “gran plan” de diez años para restaurar el mundo natural. Un nuevo acuerdo sobre el manejo de los recursos genéticos del planeta representó un hito importante, y se avanzó hacia la concertación de un nuevo acuerdo para financiar la conservación de la biodiversidad.

Ahora nos corresponde ver el resultado real en las áreas protegidas, las especies y hábitats amenazados, la financiación de la conservación, entre otras cosas.

Esperanzas tenemos y ojalá no se desvanezcan en el camino.

Burica Press

Ganadería destruye la Amazonía

BIODIVERSIDAD EN PELIGRO

Explotación ganadera daña Amazonía

Ministro del Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc lamenta pérdida de bosques.
Los bosques son codiciados por el hombre por la industria maderera, pero también para el desarrollo de la ganadería

EFE REPORTAJES

MADRID. Uno de los mayores escollos es el que representa la postura de Brasil ante la deforestación y explotación de la Amazonía, cuya riqueza, en tiempos de crisis, está siendo tratada de forma desaforada.

El mayor pulmón del planeta, que lo representa la Amazonía, es al mismo tiempo uno de los mayores perjudicados por las agresiones humanas y, por lo tanto, uno de los mayores causantes de efecto invernadero que destruyen el medio ambiente. Pero no sólo la tala de árboles de la que tanto se habla en los medios de comunicación es la causante, la industria ganadera en expansión y sin control durante los últimos años devasta este bosque fundamental para la vida.

Los bosques mantienen los ecosistemas al acumular grandes cantidades de carbono que de no ser retenidos por ellos contribuyen al cambio climático. Además de esta misión esencial para la conservación del medio ambiente, en los bosques sobrevive la cultura de pueblos indígenas, comunidades y más de la mitad de las plantas y de las especies animales terrestres del planeta.

La Amazonía almacena entre 80.000 y 120.000 millones de toneladas de carbono y su destrucción supondría la liberación de una cantidad de GEI (gases de efecto invernadero) equivalente a cincuenta veces las emisiones producidas anualmente por Estados Unidos.

BRASIL, SEGUNDO PAÍS DESTRUCTOR DE MASA FORESTAL EN EL MUNDO

Al ritmo de la deforestación de la Amazonía esto podría llegar a ocurrir, pues registra la mayor tasa de deforestación anual del mundo.

Según el gobierno brasileño, la industria ganadera es el máximo responsable de ello, con la destrucción de un 14 por ciento de la masa forestal. Se calcula que en los últimos años los ganaderos están destruyendo una media de una hectárea de selva amazónica cada 18 segundos, lo que hace que se sitúe en segundo lugar tras Indonesia de países destructores de masa forestal.

La suma de las extensiones de las fincas ganaderas instaladas ocupa aproximadamente el 80% de las áreas amazónicas deforestadas, y en ellas los mayores incentivos los proporcionan una mano de obra barata y la ausencia de una regulación que sea respetada en la zona.

Según datos de Greenpeace procedentes de observaciones realizadas por satélite entre los años 2006 y 2007 y de los permisos de deforestación, el resultado es que más del 90 por ciento de la actual deforestación es ilegal.

Debido a la crisis que está afectando a nivel mundial, el gobierno brasileño ha decidido promulgar leyes que dejan manos libres a los ganaderos y agricultores instalados en este pulmón de la Tierra, en lugar de adoptar una política tendente a preservar las tierras amazónicas. Consecuencia de ello es también la aportación de capital para promover la expansión de las infraestructuras ganaderas.

Estas tierras que han sido usurpadas ilegalmente estarán protegidas, además, por un proyecto de ley que ya se ha presentado ante el gobierno brasileño que concede derechos de propiedad a los usurpadores.

La situación de legalidad de estas tierras ha sido siempre un tema muy confuso por la falta de control sobre los títulos de propiedad y la ambigüedad de su legislación en la que siempre ha primado los intereses creados.

Como consecuencia de este panorama, en los últimos diez años, la industria ganadera brasileña ha experimentado un rápido crecimiento que ha hecho de Brasil el país poseedor de la mayor cabaña ganadera comercial del mundo y le ha convertido en el mayor exportador de carne de vacuno, así como de cuero curtido, cuyo mercado comparte con China.

El pasado año, el comercio ganadero brasileño alcanzó un valor total de 6.900 millones de dólares en el mercado de carne vacuno, cota que el gobierno prevé doblar para el año 2018.

Piden conservación de bosques urbanos

NATURALEZA. También que sea valorizada el agua

Piden conservación de bosques urbanos

Grupos ecologistas que el pasado lunes, conmemoraron el Día Nacional de los Bosques Urbanos, exigen respeto a ley del ambiente.

Melquisedec Quintero
PA-DIGITAL

Flora. Importante fomentar la arborización en la ciudad.

La aparición de peces muertos flotando en ríos, proyectos mineros, así como la proliferación de construcciones en la metrópoli, preocupan a sectores de la sociedad civil, en particular los ambientalistas.

Entre estos grupos están la Alianza para la Conservación y el Desarrollo (ACD), el Centro de Incidencia Ambiental (CIAM), en conjunto con el Centro de Estudio de Recursos Bióticos (CEREB), han mancomunado esfuerzos en la lucha por conservar los bosques, paralelo a la valorización del agua como recurso hídrico.

Raiza Banfield, directora del CIAM, solicitó al Gobierno una postura más enérgica en materia de normas que regulen la actividad de los grandes inmobiliarias, las que a su juicio ponen en peligro el ecosistema de las áreas boscosas cercanas a los lugares en construcción.

En este sentido, Susana Serracín, abogada ambientalista cuestionó la labor de la Asociación Nacional del Ambiente (ANAM), debido a que muchos de lo proyectos en el país, no cumplen los requisitos que establece la ley sobre preservación del ambiente.

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El Centro de Incidencia Ambiental, la Alianza para la Conservación y el Desarrollo y la Universidad de Panamá , Centro de Estudios de Recursos Bióticos, en reciente ceremonia en el Museo Reina Torres de Araúz, otorgaron reconocimiento a un grupo de comunicadores que han apoyado la defensa del agua, de los ríos y de los bosques de Panamá. La periodista Malema De León, de Panamá América, recibió la distinción por sus trabajos periodísticos sobre la protección del agua.

Carmencita Tedman, Cecilia MacIntyre ( en representación de Juan B. Gómez) y Carlos E. Rangel.

Carmencita Tedman, Cecilia MacIntyre ( en representación de Juan B. Gómez) y Carlos E. Rangel.

Malema De León, Raúl Carranza y Raisa Banfield.

Malema De León, Raúl Carranza y Raisa Banfield.

Alejandro Balaguer y Raisa Banfield.

Alejandro Balaguer y Raisa Banfield.

Ariel Rodríguez y Miguel Hidalgo

Ariel Rodríguez y Miguel Hidalgo

Destrucción gráfica del Parque Nacional Soberanía (sector este) desde Chilibre hasta Colón

Proteger bosques tropicales crea controversia

Fotografías por Tito Herrera para The New York Times

Al reclamar la selva tierra abandonada, se cuestiona la importancia de proteger al bosque original. Marta Ortega de Wing (izq.), antes crió cerdos en un terreno ahora reverdecido, cerca de Chilibre, Panamá. Gumercinto Vásquez dijo ser uno de los pocos campesinos que quedan en el área.

Proteger bosques tropicales crea controversia

Por ELISABETH ROSENTHAL

CHILIBRE, Panamá — La tierra donde Marta Ortega de Wing criaba cerdos hasta hace 10 años ahora se ve invadida por la selva que avanza a galope: palmeras, lagartos y hormigas.

En lugar de cultivar la tierra, ahora hace sus compras en el supermercado, y sus hijos y nietos viven en lugares como la ciudad de Panamá y Nueva York.

En Panamá y otros países tropicales, pequeñas propiedades como la de Ortega de Wing son reclamadas por la naturaleza, al tiempo que la gente abandona sus tierras y se muda a las ciudades en busca de una vida mejor.

Estos bosques “secundarios” están surgiendo con tanta rapidez que la tendencia ha desatado un debate sobre si salvar el bosque primitivo, una causa ambiental emblemática, puede ser menos urgente de lo que se pensaba. Según se calcula, por cada hectárea de bosque tropical que se tala cada año, hoy crecen más de 50 hectáreas de bosque nuevo en tierras que alguna vez fueron cultivadas, taladas o devastadas por desastres naturales.

Algunos científicos dicen que los bosques nuevos podrían amortiguar los efectos de la destrucción del bosque tropical al absorber el dióxido de carbono, principal gas invernadero vinculado coael calentamiento global, papel crucial que juegan los bosques tropicales. En menor grado, también podrían brindar habitat para especies en peligro de extinción.

La idea ha provocado indignación entre los ecologistas, quienes creen que los esfuerzos vigorosos por proteger al bosque nativo deben seguir siendo una importante prioridad. Sin embargo, esta idea ha ganado aceptación en organizaciones importantes como el Instituto Smithsoniano. En 2005, las Naciones Unidas llegó a la conclusión de que los beneficios ambientales de los bosques nuevos eran “subvalorados”.

“Los biólogos no ponían atención a estas enormes tendencias poblacionales y actuaban como si sólo el bosque original tuviera valor de conservación, y eso es erróneo”, dijo Joe Wright, científico titular del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical, en Panamá.

“¿Es esto un bosque tropical de verdad?”, preguntó, al tiempo que recorría una antigua plantación de cacao estadounidense que fue abandonada hace 50 años, y señalaba hacia las higueras, enormes telas de arañas y monos aulladores. “Un botánico puede ver los árboles aquí y saber que esto es crecimiento nuevo. La temperatura y la humedad son correctas. ¡ Mire nada-más la cantidad de pájaros! Funciona; éste es un habitat apropiado”.

Wright y otros dicen que la protección exagerada de los bosques tropicales no sólo impide que la gente pobre saque provecho de su tierra, sino que también le roba atención y financia-miento a otros enfoques para combatir el calentamiento global, como la eliminación de plantas de carbón.

Otros científicos discrepan, al opinar que la protección de los bosques es particularmente importante ante las amenazas de la tala y la agricultura industrializadas. “Sí, hay bosques que están reverdeciendo, pero no todos son iguales”, señaló Bill Laurance, otro científico del Smithsoniano, que ha trabajado extensamente en el Amazonas.

Laurance se mostró escéptico al ver el terreno de Ortega de Wing. ” ¡Esto es una caricatura de un bosque tropical! “, dijo. “No hay bóveda, hay demasiada luz, sólo hay unas cuantas especies”.

Señala que aunque los bosques nuevos pueden absorber las emisiones de carbono, tienen pocas probabilidades de salvar alas especies en mayor peligro de extinción, porque éstas no tienen manera de llegar ahí.

Todos, incluso Wright, coinciden en que la destrucción a gran escala de los bosques tropicales, en el Amazonas o Indonesia, debe ser limitada o manejada.

Cada año se talan aproximadamente 15 millones de hectáreas de bosque tropical original, pero en 2005, de acuerdo con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), se estimaba que crecían en los trópicos 850 millones de hectáreas de bosque de reemplazo potencial, un área casi del tamaño de Estados Unidos.

En las frondosas y neblinosas colinas del Panamá tropical, resulta fácil ver la deforestación como parte de un ciclo de siglos de civilización y selva. Los mayas fueron los primeros en despejar las tierras que ahora son un denso bosque.

Sin embargo, Laurance dice que en el mundo moderno, el bosque es talado por “la silvicultura industrial, la agricultura y la industria del petróleo y del gas; y está globalizada, en el sentido de que cada palo de madera que es cortado en el Congo es enviado a China y un bulldozer hace mucho más daño que mil campesinos con machetes”.

El destino de los bosques secundarios no sólo yace en la biología. Una recesión global podría eliminar empleos en las ciudades, lo que haría que los residentes regresaran a la tierra. “Esas son interrogantes para los economistas y los políticos, no para nosotros”, indicó Wright.

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ADEMÁS

Artículo en inglés:

New Jungles Prompt a Debate on Rain Forests

Recorte del periódico que incluye el artículo arriba desplegado.

proteger-los-bosques-crea-controversia

Proteger o no los bosques maduros

El mosaico de bosques en diferentes estadios sucesionales le da mayor riqueza y sostenibilidad a los territorios con áreas boscosas. Foto: M. Atencio.

El mosaico de bosques en diferentes estadios sucesionales le da mayor riqueza y sostenibilidad a los territorios con áreas boscosas, pero eso no deber restarle prioridad de conservación a los bosques más antiguos de la región, que contienen biodiversidad no cuantificada. Territorio Naso en el Rio Teribe, Panamá. Foto: M. Atencio.

Proteger o no proteger los “bosques primitivos”

Por Ariel Rodríguez V.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos, Universidad de Panamá

Un artículo del New York Times del 30 de enero de 2009 tomó los bosques de Panamá como ejemplo de la nueva tendencia mundial del paradigma detrás de los “bosques nuevos” versus los “bosques primitivos” o bosques viejos. Este es un excelente artículo para fomentar discusiones ambientales académicas, me indicó una amiga que me hizo llegar el vínculo electrónico del artículo.

Le indiqué que era muy interesante el planteamiento y le hice saber que no veía cuál es el punto o adónde quería llegar el Dr. Joseph Wright en sus argumentos de darle menor importancia o prioridad de conservación a un bosque joven con respecto a uno primitivo. Esto de inmediato me pareció un discurso ambiguo, que confunde a los tomadores de decisión y que no es aceptable en un tema tan delicado a nivel mundial, ya que los bosques no son menos importantes si son nuevos o viejos, primitivos o regenerados. Todos los bosques son importantes para la conservación de la biodiversidad que está inmersa en ellos, para mantener procesos ecológicos complejos y para generar servicios ambientales como la purificación del agua, del aire y el mantenimiento del agua subterránea de las cuencas.

Desde nuestra perspectiva científica es fundamental conocer la diferencia ecológica de cada bosque y su valor intrínseco. Es bien conocida en el mundo de la ecología la explosión de biodiversidad que se da cuando un bosque se regenera y conforme madura va de manera sucesiva cambiando los patrones de biodiversidad hasta llegar un clímax ecológico que no siempre es igual o similar al que hubo originalmente. Muchos elementos bióticos y procesos ecológicos sobreviven y muchas cosas nuevas arriban, pero también es muy cierto que muchos elementos se extinguen del área perturbada.

El mosaico de bosques caracterizados por la edad y sobre todo su extensión son fundamentales para mantener y conservar la biota por muchas generaciones más. La Isla de Barro Colorado es un ejemplo de fragmentos de bosques jóvenes de rica biodiversidad que en poco más de cien años ha perdido de manera sistemática una cantidad considerable de especies, lo que indica que esta área insular y su periferia se han quedado pequeñas para mantener procesos ecológicos más grandes o complejos, por eso es que la fauna mayor como jaguares, pecaríes de labios blancos, águilas arpías, tapires simplemente se extinguieron localmente, sumado al poderoso impacto ambiental del efecto borde de la presencia humana asentada en la misma región un par de kilómetros a la redonda desde la época colonial.

Esto nos lleva a definir sin dudas que todo parche de bosque, independientemente que sea un bosque maduro de 500 años o un bosque joven de 25 años son objetos prioritarios de conservación que no se le debe regatear su valor en función del paradigma utilitario que los humanos le dan (hoy conocidos como servicios ambientales) para definir sus prioridades de conservación.

Un ejemplo de buena conservación de mosaicos de bosques de diferentes edades son los bosques de la cuenca del Canal de Panamá que incluye la cuenca alta del Río Chagres. Justo esta combinación de bosques maduros en la cuenca alta del Río Chagres, bosques secundarios o bosques en regeneración en el resto del área canalera es una impresionante muestra de riqueza de la diversidad ecosistémica, de poblaciones y de especies animales y vegetales que hace de este país un punto caliente no sólo como laboratorio viviente para la investigación científica, sino para el turismo y otras actividades económicas y científicas conexas. Por tanto, en buena hora en Panamá hemos custodiado tanto los bosques maduros de Alto Chagres como los bosques secundarios en diferentes estadios sucesionales en la cuenca baja y media que llegan hasta la ciudad de Panamá y Colón.

Concuerdo con las preocupaciones de muchos científicos en que es totalmente erróneo seguir la premisa de que ya no tan es tan importante conservar bosques viejos, porque están resurgiendo los bosques jóvenes, lo cual logra quitarle prioridad y fondos de investigación y de conservación a los bosques maduros, como si en caso de perderlos es sólo cuestión de esperar que resurjan de las cenizas y esto no es correcto, ni cierto. Esto sencillamente es un planteamiento que hace más daño que bien, aquí y en todos la zonas tropicales del planeta.

¿Son los bosques secundarios la salvación de la biodiversidad tropical?

Panamá – ¿Son los bosques secundarios la salvación de la biodiversidad tropical?

La controversia está servida: unos alegan que la recuperación de la vegetación es positiva; para otros, ya es muy tarde para que el bosque recupere su balance

Eva Aguilar/DICYT. La pérdida del hábitat natural, el calentamiento global, la caza indiscriminada y el surgimiento de nuevos organismos patógenos y enfermedades, se cuentan entre las causas que amenazan con llevar a las plantas y animales que viven en los trópicos hacia una devastadora extinción. Hasta ahí los investigadores están de acuerdo. No lo están, sin embargo, a la hora de valorar el papel que tiene en las tareas de conservación y recuperación de la biodiversidad, el resurgimiento de áreas boscosas en lugares previamente deforestados y utilizados para actividades humanas.

En el 2006, Joseph Wright, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales de Panamá (STRI), y Helene Muller-Landau, de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), publicaron un artículo en la revista Biotropica, en el que ofrecían un punto de vista esperanzador en cuanto a la cantidad de bosque y especies que se perderán en las próximas décadas, contrario a la información que se manejaba hasta el momento.

Estudios del año 2003 indicaban que para el 2050 únicamente entre un 5% y un 10% del bosque tropical primario estaría intacto, mientras que entre el 50% y el 75% de las especies se habrían extinguido o estarían a punto de hacerlo. Basándose en proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre una inminente migración de la población humana de las zonas rurales a las zonas urbanas, y en la relación entre la densidad de la población y las proporciones de bosque remanente, Wright y Muller-Landau argumentaban que, en realidad, entre un 32% y un 36% de bosque se mantendría en buen estado para mediados del siglo.

Dada la intachable reputación de Wright como investigador, las conclusiones de los científicos fue acogida con regocijo por los medios de comunicación especializados en la divulgación de la ciencia, aunque la comunidad científica se mostró escéptica y extremadamente crítica. Los artículos de respuesta no tardaron en llegar y algunos científicos advirtieron que las proyecciones hechas por Wright y Muller-Landau eran “peligrosas” y debían ser vistas con cautela.

Wright, quien ha trabajado durante 25 años en Panamá, encontró en casa a uno de sus mayores críticos. William Laurance, también investigador del STRI y cuyas investigaciones se han llevado a cabo principalmente en el Amazonas brasileño, considera que se necesita mucho más que una migración humana para revertir mínimamente el daño causado hasta ahora.

“Creo que la industria maderera, la agroindustria, la industria del petróleo y el gas, y la expansión de los biocombustibles también son causas importantes de la pérdida de bosque”, dijo Laurance a DiCYT. “Los análisis de Joe [Wright] dan por hecho que el declive de la población humana permitirá que los bosques se recuperen. Yo no lo creo; por lo menos no en la extensión en la que él lo prevé”.

La controversia sirvió de excusa para reunir recientemente a un grupo de científicos en el Museo de Historia Natural de la Institución Smithsonian en Washington DC. Durante toda la tarde del pasado 12 de enero, expertos en el tema expusieron el resultado de sus propios estudios en varias regiones del mundo, en un esfuerzo por contestar a la apocalíptica pregunta con la que fue nombrado el encuentro: “¿Sobrevivirá el bosque tropical? Nuevas amenazas y realidades en la crisis de extinción de los trópicos”.

Indicios de recuperación

Gracias a los estudios realizados en campo y a la tecnología de satélite, hoy se sabe que, originalmente, el área de bosque que cubría los trópicos era de unos 20 millones de kilómetros cuadrados. De ese total, la mitad ha sido utilizado para actividades humanas como la agricultura, mientras que cinco millones de kilómetros cuadrados han sido talados para abastecer a la industria maderera. Ello sin contar que entre los años 2000 y 2005, del bosque que quedaba intacto, unos 275 mil kilómetros cuadrados (un área mayor que todo el Reino Unido), fueron deforestados.

Sin embargo, hay indicios de recuperación. ¿Cómo, dónde y en qué cantidad está ocurriendo este fenómeno?

De acuerdo con Gregory Asner, del Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie para la Ciencia (Estados Unidos), unos 350 mil kilómetros cuadrados, es decir, un 1.7% del área original de bosque maduro que fue alterado durante las últimas décadas, se encuentra en proceso de recuperación, especialmente en América Latina y Asia.

Durante su participación en el simposio, Asner señaló que, si bien los bosques secundarios están resurgiendo con bastante éxito en América del Sur y en Centro América, los brotes se registran muy separados unos de otros, lo que, por el momento, no ayuda a solucionar el problema de la fragmentación. El científico señaló, además, que la recuperación está ocurriendo principalmente en terrenos elevados y montañas, como respuesta a la migración humana hacia zonas urbanas.

Asner, sin embargo, se apura a señalar que a pesar de estos indicios, “la deforestación continúa siendo el patrón dominante en los trópicos”. Y agrega que es probable que muchas más áreas de las que se conocen hasta el momento estén experimento un proceso de recuperación forestal, pero por el momento ni siquiera la tecnología de satélite es capaz de captar esta tendencia, por lo que son necesarios más estudios de campo.

El trabajo de acercar a los asistentes al simposio a una realidad más concreta correspondió a Robin Chazdon, de la Universidad de Connecticut, quien hizo un recuento de los resultados de sus estudios en Costa Rica.

Chazdon ha encontrado que en Mesoamérica, donde el 80% de los bosques han sido talados para la práctica de la agricultura, los bosques secundarios pueden ser espacios ricos en biodiversidad, si bien esta se presenta en proporciones menores a las que pueden encontrarse en un bosque intacto.

La investigadora señala, por ejemplo, que 176 especies (59%) de árboles que crecen en bosques maduros fueron encontradas en bosques secundarios, mientras que de 123 especies de árboles consideradas como “especialistas” del bosque primario, 94 crecían en forma de pequeños tallos en bosques secundarios. La cuenta final es que un 90% de los árboles que sobreviven en bosques primarios, crecen igualmente en bosques secundarios, al menos en pequeña escala.

“Aunque algunos números no nos permitan pensar que los bosques secundarios son importantes, 42 países tropicales tienen hoy un área mayor de terreno degradado y bosques en recuperación que la que tienen de bosque primario”, señaló Chazdon. “Por lo tanto, para una gran parte de los trópicos, estos bosques secundarios es lo único que tienen”.

Obras en construcción

Entonces, ¿son los bosques secundarios una oportunidad para salvar a los trópicos? Está claro que depende de a quién se le pregunte.

William Laurance considera que si bien trabajos como el de Chazdon tienen fundamentos sólidos, Costa Rica es un país en el que la situación de los bosques es bastante esperanzadora, algo que, agrega, no ocurre en otros lugares como Brasil, donde los terrenos que empiezan a recuperarse se talan y queman casi inmediatamente. Esto no permite que las especies más vulnerables vuelvan a encontrar nichos que cubran todas sus necesidades.

“Muchos estudios señalan que menos de la mitad de las especies que viven en bosques maduros pueden sobrevivir en bosque secundarios, si bien esto depende de la edad del nuevo bosque. Los bosques en recuperación también son objeto de una intensa caza indiscriminada”, dice Laurance. “Por estas razones el bosque secundario es muy pobre a la hora de conservar a las especies más vulnerables de los trópicos como los pájaros que se alimentan de insectos y frutas, los primates y otros animales de gran tamaño”.

Chazdon, por su parte, señala que “los bosques secundarios son una obra en construcción”; algunos de ellos tienen menos de 20 años por lo que no ha habido tiempo suficiente para que acumulen especies. Pero hace un llamado a darles una oportunidad y utilizarlos como puentes para conectar y expandir las áreas de bosque intacto que han quedado separadas.

“Las tierras que han sido intervenidas no pueden sustituir al bosque intacto. Pero podemos crear estrategias para complementar los esfuerzos de conservación en las áreas protegidas, con estas como la espina dorsal y los áreas en recuperación como el resto del esqueleto”, concluyó la investigadora.

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Proteger o no los bosques maduros

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