Proteger o no los bosques maduros

El mosaico de bosques en diferentes estadios sucesionales le da mayor riqueza y sostenibilidad a los territorios con áreas boscosas. Foto: M. Atencio.

El mosaico de bosques en diferentes estadios sucesionales le da mayor riqueza y sostenibilidad a los territorios con áreas boscosas, pero eso no deber restarle prioridad de conservación a los bosques más antiguos de la región, que contienen biodiversidad no cuantificada. Territorio Naso en el Rio Teribe, Panamá. Foto: M. Atencio.

Proteger o no proteger los “bosques primitivos”

Por Ariel Rodríguez V.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos, Universidad de Panamá

Un artículo del New York Times del 30 de enero de 2009 tomó los bosques de Panamá como ejemplo de la nueva tendencia mundial del paradigma detrás de los “bosques nuevos” versus los “bosques primitivos” o bosques viejos. Este es un excelente artículo para fomentar discusiones ambientales académicas, me indicó una amiga que me hizo llegar el vínculo electrónico del artículo.

Le indiqué que era muy interesante el planteamiento y le hice saber que no veía cuál es el punto o adónde quería llegar el Dr. Joseph Wright en sus argumentos de darle menor importancia o prioridad de conservación a un bosque joven con respecto a uno primitivo. Esto de inmediato me pareció un discurso ambiguo, que confunde a los tomadores de decisión y que no es aceptable en un tema tan delicado a nivel mundial, ya que los bosques no son menos importantes si son nuevos o viejos, primitivos o regenerados. Todos los bosques son importantes para la conservación de la biodiversidad que está inmersa en ellos, para mantener procesos ecológicos complejos y para generar servicios ambientales como la purificación del agua, del aire y el mantenimiento del agua subterránea de las cuencas.

Desde nuestra perspectiva científica es fundamental conocer la diferencia ecológica de cada bosque y su valor intrínseco. Es bien conocida en el mundo de la ecología la explosión de biodiversidad que se da cuando un bosque se regenera y conforme madura va de manera sucesiva cambiando los patrones de biodiversidad hasta llegar un clímax ecológico que no siempre es igual o similar al que hubo originalmente. Muchos elementos bióticos y procesos ecológicos sobreviven y muchas cosas nuevas arriban, pero también es muy cierto que muchos elementos se extinguen del área perturbada.

El mosaico de bosques caracterizados por la edad y sobre todo su extensión son fundamentales para mantener y conservar la biota por muchas generaciones más. La Isla de Barro Colorado es un ejemplo de fragmentos de bosques jóvenes de rica biodiversidad que en poco más de cien años ha perdido de manera sistemática una cantidad considerable de especies, lo que indica que esta área insular y su periferia se han quedado pequeñas para mantener procesos ecológicos más grandes o complejos, por eso es que la fauna mayor como jaguares, pecaríes de labios blancos, águilas arpías, tapires simplemente se extinguieron localmente, sumado al poderoso impacto ambiental del efecto borde de la presencia humana asentada en la misma región un par de kilómetros a la redonda desde la época colonial.

Esto nos lleva a definir sin dudas que todo parche de bosque, independientemente que sea un bosque maduro de 500 años o un bosque joven de 25 años son objetos prioritarios de conservación que no se le debe regatear su valor en función del paradigma utilitario que los humanos le dan (hoy conocidos como servicios ambientales) para definir sus prioridades de conservación.

Un ejemplo de buena conservación de mosaicos de bosques de diferentes edades son los bosques de la cuenca del Canal de Panamá que incluye la cuenca alta del Río Chagres. Justo esta combinación de bosques maduros en la cuenca alta del Río Chagres, bosques secundarios o bosques en regeneración en el resto del área canalera es una impresionante muestra de riqueza de la diversidad ecosistémica, de poblaciones y de especies animales y vegetales que hace de este país un punto caliente no sólo como laboratorio viviente para la investigación científica, sino para el turismo y otras actividades económicas y científicas conexas. Por tanto, en buena hora en Panamá hemos custodiado tanto los bosques maduros de Alto Chagres como los bosques secundarios en diferentes estadios sucesionales en la cuenca baja y media que llegan hasta la ciudad de Panamá y Colón.

Concuerdo con las preocupaciones de muchos científicos en que es totalmente erróneo seguir la premisa de que ya no tan es tan importante conservar bosques viejos, porque están resurgiendo los bosques jóvenes, lo cual logra quitarle prioridad y fondos de investigación y de conservación a los bosques maduros, como si en caso de perderlos es sólo cuestión de esperar que resurjan de las cenizas y esto no es correcto, ni cierto. Esto sencillamente es un planteamiento que hace más daño que bien, aquí y en todos la zonas tropicales del planeta.

¿Son los bosques secundarios la salvación de la biodiversidad tropical?

Panamá – ¿Son los bosques secundarios la salvación de la biodiversidad tropical?

La controversia está servida: unos alegan que la recuperación de la vegetación es positiva; para otros, ya es muy tarde para que el bosque recupere su balance

Eva Aguilar/DICYT. La pérdida del hábitat natural, el calentamiento global, la caza indiscriminada y el surgimiento de nuevos organismos patógenos y enfermedades, se cuentan entre las causas que amenazan con llevar a las plantas y animales que viven en los trópicos hacia una devastadora extinción. Hasta ahí los investigadores están de acuerdo. No lo están, sin embargo, a la hora de valorar el papel que tiene en las tareas de conservación y recuperación de la biodiversidad, el resurgimiento de áreas boscosas en lugares previamente deforestados y utilizados para actividades humanas.

En el 2006, Joseph Wright, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales de Panamá (STRI), y Helene Muller-Landau, de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), publicaron un artículo en la revista Biotropica, en el que ofrecían un punto de vista esperanzador en cuanto a la cantidad de bosque y especies que se perderán en las próximas décadas, contrario a la información que se manejaba hasta el momento.

Estudios del año 2003 indicaban que para el 2050 únicamente entre un 5% y un 10% del bosque tropical primario estaría intacto, mientras que entre el 50% y el 75% de las especies se habrían extinguido o estarían a punto de hacerlo. Basándose en proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre una inminente migración de la población humana de las zonas rurales a las zonas urbanas, y en la relación entre la densidad de la población y las proporciones de bosque remanente, Wright y Muller-Landau argumentaban que, en realidad, entre un 32% y un 36% de bosque se mantendría en buen estado para mediados del siglo.

Dada la intachable reputación de Wright como investigador, las conclusiones de los científicos fue acogida con regocijo por los medios de comunicación especializados en la divulgación de la ciencia, aunque la comunidad científica se mostró escéptica y extremadamente crítica. Los artículos de respuesta no tardaron en llegar y algunos científicos advirtieron que las proyecciones hechas por Wright y Muller-Landau eran “peligrosas” y debían ser vistas con cautela.

Wright, quien ha trabajado durante 25 años en Panamá, encontró en casa a uno de sus mayores críticos. William Laurance, también investigador del STRI y cuyas investigaciones se han llevado a cabo principalmente en el Amazonas brasileño, considera que se necesita mucho más que una migración humana para revertir mínimamente el daño causado hasta ahora.

“Creo que la industria maderera, la agroindustria, la industria del petróleo y el gas, y la expansión de los biocombustibles también son causas importantes de la pérdida de bosque”, dijo Laurance a DiCYT. “Los análisis de Joe [Wright] dan por hecho que el declive de la población humana permitirá que los bosques se recuperen. Yo no lo creo; por lo menos no en la extensión en la que él lo prevé”.

La controversia sirvió de excusa para reunir recientemente a un grupo de científicos en el Museo de Historia Natural de la Institución Smithsonian en Washington DC. Durante toda la tarde del pasado 12 de enero, expertos en el tema expusieron el resultado de sus propios estudios en varias regiones del mundo, en un esfuerzo por contestar a la apocalíptica pregunta con la que fue nombrado el encuentro: “¿Sobrevivirá el bosque tropical? Nuevas amenazas y realidades en la crisis de extinción de los trópicos”.

Indicios de recuperación

Gracias a los estudios realizados en campo y a la tecnología de satélite, hoy se sabe que, originalmente, el área de bosque que cubría los trópicos era de unos 20 millones de kilómetros cuadrados. De ese total, la mitad ha sido utilizado para actividades humanas como la agricultura, mientras que cinco millones de kilómetros cuadrados han sido talados para abastecer a la industria maderera. Ello sin contar que entre los años 2000 y 2005, del bosque que quedaba intacto, unos 275 mil kilómetros cuadrados (un área mayor que todo el Reino Unido), fueron deforestados.

Sin embargo, hay indicios de recuperación. ¿Cómo, dónde y en qué cantidad está ocurriendo este fenómeno?

De acuerdo con Gregory Asner, del Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie para la Ciencia (Estados Unidos), unos 350 mil kilómetros cuadrados, es decir, un 1.7% del área original de bosque maduro que fue alterado durante las últimas décadas, se encuentra en proceso de recuperación, especialmente en América Latina y Asia.

Durante su participación en el simposio, Asner señaló que, si bien los bosques secundarios están resurgiendo con bastante éxito en América del Sur y en Centro América, los brotes se registran muy separados unos de otros, lo que, por el momento, no ayuda a solucionar el problema de la fragmentación. El científico señaló, además, que la recuperación está ocurriendo principalmente en terrenos elevados y montañas, como respuesta a la migración humana hacia zonas urbanas.

Asner, sin embargo, se apura a señalar que a pesar de estos indicios, “la deforestación continúa siendo el patrón dominante en los trópicos”. Y agrega que es probable que muchas más áreas de las que se conocen hasta el momento estén experimento un proceso de recuperación forestal, pero por el momento ni siquiera la tecnología de satélite es capaz de captar esta tendencia, por lo que son necesarios más estudios de campo.

El trabajo de acercar a los asistentes al simposio a una realidad más concreta correspondió a Robin Chazdon, de la Universidad de Connecticut, quien hizo un recuento de los resultados de sus estudios en Costa Rica.

Chazdon ha encontrado que en Mesoamérica, donde el 80% de los bosques han sido talados para la práctica de la agricultura, los bosques secundarios pueden ser espacios ricos en biodiversidad, si bien esta se presenta en proporciones menores a las que pueden encontrarse en un bosque intacto.

La investigadora señala, por ejemplo, que 176 especies (59%) de árboles que crecen en bosques maduros fueron encontradas en bosques secundarios, mientras que de 123 especies de árboles consideradas como “especialistas” del bosque primario, 94 crecían en forma de pequeños tallos en bosques secundarios. La cuenta final es que un 90% de los árboles que sobreviven en bosques primarios, crecen igualmente en bosques secundarios, al menos en pequeña escala.

“Aunque algunos números no nos permitan pensar que los bosques secundarios son importantes, 42 países tropicales tienen hoy un área mayor de terreno degradado y bosques en recuperación que la que tienen de bosque primario”, señaló Chazdon. “Por lo tanto, para una gran parte de los trópicos, estos bosques secundarios es lo único que tienen”.

Obras en construcción

Entonces, ¿son los bosques secundarios una oportunidad para salvar a los trópicos? Está claro que depende de a quién se le pregunte.

William Laurance considera que si bien trabajos como el de Chazdon tienen fundamentos sólidos, Costa Rica es un país en el que la situación de los bosques es bastante esperanzadora, algo que, agrega, no ocurre en otros lugares como Brasil, donde los terrenos que empiezan a recuperarse se talan y queman casi inmediatamente. Esto no permite que las especies más vulnerables vuelvan a encontrar nichos que cubran todas sus necesidades.

“Muchos estudios señalan que menos de la mitad de las especies que viven en bosques maduros pueden sobrevivir en bosque secundarios, si bien esto depende de la edad del nuevo bosque. Los bosques en recuperación también son objeto de una intensa caza indiscriminada”, dice Laurance. “Por estas razones el bosque secundario es muy pobre a la hora de conservar a las especies más vulnerables de los trópicos como los pájaros que se alimentan de insectos y frutas, los primates y otros animales de gran tamaño”.

Chazdon, por su parte, señala que “los bosques secundarios son una obra en construcción”; algunos de ellos tienen menos de 20 años por lo que no ha habido tiempo suficiente para que acumulen especies. Pero hace un llamado a darles una oportunidad y utilizarlos como puentes para conectar y expandir las áreas de bosque intacto que han quedado separadas.

“Las tierras que han sido intervenidas no pueden sustituir al bosque intacto. Pero podemos crear estrategias para complementar los esfuerzos de conservación en las áreas protegidas, con estas como la espina dorsal y los áreas en recuperación como el resto del esqueleto”, concluyó la investigadora.

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Proteger bosques tropicales crea controversia

Proteger o no los bosques maduros

WWF analiza posibles reformas a legislación forestal panameña

El WWF analiza las propuestas de la reforma de la ley forestal panameña

Panamá, 23 oct (EFE).- El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés) comenzó hoy en Panamá un taller que analiza posibles reformas a la Ley Forestal panameña y para instruir en la conservación de los bosques a indígenas del país. 

Entre hoy y mañana, auspiciados por la Unión Europea y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (AID), expertos de la WWF estudian las barreras que impiden el manejo sostenible de los bosques y cómo eliminarlas.

Entre sus objetivos, la WWF promueve la preservación de estos espacios naturales, por lo que en los talleres enseñará a las comunidades de la región a cómo explotarlos de la forma más rentable y sostenible.

Esta organización concede a los que se sumen a sus propuestas para el manejo de los bosques un certificado forestal que les permitirá obtener mayores beneficios por su madera.

Cinco comunidades Emberá Wounaan de la provincia de Darién, en la frontera con Colombia, iniciaron en marzo de 2007, con el apoyo de la WWF, el primer proyecto desarrollado en Panamá para prevenir la tala indiscriminada y promover el manejo y comercio forestal.

Actualmente la WWF negocia con los indígenas de la Comarca Kuna de Wargandi, en Darién, una propuesta de manejo forestal sostenible de los bosques de Mortí.

En peligro Reserva Hidrológica de Majé

ÁREA PROTEGIDA.

Majé perdió 6 mil 412 hectáreas de bosques

La reserva proporciona el 11% de agua para el funcionamiento de la hidroeléctrica de Bayano.

A PRENSA/Carlos Lemos
ambiente. Es una de las reservas naturales más importantes y está en serio peligro por la devastación.

José Somarriba Hernández
jsomarriba@prensa.com

Los efectos de la tala indiscriminada de bosques en la Reserva Hidrológica de Majé, en el distrito de Chepo, empiezan a verse con más claridad.

La zona – en 1986, cuando fue creada, contaba con 17 mil 34 hectáreas de bosque– hoy tiene 10 mil 597.1 hectáreas de área boscosa, o sea que ha perdido unas 291.4 hectáreas por año.

En la región, la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) cuenta con tan solo tres guardaparques para evitar la tala e invasiones, que han causado la devastación de 64.1 kilómetros cuadrados de bosque. Esto representa más que el área total de San Miguelito, que posee 50.1 kilómetros cuadrados de superficie.

La reserva de Majé provee agua a la hidroeléctrica de Bayano, que a su vez proporciona el 10% de la electricidad que consume el país.

DEforestación. EN 22 AÑOS SE HAN PERDIDO 6 MIL 412 HECTÁREAS DE BOSQUE.

En peligro reserva hídrica de Majé

Ninguno de los 800 pobladores de la zona protegida de Majé tiene título de propiedad.

Para llegar a Pavita se toman cuatro horas: 45 minutos en el río Bayano y varias horas a pie.

La Prensa /Carlos Lemos
DESNUDAS. Las montañas están perdiendo su cubierta boscosa, en una zona declarada como reserva hidrológica.

José Somarriba Hernández
jsomarriba@prensa.com

La reserva hidrológica del río Majé, uno de los principales afluentes del río Bayano, se encuentra en peligro de desaparecer debido a la deforestación indiscriminada en esa zona protegida.

Según estudios de AES Panamá, empresa que administra la hidroeléctrica localizada en el lago Bayano, en 1986 la reserva tenía 98.9% de su superficie cubierta con árboles (17 mil 34 hectáreas de las 17 mil 220.3 que tiene en total).

En 2008, 22 años después, la superficie boscosa cubre apenas el 61.5% de la reserva: 10 mil 597.1 hectáreas. Seis mil 412.8 hectáreas o 64.1 kilómetros cuadrados han sido deforestados, una superficie mayor que la del distrito de San Miguelito, que tiene 50.1 kilómetros cuadrados.

Un equipo periodístico de La Prensa recorrió el lugar y pudo comprobar que grandes extensiones de montañas, que antes eran zonas selváticas, hoy están invadidas de la llamada “paja canalera”, luego de ser deforestadas hace algunos años.

Otros sectores han sido cortados recientemente por campesinos que residen en la zona o por nuevos colonos que invaden las tierras en busca de zonas de cultivo , para la ganadería o, sencillamente, para vender.

La situación fue confirmada por Abdiel Delgado, jefe de Áreas Protegidas de la Regional de Panamá Este de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).

De hecho, dijo Delgado, la tala de árboles sin permiso de la Anam propició la apertura de ocho procesos administrativos contra moradores que han cortado en zonas boscosas de sectores como Pava y Majé Cordillera.

La Anam ha puesto en conocimiento de la Fiscalía Undécima, especializada en delitos ambientales, de cuatro casos ocurridos en 2007 y de otros cuatro este año.

Sin embargo, el funcionario se quejó por la poca ayuda que reciben de la Corregiduría de El Llano, pues “hemos enviado notas y pedido apoyo para sacar a los nuevos invasores y, en los últimos dos años, no hemos recibido respuesta”.

El asunto es delicado, argumentó Delgado, señalando la ribera del río Majé, en donde se nota una marca de agua de vieja data en las paredes de un acantilado que bordea el afluente. Ahora, la corriente corre cuatro pies por debajo de esa marca. “Esa es señal de sedimentación; eso es lo que queremos evitar”, dijo el funcionario.

El río Majé provee el 11% del agua que usa la hidroeléctrica Ascanio Villalaz. La planta, por su parte, aporta el 10% de la electricidad que se usa en el país.

SIN TÍTULOS DE PROPIEDAD

Creada en 1996, la reserva hidrológica tiene dentro de sus límites varios poblados que existían antes: además de Pava y Majé Cordillera estaban Pavita y Unión Emberá.

Pero luego fueron creándose otros asentamientos como Quebrada Flecha, Quebrada Agua Fría y Pedregoso, contó Delgado.

Por eso es que, además de un problema ambiental, la situación en la reserva es también un problema humano.

Ninguno de los moradores del área –unos 800– tiene título de propiedad o derecho posesorio, por ejemplo, y todos ven en la Anam la entidad enemiga que los quiere despojar de sus tierras.

“No queremos sacar a nadie, menos a los pobladores viejos, pero buscamos evitar la deforestación y que no hayan más invasiones, pues hemos recibido quejas de que en Pava hay ganaderos que pagan a personas para que les hagan potreros”, explicó Delgado.

De acuerdo con el funcionario, la relación se ha vuelto tan tirante que es difícil recorrer la zona a pie y sin la compañía de agentes de la Policía Nacional, pues algunos compañeros han sido amenazados por taladores o por cazadores furtivos.

Los residentes, además, se oponen a que la Anam construya un puesto de vigilancia dentro de la reserva, lo que dificulta aún más el trabajo de inspección.

Para rematar, en Pava y Majé –según se quejaron los funcionarios de la Anam– fueron construidas dos “escuelas dignas” que antes eran “escuelas rancho”.

El problema con esto es que, como explicó Álvaro Castillo, trabajador de la regional de Panamá Este de la entidad, “esto permitirá que más personas se asienten en la zona y deforesten más”.

Un lugar lejos de todo

Para llegar a Pavita –después de 45 minutos de navegación por el río Bayano– hay que caminar durante tres horas. Eso si no ha llovido recientemente, porque los caminos en la región son trochas de fango.

Si se quiere ir hasta Pava, por su parte, hay que invertir hora y media más de camino; y para Majé, dos horas más.

Nelly Sánchez tiene 20 años de residir en Pavita y ella depende del jengibre, el ñame, el arroz, el maíz y el culantro que su esposo cosecha para la venta, aun cuando tienen una “tiendita” con la que logran algunos otros ingresos.

Es que vivir en Pavita no es fácil, ni barato. Un tanque de gas de 25 libras, por ejemplo, cuesta siete dólares, mientras que en la capital vale 4.37 dólares. “Es que nos cuesta transportarlo por el río, por el precio de la gasolina, y luego traerlo a caballo. Todo eso nos sale en más de seis dólares”, explicó Sánchez.

Según contó, no han podido tramitar la titulación de sus tierras –20 hectáreas– porque están dentro de la reserva hidrológica. Su hijo mayor, Irving, fue uno de los sancionados por talar parte de esa zona protegida, en Majé Cordillera.

“Tenemos algunas vaquitas [20], pero ¿cómo aumentamos la cantidad de animales si ningún banco nos presta? No tenemos título de propiedad y ahora la Anam nos multa ”, se quejó Sánchez.

Dioselina Ojo, por su parte, se queja del abandono. “Aquí está prohibido enfermarse. Eso es difícil porque no hay agua potable, ni centros de salud, ni medicinas. Un solo resfriado nos puede complicar”, contó.

Hace poco, su padre sufrió un derrame cerebral y hubo que sacarlo en hamaca hasta la desembocadura del río Majé. Una lancha cobró 35 dólares por trasladarlo al puente del río Bayano. “Ha mejorado, pero sigue enfermo. Está en Chepo, que es más céntrico por si recae”, dijo Ojo.

Para ella, de nada vale tener 30 ó 40 hectáreas si no las puede trabajar. Justifica, además, los cortes en las montañas que, después de un par de años, ya no sirven porque las tierras se desgastan y hay que buscar entonces nuevos predios para sembrar.

Dioselina se quejó además porque la Anam demora para dar los permisos para cortar la madera que cae por efecto de la erosión de los ríos o por un rayo o por derrumbes. “Aquí no hay devastación [en Pavita], pero vaya a ver en Majé Cordillera; allá sí se nota la diferencia”, destacó.

Así, mientras la Anam denuncia el peligro para la reserva, los moradores se sienten amenazados y han formado un comité para luchar por sus tierras. De hecho, se reunirán el próximo 15 de octubre y allí, ojalá con la presencia de periodistas, denunciarán “los atropellos de la Anam”, aseguró Gualdestrudis Mata.

EFECTOS DE LA DEFORESTACIÓN

.CREACIÓN: La Reserva Hidrológica de Majé fue creada el 10 de julio de 1996.

.1986: La zona tenía 17 mil 34 hectáreas de bosque. Los matorrales densos ocupaban unas 104.1 hectáreas, y los pastizales, 82.2 hectáreas.

.2008: La superficie boscosa es de 10 mil 597 hectáreas. Los matorrales densos ocupan ahora 2 mil 604.7 hectáreas, y los pastizales, 4 mil 18.5 hectáreas.

Doce años de creación de Majé

La Reserva Hidrológica de Majé fue creada mediante Resolución 08-96 de la Junta Directiva del antiguo Instituto de Recursos Naturales Renovables (Inrenare), el 10 de julio de 1996.

Entre los principales objetivos de su creación estaban: mantener la capacidad hídrica de la cuenca para generar energía eléctrica; controlar la erosión y sedimentación de los cursos de agua; y mejorar la calidad de vida del área apoyando el desarrollo rural a través del uso racional de los recursos naturales renovables.

También señala la resolución, la elaboración de un plan de manejo de la zona protegida que propondría acciones de corto, mediano y largo plazo para su ejecución.

Además, el documento señala de forma clara el carácter inadjudicable –establecido en la Ley No. 93 de 1976– de las tierras dentro de la reserva.

No obstante, el jefe de áreas protegidas de la Regional de Panamá Este de la Autoridad Nacional del Ambiente, Abdiel Delgado, explicó que la resolución –tal como está– solo podría ser cambiada a solicitud de los pobladores más antiguos de la zona.

“Para que obtengan sus títulos de propiedad, habría que hacer una nueva resolución que modifique la anterior. Pero deben comprometerse a no talar más selva y a cuidar los recursos”, añadió el funcionario.

Esfuerzo por el ambiente: captura de Carbono

Esfuerzo por el ambiente

Empresas y países cuantifican y comercializan su contribución en carbono al calentamiento global.

Muchas medidas de mitigación se calculan en función de estándares y no de valores reales.

LAPRENSA/Archivo
Captura. La UTP adelanta un proyecto que busca calcular la cantidad de carbono presente en el bosque de la cuenca del Canal.

Ana María Garzón
agarzon@prensa.com

Los países en vías de desarrollo, como Panamá, no están obligados por el Protocolo de Kyoto a reducir emisiones de carbono, sin embargo, los organismos internacionales advierten que son justamente estos países los más propensos a sufrir por las consecuencias del cambio climático. De ahí que los esfuerzos por controlar esas emisiones en estas naciones se consideran especialmente valiosos.

Según Roy Williams Goti, gerente de SGS Latinoamérica, empresa que ofrece servicios de inspección, calidad y certificación para industria y comercio, muchas empresas calculan sus emisiones de carbono para ver si tienen un balance positivo o negativo en cuanto a su contribución al calentamiento global.

Los beneficios para el país de una cuantificación de carbono se pueden ver en proyectos voluntarios de compra y venta de créditos de carbono. Las toneladas de “secuestro de carbono” pueden ser certificadas y cambiadas por contribuciones de otros gobiernos, como lo hace Costa Rica, y “es como vender oxígeno al mundo”, dice el especialista.

Sin embargo, en la mayoría de los casos este precio se establece en función de estándares y no con los valores reales de cada escenario.

Lo mismo ocurre con los planes de mitigación de impacto ambiental. En Panamá, por ejemplo, cuando una empresa u organismo se ve obligado a deforestar alguna zona de bosque, se le impone una medida de mitigación, como reforestar el doble de las áreas afectadas.

Teniendo en cuenta esta situación, el Centro de Investigaciones Hidráulicas e Hidrotécnicas, de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) adelanta un estudio que busca conocer la cantidad de carbono presente en una hectárea de bosque en la cuenca del Canal.

La idea es que los resultados funcionen como una medida más ajustada al escenario local, para establecer precios por tonelada de carbono o definir acciones de mitigación de impacto ambiental.

En Panamá, calcular la captura de carbono de los bosques húmedos tropicales ayudaría a posicionar al país en el mercado de bonos de carbono, y además a determinar con precisión las medidas de mitigación del impacto ambiental, explica Goti. El especialista añade que hacer el inventario también podría contribuir de manera similar a la imagen del país, por su apoyo al desarrollo sostenible.

OTRAS VENTAJAS

La investigación de la UTP –dirigida por el especialista José Fábrega– también podría ayudar a establecer mejores estrategias ambientales en el país.

Según Eny Serrano, técnica de saneamiento del medio ambiente, quien participa en el proyecto como practicante, los datos recogidos por el programa pueden ser contrastados con las cifras del carbono emitido por la sociedad para determinar acciones de reforestación en áreas clave, que ayuden a elevar la calidad del aire en las poblaciones.

Esto es importante, además, porque “la naturaleza no puede procesarla (la contaminación) tan rápido como quisiera”, dice Reinhardt Pinzón, del equipo investigador.

El estudio, que se lleva a cabo con la colaboración de la Autoridad Nacional del Ambiente y la Autoridad del Canal de Panamá, contempla la posibilidad de integrar a más entidades y de realizarse en áreas de la República que cuenten con diferentes condiciones ambientales.

Equipo de alta tecnología para medir emisiones

Para determinar la cantidad de carbono en una hectárea de bosque tropical panameño, el proyecto de la Universidad Tecnológica de Panamá utiliza un sistema único en Centroamérica.

El mecanismo Irga fue donado por la Universidad de Wyoming, Estados Unidos, y la Universidad de Nuevo México, que además trajeron a dos expertos, Fred Ogden y Jan Hendricks, respectivamente, quienes capacitaron al grupo panameño a cargo del estudio.

Los equipos están instalados en torres que miden variables meteorológicas como el viento, la temperatura, la humedad y el vapor de agua, y se encuentran en cerro Pelado y Gamboa. Según Reinhardt Pinzón, investigador del proyecto, estas áreas fueron escogidas porque son un laboratorio natural que representa hasta en un 95% lo que puede ocurrir en otras cuencas del país.

La investigación, que tiene una duración de dos años, es patrocinada por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, y está apoyada por la Autoridad Nacional del Ambiente.